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Hace siglos que nuestro mundo ha dejado de creer en la magia. Sustituida por la ciencia y la tecnología, los humanos han perdido la fe en los cuentos de hadas, y los finales felices son algo que ahora solo parece existir en libros y películas.

Pero hay otros mundos separados del nuestro por un fino velo que ha sido atravesado por una oscura maldición, trayendo a un recóndito castillo entre las montañas de Alemania a un gran número de personajes pertenecientes a esos mundos de cuentos de hadas.

En un lugar conocido como el Bosque Encantado, un mundo que alberga reinos de las grandes historias de los cuentos, como Blancanieves, Cenicienta, o Caperucita Roja, el Ser Oscuro, Rumpelstiltskin, ha convencido a la Reina Malvada de que los villanos no tienen finales felices en una tierra donde la magia buena siempre triunfa, y deseando obtener el suyo, la Reina Regina ha reunido a las brujas más malvadas y poderosas de los reinos, a fin de llevar a cabo ese poderoso hechizo.

Pero el mal inevitablemente atrae a las fuerzas del bien, que intentan evitarlo. A oídos del Hada Azul llegaron las intenciones de la Reina Malvada, y tras pedir ayuda a la Reina Blanca de Wonderland, convencieron a Maléfica, Reina de las Ciénagas, para dejar de lado su rencor hacia los humanos y proteger el Bosque Encantado.

Por desgracia, ni la ayuda de aquella que fue el Hada más poderosa de todas ha podido evitar los oscuros planes de Rumpelstiltskin, y el choque de la magia negra con la magia buena que intentaba evitarlo ha provocado una ola de poder tan grande capaz de atravesar no solo el espacio, sino el tiempo y las dimensiones, afectando no solo a los habitantes de aquel mundo, sino a muchos otros, e incluso a un futuro que ahora se antoja incierto.

Ahora, todos esos seres de cuento de hadas han quedado reducidos a meros humanos en nuestro mundo, encerrados en los terrenos de un enorme castillo entre las montañas, conectado con un pequeño pueblo que hace de entrada, pero manteniéndolo separado en cierta manera, con un poderoso hechizo que impide a la mayoría entrar o salir.

Pero las cosas no han salido como todos esperaban. Rumpelstiltskin puede ser ahora el dueño de todas esas tierras, pero no es capaz de abandonarlas, y el "final feliz" de la Reina Malvada ha quedado eclipsado al ver que, en lugar de estar al mando como Directora de la universidad, hay otra persona en su lugar, Maléfica. La magia de las hadas logro en el último momento modificar en parte el hechizo, y aunque la mayoría de los héroes han perdido sus finales felices, gracias a ellas mantienen su libre albedrío, teniendo la oportunidad de reencontrarse y recuperarlo.

En un mundo sin magia, donde todos creen ser personas normales, solo unos pocos recuerdan de dónde vienen, quiénes son, y la necesidad de traer de vuelta la magia a este lugar donde todos parecen haberla olvidado.

Dependerá de cada uno escoger su nuevo camino, tener el valor para recuperar la felicidad que han perdido, o comenzar de cero, mientras se pone aprueba si aún queda algo de magia que despertar en este mundo, y si los cuentos de hadas pueden formar parte de la realidad.
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Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

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Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Lun Dic 03, 2018 4:04 pm

Desde que había llegado a este nuevo mundo sentía como a cada día que pasaba las paredes de la universidad se hacían más y más pequeñas. Notaba como mis pulmones apenas podían respirar y como algo muy dentro de mí me pedía que saliera de aquel ambiente sofocante y asfixiante de hormonas y desencantos.
Había probado a correr cada mañana dando un rodeo por el bosque que había junto a los jardines. Y durante un tiempo funcionó, pero unos pocos momentos de aire puro no compensaban una semana entera de encierro en el despacho. Necesitaba con urgencia salir de allí, alejarme de mis obligaciones, de la directora, de los alumnos y, aunque me negaba a reconocerlo, de él. De aquel hombre que, con solo una mirada, había conseguido que las piernas me temblasen como gelatina y mi corazón se acelerase a ritmo de rock.

Así que aunque era sábado por la mañana y mi despacho debería estar ocupado, decidí dejar todo de lado por un día y centrarme en algo que últimamente había descuidado, yo misma.
Cogí el coche del parking de la universidad, era elegante, caro y del mismo color que mi alma. No sabía demasiado de vehículos, pero solo con un vistazo era consciente de lo mucho que podría costar algo como aquello. Incluso los asientos con calefacción y el tacto del volante desprendían ese aroma a cuero y dinero que tanto me gustaba.

Al llegar al pueblo decidí aparcar junto a la plaza y caminar sin rumbo fijo. Seguramente mis zapatos no eran los más adecuados para vagabundear, pero me daba más bien igual.
Pasé la mayor parte de la mañana entrando en los pequeños comercios de la calle principal, comprando ropa y algún que otro artículo con el que decorar mi fría y casi desnuda habitación. Ya era casi la hora de comer cuando vi una pequeña tiendecita cuya fachada, verde y desgastada, parecía haber vivido tiempos mejores.
Antes de entrar decidí echar un vistazo al escaparate. Así que al ver un par de libros viejos y descoloridos y un volumen grueso de grabados brillantes decidí entrar, las cosas antiguas siempre habían sido una debilidad para mí.

Una campanita anunció mi llegada a la tienda y un anciano bajo, medio calvo y de cuya nariz colgaban unas gafas con cadena dorada levantó la cabeza solo para saludarme con un gruñido y volver a concentrarse en el ejemplar con el que estaba trabajando. No acababa de saber si el hombre era librero o restaurador porque la gruesa lupa con la que miraba el libro, los guantes con los que protegía sus manos y los pinceles que parecía mojar en extraños líquidos transparentes no le conferían una imagen de dependiente.
De cualquier manera decidí internarme en el laberinto de estanterías buscando alguna edición antigua que llevarme a casa.

-Veamos-me pasé las bolsas al brazo izquierdo y fui repasando los lomos de las estanterías.

