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Grimmwelt University
Ambientación
Hace siglos que nuestro mundo ha dejado de creer en la magia. Sustituida por la ciencia y la tecnología, los humanos han perdido la fe en los cuentos de hadas, y los finales felices son algo que ahora solo parece existir en libros y películas.

Pero hay otros mundos separados del nuestro por un fino velo que ha sido atravesado por una oscura maldición, trayendo a un recóndito castillo entre las montañas de Alemania a un gran número de personajes pertenecientes a esos mundos de cuentos de hadas.

En un lugar conocido como el Bosque Encantado, un mundo que alberga reinos de las grandes historias de los cuentos, como Blancanieves, Cenicienta, o Caperucita Roja, el Ser Oscuro, Rumpelstiltskin, ha convencido a la Reina Malvada de que los villanos no tienen finales felices en una tierra donde la magia buena siempre triunfa, y deseando obtener el suyo, la Reina Regina ha reunido a las brujas más malvadas y poderosas de los reinos, a fin de llevar a cabo ese poderoso hechizo.

Pero el mal inevitablemente atrae a las fuerzas del bien, que intentan evitarlo. A oídos del Hada Azul llegaron las intenciones de la Reina Malvada, y tras pedir ayuda a la Reina Blanca de Wonderland, convencieron a Maléfica, Reina de las Ciénagas, para dejar de lado su rencor hacia los humanos y proteger el Bosque Encantado.

Por desgracia, ni la ayuda de aquella que fue el Hada más poderosa de todas ha podido evitar los oscuros planes de Rumpelstiltskin, y el choque de la magia negra con la magia buena que intentaba evitarlo ha provocado una ola de poder tan grande capaz de atravesar no solo el espacio, sino el tiempo y las dimensiones, afectando no solo a los habitantes de aquel mundo, sino a muchos otros, e incluso a un futuro que ahora se antoja incierto.

Ahora, todos esos seres de cuento de hadas han quedado reducidos a meros humanos en nuestro mundo, encerrados en los terrenos de un enorme castillo entre las montañas, conectado con un pequeño pueblo que hace de entrada, pero manteniéndolo separado en cierta manera, con un poderoso hechizo que impide a la mayoría entrar o salir.

Pero las cosas no han salido como todos esperaban. Rumpelstiltskin puede ser ahora el dueño de todas esas tierras, pero no es capaz de abandonarlas, y el "final feliz" de la Reina Malvada ha quedado eclipsado al ver que, en lugar de estar al mando como Directora de la universidad, hay otra persona en su lugar, Maléfica. La magia de las hadas logro en el último momento modificar en parte el hechizo, y aunque la mayoría de los héroes han perdido sus finales felices, gracias a ellas mantienen su libre albedrío, teniendo la oportunidad de reencontrarse y recuperarlo.

En un mundo sin magia, donde todos creen ser personas normales, solo unos pocos recuerdan de dónde vienen, quiénes son, y la necesidad de traer de vuelta la magia a este lugar donde todos parecen haberla olvidado.

Dependerá de cada uno escoger su nuevo camino, tener el valor para recuperar la felicidad que han perdido, o comenzar de cero, mientras se pone aprueba si aún queda algo de magia que despertar en este mundo, y si los cuentos de hadas pueden formar parte de la realidad.
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Mensaje por Amira Jara el Mar Jun 18, 2019 6:35 am

