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Ambientación
Hace siglos que nuestro mundo ha dejado de creer en la magia. Sustituida por la ciencia y la tecnología, los humanos han perdido la fe en los cuentos de hadas, y los finales felices son algo que ahora solo parece existir en libros y películas.

Pero hay otros mundos separados del nuestro por un fino velo que ha sido atravesado por una oscura maldición, trayendo a un recóndito castillo entre las montañas de Alemania a un gran número de personajes pertenecientes a esos mundos de cuentos de hadas.

En un lugar conocido como el Bosque Encantado, un mundo que alberga reinos de las grandes historias de los cuentos, como Blancanieves, Cenicienta, o Caperucita Roja, el Ser Oscuro, Rumpelstiltskin, ha convencido a la Reina Malvada de que los villanos no tienen finales felices en una tierra donde la magia buena siempre triunfa, y deseando obtener el suyo, la Reina Regina ha reunido a las brujas más malvadas y poderosas de los reinos, a fin de llevar a cabo ese poderoso hechizo.

Pero el mal inevitablemente atrae a las fuerzas del bien, que intentan evitarlo. A oídos del Hada Azul llegaron las intenciones de la Reina Malvada, y tras pedir ayuda a la Reina Blanca de Wonderland, convencieron a Maléfica, Reina de las Ciénagas, para dejar de lado su rencor hacia los humanos y proteger el Bosque Encantado.

Por desgracia, ni la ayuda de aquella que fue el Hada más poderosa de todas ha podido evitar los oscuros planes de Rumpelstiltskin, y el choque de la magia negra con la magia buena que intentaba evitarlo ha provocado una ola de poder tan grande capaz de atravesar no solo el espacio, sino el tiempo y las dimensiones, afectando no solo a los habitantes de aquel mundo, sino a muchos otros, e incluso a un futuro que ahora se antoja incierto.

Ahora, todos esos seres de cuento de hadas han quedado reducidos a meros humanos en nuestro mundo, encerrados en los terrenos de un enorme castillo entre las montañas, conectado con un pequeño pueblo que hace de entrada, pero manteniéndolo separado en cierta manera, con un poderoso hechizo que impide a la mayoría entrar o salir.

Pero las cosas no han salido como todos esperaban. Rumpelstiltskin puede ser ahora el dueño de todas esas tierras, pero no es capaz de abandonarlas, y el "final feliz" de la Reina Malvada ha quedado eclipsado al ver que, en lugar de estar al mando como Directora de la universidad, hay otra persona en su lugar, Maléfica. La magia de las hadas logro en el último momento modificar en parte el hechizo, y aunque la mayoría de los héroes han perdido sus finales felices, gracias a ellas mantienen su libre albedrío, teniendo la oportunidad de reencontrarse y recuperarlo.

En un mundo sin magia, donde todos creen ser personas normales, solo unos pocos recuerdan de dónde vienen, quiénes son, y la necesidad de traer de vuelta la magia a este lugar donde todos parecen haberla olvidado.

Dependerá de cada uno escoger su nuevo camino, tener el valor para recuperar la felicidad que han perdido, o comenzar de cero, mientras se pone aprueba si aún queda algo de magia que despertar en este mundo, y si los cuentos de hadas pueden formar parte de la realidad.
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Encuentro Elemental [Madeleine Pluie]

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Mensaje por Aidan Staubfinger el Lun Jul 08, 2019 10:03 pm

Mi rutina matutina se había terminado por cimentar desde que el chico se había metido en mi vida casi por la fuerza. En este caso, me había levantado veinte minutos más tarde de lo acostumbrado para nuestros entrenamientos y ya había estado tocando a la puerta, recodándonos sobre nuestro trato y quejándose de que yo mostrara tan poco entusiasmo por enseñarle el arte callejero que tanto deseaba aprender. El chico no entendía, para él era algo impresionante y maravilloso que me había descubierto hacer un día por descuido mío, cuando intentaba probar si podía hacerlo aún, tras casi diez años de no tocar las antorchas y los líquidos inflamables.

Pero había hecho un trato, él estaba en lo cierto, y tras salir y rodar los ojos a sus regaños, nos encaminamos juntos hasta a profundidad de los terrenos de la universidad. En teoría ese sitio estaba prohibido para los alumnos pero supuse que ir con un adulto no causaría problemas y desde el verano se volvió ese nuestro sitio de entrenamiento. Era un sitio tranquilo, dominado por el crujir de las hojas al chocarse mutuamente cuando el viento las mecía y el cantar de las aves que comenzaban ya su rutina matinal, lejos de gritos y ojos de alumnos curiosos que pudieran querer unirse a ese curso improvisado que tenía con Faizel.

Ese sitio era como un refugio que recargaba mis energías. Ni bien nos quitamos la camisa para no llenarla de hollín, le enseñé un truco sencillo con una vara de antorchas sin encender para que lo dominara y mientras tanto yo me dediqué a probar unos movimientos con las mías encendidas. Soportando un refunfuño cada tanto cuando éste consideraba injusto practicar con la antorcha apagada.  Y cuando la hora de clases de la secundaria se acercaba, ahora fui yo el que le tuvo que recordar sobre nuestro trato como siempre, se dejaba llevar por el entusiasmo y olvidaba todo lo demás. Aquello siempre me hacía sonreír, entendía lo que era eso. Finalmente me quedé yo solo en ese sitio.

Por mucho que me agradaba la presencia del chico y llegaba a apreciar sus comentarios filosos, lo cierto es que siempre necesitaba un tiempo a solas para lucirme por mi cuenta, conectarme con el fuego y que nada más importara, por eso me dejé llevar, vaciando mi mente de las implicaciones negativas que las antorchas tenían para mí y simplemente dejé que el fuego ardiera y creciera conforme las antorchas giraban en mis manos, dejando que sus flamas me rozaran con ese calor agradable mis brazos, casi como una caricia reconfortante sin llegar a quemarme por la velocidad a la que sucedía y por un momento simplemente sonreí genuinamente, como no lo había hecho en años.

Por lo menos hasta que escuché una rama crujir a unos cuantos metros de mí y eso hizo que perdiera la concentración, intentando ver si era un estudiante o quizá un animal del bosque y dejando caer las antorchas dobles al suelo en el proceso.

—Demonios— murmuré cuando el fuego comenzó a encender las hojas secas comenzando a pisotearlas para apagarlas y recoger las antorchas.

—¿Chico, eres tú? ¿Olvidaste algo?— pregunté en la dirección en que había oído el ruido —¿Faizel?— lo cierto es que no creía que fuera él, era muy sigiloso, probablemente por su origen. Por lo que terminé por acercarme por si alguien necesitaba ayuda.

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Mensaje por Madeleine Pluie el Lun Jul 08, 2019 10:21 pm

Tenía una hora libre aquella mañana, algo que solía pasar cada martes desde que comenzó el curso, ya que este era mi primer año.
No era gran cosa, pero solía recluirme en la biblioteca, y hoy había más gente de la habitual. Por alguna razón, aquello me echó para atrás y traté de buscar un lugar algo más apartado.
Aquella mañana había recogido un par de mechones de mi rubia melena hacia atrás, adornados con una diadema sencilla azul claro, a juego con el vestido vaporoso de manga larga, escote redondeado y falda corta.
Mis pies apenas los cubrían unas sencillas bailarinas crema que se ataban a mis tobillos con un lazo, asemejando a las zapatillas de ballet que hacía tanto que no usaba.
El resto de mi pelo estaba ondulado y suelto, y al hombro llevaba un bolso de tamaño medio, donde había metido algunas cosas sencillas para el desayuno, como un termo con chocolate, algo de fruta y un bollo de canela de la cafetería de la abuelita.
En una de mis manos llevaba un libro de poesía francesa que me había recomendado Belle, la amable bibliotecaria.
Pero no terminé de encontrar un sitio en los jardines que me convenciera, ya que hacía demasiado sol.
Así que me adentré algo más en los terrenos, en busca de algún lugar bajo los árboles, a la sombra, que no estuviera muy apartada.
Entonces me pareció escuchar algo... como el murmullo del agua.
¿Sería una cascada?
No había podido explorar mucho los terrenos, ya que apenas llevaba un mes y poco por aquí, pero la idea de ver una cascada al natural era demasiado tentador. Adoraba el agua, y no es que mi familia fuera de salir mucho al aire libre, por lo que me aventuré como si algo me llamase, sin darme cuenta de que un instinto olvidado me guiaba hasta un hombre que hacía malabares con fuego.
No me di cuenta de cuánto me alejé, y de que seguramente me habría perdido y no reconocería el camino de vuelta, pero todo se desvaneció cuando vi a aquel hombre con ese peligroso juego de malabares, deslumbrándome ante el baile de las llamas.
Era... hipnótico...
Tanto que di un paso al frente para observarlo mejor, y entonces partí una rama sin querer, haciendo que se detuviera y negando al momento, con un evidente sonrojo.

- Disculpe... No pretendía molestarlo.

Parecía mayor que yo, por lo que asumí que sería un profesor. Al momento mis mejillas se tiñeron de rojo al percatarme de que apenas llevaba unos vaqueros, bajando la vista, un tanto avergonzada.

- Lamento mucho la intromisión. Me llamo Madeleine Pluie y soy estudiante de literatura francesa. Tenía una hora libre y buscaba un sitio para leer hasta que me pareció escuchar agua corriendo... y tuve curiosidad. ¿Hay alguna cascada por aquí cerca?

Pregunté tímidamente, esperando no haber incomodado a un profesor. No lo conocía, ya que el lugar era muy grande, pero definitivamente debía enseñar alguna rama artística, porque lo que hacía con el fuego era fascinante.

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Mensaje por Aidan Staubfinger el Lun Jul 08, 2019 10:57 pm

Lo cierto es que había olvidado cuán feliz me hacía poder jugar con las flamas de ese modo tan libre, tan puro, como si nada más pudiera pasar por esas llamas besando mi piel casi con afecto. Pese a lo cómodo que estaba, el calor del fuego contra mi piel fue suficiente para hacerme sudar un poco, no tanto como lo haría una sesión de ejercicio intensiva. Mi cuerpo intentando mantener aquellas flamas que me fascinaban lejos de causarme un daño serio.

Era curioso como aquello que más me hacía feliz, era justo lo que había terminado por sacrificar en un intento de expiación por lo que había pasado con Rosemary. Pero esa dicha se esfumó en cuanto escuché un ruido en el bosque y me distraje. Incluso por poco comienzo un incendio forestal. Suspirándo algo frustrado, llamé al chico hasta que al acercarme escuché una voz femenina en su lugar.

Fruncí el ceño algo contrariado. Antes de suspirar negando con la cabeza. Su presencia me había devuelto al mundo real y ese no era tan agradable como el mundo del fuego, pero se la veía avergonzada y yo no quise que fuéramos dos los incómodos, así que negué con la cabeza.