Algunos ejemplares parecía que no se hubiesen tocado en años porque cada vez que mi dedo los rozaba se desprendía una capa de polvo que casi me hace estornudar.
Seguí caminando y dejé atrás al hombrecillo. Conforme me adentraba en la tienda los pasillos eran cada vez más estrechos y angostos y los libros se volvían más gruesos y viejos. Finalmente me detuve y un libro captó mi atención.
Dejé las bolsas en el suelo y, aunque llevaba tacones, tuve que acabar de ponerme de puntillas para alcanzar el lomo y tirar de él. Cuando lo dejé caer pesadamente en mis manos soltó una capa de polvo que dejó visible el título.

-¿Es una broma?

Las letras de Robin Hood brillaban en dorado sobre un fondo verde y desgastado.

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Lun Dic 03, 2018 4:41 pm

Había pasado dos días recorriendo las tiendas del pueblo en búsqueda de las cosas que aún me hacían falta y de lo que Roland necesitaba en su nueva escuela, uniforme, útiles de aseo y libros por supuesto. Después de despedirlo la tarde anterior me sentí algo desconcertado, nunca me había separado de él, y aunque sabía que estaba cerca y bien protegido me costaba acostumbrarme a no escuchar sus reiteradas preguntas sobre cualquier cosa, sus risas, sus quejas y su inagotable curiosidad. Era un pequeño ratón de biblioteca, siempre buscando cosas nuevas.

Durante las compras vi una pequeña tienda, una librería, que parecía un tanto dejada de la mano de Dios, bastante descuidada en su fachada, pero algo llamó mi atención. En letras doradas aunque bastante desgastadas decía “Libros antiguos y de colección, tesoros literarios”. Roland amaba los libros antiguos y su colección, la que me había hecho arrastrar en dos maletas de más, que aún se apilaban en mi habitación después de que él sacara dos o tres tomos para llevarse, sus favoritos, Julio Verne, Lord Dunsany y obviamente la Isla del Tesoro, el cuál casi había memorizado. A veces me obligaba a jugar con él haciendo de John Silver y recreando escenas del libro donde por supuesto él era Jim.

Al día siguiente pensé en visitar la vieja tienda, tal vez podría encontrar algo que lo animara en sus primeros días de escuela, una versión original de alguna novela de aventuras o algo de historia medieval, tema que le alucinaba, quien sabe por qué. De esta forma pasé a comprar algunas cosas que necesitaba y después me fui directo a la tienda. Al entrar sonó una desvencijada campanilla. Olía a papel viejo, como la biblioteca que tenía mi abuelo en Londres, me trajo muchos recuerdos. El tipo en el mostrador, que imagine era el propietario, revisaba unos tomos manejando algunos instrumentos, tal vez empastaba o restauraba algo. Levantó la mirada con ceño fruncido y con un movimiento leve me hizo un ademán que interpreté como un buenos días para luego volver a lo suyo.

-Con permiso-Le dije para después meterme en un pasillo a revisar las estanterías

Miré algunos libros, bastante interesantes. Había una edición del siglo XIX de Cumbres Borrascosas, para mí una obra de arte, sin pensarlo dos veces lo tome para preguntar su valor. Seguí revisando y al pasar al siguiente corredor vi a nada menos que la Directora de Estudios, empinándose en puntillas para tomar un texto. Mi corazón salto inesperadamente y otra vez esa sensación de frio llenó mi pecho, como cuando estuve en su oficina. Dude un momento y me sentí algo desorientado y derechamente nervioso, pero me recompuse y avance hacia donde estaba.

Apenas acercarme a ella veo que el libro que intentaba sacar del estante cae y alcanza a recogerlo en sus manos agachándose, y logro leer en la tapa “Robin Hood, Príncipe de los Ladrones”

-Alzaos una y otra vez, hasta que los corderos se vuelvan leones-Dije mientras ella se incorporaba y al escucharme me mira sorprendida sin decir palabra.

-Una frase interesante no? Siempre me ha llamado la atención, es corta y simple, pero encierra un concepto tan complejo como el valor de la rebelión, curioso viniendo de un simple ladronzuelo que probablemente hieda a bosque. Como esta señorita Mills…

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Lun Dic 03, 2018 9:04 pm

Nada más entrar en la librería percibí un aroma a humedad y libro viejo que se mezclaba con el intenso olor a cerrado y madera gastada. La tienda era más grande de lo que parecía por fuera, desde donde tan solo se veían un par de pasillos precedidos por algunas estanterías vacías o hundidas.
El anciano que había tras el mostrador apenas levantó la vista al oírme entrar, parecía demasiado concentrado con un grueso volumen de aspecto antiguo y con dibujos brillantes y cromados. Tampoco es que esperase un gran recibimiento, de hecho casi prefería no tener pegado a mis talones a un librero ansioso por vender algo. Eso me permitiría poder ir a mi aire y curiosear allá donde quisiera.

Como no había letreros que indicasen las diferentes secciones de la librería, o por lo menos yo no los había visto, decidí adentrarme por un pasillo cualquiera dejándome llevar por la corriente literaria.
Dejé atrás gruesos volúmenes italianos con intrincados laberintos vegetales en las cubiertas, incunables de aspecto bastante caro e innumerables versiones de la Bíblia cristiana. La verdad es que ninguno de aquellos libros me llamaban demasiado la atención como lectura ligera de antes de dormir. Yo buscaba algo clásico de este mundo, algo que no hubiera visto en el Bosque Encantado y que despertase mi interés. Había estado investigando en Internet sobre grandes obras de la literatura terrestre y tenía unos cuantos candidatos en mente, todos ellos alejados del cristianismo o la Italia renacentista.

Al final mis pies me llevaron ante una estantería alta y gruesa que sujetaba tal cantidad de volúmenes que la madera había comenzado a combarse. Todas las obras que había allí tenían tanto polvo que sus títulos eran prácticamente ilegibles.
Fui pasando la mano por encima de los lomos hasta que algo en mi interior me hizo parar sobre una tapa dura y de un color cercano al verde. Como no conseguía llegar tuve que dejar las bolsas en el suelo y ponerme de puntillas para sacarlo, no sin esfuerzo, de su escondrijo. Al ver el título del libro no pude evitar bufar de exasperación. Robin Hood era un cuento para niños basado en una leyenda de mi mundo. Definitivamente no era lo que estaba buscando.