Llevaba todo el día en las nubes, con una sonrisa boba de enamorada que no podía sacarme desde la noche anterior.
Aquel detalle que tuvo Malik, llevarse mi pasador como una promesa de que volvería aquella tarde, y pidiéndome dejar mi ventaba abierta, era de cuento de hadas, y había entrado a mi cuarto con un suspiro, cogiendo de mi melena oscura suelta aquella flor que me había dado durante nuestro paseo y metiéndola en un libro para poder preservarla, dejándola bien aplanada con sus pétalos. Así podría tenerla para siempre.
Tenía ganas de reír, de bailar... de contarle todo a mi mejor amiga. De hecho no tardó en pasarse a regañarme por haber vuelto tan tarde, y apenas lo hizo la cogí de las manos y le conté todo, le hablé del pueblo, del paseo, de ese mágico lugar, pero sobre todo de él... mi príncipe...
Por supuesto me dijo que se me había ido la cabeza, pero en ese momento no me importaba, y tras cambiarme de ropa, acabé tumbada en la cama, soñando despierta por volver a verle al día siguiente.
No sé ni cuando me dormí, porque me costó hacerlo, pero apenas sonó el despertador, me metí en la ducha, me lavé el pelo, y por suerte, Daniyah llegó a tiempo para ayudarme a secarme mi larga melena y elegir la ropa para el día. Quería algo no muy descocado para las clases, pero lo bastante impresionante como para le gustase a Malik aquella tarde, así que al final escogí una camiseta negra de media manga con adornos de encaje, ceñida y que dejaba mis hombros al descubierto, y una sencilla falda por encima de mis rodillas también con algo de encaje en un tono rosa suave, a juego con unos tacones altos.
No me puse nada de adorno, salvo la propia pulsera que había comprado ayer en pareja con la de Malik, y dejé mi pelo suelto, ligeramente ondulado en las puntas.
Tras darle un abrazo de agradecimiento a Daniyah, salí para la primera clase, y me pasé todo el día suspirando de una en otra, esperando a que llegase la tarde. Apenas comí algo más que un poco de fruta con yogurt, porque tenía el estómago lleno de "mariposas" revoloteando desde el día anterior.
Apenas terminaron las clases, prácticamente corrí a mi habitación, dejé la cartera con los libros a un lado y me senté a esperar en la cama, tras abrir de par en par la ventana, mientras acariciaba a Rajah, que me miraba entre curioso y extrañado. El pobre gato se había pasado desde que volví mirándome raro, y hasta se me había escapado cuando lo abracé más de la cuenta por la alegría. Supongo que también pensaba, como mi mejor amiga, que había perdido la cabeza.
Pero no podía dejar de pensar en su sonrisa, en sus ojos café, en aquel beso...
Me llevé una mano a mis labios por inercia, rozándolos con el recuerdo, y suspiré, perdiendo mi vista en la ventana. Empezaba a atardecer... ¿Se estaría retrasando por algo? El cielo ya estaba en un tono anaranjado cuando Rajah gruñó ligeramente.

- Vale, está bien... Pero seguro que vendrá. Me lo prometió.

Aseguré al animal, levantándome de la cama y dejándolo junto a la ventana, mientras me acercaba a la mini nevera a buscarle algo de la carne que teníamos ahí guardada para él.

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Mensaje por Malik Alabi el Mar Jun 18, 2019 8:32 pm

Tenía que estar soñando... O al menos mi vida parecía haberse convertido en un sueño desde que había llegado a aquel lugar. Después de despedirme de Amira había buscado a mi amigo, Faizel, y tras ponerme al día sobre su vida le conté lo que me había sucedido y que, igual que él, también me gustaría encontrar un modo de quedarme en aquella universidad a largo plazo, no tan solo por una visita. Él parecía querer quedarse allí y ahora que había conocido a Amira tenía dos razones para dejar de ser un trotamundos, y quizás lograr encauzar mi vida... Faizel me había contado que conocía a alguien que le había ayudado, un profesor, y me dio esperanzas al decirme que también podría ayudarme a mí. Pero por el momento seguía siendo un chico que se había colado de forma ilegal en un lugar al que no pertenecía... por eso evité recorrer los sitios de la universidad más concurridos para que ningún profesor reparase en mi presencia.

Tenía que andarme con cuidado por el momento, aunque esa precaución no me impidió curiosear por Grimmwelt para no aburrirme durante el día, y tampoco me impidió prepararme para salir de la habitación de Faizel cuando cayó la tarde para ir a aquella... ¿cita?, ¿podía calificarse de cita? Era extraño, pero pensarlo hacía que sonriese de nuevo como un tonto enamorado; nunca había estado tan colado por una chica y apenas lograba reconocerme a mí mismo. Pillé prestada una camiseta blanca de mi amigo y unos vaqueros negros y, antes de salir, me miré al espejo mientras planchaba la ropa con las manos; esas ganas de estar presentable para una chica también eran algo nuevo. Entonces noté la mirada expectante de Abú, que se había encaramado en las escaleras de la litera.