—No me molestas. Creí que eras… alguien más— me froté los brazos, resintiendo el aire frío del bosque después de someterlos al calor de las llamas y cuando vi que ella bajaba la mirada con un evidente color rojo tiñendo sus mejillas fue que me percaté de que no era exactamente el modo más profesional de estar frente a una chica que por lo que decía era estudiante de la universidad.

—¿Así que escuchaste una cascada, eh?— Suspiré retrocediendo unos pasos para buscar el suéter gris que había dejado colgado sobre una rama baja y volví cerca de ella mientras me lo colocaba. Era un suéter de punto que me quedaba algo suelto y me daba un aspecto algo desaliñado en conjunto con el cabello largo que cubría parcialmente mis cicatrices en el rostro.

—Lo cierto es que creo recordar que hay una en los terrenos pero no está cerca de esta zona, está más al oeste. Los sonidos en el bosque pueden volverse engañosos y desorientarte con facilidad. Por eso está prohibido que los alumnos se adentren— la miré con cierta severidad por un momento pero se la veía tan tímida y tan cohibida que no pude mantener la fachada estricta, menos aún luego de que acababa de verme sólo en vaqueros, aunque preferible eso a que mirara mis cicatrices.

—Pero no tienes que angustiarte, no le diré a nadie que estás en los bosques… por esta vez. Entiendo la curiosidad por los terrenos, son muy tranquilos— una sonrisa apacible me surgió al mirar a mi alrededor, no podía culparla por querer paz, menos en un sitio como este. —¿Madeleine, cierto? Soy el profesor de artes escénicas, Aidan Staubfinger— le dediqué una mirada curiosa, el estilo del vestido, aquellas bailarinas, no tenía pinta de estudiante de literatura, sino de una bailarina que buscara un espacio tranquilo para practicar —Así que… ¿querías conocer la cascada, eh?— comenté pensativo, en teoría no debería mostrársela porque era un área arriesgada, pero el ruido rebotando en los árboles haría que se perdiera si volvía a buscarla por su cuenta. Por otro lado... yo no tenía nada mejor que hacer hasta las clases de la tarde por ser martes, y no me iría tranquilo sabiendo que ella podría terminar perdida en los bosques.

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Mensaje por Madeleine Pluie el Lun Jul 08, 2019 11:11 pm

Esa forma de jugar con el fuego era realmente fascinante, y sin duda debía ser alguien muy hábil para poder hacer algo así con esa tranquilidad.
De hecho me quedé perdida en las lenguas de fuego durante unos minutos en los que no conté, solo era como si ese fuego me hechizase, hasta que me atrajo demasiado como una polilla a la luz y partí una pequeña rama al pisar donde no debía.
Eso lo desconcentró e hizo que tirase las antorchas al suelo, respirando aliviada cuando vi que la sacudida las apagaba en vez de prender fuego al bosque.
Al momento me disculpé, saliendo de entre los árboles y presentándome, pero su falta de ropa me hizo bajar la mirada con timidez, esperando no estar invadiendo su espacio personal.

- Lo siento... no pretendía asustarlo, solo... Lo que hacía era... fascinante.

Asentí cuando me preguntó por la cascada, sin alzar aún la mirada, ya que me ponía nerviosa su falta de camisa, más que nada porque no estaba acostumbrada.
Por eso agradecí que se pusiera aquel suéter, y entonces puede volver a alzar mis ojos azules, aunque aún con ese ligero sonrojo.

- Eso me ha parecido... Me fascinan esas cosas y... pensé que podría echarle un vistazo. Mi familia no va mucho de acampada.

Confesé, aunque mi sonrojo aumentó avergonzada cuando me dijo que los alumnos tenían prohibido entrar aquí.

- ¡Oh! Lo lamento de veras... Yo... creí que esa norma solo afectaba a los menores de edad, por eso me animé a acercarme. Si he leído mal, mis disculpas, no quería meterme en ningún lío.

Dije educadamente, asintiendo agradecida cuando prometió no decírselo a nadie, y más aún al comentar que los terrenos parecían muy tranquilos.

- Sí... yo... esperaba encontrar un lugar tranquilo para sentarme a leer.

Asentí ante mi nombre, y me acerqué cuando él se presentó, tendiéndole una mano amistosamente.

- Sí, aunque puede llamarme Madey. Es un placer conocerle... Así que... profesor de Artes Escénicas. Imaginaba algo así. Lo que hizo con el fuego era todo un espectáculo.

Asentí cuando me preguntó por la cascada, aunque sonriendo con cierta timidez.

- Aun así entiendo que no deba estar aquí, así que, en ese caso, si lo ve más conveniente, puedo regresar al campus.

Debería revisar más atentamente el reglamento.

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Mensaje por Aidan Staubfinger el Lun Jul 08, 2019 11:45 pm

Lo que menos había esperado esa mañana libre en que me había quedado practicando con el fuego, fue que un alumno me encontrara, no es como que estuviera a un par de metros de los jardines de niños, el camino a este claro era complicado y sólo permitía a Faizel recorrerlo solo porque estaba claro que sabía el recorrido tras el tiempo que llevaba ya aquí, desde las vacaciones de fin de curso hasta ahora, ya como alumno oficial, y sin embargo parecía que cada vez que me decidía a dejarme llevar por el fuego, terminaba con un alumno nuevo fascinado por las llamas.

Negué con la cabeza rascando mi nuca con cierta incomodidad ante su disculpa, lo cierto es que no me gustaba que los alumnos se disculparan conmigo, me hacía sentir más imponente de lo que en verdad quería ser por lo que le resté importancia.

—No me asustaste sólo… no esperaba a nadie. No es algo que me guste hacer para la gente en general, no me lo tomes a mal— le expliqué y sonreí tímidamente cuando agregó que era fascinante. Se la veía incómoda por mi apariencia y no era para menos, por lo que me coloqué el suéter volviendo para hablar con ella, parecía que los sonidos del agua chocando contra los árboles le habían hecho una mala pasada y así había terminado aquí.

—Entiendo, cuando se está cerca de la naturaleza, pareciera que esta llama a la gente— le sonreí con amabilidad pasando una mano por mi cabello intentando no descubrir mucho mis cicatrices. Le hablé de porqué justo eso era peligroso y porqué los alumnos no tenían permitido estar en el bosque. Negué con la cabeza cuando vi que se apenaba de ese modo.

—No has hecho nada malo, no te disculpes. Simplemente que si no conoces el bosque y no sabes moverte por él, es fácil que puedas perderte, imagino que es el caso ahora y si no te hubieras encontrado conmigo, probablemente no pasarías un rato agradable— la miré un tanto apenado, habría sido desafortunado que quedara perdida en estos bosques por unas horas. Parecía muy agradable y dulce, era un cambio agradable a las quejas constantes de Faizel. Al parecer ella parecía buscar un sitio tranquilo para sentarse a leer.

—Así que tampoco eres muy fan de la gran afluencia de estudiantes que rondan por el campus. Sé un poco de eso— la miré pensativo y decidí presentarme, asintiendo cuando dijo que podría llamarla Madey, lo recordaría. Tras un momento de duda estreché su mano. —Es un placer, Madey— Una sonrisa tímida salió de mis labios asintiendo cuando dijo que era todo un espectáculo.

—Parece que no he perdido el toque. Hace años que no lo hacía, es bueno saber que aún gusta. Pero te agradecería si no lo comentaras, podría meterme en problemas si los estudiantes se escabullen a los terrenos del colegio para verme hacer trucos con el fuego— sé que había dicho que no me gustaba hacer esas cosas pero no era del todo el caso, quizá era el único momento en que me sentía cómodo con las miradas de las personas, aunque era extraño admitirlo. Suspiré como si ella hubiera estado insistiendo y terminé por soltar una oferta.

—Escucha, no debes estar por aquí, pero… si lo que quieres es un lugar para poder estar en paz, puedo hacer una excepción. Te enseñaré a llegar segura a la cascada, sólo debes prometerme que tendrás cuidado cuando vayas ahí tú sola— lo cierto es que yo estaba en contra de reglas estrictas, podía entender que si los estudiantes no estaban acostumbrados a la naturaleza no debieran adentrarse, pero si podía enseñarle a moverse y reconocer el camino hacia la cascada, no veía por qué no darle ese pequeño gusto como un favor de un alma solitaria a otra.

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Mensaje por Madeleine Pluie el Mar Jul 09, 2019 12:08 am

No quería molestar a aquel hombre. Realmente parecía todo un artista, y por un momento me fijé algo más en él.
Claramente era mayor que yo. Tenía los ojos claros y una media melena rubia rizada que le cubría parte del rostro. Al fijarme algo más en sus facciones noté unas leves marcas en su rostro que parecían de algún tipo de herida, pero obviamente no sería educado preguntar al respecto, así que solo sonreí dulcemente ante su respuesta y asentí.

- Lo comprendo... No todos los artistas se sienten cómodos exponiendo su arte, y hay que respetarlo. Aunque, si me lo permite, es una lástima. Realmente es... embriagador.

Era la mejor palabra que se me ocurría para definirlo. Me había quedado realmente hechizada por aquel baile de llamas, y seguramente cualquiera perdería la noción del tiempo al verlo, como yo había hecho, así como del lugar en que me encontraba.
Asentí ensanchando mi sonrisa al ver que me comprendía. Lo cierto es que no sé de dónde me viene, porque mi familia no era muy de camping precisamente, pero adoraba la naturaleza.

- Sí, así es. Resulta agradable encontrar quien te comprenda.

Parece que él solo estaba preocupado por mí, o por lo que podría pasarme si me adentraba demasiado en el bosque.
Cuando dije aquello, miré a mi alrededor y me di cuenta de que, efectivamente, estaba perdida.

- Vaya... no me había dado cuenta... pero lo cierto es que tiene razón. Creo que no sabría regresar por el mismo camino desde aquí.

Admití con cierta vergüenza, ya que eso suponía tener que pedir su ayuda, y quizá, incomodarlo con ello.
Pero definitivamente era un hombre muy amable, y cuando se mostró tan comprensivo, esbocé una sonrisa más dulce y confiada.

- Sí, yo... siento que no encajo mucho. Prefiero la tranquilidad de los libros a las grandes multitudes. Además, no suelo tener mucho en común con la mayoría de estudiantes habituales.

Asentí cuando me pidió que no comentase aquello demasiado, pero parecía alegrarse de no haber perdido el toque.

- Si lo ha hecho, no puedo imaginar lo bueno que habría sido entonces, porque realmente es fascinante. Nunca me había quedado tan absorta en algo, salvo los viejos vídeos de ballet de mi madre.


Me hizo una oferta que, aunque de primeras, me pareció algo arriesgada, por algún motivo me impulsó, asintiendo con una sonrisa dulce y agradecida y ofreciéndole mi mano para llegar algo más hasta él, al haber algunas raíces de árbol en medio.