Y entonces el último sonido que me esperaba escuchar en un lugar como aquel hizo que me sobresaltase y casi se me cayera el libro de las manos. Hacía una semana que anhelaba y a la vez evitaba pensar en esa voz, una voz que conseguía ponerme el vello de punta y hacer que un escalofrío me recorriera la columna.

-Señor Hargrave, que…-me detuve antes de decir agradable sorpresa-casualidad.

Y entonces comenzó a citar el libro que tenía entre las manos haciendo que mi corazón se acelerase a cada palabra suya. No, debía controlar mis impulsos adolescentes antes de que me impulsaran a cometer un error. Ya no era una cría inocente que se dejaba llevar por sus sentimientos, y menos si implicaban a un hombre como el que tenía delante.

-Bueno, puede que precisamente por ser un ladronzuelo sin casa que apesta a bosque pueda hablar del concepto de rebelión contra un hombre que le arrebató cuanto poseía.

Inconscientemente comencé a acariciar la tapa del libro limpiando así el polvo que quedaba y dejando ver la figura de un hombre alto, ancho y con un curioso sombrero que le pasaba un brazo por el hombro a su compañero, un individuo algo más bajo, de mirada desafiante y con unos penetrantes ojos azules.

-Algo cansada después de estar toda la semana redactando informes y atendiendo más quejas de las que puedo soportar-mis dedos tamborilearon nerviosamente sobre la tapa del libro-. ¿Y usted? ¿se ha adaptado ya a su nueva vida en el campus?

Quería irme de allí, alejarme lo más posible de aquel hombre. Pero algo hacía que mis pies permanecieran clavados en el suelo y el pulso se me acelerase. Tenía que marcharme, ya.

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Lun Dic 03, 2018 10:03 pm

Aquellos estantes tenían algo especial, ese aroma se iba haciendo cada vez más intenso, una mezcla de polvo, papel y cuero viejo. Me hacía trasladarme a mi niñez, cuando en las noches de invierno recorría la biblioteca de mi abuelo buscando algún ejemplar que pudiera hacerme viajar a otros mundos, y ser testigo de aventuras que nunca habría imaginado. Recorrí aquellas estanterías que incluso algo apolilladas se negaban a dejar caer su tesoro. Decenas de libros uno junto al otro, añejándose entre sus tablas desvencijadas que a pesar de su evidente decadencia tenían un aura de magia y por supuesto de misterio.

Un pasillo, y al siguiente algunos clásicos, tome dos o tres que me interesaron para llevárselos al librero antes de irme y negociar. Abrí una página de cumbres borrascosas, una novela que siempre encontré el epitome de la elegancia en cuanto a esa endiablada mixtura de amor y destrucción…y comencé a leer en mi cabeza.

…El suelo de aquellas solitarias alturas estaba cubierto de una capa de escarcha ennegrecida, y el viento estremecía de frío todos mis miembros…

Estaba en eso cuando levanté la mirada para girar hacia el otro pasillo y allí la vi. Esa mujer me paralizaba, tanto que me quede embobado mirándola por unos segundos con el libro abierto antes de decidir qué hacer…me iba por dónde vine? Le hablaba?

Finalmente y de forma casi refleja deje los libros que llevaba en un estante contiguo y avance hacia ella. Después de ver el tomo que había sacado y hablarle veo sus ojos profundos y confundidos, otra vez allí estaba esa mezcla de fuerza y vulnerabilidad que nunca antes vi en una mujer y que  me calaba los huesos.

-Respuesta correcta señorita Mills- Me adelanté tomando el libro de sus manos- Un buen libro, no es una obra de arte pero si un clásico, y por supuesto tiene razón, la rebelión es una expresión más noble de la venganza, con un fin digamos que…justo.

Por un momento nos quedamos mirando el uno al otro pareciendo no saber qué decir, una especie de Deja Vu, claramente ya había pasado por esto, pero esta vez no me sentía tan estúpido o descolocado como la primera vez, es más, algo en ella me infundía confianza. Escuche su pregunta acerca de como me iba, pero fue como si me trabará, no respondí, pero si hablé:

-No sabía de su gusto por los libros antiguos-Se le devuelvo y ella lo recibe. Accidentalmente rozo su mano y ese frio en mi pecho regresa de improviso. Me callo unos segundos e intento retomar mi confianza.


-Parece un buen tema de conversación, este lugar tiene un extraño efecto sobre mí, tal como usted señorita Mills.



Antes de darme cuenta ya lo había soltado. Ella me miró sorprendida al escuchar mis palabras, e inclinó la cabeza hacia un lado como queriendo entender. Sentí el rubor subirse a mi rostro mientras esperaba su reacción ante aquella frase. Quise que la tierra me tragara pero ya que, tenía que enfrentarla y esperar que si quería me mandara a buena parte.

Me quedé observándola mientras me parecía que intentaba articular alguna palabra como buscando en el aire una respuesta adecuada.

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Mar Dic 04, 2018 4:38 pm

Adentrarme por los pasillos de aquella librería hacía que me sintiera como Teseo dentro del laberinto, solo que en vez de un horrible monstruo yo esperaba llevarme un libro a casa.
Las estanterías eran cada vez más altas y gruesas, el aire comenzaba a oler a pantano y la moqueta del suelo iba perdiendo color a medida que me adentraba en el corazón de la tienda. No estaba segura de si me agradaba aquel lugar o no. Por un lado estaba viendo ejemplares que nunca antes había contemplado, ni siquiera la biblioteca de palacio tenía ediciones tan bonitas como las que había ante mis ojos. Por otro aquel no era lugar para una mujer de mi talla, y menos si llevaba tacones tan altos como los míos.