- Lo prometo... Me gustaría mucho poder verla.


Intentaría quedarme con el camino. Realmente era un hombre muy amable, aunque no sabía si sería apropiado tutearle como él hacía conmigo, dado que era un profesor.

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Mensaje por Aidan Staubfinger el Mar Jul 09, 2019 1:05 am

Curiosamente, pese a la incomodidad inicial que me dio el saber que me observaran, ver que la chica admiraba de verdad lo que había hecho me arrancó una sonrisa un poco más tranquila, más cuando comprendió que no me gustara mostrar lo que hacía y no se lo tomara a mal, algo que el chico no entendía en su entusiasmo por aprender.

—Es un… hábito arraigado que tengo, nada más. Yo no lo llamaría embriagador, pero aprecio que te gustara de ese modo— por suerte para mí no parecía muy impulsaba a aprenderlo por su cuenta. Con el chico tenía más que suficiente, además… corría el riesgo de quemarse y lucía como una joven muy delicada para esas cosas. Sin mencionar que ese hermoso cabello rubio no debía acercarse para nada al fuego.

Podía notar ese amor por la naturaleza en ella, como parecía llamarla como lo hacía conmigo, asentí cuando dijo que era agradable encontrar quien comprendía eso.

—Lo es. La mayoría no le tiene el cuidado suficiente para disfrutar la tranquilidad que le pueda brindar— le sonreí comenzando a pensar en la idea de llevarla a esa cascada que quería ver, no como profesor sino como un amante de los lindos paisajes a otro. Ella se disculpó de nuevo y le expliqué por qué estaba contra las normas, se veía que la chica pese a su amor por la naturaleza, no era mucho de estar en ella. Y efectivamente cuando puntualicé que podría perderse, ella miró a su alrededor y afirmó eso mismo. Sonreí con tranquilidad para que no se asustara por eso.

—Menos mal que te encontraste conmigo entonces. No seré bueno en muchas cosas, pero en ubicarme en este bosque soy muy bueno— no por algo había pasado tantos años viniendo a recargar emocionalmente de mis alumnos. Este año parecía más pesado de lo habitual, quizá por el muchacho. Madey me habló de que buscaba un sitio tranquilo para leer y eso me hizo sentirme identificado, asentí mirándola con comprensión.

—Si te soy honesto, sí que no pareces tener mucho en común con otros alumnos, los demás suelen incomodarme y agotarme con facilidad— le confesé con cierta timidez, sabía que era una locura ser profesor cuando me costaba tanto serlo. Pero era algo que también disfrutaba —Si necesitas un momento de tranquilidad y no te sientes cómoda de ir a la cascada para no perderte, mi aula de teatro siempre está abierta y suele estar vacía a deshoras. Es donde suelo pasar las tardes por lo mismo. No es tan bueno como el bosque pero… se hace lo que se puede— no solía invitar a gente a mi salón de clases, pero algo me decía que no me sería agotador calificar papeles en silencio mientras ella leía, parecía ser algo que le agradaba bastante. Eso sí, le supliqué que no hablara de mis actividades extracurriculares, aunque halagado por el modo en que hablaba de ello cuando ella comentó que su madre bailaba.

—Así que tu madre es bailarina de Ballet. Me sorprende que no siguieras sus pasos— la miré intrigado, ella parecía tener la complexión de una bailarina, y su indumentaria más el modo en el que hablaba de esos videos de su madre, parecía dar a entender que lo disfrutaba mucho, pero quizá la literatura era una pación más grande, por lo que le resté importancia —Aunque el mundo del baile profesional, y el clásico sobre todo es muy exigente, no debería extrañarme. No es para todo el mundo— me incomodó la idea de causarle una molestia al hablar de ello por lo que volví el cauce de la conversación de vuelta hacia la cascada y le ofrecí llevarla mientras prometiera tener cuidado, asentí con una sonrisa y tomé su mano para ayudarla a pasar esas ramas sobresalientes, el clima y el musgo sobre ellas solía hacerlas resbaladizas así que le ofrecí también la otra mano.

—No son los mejores zapatos para este terreno, ten cuidado, podrías resbalarte— le aconsejé bajando la mirada cuando la mía se cruzó con la suya, para fijarme bien dónde pisaba y tras esto le sonreí con cierta timidez. Algo en ella me transmitía una sensación agradable y tranquila, similar a este claro del bosque.

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Mensaje por Madeleine Pluie el Mar Jul 09, 2019 1:36 am

Su espectáculo con el fuego fue realmente hermoso, y me había cautivado con las llamas, pero no parecía algo que disfrutara hacer para otros, así que lo comprendí y prometí guardar su secreto.

- Fue realmente hermoso. Aunque me alegra que las llamas se apagaran contra el suelo. No me habría perdonado dañar el bosque por desconcentrarle.

Comenté, y mi sonrisa se acentuó cuando mencionó que no todos entendían esa calma que transmitía la naturaleza. Era comprensible, y me habría gustado pasar en ella más de lo que lo habría hecho, pero mi familia me consideraba demasiado delicada.

- Es algo inspirador... cerrar los ojos y simplemente escuchar el arrullo de las hojas, el aleteo de los pájaros o las gotas de lluvia caer. Adoro la lluvia, ¿y usted?

Pregunté con una dulce sonrisa confiada, agradeciendo entonces no solo que no se molestase, sino que estuviera dispuesto a ayudarme a salir del bosque.

- Se lo agradezco. Me gustaría tener más práctica en campo abierto, pero mi familia no es mucho de salidas, y son algo protectores.

Admito que se me escapó una risa dulce y cristalina cuando mencionó de ese modo a los otros alumnos, sintiéndome curiosamente halagada.

- Vaya... me alegro de no incomodarlo. Supongo que aprecio la soledad también y la tranquilidad que supone. No todos lo hacen con esos ruidosos teléfonos o lo que hoy en día llaman música. Chaikovski se revolvería en su tumba con lo que se escucha últimamente.


Cuando me ofreció su aula de teatro, esbocé una sonrisa más alegre y confiada, realmente halagada por su oferta. Definitivamente la tendría en cuenta.

- Me encanta el teatro. Me fascinan las obras de Víctor Hugo o, por supuesto, Shakespeare, aunque sus mayores éxitos sean más bien dramáticos. También el teatro griego me resulta impresionante para su época, y creo que con el cine se ha perdido parte de esa magia del teatro, de la emoción que implica vivirlo.

Le comenté que mi madre era bailarina, pero él pareció tomarlo de un modo más actual, por lo que me apresuré a explicarme mejor, negando con una media sonrisa algo nostálgica.

- No, ella... lo era, pero se lesionó hace tiempo. De verdad que me habría encantado seguir sus pasos, pero ella temía que sufriera algo parecido, e insistía en que era muy doloroso ver tu vocación arruinada, así que, aunque mi abuela me llevaba a clases de niña, mi madre me lo prohibió hace unos años.

Expliqué, suspirando entonces con una media sonrisa.

- Entonces me interesé por la literatura y la filología francesa.


Dado que se ofreció a mostrarme el camino a la cascada, le tendí una de mis manos, sonriendo amistosa cuando él me ofreció ambas, tomándolas confiada.
No sé qué fue, pero cuando rocé sus dedos sentí como una corriente, algo fugaz que no había sentido antes, como una conexión con algo que no pudiera recordar.
Sonreí tímidamente casi sin proponerlo, y asentí ante su advertencia.

- Sí, claro... gracias... Aunque son mejores que los tacones, sin lugar a dudas. Pero me temo que no tengo deportivas o botas de montaña.

Más bien zapatos sencillos y delicados como estos o algunos tacones, además de unas zapatillas de ballet que mi abuela me compró en secreto, animándome a apuntarme a algún club de la universidad, pero temía decepcionar a mamá.

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Mensaje por Aidan Staubfinger el Mar Jul 09, 2019 3:42 am

Asentí a lo que dijo sobre las llamas mirando al sitio donde había dejado las antorchas.

—Bueno, es una mañana húmeda, seguramente la hojarasca está demasiado mojada para encenderse. Además, yo tengo mucho cuidado, no dejaría que el bosque se dañara— me encogí de hombros restándole importancia al asunto. Lo cierto es que no sería la primera vez que tenía que apagar un fuego, antes de que el chico pudiera practicar con una sola antorcha correctamente, tuvo uno que otro tropiezo con el líquido combustible al preparar las antorchas.

Sonreí con comprensión a sus palabras, ella entendía lo que era esa paz, aunque entonces cuando me hizo aquella pregunta la miré un tanto confuso, había notado la propiedad a la que se refería a mí, como todos en la escuela, no era algo inusual pero, dado el ámbito poco profesional en el que estábamos y que ella no era alumna mía me parecía que estaba de más así que, desviando la mirada  metiéndome las manos en los bolsillos en un gesto algo cohibido negué con la cabeza.

—No tienes que ser tan formal si no quieres, ¿sabes? No quiero parecer intimidante ni mucho menos, mi… clase no se lleva con esa dinámica. Aidan está bien— murmuré algo tímido, lo cierto es que era algo extraño por decir a una alumna, pero pese a que no me molestara esa distancia profesional con el resto, en este caso y dado que tendría que ser su guía lo mejor era tener algo más de confianza por si tenía que cargarla por esos zapatos suyos. —Y con respecto a la lluvia, me gusta. Siempre y cuando no me esté mojando— le sonreí de lado de un modo nostálgico, demasiados recuerdos de pasar días bajo la lluvia cuando me dejé llevar por la desesperación de mis errores.

La chica parecía que venía de un hogar sobreprotector, tenía sentido, muchas personas en este lugar tendían a confundir amor con sofocamiento y terminaban sobreprotegiendo así a los estudiantes, algunos por eso al llegar se rebelaban, le sonreí amable.

—Siempre que quieras saber del bosque estoy disponible. No diré que soy experto, pero he estado aquí lo suficiente para conocer el terreno sin que te pase nada malo— por lo general moría de ganas por terminar las conversaciones, o intentaba ayudar a las personas para que se sintieran mejor, pero ayudarla en un gusto así requería convivir y eso era inusual para mí. No pude evitar sonreír de lado cuando dijo que Chaikovski se revolvería en su tumba con la música actual.

—Ah, ya veo, eres un espíritu antiguo— negué con la cabeza divertido y me encogí de hombros —Pues habría que decirle eso a mis alumnos, muchos de ellos sienten que serán la próxima maravilla del pop o el próximo Disney Idol— no pude evitar bromear, era extraño en mí pero ella me hacía sentir a gusto, le ofrecí el aula de teatro como sustituto para su lectura y al mencionar a los grandes no pude evitar sonreír.

—Justo hace poco comencé a elegir una obra de Shakespeare como un proyecto para los alumnos de nuevo ingreso, para que se familiaricen con él, si quieres hacer una sugerencia, soy todo oídos.— era curioso que alguien que lucía tan joven actuara tan mayor, pero supongo que tiene sentido, yo apenas tenía treinta y seis y a veces sentía que actuaba de cincuenta y siete, aunque claro, supongo que tenía sentido si estaba en literatura.

Parece que me confundí y ella terminó por corregirme: su madre se había lesionado y parece que eso había influido en su decisión de carrera aunque no pude evitar estar en desacuerdo con lo que su madre le había dicho.

—Siento llevarle la contraria a tu madre pero, una vocación no sólo se ve arruinada por una lesión. A veces falta sólo tener miedo para que se vea arruinada— negué con la cabeza, una vocación no explorada por miedo era un desperdicio tan grande como una carrera cursada por los motivos erróneos, aunque en su caso parecía de verdad sentir pasión por la que había tomado. Me encogí de hombros —Lo cierto es que sé bastante poco sobre la filología francesa, ¿qué se supone que estudias? El significado de las palabras?— tenía la impresión de que me estaba equivocando de carrera, pero me daba curiosidad. Cuando ella tomó mis manos la ayudé a pasar por esas ramas y para mi sorpresa, reí cuando dijo que eran mejores que los tacones. Me llevó un poco más de tiempo darme cuenta que una de mis manos seguía sujetándola y la aparté con una sonrisa a modo de disculpa.

—hasta ir descalsa es mejor que los tacones. Pero más bien me preocupaba que se te fueran a arruinar. Si necesitas ayuda yo puedo alzarte— carraspeé mirando hacia el camino para llegar a la cascada, ésta no se encontraba muy alejada, aunque sí bastante lejos de donde la chica había estado buscando. Por un momento dejé que las aves y el sonido de las pizadas de ella haciendo crujir las hojas se adueñaran del ambiente pero no pasó mucho antes de que sintiera que estaba siendo muy silencioso para su gusto.

—Deberías apuntarte a un club de baile, no es exactamente una carrera pero es una actividad extracurricular que podría interesarte— la miré de reojo pasando mi mano por el cabello para quitar una hoja que acababa de caer de uno de los árboles. Los sonidos de la cascada comenzaron a distinguirse cada vez más fuertes, aunque parecían venir de todas direcciones y no sólo de hacia donde nos dirigíamos.

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Mensaje por Madeleine Pluie el Mar Jul 09, 2019 4:25 am

Supongo que con aquello tenía toda la razón, así que asentí con una media sonrisa dulce, dejando por zanjado el tema del bosque. Claramente parecía estar a salvo.
Me quedé observándole por un momento. Había algo en ese hombre que me daba tranquilidad, confianza, y cuando pareció estar algo incómodo por tratarle de ese modo tan formal, lo aparté completamente, acentuando esa sonrisa dulce y amistosa.

- Claro, yo... esperaba que tú me lo dijeras, ya que no quería ser descortés. Lo cierto es que Aidan me gusta.

Comenté, refiriéndome a su nombre con esa sonrisa alegre y suave, mirándolo con curiosidad cuando afirmó que le gustaba la lluvia, pero no si se mojaba.

- A mí me gusta de ambos modos. A veces me gusta salir a sentirla directamente, y otras sentarme junto a la ventana y verla empapar los cristales mientras tomo un chocolate con un buen libro.

Eso me hizo acordarme de algo, con lo que añadí con una amable sonrisa.

- Oh, acabo de acordar que he traído desayuno. Tengo suficiente, si quieres compartirlo.

Le ofrecí de forma amistosa y cordial, ya que él se había ofrecido a guiarme por el bosque, con lo que sonreí agradecida y sincera.

- Me gustaría mucho. Este lugar es tan grande... Querría conocerlo más pero, no suelo hacer muchos amigos. Normalmente no coincidimos en las aficiones.

No era porque no fuese sociable ni mucho menos. Simplemente no solía encontrar gente afín a mí, pero parecía que era diferente en el caso del profesor, que enseguida supo de qué le hablaba, con una pequeña risa suave y dulce.

- Bueno, admito que Disney me gusta... pero los clásicos. Sobre todo la música de Fantasía o de compositores como Alan Menken o Elton John, pero por lo general prefiero la música clásica. Mi abuela apoyó mucho a mi madre con el ballet y ambas tienen más gusto por esa música, al igual que por los libros, ya que mi abuela escribía poesía.

Cuando dijo que había planteado la idea de una obra de Shakespeare para sus alumnos, y me pidió que sugiriese alguna. Romeo y Julieta o Hamlet eran claramente obras demasiado conocidas, y por alguna razón que, de primeras no di demasiada importancia, por una vez sentía que quería "impresionar" a alguien. Normalmente no suelo alardear de conocimientos en estos campos, ya que no solía conocer gente que me entendiera, pero tenía la sensación de que él sí lo haría, y quería que supiera que sé de lo que hablo, no que me tome por una chiquilla que solo ha leído cuatro cosas.

- Pues obviamente la mayoría se inclinarían por los clásicos de siempre, o por sus tragedias más populares, pero hay una comedia muy entretenida que seguramente los alumnos no tendrán tan vista, Trabajos de amor perdidos. Es una de mis favoritas, y al ser menos dramática podría resultar más entretenida, junto con la temática del romance y las equivocaciones al respecto.

Aunque me gustaba conocer su opinión cuando le hablé de lo que le pasó a mi madre, y sentía que estaba en lo cierto, parecía como si hubiera desperdiciado mi talento o algo así, y era bastante modesta al respecto, por lo que sonreí con amabilidad y me encogí de hombros sinceramente.

- Es posible, pero no era mi única pasión. Sí que me habría gustado ser bailarina, y adoro bailar, pero también la literatura, y dado que lo primero haría infeliz a mi madre, ¿por qué preocuparla cuando igualmente yo podría ser feliz de ambos modos? Puede que en cierta manera lo extrañe, y mi abuela sigue insistiendo en que luche por ello, pero creo que le partiría el corazón a mi madre si hiciera carrera en ello y me pasara algo. Sería como hacerla revivir aquellos días.


Expliqué, aunque cuando me preguntó por mi carrera, sonreí amablemente y se lo expliqué sin ningún problema.

- Pues su significado, su naturaleza, de dónde provienen, por qué se usan del modo en que lo hacen o qué quisieron decir en los escritos que existen sobre el idioma, principalmente. Se estudian los textos, su significado e impacto en la historia, su traducción a otras lenguas del modo más fiel posible. Es más complicado de lo que pueda parecer, pero resulta fascinante, y dado que el francés ha quedado más en decadencia por el uso de otras lenguas predominantes como el inglés o el castellano, es algo que me gusta aprender para poder llevar lo que se ha hecho en mi idioma a otros sin que pierda su emoción y sentido en el proceso. Como los poemas de mi abuela.

Expliqué, tomando entonces sus manos con una sonrisa dulce y amistosa, sintiendo por un momento esa corriente que me sorprendió unos segundos, aunque enseguida quedó en un segundo plano cuando me preguntó por mis zapatos, apresurándome a negar.

- Oh, no, no te preocupes, siempre pueden limpiarse después.

No es que me preocupara tanto como a otras chicas lo que le pasase a mi ropa, así que caminé a su lado, manteniendo esa sonrisa cálida y amistosa, disfrutando de el silencio, pero admito que me gustaba más su voz. Era suave y tranquila, y ante aquella oferta, me quedé algo pensativa.

- ¿Qué tipo de baile practican? ¿Enseñas tú allí?

No sé si me sentiría cómoda con cualquier profesor, y realmente, si lo hiciera, tampoco querría que llegara a oídos de mi madre, pero con una llamada cada dos o tres días no tendría por qué saberlo, y al menos no dejarlo por completo también haría feliz a mi abuela.

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Mensaje por Aidan Staubfinger el Mar Jul 09, 2019 5:53 am

Sonreí amable cuando dijo que esperaba a que yo le diera permiso de hablarme con menos propiedad para no ser descortés, sonreí de lado algo halagado cuando dijo que le gustaba mi nombre.

—Por lo menos es más fácil de pronunciar que mi apellido, así que, llámame así cuanto gustes— tenía una sonrisa agradable y natural que dejaba todo claro, que no me hacía sentir incómodo ni preocuparme por lo que pensara de mi rostro como solía pasar en mis conversaciones usualmente, y parecía que socializar no se le daba nada mal, no era el motivo por el que prefería estar sola, eso estaba claro. La observé sonriendo por lo feliz que se la veía hablando de la lluvia y tuve que admitir que el último escenario no sonaba tan mal.

—¿Con una chimenea encendida crepitando al otro lado de la habitación como única iluminación o con la espalda recargada en un árbol frondoso que haga de sombrilla, dejando pasar apenas las suficientes para escuchar la sinfonía en las hojas de los árboles, sí puede ser que así me guste la lluvia, soy más de verla que de sentirla— lo cierto es que la lluvia en sí sola me gustaba, con ese olor característico de la tierra mojada. Cuando comentó lo del desayuno la miré algo sorprendido.

Lo cierto es que esta vez no había desayunado, por lo general el chico me tenía alguna fruta preparada cuando nos veíamos, pero claro, yo había llegado tarde y él se la había comido mientras esperaba a que me dignara a salir. Contemplé la idea pero terminé negando con la cabeza.

—No puedo quitarte tu desayuno de ese modo, descuida, no tengo hambre— desvié la mirada algo incómodo, en cambio me ofrecí a enseñarle más sobre el bosque ya que parecía apasionarle y eso le gustó, asintiendo ante sus palabras. —Cuenta conmigo entonces, pero te entiendo… entender a la gente es difícil y a veces imposible— lo cierto es que entenderlos me parecía un trabajo agotador, pero ella y yo parecíamos tener mucho más en común en ese aspecto.

—Yo no tengo tanto problema con la música actual pero entiendo lo que dices, los clásicos inspiran más el sentimiento que se quiere expresar de lo que una canción con letra jamás lo hará, ahora los instrumentos son sólo el acompañamiento y dependen demasiado de las letras— parecía curioso lo mucho que su madre y su abuela habían influenciado en ella, era casi adorable. Parecía ser experta en el tema y pedí su opinión con respecto a las obras, normalmente no solía aceptar sugerencias, ni siquiera de la jefa de estudios, pero ella me inspiró esa confianza y no me decepcionó. Sonreí de lado cuando dijo aquel título y mencionó que era de sus favoritas.

—Curiosa elección. Puede ser interesante hacer que los alumnos se metan en un papel de su elección y tengan que explicar sus motivos. Lo cierto es que es una de las obras menos populares del autor, pero también de las más interesantes en cuanto a argumento. Me agrada, gracias— sin poder evitarlo, al hablar de su motivo para no ser bailarina, no pude evitar dar mi opinión, pero ella parecía contenta con lo que hacía.

—Entiendo, supongo que mientras estés feliz con tu carrera es lo que cuenta. Te sorprendería cuánta gente estudia cosas que odia para complacer a alguien— me encogí de hombros sin más que añadir, lo importante estaba dicho, ella parecía genuinamente feliz y pasó a explicarme aquello de filología.