Los títulos danzaban ante mí en una situación de aventuras, romances, misterios y dramas que me tentaban, me llamaban por mi nombre y deseaban que los sacara de sus prisiones de madera y los leyera. Notaba como sus páginas vibraban conforme pasaba la mano por sus lomos, expectantes ante si decidía escogerlos o dejarlos de lado.
Entonces, y casi sin darme cuenta, noté una sacudida en mi interior al rozar la cubierta de un libro antiguo y cubierto de polvo. Sentí el impulso de retroceder y sacarlo de la estantería para examinarlo mejor, y cuando lo tuve en mis manos no pude menos que soltar un bufido de exasperación y pensar en volver a dejarlo.
Y entonces lo escuché, el sonido más sensual que había oído en años. Aquella voz, la voz de aquel hombre que tan nerviosa me ponía y al que tanto intentaba evitar. Había intentado eludirlo con todas mis fuerzas centrándome en el trabajo y en el deporte. Había procurado sortear la sala de profesores y cada día volvía tarde a mi dormitorio solo porque sabía que no me lo iba a encontrar. Y allí estaba ahora, delante de mí, con un libro en las manos y una cita literaria en la boca.

No pude evitar responder a aquella frase. Robin Hood no me parecía una historia demasiado impactante o relevante, de hecho ni me había tomado la molestia de conocer al verdadero personaje en mi mundo. Pero cada vez que él decía algo sentía el impulso de responder y huir al mismo tiempo.
Debía centrarme, no era más que un hombre cualquiera, un ser mortal y sin magia que solo poseía el encanto de una sonrisa y la profundidad de aquellos mares que tenía por ojos. No, comenzaba a divagar de nuevo, debía recordarme a mí misma que el amor no podía entrar en mi corazón. ¿Qué sería de mí si le abría la puerta de mi corazón a ese hombre?

-Tengo la firme teoría de que antes las historias tenían una esencia especial, un alma que ahora no se sabe capturar-volví a coger las bolsas del suelo- . ¿Sabe a lo que me refiero?

Intenté iniciar una charla despreocupada para ser educada y no sentirme mal cuando esta se agotara dándome una excusa para marcharme de allí. Pero entonces él tuvo que mirarme a los ojos y desarmarme con aquella frase. ¿Cómo se suponía que debía responder ante algo así?
Mi corazón estaba saltando de felicidad, y todavía se aceleró más al ver el leve rubor que comenzó a cubrir las mejillas del profesor. Pero mi mente, fría y racional, se encontraba en un estado de alerta roja. Intenté desviar la mirada de aquellos profundos pozos azules, pero me tenían completamente atrapada y no conseguía despegar la vista de ellos.

-Creo que es simple fascinación señor Hargrave-pestañeé y desvié la mirada hacia el libro que todavía tenía en las manos-. Estoy segura de que durante su estancia encontrará más de una distracción interesante en el campus-y con suerte estaría lejos de mí.

Debía marcharme, no podía quedarme allí a su merced.

-Si me disculpa, tengo algo de prisa-ignoré el escalofrío que me había recorrido el brazo allá donde su mano había rozado la mía y pasé por su lado intentando desandar el camino que me había llevado hasta allí.

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Mar Dic 04, 2018 11:27 pm

Y ahí estaba ahora, frente a mí, y se veía tan confundida como yo me sentía. Desde ese día en su oficina aquella mujer se había metido en mi cabeza y era como un bumerang que iba y venía en los momentos más inesperados. Al ver los árboles mecerse al viento por la ventana de mi despacho, al caminar por el pueblo de la mano de mi hijo, al beber un café en el comedor de la Universidad. Allí me sorprendía a veces mirando la puerta y esperando casi de manera inconsciente que apareciera para poder acercarme.

Había estado intentado ignorar esta sensación, llevaba años negándome a cualquier posibilidad de sentir algo por alguna mujer, pero ella…desde que la conocí logro que esa barrera se derrumbara como adobe viejo, cayendo de golpe y dejándome vulnerable. Y es cierto, hasta ese día en la añeja librería no lo había querido asumir, pero al tenerla allí parada frente a mí nuevamente caí en cuenta que me había prendado irremediablemente de aquella enigmática mujer.

Mientras me respondía intentaba guardar la compostura sin dejar de mirarla fijamente a los ojos, como intentando sondear aquella profundidad que se desprendía de su mirada. Creí adivinar que allí también había una barrera,  pero que a diferencia de mi aún se resistía a caer, yo en cambio comenzaba lentamente a asumir que no tenía vuelta atrás.

-Las historias siempre tienen un alma, el reflejo de su autor, sólo debes tener la paciencia suficiente para poder encontrarla. Para mí no hay historias sosas si alguien se dio el trabajo de plasmarla en un papel, allí hay deseos, sentimientos, miedos, anhelos, bueno, jirones de la piel de quien las escribe.

Increíblemente y haciendo un gran esfuerzo creí que lograba mantener mi dignidad, aunque el corazón se me aceleraba con cada segundo que pasaba, esto era nuevo, nunca ni con la mujer que fue mi esposa había tenido aquella sensación de inquietud,  y con bastantes dificultades lograba contenerme y mantener mi distancia.

De pronto los estantes, los libros, el viejo edificio se tornó difuso, solo era ella, nada más existía en ese momento, y no, no podía despegar mi mirada de su rostro. De pronto recogió las bolsas que llevaba y pensé que la había incomodado, pero algo en lo más profundo me decía que no podía simplemente dejarla ir.

Cuando veo que camina hacia mí y pasa por mi lado no pude controlarme más y tome suavemente su mano.

-No se vaya señorita Mills, perdóneme si la incomodé.

Gira su rostro y quedamos frente a frente mirándonos en silencio

-Por favor, si la molesté me disculpo, déjeme compensarla. Si acepta ir a la cafetería conmigo le prometo una buena conversación para redimirme- A pesar de la tensión fui capaz de esbozar una sonrisa mientras le hablaba

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Miér Dic 05, 2018 3:34 pm

-Discrepo, hay historias mediocres y grandes-me aparté un mechón de cabello de la cara y volví a mirarlo con decisión-. Solo porque alguien haya tenido una buena idea o una intención pura no significa que lo que vaya a hacer sea igual de extraordinario. Por desgracia hay gente con un gran potencial y que realiza un exhaustivo trabajo de investigación pero que luego, a la hora de plasmar esa historia en papel, no saben cómo hacerlo.