—Ya veo, suena bastante más complicado de lo que creí que sería, pero tiene sentido que te decidieras por ello, es un modo interesante de mantener vivo algo que amas—

Cuando la ayudé a pasar unas raíces ella restó importancia al hecho de que se ensuciaran y eso me hizo sonreírle, curiosamente no me había dado la impresión de una chica que no le prestaría atención a algo como eso, ya que iba muy elegante y bien arreglada, pero asentí y por un rato estuvimos en silencio hasta que retomé lo que había dicho sobre bailar, como una carrera no podía hacerlo pero me quedó la impresión de que no era el caso si fuera un Hobby. Ante su pregunta me encogí de hombros.

—La intensión es explorar todos los estilos de baile ya que no soy exactamente versado en ballet aunque me defiendo en ello. Pero la profesora que me ayudará con el curso tengo la impresión de que es muy buena en ello y podría instruirte bien si te interesa. En general será un curso en el que cada quien pueda aprender lo que sienta que le acomoda más pero sea libre de experimentar con otras cosas fuera de su zona de confort. Y sí, la idea es que lo enseñe yo como el experto titulado que se supone que soy— le sonreí de lado ante la broma —Se me ocurren personas mejores para el puesto, pero prometo que no será algo mal hecho— me detuve un momento para que el sonido de la cascada no terminara por opacar lo que le decía  y la miré con cierta seriedad —No tienes porqué tomar una decisión ya mismo, piénsalo y si al final te decides… sabes dónde encontrarme— y tras eso aparté unas ramas para invitarla a pasar, al otro lado se podía ver el claro del río y la cascada a unos treinta metros río arriba

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Mensaje por Madeleine Pluie el Mar Jul 09, 2019 6:13 am

Era muy amable. Me gusta. Tenía cierta conexión hacia él que no entendía, quizá almas afines, como había leído alguna vez en algún libro. A veces simplemente conectabas con alguien porque reconocías parte de ti en esa persona, como si en el fondo nos reconociéramos más de lo que podíamos llegar a entender. De ahí surgían cosas como los amores a primera vista o la fe ciega.
Cuando pareció comprenderme en cuanto a la lluvia, sonreí algo más dulce y asentí. Realmente sonaba muy bien.

- Eso último suena muy agradable... aunque no me arriesgaría a sacar un libro en ese caso, con el riesgo de que pudiera caerle alguna gota.


Confesé, arqueando una ceja con curiosidad cuando rechazó de ese modo mi invitación. Algo me dice que es más cortesía, por lo que solo acepté su palabra. Tampoco iba a empezar a comer ahora, seguramente esperaría a llegar a la cascada, por lo que reservé volver a ofrecerlo para cuando estuviéramos allí.

- Yo no diría imposible... Simplemente no se puede entender lo que no se sabe, y creo que hay gente que no sabe realmente quién es o lo que quiere. Que están perdidos. Hay que encontrarse a uno mismo para poder transmitir lo que hay en el corazón.

Incluso yo tenía momentos de duda a veces entre lo que me hacía feliz a mí y lo que implicaba para mis seres queridos, pero por lo general estaba bastante en sintonía conmigo misma, quizá porque dedicaba mucho tiempo a leer y pensar en todas esas palabras y en lo que conllevaba cada historia. De algún modo, aprendía de ellas.
Parecía que ambos compartíamos ciertos gustos musicales, asintiendo cuando lo mencionó, y encogiéndome un poco de hombros.

- No es que yo tenga problemas en su mayoría, por lo general respeto los gustos ajenos, pero algunas letras actuales de determinados estilos me parecen groseras o de mal gusto. Supongo que por eso prefiero la música clásica.

Sonreí satisfecha al ver que le había gustado mi sugerencia, asintiendo y bajando la mirada con un leve rubor. Era como hablar con alguien que entendía tu misma lengua, no porque la hubiera estudiado, sino porque era también la suya en cierto modo.

- Si van a representarla ante los alumnos, me encantaría ir a verla.

Entendía su punto de vista, y no era mi caso, pero aun así agradecía su preocupación.

- Eres muy amable por tenerlo en cuenta. No es mi caso, pero agradezco que pensaras en mis sentimientos al respecto. Realmente amo ambas cosas a mi manera, quizá pueda hacer ambas, pero lo cierto es que mi madre es algo reticente. Pero supongo que no tendría por qué saberlo por ahora, dado que nos llamamos eventualmente solo para asegurarle que todo va bien.

Después de todo, no tenía teléfono móvil por elección, así que solía llamar por el fijo de la universidad.
Mi sonrisa se acentuó cuando comprendió mi carrera, asintiendo ante esa forma de verlo, y entonces le seguí camino a esa cascada, que cada vez oía más cerca, escuchándole cuando le pregunté sobre aquella oferta.

- Parece interesante. Por ahora solo he dado clases de ballet, y de eso hace unos años. Seguramente haya perdido práctica. Aun así espero estar lo bastante en forma aún para intentarlo. Prometo pensarlo y presentarme si decido asistir.

Pero en mi sonrisa se notaba bastante que me gustaba la idea, y cuando él apartó aquellas ramas, me asomé con una sonrisa dulce e impresionada, contemplando aquel hermoso paraje.

- Es realmente precioso...

Comenté de forma soñadora, y con naturalidad cogí una de sus manos, tirando suavemente de él hasta acercarnos. Podían verse algunos pececillos de agua dulce por la zona, lo que me hizo sonreír curiosa, soltando suavemente al hombre y sentándome de lado en una de aquellas rocas.
Sin ningún tipo de vergüenza, me solté las cintas de los zapatos y los dejé a un lado, dejando un sitio libre en la roca para el profesor y metiendo los pies en el agua.
Estaba algo fría, pero era reconfortante.
Entonces saqué del bolso el enorme bollo de canela, un bol con variedad de frutas entre arándanos, fresas, moras y cerezas, y un termo generoso donde tenía el chocolate.

- ¿Seguro que no quieres acompañarme? Es mucha comida para mí sola. Habría bastado con la fruta, pero ¿quién puede resistirse a los bollos de la abuelita?

No le presionaría si realmente no tenía hambre o no le apetecía, pero igualmente no iba a terminarlo todo yo sola. Incluso el termo solía prepararlo para que durase todo el tiempo de clases, por si me apetecía en algún descanso o invitaba a algún compañero.

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Mensaje por Aidan Staubfinger el Sáb Jul 13, 2019 4:20 am

Casi sin percatarme sonreí ante su comentario, y una risa leve salió con una naturalidad como si estuviera acostumbrado a hacerlo.

—Definitivamente no sería el mejor lugar para sacar un libro, pero quizá sí para ver una pequeña fogata danzar y sisear ante las gotas que llegaran a colarse entre las hojas de los árboles— el fuego siempre había sido fascinante para mí, no podía evitar sentirme reconfortado por su presencia y por lo que podía ver a esa chica le sucedía lo mismo. Escuché su opinión sobre las personas y no pude evitar una leve sonrisa entristecida, ¿sería por eso que no entendía a las personas? ¿Porque no sabía cómo era yo mismo?

—Me temo que suena más difícil de lo que lo haces parecer. Perderse es muy fácil, puede ocurrir en un momento y durar toda la vida— bajé la mirada con cierta vergüenza. ¿Qué era un hombre que había perdido a quienes le importaban por cobardía en vez de luchar en su momento? Probablemente poco más que un cobarde, por mucho que odiara pensarlo. Ante el tema de la música le expliqué que entendía a lo que se refería y aproveché su respuesta para vaciar mi mente del tema de mi familia.

—Entiendo, yo no admito géneros musicales que fomenten las palabras antisonantes, principalmente porque eso podría meterme en problemas— no iba a negar que tribal hacía una excelente mancuerna con los espectáculos de fuego y el rock tenía canciones buenas, pero muchas veces era mejor evitar problemas. Ella entonces habló de su opinión para la obra que podría dar como ejercicio a los alumnos, cuando ella dijo que le encantaría verla volví a observarla con curiosidad y terminé por asentir.

—Aún me falta ultimar detalles con la profesora de estudios para tomar tiempo de los alumnos para la obra pero sí, ese es el plan— le confirmé y le sonreí con más amabilidad —Será un placer invitarte cuando tenga fecha. Por supuesto, no esperes mucho de mis alumnos, aún no son exactamente ganadores de un premio— bromeé ante lo último, no podía evita la idea de que sería agradable darle una obra que hiciera justicia de una historia que disfrutaba tanto.

Parece que por suerte ella era feliz con la vida que llevaba y que había tomado la carrera que disfrutaba y eso me hizo asentir satisfecho. Ella parecía una chica muy dulce como para pasar por eso de tomar una carrera que no disfrutara, me alegraba saber que no era así, aunque no tenía muy claro porqué siquiera me importaba. No era exactamente el ejemplo de profesor que va preguntándose cómo es la vida de sus alumnos, menos de los que no lo son. No los dejaría en un mal momento si la ocasión se presentaba, pero tampoco es que me importara de primeras.

—No soy amable, sólo… pareces una buena persona, y a veces me gustaría saber que pasan cosas buenas a las personas buenas— me encogí de hombros restándole importancia y le hablé de mis clases de baile, algo que pareció considerar, aunque sólo parecía tener experiencia con el Ballet, me encogí de hombros sonriéndole con simpleza.

—Uno nunca sabe lo que puede terminar gustándole a alguien si no lo intenta— pero cuando dijo que lo pensaría asentí satisfecho y no insistí, parecía que la idea le gustaba pero tenía que ser su elección, en lugar de eso abrí el paso para que pudiera pasar al sitio al lado del linde del río. Para mí sorpresa, ella tomó una de mis manos y me guio hacia la orilla. Pese a que aquello me sorprendió, no dije nada, me limité a seguirla sin poder evitar mirarla con cierta sorpresa, que poco a poco se fue suavizando por el modo en que sonrió curiosa al mirar los peces en el río. En cuanto me soltó guardé mis manos en mis bolsillos con cierta timidez, como si aquella chica no me hubiera ya visto con el torso descubierto y no supiera qué decir. Pero por su parte ella se acomodó en aquellas rocas a la orilla y se soltó las zapatillas que llevaba para meter los pies al agua como si fuera lo más natural por hacer en esta situación. Era como si ella perteneciera a ese cuadro, el sol escurriéndose por entre las hojas de los árboles cuando éstas se mecían con el viento y hacían brillar trozos de ese cabello rubio suyo como si estuviera destinado a ello, como si fuera parte de aquel lugar desde siempre.

Parecía tener facilidad para tomarse las cosas de ese modo ligero y alegre y cuando volvió a ofrecerme de su comida, con todo ese alimento acomodado como un lindo picnic natural sobre las rocas, mi estómago habló por mí rugiendo tanto que me sobresaltó y me obligó a cubrirlo con mis manos, sacándolas de los bolsillos algo apurado antes de mirarla con cierta duda. Con un suspiro aún muy poco convencido terminé por acercarme para sentarme a su lado y asentir.

—Es verdad, nadie puede resistirse a los bollos de la abuelita, te ayudaré un poco con ello si es que no puedes con todo— levanté la mirada para ver su rostro con curiosidad, aún con cierta timidez —¿Siempre empacas tanto para desayunar en los terrenos del bosque tu sola?— parecía curioso, para una chica que decía tanto no encajar y preferir la soledad, parecía muy preparada para hacer amigos. Por un momento me permití disfrutar de la fresca briza que se enfriaba gracias al agua de la cascada y que daba ese toque húmedo al aire que era cómodo, aunque a diferencia de ella no me quitaría los zapatos para meter los pies en el agua, podía disfrutar de la tranquilidad de ese lugar.

—Es curioso lo poco que vengo a este sitio, ahora que lo pienso. Es muy pacífico— pensé en voz alta y me incliné hacia el bol de frutas para tomar una cereza, aún como si pidiera permiso antes de tomarlo. Era extrañamente agradable estar ahí con ella, como si no fuera una alumna más, y sólo fuera alguien con quien disfrutar la tranquilidad para variar, descargar del estrés de mis alumnos y quizá disfrutar el hermoso paisaje.

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Mensaje por Madeleine Pluie el Sáb Jul 13, 2019 6:11 pm

Me caía bien... Era un hombre agradable y sencillo, con gusto por cosas simples de la naturaleza, como el fuego mismo. Resultaba reconfortante encontrar alguien así, que no necesitaba de la tecnología para ser persona.

- Suena muy bien... Puede que te tome la palabra.

Comenté con una media sonrisa, aceptando que tenía su permiso para tutearlo, así que ya podía hacerlo con naturalidad.
Aun así noté algo en su forma de responder, como si se sintiera mal por algo de lo que había dicho, así que sonreí algo más comprensiva. Puede que una parte de él estuviera perdida, pero parece más "centrado" que la mayoría de la gente que he visto.

- No digo que lo sea. El alma humana es compleja, pero a veces basta con conocerse a uno mismo y aceptarnos por cómo somos. Creo que es lo más difícil para la mayoría, porque no están contentos consigo mismos. Yo tengo la suerte de estar en armonía desde hace tiempo, y aunque no creo que mi vida sea perfecta, no puedo quejarme.


Asentí con una dulce sonrisa cuando me aseguró que él no aceptaba el tipo de música que utilizaba malas palabras, sin poder evitar añadir para explicarme algo mejor.

- Me refiero a este tipo de música que bailan mucho hoy día y que habla de las mujeres como objetos... Eso que ponen tanto los jóvenes...

Entonces me di cuenta y sonreí con un leve sonrojo, riendo un poco y negando suavemente.

- Vaya, eso ha sonado a vieja amargada... Lo siento.

Comenté un tanto avergonzada, aunque parece que después le gustó mi sugerencia para su obra de teatro, y me invitó a verla, si podían llevarla a cabo. Negué suavemente cuando me dijo que no esperase gran cosa.

- Si se hace con el corazón, seguro que llegará a transmitir, aunque no sean especialistas. Al final lo que cuenta es hacer las cosas con pasión y entusiasmo.

No pude evitar sonreír curiosa por el modo en que el hombre parecía intentar sin éxito alguno ser tosco o despreocupado, cuando realmente mostraba una dulzura que era difícil de ignorar, negando con una media sonrisa dulce ante aquella respuesta.

- Creo que a eso se le llama ser amable... preocuparse por los demás y desearles algo bueno.

Prometí que me pensaría lo de sus clases de baile. Realmente me gustaba la idea, pero esperaba llamar antes a mi abuela y hablarlo con ella. Seguramente necesite un pequeño empujón, así que no dije más, solo mantuve esa dulce sonrisa y juntos llegamos hasta aquella preciosa cascada.
Contemplé todo maravillada y al momento fui a sentarme a una de las rocas y descalzarme para sentir el agua en mis pies. Estaba algo fría, pero resultaba agradable, así que saqué las cosas para el desayuno y lo invité a acompañarme.
Parecía reticente, hasta que su estómago se escuchó de ese modo, lo que me hizo reír sin poder evitarlo.

- Definitivamente me sobra la mitad. Por favor, sírvete.

Le ofrecí, partiendo en dos el bollo de canela y dándole la mitad, encogiéndome de hombros ante su pregunta.

- Supongo que nunca sabes a quién te puedes encontrar, o si acabarás perdido en el bosque. Creo que fue un instinto. Además, me gusta dar de comer a los animales cuando los veo, y algo tendría que comer si terminaba dándoles la fruta a ellos.

Aunque no había visto ninguno aparte de los peces, pero no me disgustaba para nada la compañía.
Al ver que parecía algo avergonzado, acerqué un poco más a él el bol de frutas, dejándolo justo entre los dos, igual que el termo con el chocolate, que era bastante generoso, asintiendo al escucharle y suspirando relajada.

- Sí, lo es... Me encanta el agua...

Comenté, disfrutando del arrullo de la cascada, pero entonces empecé a reír, dándome cuenta de que un par de peces se habían acercado a "mordisquearme" los pies.

- Vaya, parece que tienen hambre.

Cogí un par de moras y las desmigué para lanzarlas al agua, y al momento algunos peces se arremolinaron para cogerlas.

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Mensaje por Aidan Staubfinger el Sáb Jul 13, 2019 7:41 pm

Lo cierto es que era agradable imaginar esas situaciones idílicas y el chisporroteo del fuego siempre me parecía el toque reconfortante, le sonreí cuando a ella también le pareció una buena escena, no es que la estuviera invitando a algo así… obviamente, yo sólo… había dejado la imaginación correr.

Aunque admito que cuando habló sobre las almas y las personas que están perdidas sin conocerse, no pude evitar pensar en mis pecados pasados, sin poder evitarlo llevé mi mano a las cicatrices que surcaban mi rostro. Aceptarnos cómo somos, ella había dicho…

—A veces las acciones que llevamos a cabo, las decisiones que tomamos, toman el trabajo de definirnos por mucho que queramos ver algo más— comenté pensativo, y no pude evitar mirarla con cierto asombro, era tan joven, mediados de los veinte probablemente y sin embargo parecía tan madura que me hacía admirarla, sonreí de lado —¿Segura que tu vocación en la vida no era la filosofía?— pregunté sin poder evitarlo, no por burlarme, sino porque parecía que tenía facilidad para ello.

Hablamos de la música y sobre todo la que ella no consideraba agradable, asentí ante su especificación sonriendo cuando se auto denominó una vieja amarga.

—No te disculpes, lo entiendo, yo tampoco puedo soportar ese tipo de música. Si la mitad de esos cantantes supieran lo que es amar de verdad, con locura, con admiración, del modo en que tu pareja sea tu ancla y también tu propulsora y tu el de ella… si supieran lo que se siente de verdad, no pensarían como lo hacen— suspiré desanimado encogiéndome de hombros —Me parece perjudicial exponer a los jóvenes a esos mensajes. Así que… seguramente soy un viejo amargado también— le sonreí con cierta complicidad para que no se avergonzara antes de hablar sobre la obra. Me encogí de hombros ante sus palabras.

—En teoría deberían tener pasión y entusiasmo, por algo es la carrera que escogieron, así que espero que así sea— los del primer semestre siempre eran como lanzar una moneda al aire, no faltaban los que tomaban la carrera porque querían ser famosos y ricos con facilidad, o los que no querían nada de ello pero eran hijos de actores que esperaban que siguieran sus pasos, por eso haría que tomaran un personaje y se metieran en su piel antes de decidir si podrían interpretarlo en el escenario. Intenté quitarle importancia a mi preocupación inicial diciendo que no era amable, pero que me gustaría escuchar de cosas buenas pasándole a gente buena para variar. Le sonreí con cierta timidez a su corrección.

—No suelo preocuparme por los demás. No me malinterpretes, tampoco podría dejar a una persona triste sin intentar ayudar pero… no voy por ahí preocupándome por ellos, por eso no es amabilidad sólo. Un impulso egoísta por buscar algo de optimismo para variar— me encogí de hombros restándole importancia, lo cierto es que no era alguien que veía por los demás… a excepción del chico, Faizel. El tema quedó de lado cuando nos acercamos al río y ella volvió a ofrecerme de su comida. Mi estómago habló por mí y no me dejó opción que aceptar. Tomé la mitad del bollo que me ofrecía tras sentarme a su lado. Ante su respuesta alcé una ceja con curiosidad.

—Probablemente te metas en problemas con el conserje si se entera que alimentas a los animales en los terrenos de la escuela. Pero… no seré yo el que se lo diga. Son nobles y merecen frutas de vez en cuando— miré al río y a los árboles del otro lado de la corriente, era como si me sintiera en casa, aunque jamás había dejado las grandes ciudades hasta que me mudé a este colegio, había algo ahí que se sentía como si perteneciera y pensé en voz alta al respecto, sonriendo cuando ella estuvo de acuerdo.

Cuando comenzó a reír la observé con curiosidad, mirando dentro del agua a esos pequeños peces haciéndole cosquillas, no pude evitar sonreír.

—Parece que les agradas. Tienen buen gusto con las personas— le sonreí divertido, los peces eran criaturas tímidas y desconfiadas, como todo lo demás en los alrededores, por eso no era fácil encontrar ciervos o algo más grande que un mapache. Partí un pequeño trozo del bollo y lo espolvoreé sobre el agua, no era exactamente saludable para ellos, pero mientras no se volviera un hábito continuo tampoco les haría daño, y ellos devoraron tanto las moras como las migas de pan.

—Parece que no éramos los únicos que no habían desayunado aún— le sonreí más relajado. Por un momento no pude evitar pensar que podría acostumbrarme a esto: a la paz, a la compañía sin sentirme como el excéntrico profesor que no termina de encajar.

—Quizá para la próxima vez traiga a mi hurón para que pueda disfrutar de alguna fruta sobrante. Esa pequeña criatura revoltosa y glotona que probablemente se aprovecharía de tu gusto por dar de comer a los animales— sonreí divertido pensando en ello, había una norma que decía que no estaban permitidas las mascotas, pero Gwin llevaba conmigo tanto tiempo que casi me había olvidado de aquello y no vi nada de malo con comentarlo.

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Encuentro Elemental [Madeleine Pluie] Empty Re: Encuentro Elemental [Madeleine Pluie]

Mensaje por Madeleine Pluie el Sáb Jul 13, 2019 10:09 pm

Cuando hizo aquel gesto, noté las cicatrices en su rostro, algo que me resultó curioso. Seguramente serían de algún tipo de accidente.
Yo no tenía ninguna, por suerte no me había pasado nunca nada grabe, pero mi madre tenía una bastante fea del tobillo a media pierna por el accidente que había tenido cuando bailaba.
Supongo que fue como un instinto, algo que no pude controlar, aunque quizá debí hacerlo, pero sonreí algo más dulce y alcé una de mis manos para hacerle una caricia fugaz en aquellas marcas, pasando el pulgar por una de ellas.