Mis manos apretaban ligeramente la tapa del libro para disimular el leve temblor que había comenzado a sacudirlas. ¿Cómo era posible que esto me estuviera sucediendo?, era solo un hombre, y no el más atractivo que había visto. Mis palmas habían aplastado corazones más puros y hermosos, ¿por qué ahora vacilaban y comenzaban a ponerse nerviosas ante unas pocas palabras?. Pero ya sabía que las culpables de que estuviera inquieta, nerviosa e incluso algo alterada no eran mis manos. Ese peso reposaba en mi corazón, que en ese instante parecía un pequeño pajarillo aleteando en mi pecho.
En lo más profundo de mi alma algo se removía cada vez que veía a aquel hombre, algo que quería liberarse y entregarse a él. Por suerte la parte inteligente todavía dominaba a esa feroz bestia que rugía en mi tórax y se defendía con uñas y dientes. Pero sabía que si quería evitar más daños tenía que alejarme de él, huir lejos y refugiarme de nuevo en la comodidad y familiaridad de mi coche.

Noté su mano retener la mía en el momento en el que comencé a alejarme por donde había venido, no podía soportar quedarme allí por más tiempo. Esa caricia me quemó como si una corriente eléctrica me hubiera atravesado de arriba a abajo, y no fue una sensación desagradable del todo. Percibí como esa bestia interior comenzaba a ronronear y le ganaba terreno a mi fría lógica.

-No tiene nada que ver con usted-me giré y lo dije lo más indiferentemente que pude-. Es solo que tengo prisa, soy una mujer ocupada.

Pero él no aflojaba la presión sobre mi mano, no vacilaba ni parecía querer echarse atrás. Notaba su determinación en la fiera mirada que tenía en aquel momento, casi podía palpar la tensión que se estaba generando entre nosotros y estaba segura de que él podía sentirla también.

-De verdad que no puedo…-y cometí el error de volver a mirarle a los ojos-. Quiero decir que yo…-Regina, huye, corre, antes de que esa luz te alcance- ahora mismo...no…-comenzaba a hacer calor, notaba como mis mejillas se habían tornado de un leve escarlata.

Debía alejarme, deprisa y sin mirar atrás, pero no veía cómo hacerlo si él no me soltaba antes. Supongo que podía acceder a tomar un café y, al poco, salir con alguna excusa como que era más tarde de lo que pensaba o que tenía una llamada urgente. Era plenamente consciente de que no iba a aceptar un no por respuesta y de que probablemente estaría dispuesto a retenerme allí hasta que fuera necesario.

-Supongo que por un café no pasará nada-dije finalmente, suspirando y pasándome una mano por el pelo-. Pero no puedo quedarme mucho.

En cuanto noté que su mano perdía fuerza y un amago de sonrisa se extendía por su rostro retiré mi mano y me dirigí hacia la salida.

-¡Señorita!-una voz a mi izquierda me sorprendió- ¿Piensa pagar eso?

Con sorpresa observé que todavía llevaba conmigo el libro, así que en un impulso le entregué unos pocos billetes y dejé que se quedase con el cambio. Al girarme vi a Rob...al señor Hargrave sujetarme la puerta con una sonrisa en la cara. Caray, realmente era bonita.

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Miér Dic 05, 2018 4:11 pm

Veo que vacila bastante antes de soltar una respuesta. Finalmente acepta mi invitación y lentamente suelto su mano pero sin retirarle la mirada y se adelanta a salir precipitadamente. Cuando la sigo por el pasillo veo que va hacia la puerta pero desde el mesón aquel viejo llama su atención debido a que llevaba un libro y había olvidado pagarlo, creo que la situación la turbo un poco. Cuando regresa hacia el librero le clavo nuevamente los ojos encima y ella desvía la mirada intentando evitarme. Me adelanto hacia la puerta para esperarla y veo que ni siquiera espera el cambio, simplemente deja unos billetes sobre el mostrador algo apresurada.

-Por favor Milady-Le digo en tono de broma mientras sujeto la puerta y salgo detrás de ella-Permítame ayudarla por favor


Una vez en la calle noto que sigue intentando evitarme, camino junto a ella, los primeros metros en silencio. Le hago un gesto para que me entregue sus bolsas y ella accede pero sin decir nada.

-Bueno señorita Mills, déjeme preguntarle algo. Vamos a seguir fingiendo que aquí no pasa nada? No soy ni adivino ni experto en comunicación no verbal, pero no es necesario ser un erudito en proxémica para darme cuenta que algo le sucede cuando estoy cerca de usted. La última vez la vi pasar del rubor a la palidez absoluta en unos segundos, y hoy la veo vacilar bastante frente a mis preguntas, a pesar de que adivino que es una mujer muy segura de sí misma. Entonces, porque de una vez no me explica si tiene algún sentimiento de rechazo hacia mí? Si es así podría entenderlo y alejarme, si gusta…pero piense bien en la respuesta, ya casi llegamos a la cafetería.


Los pocos metros que separaban ambos locales no dijo palabra, solo caminó a mi lado mirando hacia adelante, sin casi darse por aludida. Abro la puerta para que pase y la sigo a una mesa en medio de la cafetería. Ni siquiera alcancé a hacerme el amable y ayudarla a sentarse, porque antes que me diera cuenta ya lo estaba y sacaba su teléfono de la cartera para comenzar a revisarlo. Yo solo la observaba sonriendo y esperando a que dijera algo. Hago un gesto a la camarera para que se acerque

-Regina-Dije algo vacilante-Vas a pedir algo o quieres que la señorita adivine?