- Definen una parte de quien somos pero no todo. Nuestra esencia sigue ahí, si la dejamos salir...

Aparté la mano entonces con cierta timidez, y negué con una dulce sonrisa ante su pregunta.

- Me encanta leer sobre ello, pero no creo que sirviera para hacer carrera. Después de todo, aunque respeto muchos puntos de vista, la filosofía a veces tiene cosas demasiado surrealistas incluso para mí. Aunque resulta entretenido conocer los desvaríos de algunos autores.

La forma en que se expresó después me hizo sonreirle de un modo soñador y romántico. Incluso se me escapó un leve suspiro.

- Has debido amar mucho... El modo en que hablas de ello... Yo aún no he tenido la suerte de enamorarme o sentir algo así, solo sé lo que cuentan los libros, pero es dulce ver que aún queda gente en el mundo que sabe sentir de ese modo. A veces parece que el romanticismo se pierde en los tiempos modernos.

Reí cuando dijo que entonces sería un viejo amargado también, esbozando al final una media sonrisa y encogiéndome de hombros.

- Al menos ahora tienes otra con la que charlar.

Esperaba que tuviera razón en eso. No todo el mundo tenía pasión por lo que hacía, y por eso muchas veces la gente vivía amargada. Es lo que le ocurría a mi madre, y sentía lástima por ella, como por todos aquellos que vivían de un modo similar.
Aun así, él insistía en quitarse mérito, lo que me hizo tener que preguntar.

- ¿Por qué haces eso? ¿Desprestigiarte o intentar aparentar que no eres un hombre dulce y amable? No tienes que responderme si no quieres, pero a veces basta con mirar a una persona para saber qué tipo de corazón oculta... Y creo que el tuyo vale la pena conocerlo.

Sonreí algo más dulce cuando prometió que no me delataría ante el conserje y habló así de los animales.

- Se ve que también te gustan. Son criaturas nobles que nunca hacen mal a nadie. Merecen ser cuidados y respetados.

Al llegar a aquella cascada, me descalcé y puse los pies en el agua, para después sacar la comida e invitar al profesor a desayunar conmigo.
Parece que al final logré convencerlo, sonriendo divertida cuando los peces se acercaron.

- Supongo que siempre se me han dado bien los animales. Aunque no me gusta mucho verlos enjaulados. Cuando era niña, solté al canario de mi abuela porque me apenaba verlo en una jaula.

Le conté, sonriendo curiosa cuando mencionó que tenía un hurón.

- ¿Tienes un hurón? Son preciosos y tan inquietos... ¿Cómo se llama?


Pregunté con curiosidad, terminando el bollo y dando un sorbo del termo de chocolate caliente, antes de ofrecérselo con una amable sonrisa.

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Encuentro Elemental [Madeleine Pluie] Empty Re: Encuentro Elemental [Madeleine Pluie]

Mensaje por Aidan Staubfinger el Sáb Jul 13, 2019 11:29 pm

Aquel gesto que hice hacia mis cicatrices casi ni siquiera lo pensé, era algo inconsciente que hacía, no fue hasta que ella pasó su mano por mi rostro, acariciando fugazmente las cicatrices, rozando el pulgar por una de ellas. Mi mirada se amplió con sorpresa, aquel gesto fue suave y dulce, lleno de ternura, no como el modo casi trágico con el que las tocaba yo, sino… como si fueran algo lindo incluso. No pude retirar su mano, sólo dejé que las tocara bajando la vista levemente con cierta timidez cuando su mirada se cruzó con la mía, como si exponerme de aquel modo fuera más de lo que acostumbrara y ella pudiera leer dentro de mí de un modo sorprendente. Me tomó un momento parpadear para reponerme de aquel gesto y sonreírle con cierta timidez.

—Supongo que tienes razón— carraspeé intentando recobrar mi tono de voz natural, humedeciéndome los labios. Le pregunté sobre la filosofía y parecía que le gustaba leerlo más bien como hobby, y aquello me hizo sonreír con curiosidad.

—Veo que tienes muchos talentos— me pasé la mano por la nuca mientras volvíamos a un tema que dominaba más: la música. Aunque la miré curioso cuando ella suspiró de ese modo, para mi sorpresa me miraba de un modo soñador que hizo que las mejillas me ardieran, era hermosa cuando sonreía de ese modo, tenía que admitirlo. Y me permití sonreírle de lado encogiéndome de hombros.

—Amé mucho una vez. Aunque hace ya mucho tiempo de eso. Los libros no se comparan… la intensidad, la paz… pero también la tristeza al perderlo… ninguno lo describe con suficiente intensidad. O quizá amé demasiado intensamente— me encogí de hombros con un tono algo irónico al final y finalmente reí cuando ella se unió al club de los viejos amargados, negando con la cabeza.

—Eres muy joven para ser una vieja amargada como yo, pero nunca digo que no a la compañía— mentira, siempre que podía decía que no a la compañía, por algo casi no estaba en el salón de profesores, por algo no dejaba que los alumnos se quedaran después de clase en el salón a menos que fuera absolutamente necesario, ¿por qué su compañía no me incomodaba? No sabría dar una respuesta, aunque era un cambio agradable. Negué a su insistencia de que yo era amable, diciendo en cambio que era egoísta, que quería ver bienestar en el mundo para ser feliz yo. Y ante su pregunta bajé la mirada suspirando con cierta vergüenza.

—No soy exactamente un modelo de un buen hombre. Hay decisiones con las que debo cargar, he dañado a quienes más quiero por mi cobardía… una y otra vez. De nada sirve pensar que no soy lo que soy— busqué su mirada con cierta intensidad —No me desprestigio, Madey sólo… no quiero engañarte y que sólo veas amabilidad en mis actos, eso es todo— me crucé de brazos, le dije que el conserje podría enojarse si alimentaba animales, los mapaches daban suficientes problemas en la basura como aprender a ser tiernos por comida en pleno campus, pero ella sonrió y me obligó a sonreír también, encogiéndome de hombros cuando notó que me agradaban.

—Quizá los entiendo un poco más que a las personas y por eso me agradan— le sonreí divertido, aunque al llegar a la cascada no pude evitar mirarla con curiosidad por lo fácil que se ponía cómoda y que lograba que yo me sintiera de ese modo, aceptando incluso desayunar con ella.

Lo cierto es que aquellos peces parecían muy cómodos nadando alrededor de sus pies, como si fuera una vieja amiga o pudieran reconocer que no era una amenaza. Por probar si eran amigables en general, me agaché para meter la mano en el agua y al instante nadaron hacia el lado de ella más alejados a mí, aunque regresaron para buscar comida rápidamente.

—Parece que no tienen idea de lo que es cuidarse de la pesca, tiene sentido, en los terrenos nadie hace esas cosas— comenté aunque cuando ella dijo que se le daban bien los animales no pude evitar sonreír, lo mismo me pasaba a mí y ante su historia no pude evitar sonreír —Puedo entender eso, no me gusta ver animales que crecieron en libertad estén encerrados. Quizá por eso dejo a mi hurón libre en el cuarto, aunque termine por adueñarse de todo después— Negué divertido con la cabeza, pensando en Gwin roncando felizmente sobre mi almohada. Aquello pareció ilusionarla, preguntando por mi hurón.

—Gwin, es un pequeño rufián muy listo que ha estado conmigo por mucho tiempo, quizá la próxima vez lo traiga a pasear y te enseñe los trucos que sabe hacer, intento no sacarlo porque los niños más pequeños tienden a querer agarrarlo y no tiene muy buen genio— di una mordida grande a mi bollo cuando ella me ofreció el termo. La miré algo inseguro pero no quería que sintiera que la despreciaba así que lo tomé algo incómodo y di un sorbo que no estuvo nada mal.

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Mensaje por Madeleine Pluie el Dom Jul 14, 2019 12:24 am

Algo me llamó a rozar esas cicatrices en su rostro. Ni siquiera me había percatado antes, pero era como si necesitara que se sintiera mejor, como si pudiera ser una especie de bálsamo para ello, y por un momento sonreí ante su timidez. Era un hombre muy dulce, y cuando aparté suavemente mi mano y le devolví su espacio personal, sonreí con su respuesta, una sonrisa que se acentuó ante aquel comentario sobre mis talentos.

- Solo una enorme curiosidad.

Comenté con cierta modestia, aunque al escucharle hablar con esa pasión, fue como si algo estremeciera mi corazón. Una parte de mí le envidiaba. Yo nunca había amado así, supongo que porque no solía conocer a mucha gente afín a mí, y no se me había dado el caso, pero me gustaría hacerlo alguna vez.
Aun así pasé a un gesto de lástima cuando dijo que lo había perdido, o claramente lo insinuó de esa manera.

- Lo lamento mucho... Yo... no puedo entenderlo salvo por el eco que se muestra en los libros, pero dicen que no hay mayor dolor que el de perder a quien se ama. Espero que vuelvas a encontrar el amor algún día... Un hombre tan dulce no merece estar solo.

Le dije, aunque negando con una media sonrisa cuando dijo que quizá amó con demasiada intensidad.

- ¿Acaso no es eso el amor? ¿Sentir sin límites ni barreras de ningún tipo? Solo puedo hablar de la pasión que se muestra en los libros, aunque me gustaría llegar a experimentarlo alguna vez, pero no creo que se le deba poner límites a algo tan hermoso.

Reí un poco cuando me dijo que no era tan mayor como para compararme con él, y por un momento le miré algo más. Era un hombre atractivo, aunque fuese mayor que yo, pero no me parecía... tan mayor.

- No sé, ¿crees que nos llevamos tanto? Quizá unos diez años... No veo tanta diferencia.

Parecía insistir en echarse tierra encima, algo peculiar hoy en día. La gente realzaba más sus virtudes y tendía a considerar que no tenía defectos, y no al contrario, pero este hombre parecía realmente atormentado por algo. No era quién para meterme en ello, pero ante su respuesta negué con una sonrisa más dulce.

- No soy una niña ingenua... Pero me basta mirarte para saber que un hombre que ama la música, los animales y la vida no puede ser malo... hicieras lo que hicieras. Hay demasiado sentimiento en ti para ello.

Le dije con total confianza, y asentí con una sonrisa más dulce al hablar de los animales.

- Son puros y sencillos. Si eres amable con ellos, ellos lo son contigo. Así de simple.

Al llegar a aquella hermosa cascada, nos sentamos a desayunar juntos, sorprendida por cómo se me acercaron los peces, aunque reí por el modo en que él metió la mano y se alejaron.