Sólo en ese momento levanto la cabeza y ante mi asombro por primera vez desde que salimos de la librería me sostuvo la mirada y sonrió levemente, a lo que respondí también con una ancha sonrisa

-Se ve mucho más hermosa cuando sonríe, tal vez demasiado

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Miér Dic 05, 2018 9:53 pm

Me sentía muy perdida en aquel momento, y eso me ponía de mal humor. No podía perder el equilibrio, mi cordura y mi futuro estaban en juego por una estúpida profecía de un hada que ni siquiera conservaba las alas. Nada podía interponerse en mi camino a la felicidad, ni siquiera otra versión más “dulce” y menos agradable a mis ojos. Pero entonces, ¿por qué mi corazón se negaba a alejarse de él? ¿por qué, por mucho que me mintiese a mí misma, acababa caminando a su lado para tomar un café? porque eso tan solo era eso, un café, ¿no?.
Dejé que llevara mis bolsas y seque el leve sudor que cubría mis manos simulando que me alisaba los pantalones. Debía calmarme y respirar, cerrar los ojos y dejar la mente en blanco para que ni siquiera él y su seductora sonrisa pudieran hacer mella en mí. Traté de calmarme concentrándome en mis latidos y en el sonido de mis inspiraciones, apenas fui consciente de lo que me decía hasta que me preguntó directamente por qué reaccionaba de aquella manera. ¿Cómo explicarle que hacía más de una década nuestros destinos se habían cruzado y, a raíz de eso, no quería saber nada de él?. Me parecía cruel incluso a mí.

Mientras le daba vueltas a todo aquello llegamos a la cafetería y nos sentamos en una mesa apartada. La verdad es que estaba demasiado sumida en mis pensamientos como para prestar atención a algo que no fuera yo misma, por eso ni siquiera me di cuenta de cómo dejó las las bolsas cerca de mí y llamó a la camarera hasta que prácticamente no la tuve delante.

-Un café con leche desnatada sin azúcar-dije de carrera y casi sin prestar atención, era lo que siempre tomaba en la cantina de la universidad.

Guardé el móvil de nuevo aunque no era consciente de haberlo sacado. Seguramente mis manos, en un acto reflejo por mantenerse ocupadas, habían decidido utilizar el teléfono y comenzar a pasar pantallas sin un objetivo concreto.
Debía decir algo, la situación estaba siendo como mínimo incómoda, o al menos yo lo sentía así porque él permanecía impasible y con una sonrisa en la cara. Al final no pude evitar sonreir yo también.

-Antes decían que era la mujer más hermosa del pais-como añoraba mi antiguo espejo y sus cumplidos, al menos sabía que eran ciertos.-. Hace mucho, mucho tiempo.

Suspiré y crucé mis manos antes de mirarle a los ojos. No estaba lista para lo que iba a decir, pero al menos eso evitaría que siguiera indagando donde no debía.

-Verá, hay un motivo por el que reacciono de esa manera cuando está cerca de mí-me revolví un poco en el asiento-. Hace años conocí a alguien que se le parecía mucho. Aunque quizá conocer no es la palabra que mejor definiría nuestra...relación-más bien había sido una simple mirada a través de la ventana de una taberna, pero no iba a decirle eso-. Y digamos que la cosa no terminó demasiado bien-básicamente porque ni siquiera había querido comenzar algo-. Así que decidí apartarme y centrarme en mí misma y mis metas. Y durante un tiempo lo conseguí, tenía todo lo que deseaba y anhelaba. Pero bueno, las cosas se torcieron-hice una mueca-. Y entonces le vi a usted y todo volvió a mí de nuevo, todas aquellas sensaciones, sentimientos e inseguridades que una vez tuve-respiré-. Fue como si me golpeasen en el pecho.

Justo en aquel momento la camarera volvió con nuestro pedido y pude calentarme las manos con la humeante taza que había dejado delante.
¿Qué más podía decir? Aquello era lo más cercano a la realidad que podía contarle sin que me tachara de loca o lunática. Sentía un gran alivio después de haber soltado todo, como si hasta ese momento hubiera cargado un insoportable peso en la espalda del que ni siquiera era consciente.

-Sé que usted no tiene la culpa, pero todo fue tan extraño…-todas aquellas emociones me habían atravesado de una manera tan rápida que ni siquiera había podido procesarlas.- Siento todo ese numerito, intentaré controlarme pero ya sabe...soy humana y es inevitable que a veces…-intenté encontrar la palabra adecuada- caiga. ¿Sabe a lo que me refiero?

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Vie Dic 07, 2018 7:11 pm

Mientras la observaba sentada allí frente a mí, me quedaba más que claro que intentaba ignorarme, o al menos simular que apenas si notaba mi presencia. Aun no me respondía lo que le pregunté mientras caminábamos, pero no quise insistir, preferí esperar a ver si una vez sentados y más tranquilos se refería al tema.

-Tráigame lo mismo por favor

Cuando levantó la mirada y sonrió supe que había decidido hablar, así que me puse alerta acomodándome en la silla mientras veía ese bello rostro. Me sentía ansioso, y esperaba con todas mis fuerzas que no me dijera que le era derechamente molesto que estuviera cerca de ella.

Tome un sobre de edulcorante para mi café mientras lo traian, parecía que aquellos segundos transcurrían más lento de lo normal mientras veía como se enderezaba un poco, dispuesta a contarme lo que sentía. Respiré hondo y escuché. Al tiempo que me explicaba no podía dejar de mirarla mientras asimilaba sus palabras.Una vez que terminó de explicarme la miro en silencio a través del vapor del café y hago una pausa antes de responder, buscando las palabras exactas para tomar el hilo de la conversación de manera coherente y no permitir que mis nervios, que intentaba controlar a duras penas me traicionaran. Pensé que probablemente era una forma cortés de decirme que no me quería cerca, que probablemente era una historia inventada, improvisada en el momento, o que al menos, si era en parte real, faltaban algunas cosas importantes que agregar para darle más sentido. Como algo que a la luz de su relato ni siquiera inició puede haber "terminado mal"? Definitivamente algo allí no me convencía, había grietas en su relato, fisuras que lo único que lograron fue despertar en mi mayor curiosidad. Pero no era el momento de volver sobre lo mismo e insistir, al menos no por ahora. Pude sentir como mi rostro pasó de un gesto de tranquilidad a uno de inquietud en el momento en que acomodaba las ideas y las palabras en mi cabeza para responder.

-Entiendo…lamento traerle recuerdos desagradables, de verdad es una pena que mi presencia la perturbe de esa forma. Sin embargo, creo que este trompo tiene dos lienzas, me refiero a que a mí también me han pasado cosas desde que la conocí, y que para ser sincero aun intento descifrar.

Veo que golpea la mesa con sus dedos mientras hablo, como queriendo zafar de la situación lo antes posible. Probablemente lo que deseaba en ese momento aquella mujer era ponerse de pie y alejarse lo más rápido que pudiera de mí, pero tal vez no tendría otra oportunidad así que continué. Carraspeé un poco antes de retomar.

-Usted dice que le recuerdo a alguien, pues bien, a mí me pasa algo similar pero del todo diferente-Frunció el entrecejo como tratando de entender lo que le decía. Le sonrío y prosigo-Déjeme explicarle. Yo nunca he conocido a nadie como usted, de hecho, creo que es muy difícil compararla con alguien más, me parece una persona distinta, con un aura, tal vez es mi sensación, pero a pesar de eso, desde que la vi a los ojos sentí que la conocía desde siempre, una especie de conexión. Fue como cuando está armando un puzzle que deja allí tirado por meses debido a que le falta una pieza, y un día, inesperadamente, haciendo cualquier cosa menos pensar en ello, encuentra aquella pieza y logra completar el cuadro. Perdóneme si se lo digo tan directamente, pero siento que en mi rompecabezas usted es esa pieza.


Al decir esto me inclino un poco sobre la mesa para enfatizar la última frase

-Me gustaría conocerla mejor, y quisiera saber si usted está de acuerdo con saber algo más de este inglés impertinente

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Lun Dic 10, 2018 4:03 pm

No me comportaba de aquella manera desde la adolescencia, cruzaba los pies por debajo de la mesa, evitaba mirarlo directamente e intentaba pasar desapercibida a sus ojos, cosa que obviamente no estaba consiguiendo. Me sentía exultante e insegura a la vez ¿qué era lo correcto? ¿cuál era el camino a seguir?. Mi corazón me empujaba a los brazos de aquel hombre, pero mi cabeza todavía se resistía a su embrujo, aunque no sabía cuánto tiempo podría aguantar.

Al final comencé a abrirme a él, le debía alguna explicación después de aquel primer encuentro y de mis reacciones cada vez que estaba cerca. Intenté ser lo más fiel posible a la realidad teniendo en cuenta las circunstancias que nos envolvían a ambos, pero era difícil describir con palabras todo lo que había pasado y que él ni siquiera conocía.
Cuando terminé me notaba más ligera y liviana, como si me hubiera librado de un enorme peso que atenazaba mi corazón. Sin embargo sabía que había muchas cosas que no le contaba, como quién era yo realmente, quién era él, cómo se habían juntado nuestros destinos, la manera en la que había huido de él… No me sentía preparada para afrontar aquella conversación por el momento, y dudaba que alguna vez lo fuera a estar.

-¿Cómo voy a formar yo parte de su vida si ni siquiera le conocía hasta hace unas semanas?-decidida agarré la taza y me la llevé a los labios- Señor Hargrave, creo que esa fascinación que describe es unilateral-apreté las manos y noté como se quemaban con el contacto de la porcelana caliente-. Como ya le he dicho me recuerda a alguien a quien preferiría olvidar.

Pude notar cómo mi corazón se resquebrajaba un poco después de decir aquellas palabras, pero sentía que era lo correcto. No podía permitir que el amor entrase de nuevo en mi vida, ya había perdido a Daniel por su culpa y no quería volver a sufrir de aquella manera.
Sin embargo podía notar un dolor intenso en el pecho que no me dejaba respirar y que parecía querer dejarme sin sentido. ¿Qué clase de sentimiento era ese? ¿de verdad podía estar destinada mi alma a la de alguien como él?

-Sé que no es justo, sé que está mal por mi parte, pero también sé que a la larga será mejor así-mis pies se morían de ganas de salir de allí lo más deprisa que fueran capaces-. Además, imagínese los rumores, familiarizándose con la jefa de estudios para tener privilegios.

Algo muy dentro de mí tenía ganas de gritarle, empujarle y dejarle tirado en el suelo. Pero otra parte quería cogerlo del cuello de aquella cazadora de cuero y atraerle antes de darle un beso de los que dejan sin sentido y quitan el aliento, de aquellos que te hacen temblar y atesoras en el fondo del corazón hasta el fin de tus días.
Cuanto más tiempo pasaba a su lado más flaqueaba mi mente, más atraída me sentía y más decidida estaba a dejarle entrar en mi vida. Por suerte todavía resistía a aquellos impulsos y…
Sin previo aviso noté como una lágrima solitaria bajaba por mi mejilla y aterrizaba en mis labios. ¿Pero qué demonios?...¿estaba...llorando? ¿por qué? ¿por Daniel?. No, mi corazón sangraba, se debilitaba y lloraba amargas lágrimas de plasma por algo que ni siquiera comprendía.

-Creo que debería irme-estaba desconcertada, ¿qué acababa de pasar?-. Lo siento Robert.

Fue la primera vez que lo llamé por su nombre de pila y ni siquiera había sido consciente de haberlo hecho. Estaba tan confundida por la situación que no podía pensar en otra cosa que no fuera en intentar marcharme de allí a poner en orden mis sentimientos, aunque muy en el fondo ya sabía que una parte de mí lo amaba.

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Lun Dic 10, 2018 4:39 pm

Después de espetar aquellas palabras me quede en silencio con el corazón latiendo a mil mientras esperaba su respuesta. Mis manos nerviosas no se atrevían ni siquiera a revolver el café por miedo a delatar que estaban al borde de temblar debido a la ansiedad que generaba en mí la espera, que aunque no fueran más que unos segundos me parecían una eternidad.