- No parece que haya mucho de eso por aquí... Me alegra que estos terrenos estén tan protegidos. Nunca había estado en un sitio tan bonito. Realmente me gusta vivir aquí.

Comenté sinceramente, y le pregunté por su hurón con curiosidad cuando lo mencionó.

- Me encantaría conocerlo... Es una pena que a veces la gente no sepa respetar a los animales. Después de todo, creo que a nadie nos gusta que nos cojan o nos toquen de buenas a primeras sin pedir permiso o sin que haya un mínimo de confianza. Es comprensible que se defienda, así que intentaré caerle bien y traerle algo de comer.

Ofrecí, dejando que probase el chocolate, y sonriendo entonces algo más dulce.

- Por cierto... Antes has sido un poco brusco. Es más fácil si lo haces despacio.

Tomé suavemente su mano, y entonces la llevé hasta el agua junto con la mía. Las dejamos quietas unos momentos, y entonces los peces acabaron por acercarse y serpentear entre ambas.
Con la misma lentitud y delicadeza, aparté la mía, y entonces siguieron con la suya, sorbiendo a ratos sus dedos, como si intentasen comer los restos del bollo de canela.

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Mensaje por Aidan Staubfinger el Dom Jul 14, 2019 2:28 am

Aquella caricia había sido algo inesperado aunque no enteramente indeseado. Era agradable, lo cierto es que podía estar seguro que nadie había tocado mis cicatrices antes además de mí mismo y por supuesto, los paramédicos que las curaron en su día en el accidente, aunque apenas y se los permití, tocarlas era algo muy íntimo, por lo que evité su mirada cuando ambas se cruzaron, y sin embargo se sentía bien.

Mi sonrisa tímida se ensanchó en una más genuina cuando dijo que era una gran curiosidad más que un talento. Y de algún modo el amor salió a colación, ella parecía encantada de cómo describía el amor, su reacción me arrancó una sonrisa, parecía una chica enamorada del amor de los libros, era un concepto adorable por sí solo. Aunque eso me llevó a decirle que no era como en los libros y parece que dedujo lo que había pasado porque se disculpó.

—No te disculpes. Yo… no me arrepiento de amar como lo hice. Quizá es porque era joven y todo es más intenso entonces. Pero… aún no dejo de hacerlo. Quizá soy un tonto melancólico que vive en el pasado pero… no lo sé. Quizá es mejor estar solo— no sabía cómo explicarme, para muchas personas podía parecer ridículo que llevara sin saber de mi esposa… ex esposa, más de diez años y aun así la echara de menos como el primer día. Y no quería que ella se llevara una impresión demasiado lamentable de mí. Y para mi sorpresa ella tenía la idea acertada, la miré con cierta admiración —Justamente, sentir sin límites ni barreras. Espero que llegues a experimentarlo, puede ser doloroso a veces, pero cuando no lo es… no hay nada más puro— le dediqué una sonrisa.

Para mi sorpresa ella dijo que no había tanta diferencia de edad entre nosotros y la miré extrañado, meditando un poco.

—Sí, debe ser más o menos como diez o doce años— afirmé y lo cierto es que ella tenía razón, no era tanta diferencia por lo que me encogí de hombros —Aunque es más si contamos que me ciento de cincuenta en vez de treinta y seis a veces— sonreí con cierta ironía por eso, aunque la charla se volvió algo más seria cuando preguntó porque me desprestigiaba, yo no sentía que lo hiciera, ella dijo que no era ingenua y que yo no podía ser tan malo. Yo negué con la cabeza algo escéptico.

—No, no digo que sea malo, no lo soy… o espero no serlo, pero soy mucho menos noble de cómo me haces sonar. No toda acción es excusable bajo el concepto de que no puedo ser malo. Quizá sea eso mismo, que hay demasiado sentimiento en mí— le sonreí con tristeza pensando en la cama vacía de hospital y la enfermera diciendo que dos de las tres niñas que compartían ese cuarto habían muerto e inconscientemente volví a pasar mi mano por las cicatrices. Ella merecía saberlo, no sé por qué sentía que debía contárselo pero cuando giré a verla me retracté y en cambio le enseñé la cascada, a la que ella se apresuró de guiarnos para sentarnos y desayunar juntos, parecía tener un don con los animales y ayudaba el hecho de que los terrenos estuvieran bien protegidos y tuviéramos a los animales “mimados” por decirlo sí, aunque conmigo no parecía tener el mismo efecto. Asentí a su comentario.

—Yo… creo que es lo más disfruto de haberme mudado aquí, esta paz, saber que se vive tan en paz con la naturaleza que nos rodea… aunque a veces los mapaches hagan rabiar a los cuidadores del colegio— comenté con una risa divertida y hablé de Gwin prometiendo que se lo presentaría, aquella idea pareció gustarle y no pude evitar sonreírle con cierta calidez ante sus palabras.

—Algo me dice que podrías agradarle mucho, Gwin es… muy intuitivo, ¿sabes? Y sabe bien de quién puede fiarse, lo tendrás ronroneando como un gatito en cuanto te conozca— con Faizel había sido un gusto adquirido, le llevó meses en que el chico recibía mordidas en las yemas de los dedos, pero él era muy… él. Gwin tuvo mucho tiempo para acostumbrarse, en cambio con ella… podía imaginarlo derretirse al momento.

Tomé del chocolate y la miré con un gesto de aprobación por el sabor. Pero antes de que pudiera decirlo, ella me tomó suavemente la mano y me llevó a introducirla en el agua fresca de nuevo Y la miré con cierta duda.

—Quizá simplemente sienten mi inclinación por el fuego. El hollín en las manos no debe gustarles— bromeé pero para mi sorpresa los peces de hecho se acercaron a boquear contra mis dedos como si buscaran más comida qué poder quedarse. Aquello me arrancó una sonrisa que mantuve mientras volvía a mirarla con cierta intensidad.

—Deberías ser la encantadora de peces— bromeé, finalmente la posición encorvada para poder tener la mano bajo el agua se me hizo incómoda y tras un rato saqué la mano con cuidado de no asustar a los peces. Miré hacia el cielo que se lograba ver en los trozos donde no había hojas de árboles y me puse más seria.

—Antes… quise decirte porqué creo que no soy una persona buena, aunque no crea que soy mala persona tampoco. Pero…. me acobardé. Supongo que no suelo hablarlo mucho y… nunca sé cómo reaccionará la gente— busqué su mirada con cierta timidez —Yo… tenía una hija, que murió, por mi culpa— bajé la mirada para evitar la suya —A eso me refiero cuando digo que no todos los errores son excusables— carraspeé evitando el temblor de mi voz. No era algo que me gustara hablar con nadie, pero ella me inspiraba a hacerlo, por algún motivo.

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Encuentro Elemental [Madeleine Pluie] Empty Re: Encuentro Elemental [Madeleine Pluie]

Mensaje por Madeleine Pluie el Dom Jul 14, 2019 3:13 am

Por un momento no se por que tuve la necesidad de acariciar su rostro de esa forma, esas marcas, como si pensara que mi tacto pudiera reconfortarlo de algún modo, y por un momento parecía que funcionaba, aunque sentí que invadía su espacio personal y me aparté con una leve sonrisa.
El modo en que hablaba del amor era tan intenso que me dio algo de envidia sana. Parecía haber amado mucho y yo solo conocía lo que leía en los libros, pero él se notaba que había amado de verdad, y también perdido.
Aún así esbocé una sonrisa dulce y soñadora ante sus palabras aunque se torció cuando dijo que quizá era mejor estar solo.

- Yo no lo creo... Y no creo que tú lo pienses realmente. No me imagino lo duro que debe ser perder a quien amas, pero si es tan intenso como dices tampoco creo que sea justo no volver a sentirlo. Espero que tengas otra oportunidad.

Le dije sinceramente, con esa sonrisa dulce y amable, que se acentuó por el modo en que hablaba del amor.

- Espero conocerlo algún día. Algunos piensan que con veinticuatro años ya debería haber tenido alguna experiencia pero supongo que el amor no tiene edad.

Dije con evidente esperanza. Era algo que me gustaría experimentar alguna vez.
Al hablar de los años que nos llevábamos, tampoco me parecían tantos, aunque reí un poco por su forma de verlo, negando divertida.

- Bueno, a mí me dicen que a veces tengo la mentalidad de alguien de treinta y cinco así que seguimos bastante igualados.


Seguía pareciéndome un buen hombre, por mucho que se esforzará en hacerme creer lo contrario, pero en cuanto insistió en que no era tan noble parecía como si algo le afectará, así que no quise presionarlo, esbozando una media sonrisa y respondiendo con calma.

- Quizá te ves peor de lo que eres. A veces somos demasiado duros con nosotros mismos y hace falta alguien que vea las cosas desde una perspectiva diferente.

Pero tampoco quería hacerle sentirse incómodo, así que dejé de lado aquella conversación cuando llegamos a esa preciosa cascada y compartimos el desayuno mientras jugábamos con los peces del lago, hablando de los animales y riendo un poco cuando comentó aquello sobre los mapaches.

- Aún no he visto ninguno. Quizá sea mejor así o no podría evitar darles de comer, y seguramente volverían y darían problemas. Pero soy incapaz de ignorar a un animalillo con hambre.

Confesé con una sonrisa dulce escuchándolo atentamente cuando me habló de su hurón. Estaba segura de que me encantaría conocerle, y me alegró que él pensara que nos llevaríamos bien.

- Nunca he tenido cerca un hurón, seguro que será toda una experiencia.

Aunque me encantan los animales, mi reticencia a tenerlos encerrados hacía que no tuviera mascotas, y tampoco es que tuviera muchas amistades como para conocer los suyos.
Entonces le mostré a Aidan que su problema con los peces había sido la brusquedad inicial, mostrándole cómo hacerlo y sonriendo divertida ante su reacción.

- Me fascinan los animales acuáticos. Sería un sueño ver delfines, pero tampoco he estado cerca del mar, y por lo que tengo entendido, son difíciles de localizar.

Apenas apartó la mano, le miré con curiosidad cuando se puso más serio, y escuché atentamente ante lo que tenía que decirme. Ese gesto curioso pasó a la lástima y la preocupación cuando me contó aquello, y por un momento sentí el impulso de abrazarlo, pero me contuve, ya que tampoco quería invadir así su espacio personal.

- Aidan... lo siento tanto... No me imagino el dolor que se debe sentir ante algo así.

Supongo que empezaba a entender ese lado melancólico, pero cuando dijo que fue culpa suya, no pude evitar poner una de mis manos sobre la de él y preguntar algo confusa.

- Pero, ¿por qué crees que fue culpa tuya?


Le veía incapaz de hacer algo así a propósito, y si había sido un accidente, los accidentes ocurren. No me había parecido un borracho ni nada por el estilo como para que fuera la causa, así que quizá se culpaba sin motivo realmente, por el dolor de la pérdida.

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