Cuando al fin comienza a hablar siento como si echaran sobre mí un balde de agua fría, mis piernas se soltaron como si acabara de tener un calambre y supongo que mi semblante pasó de una sonrisa a un gesto de resignación. Era un rotundo rechazo a cualquier posibilidad de acercarme a ella de otra forma que no fuera la estrictamente protocolar, y a pesar de que apenas la conocía sentí que el pecho me quemaba como si hubiera sufrido una gran pérdida, una sensación que tenía desde la muerte de Mariam.

-Yo…está bien, entiendo señorita Mills, solo le pido que disculpe mi impertinencia, pero déjeme decirle al menos que después de hablar estas cosas siento que fue lo correcto, de todas formas lo haría tarde o temprano…

Seguía sosteniéndole la mirada, y comenzaba a sentir una mezcla de impotencia y desilusión al entender que esto no había sido más que un espejismo. Tal vez me equivoqué, me apresuré, no lo sé, pero la verdad es que ella me descolocaba y tal vez me hacía actuar sin pensar. Miré la taza humeante que aun ni siquiera había tocado, mientras ella apretaba las manos contra la suya.

Escucho cuando dice “lo siento Robert”, y a pesar que el hecho de que me llamara por mi nombre de pila fue agradable, la frase fue como un cuchillo afilado que terminó de convencerme de que ella tenía razón, que probablemente era una “fascinación” un capricho, quien sabe. Antes de responder medité por un momento, me rendía? Así de simple?

Agaché la mirada al sentirme prematuramente derrotado y vi mi taza. La verdad ya ni siquiera quería ese café, el mazazo fue duro y repentino, y más rápido de lo que hubiera esperado. Ya sabía lo que debía hacer, tenía que irme, dejarla en paz, pero manteniendo abierta una pequeña ventana por si alguna vez quisiera asomarse. Levante nuevamente mis ojos hacia ella y vi como una lágrima bajaba a hasta su boca. Me sentí aún más descolocado. Era probablemente la prueba tangible de que mi presencia le hacía mal.

Me puse de pie y tome mi silla colocándola junto a la suya, me acerque tomando su barbilla mientras con mi otra mano secaba esa lágrima.

-Si usted así lo desea esta conversación nunca sucedió, veo que en verdad no le es agradable mi persona…pero si aun tengo el beneficio de la duda, quiero aprovecharlo.

Sin soltar su barbilla me acerque hasta su rostro casi rozando sus labios, mientras con mi otra mano sacaba una tarjeta de mi bolsillo y la dejaba sobre la mesa. Sentía el calor de su aliento y sus ojos aguados. Casi tocando nuestros labios me detuve.

-Allí está mi número, siempre estaré esperando si decides llamarme Regina, siempre…


Me puse de pie dejando unos dólares sobre la mesa y me dirigí a la puerta, casi ahogándome en la pena, porque me sentía tan triste? Era extraño, apenas la conocía, que me estaba sucediendo?

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Re: Dos corazones unidos por un libro (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Mar Dic 11, 2018 1:41 pm

Vi como su expresión se resquebrajaba en el momento en el que el rechacé, fue casi al mismo tiempo que mi corazón se rompía en dos y comenzaba a sangrar en mi pecho. Sabía que había hecho lo correcto, no podía permitir que aquello me sobrepasara y comenzase a debilitarme. Mi madre me había enseñado que el amor era una ilusión fútil, un espejismo que pasa y arrasa todo a su paso. Pero si eso era verdad, ¿por qué sentía que mi lugar estaba a su lado sin apenas conocerlo?
Quise retractarme, darle una oportunidad y abrirle las puertas de mi alma. Pero mi fría lógica me hacía estar quieta mirando la taza, aunque no impidió que parte de esas emociones se desbordaran en una única y silenciosa lágrima que se instaló en mis labios.

No tuve tiempo de reflexionar sobre lo que significaba aquello. ¿Realmente estaba llorando por aquel hombre?, ¿por qué? él no era nada para mí, ni siquiera lo conocía. Pero, aunque no lo quisiera admitir, sabía que nuestras esencias estaban mezcladas y eran una sola. Ninguno de los dos podría sobrevivir sin el otro, o por lo menos yo no lo haría.
Fue entonces cuando, con una suave caricia que me dejó sin aliento, atrapó aquella lágrima y secó el camino que había trazado desde mis ojos. El vello de la nuca se me puso de punta, y la piel de la espalda comenzó a cosquillearme. Todo era tan complicado, si no hubiera sido reina probablemente lo habría amado.

Comenzó a acercarse cada vez más, y yo no hice nada por impedírselo. Mis fuerzas comenzaban a flaquear y mi mente se rendía ante la evidencia de que mi alma y la suya se atraían como dos polos de un imán. Pero ya estaba hecho, había cerrado la puerta a cualquier posibilidad de conocernos mejor. Y aunque seguía sintiendo que había hecho bien, mi corazón comenzaba a ganarle la partida a mi mente.

-Yo…-murmuré cuando su aliento y el mío se acariciaban mutuamente.

Pero antes de que pudiera hacer nada, antes de que acortase la distancia que nos separaba y fundiera nuestros labios, todo terminó. Dejó una tarjeta sobre la mesa y se fue sin más, con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos de la cazadora.
Yo me quedé allí sentada, sola y con el corazón roto durante tanto tiempo que, al salir, ya comenzaba a anochecer. Había pasado horas en silencio meditando, pensando sobre todo lo que había pasado, todo lo que podría haber pasado y nunca sucedería y todo lo que me hubiera gustado pasar.

Llegué al coche y puse las bolsas en el asiento del copiloto antes de poner en marcha el motor y dirigirme a la universidad. Al aparcar me quedé mirando las llaves en mi mano. ¿Por qué? ¿por qué no podía amar?. Sentí como la tristeza volvía a apoderarse de mí y lloré amargas lágrimas de impotencia. Era un monstruo, arruinaba mi propia felicidad por pensar que ni siquiera tendría una oportunidad o que esta me volvería débil.
Los sollozos se hicieron más intensos e intenté acallarlos llevándome una mano a la boca. Pero nada era capaz de contener aquella tristeza que me atenazaba el corazón.

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