Lo siento, amigo... Tendrás que quedarte aquí, pero no te enfades, ¿vale? —Pareció un poco celoso, como si supiese a dónde iba, así que sonreí y saqué el saquito de dátiles que me había dado Amira de la mochila y le lancé uno, que él cogió con sus dos manitas hábilmente—. Por si te entra el apetito —añadí dejando el resto encima de la mesa del escritorio, respirando hondo antes de salir del cuarto. Al caminar por los pasillos intenté fingir ser uno más de los estudiantes que iban y venían... Pronto anochecería así que muchos volvían de las clases, con libros y mochilas en sus hombros. Yo iba con las manos vacías, a excepción del pasador de oro y amatistas que llevaba en uno de los bolsillos de los vaqueros. Algunos parecían estar agobiados y cansados, pero otros sonreían mientras hablaban entre ellos, y por unos momentos de verdad quise ser uno de ellos, no tan solo una "rata callejera" que fingía ser uno más.

Pero esa tarde no iba a pensar en eso... ya que tenía una gran razón para sonreír. Al salir al exterior rocé mis labios con la yema de los dedos, recordando el beso de ayer y esa sensación tan agradable; con suerte hoy podría volver a repetirse. No me había olvidado de dónde estaba el cuarto de Amira, al parecer bastante lejos del de Faizel, así que caminé unos minutos hasta que di con una ventana del segundo piso que, como le había dicho, estaba abierta de par en par. Miré a ambos lados para asegurarme de que no había nadie y, cuando me cercioré de ello, comencé a trepar por los muros de piedra ágilmente. Al llegar me apoyé con ambos brazos en el alfeizar y oteé el interior de la habitación, terminando por auparme entero y permaneciendo de pie en la ventana antes de carraspear un poco para llamar su atención.

Princesa, ¿me estabas esperando? No he olvidado mi promesa—sonreí ampliamente al verla y, de un pequeño salto, entre a su habitación, percatándome entonces de aquel enorme "gato" que estaba a escasa distancia mirándome fijamente—. Vaya, menudo gato más... grande —bromeé, agachándome un poco y estirando mi mano hacia él por si quería olisquearla ya que, después de todo, era un desconocido que se acababa de colar en su territorio.

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Mensaje por Amira Jara el Mar Jun 18, 2019 11:54 pm

Estaba tan feliz... y nerviosa, pero sobre todo feliz, emocionada, y como si llevara en una nube desde la noche anterior. ¿Qué pasaría ahora entre Malik y yo? ¿Nos veríamos a menudo? ¿Me pediría que saliéramos juntos? ¿Habría algo más entre nosotros? Que me comportaba como si estuviera enamorada era una realidad que no podía negar, aunque apenas nos conociéramos, pero había algo en él, algo que me hacía confiar, que me hacía... quererle.
Por eso me arreglé desde primera hora y estuve deseando terminar las clases. Apenas volví a mi cuarto, el resto del tiempo se me hizo eterno, mirando por la ventana y quedándome sentada en la cama, esperando a que Malik apareciera.
De hecho puse nervioso a mi gato, que gruñó porque se me había pasado la hora de darle de comer, así que me acerqué a la nevera a por una de sus piezas de carne, pero cuando me volví, dispuesta a abrir la mini nevera, Malik apareció, escuchándome y haciendo que me volviera.

- ¿Malik? ¡Espera!

Pero antes de que me diera tiempo a advertirle, una de sus manos ya estaba prácticamente rozando el hocico de mi gato.

- ¡Rajah!

Le grité a modo de advertencia, pero curiosamente, el felino simplemente se acercó a olisquear su mano y le dio un ligero lametón, antes de apartarse.
Por un momento miré la escena un tanto contrariada, pero esbozando una dulce sonrisa.

- Vaya... Nunca suele hacer eso. El último príncipe que lo intentó por poco se queda sin mano.

Comenté mientras sacaba de la nevera un muslo de pavo envuelto en una bolsa de plástico para carnes, apartándola lo justo como para acercársela sin tener que tocar la carne cruda.
El enorme gato simplemente saltó de la cama, lo cogió con un gruñido satisfecho entre sus dientes y se lo llevó a su rincón de la habitación, mientras yo tiraba la bolsa a la basura.

- Es un Savannah. Son una especie peculiar mezclada con leopardos, así que son algo... peculiares.

Me acerqué entonces, ofreciéndole a pasar y esbozando una sonrisa más dulce.

- Lo cierto es que la espera se me empezaba a hacer eterna...

Le dije, tomando suavemente una de sus manos con cierta timidez pero con una sonrisa dulce y enamorada. Me moría por volver a sentir sus labios, pero no estaba segura de si debería tomar esa iniciativa o no.

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Mensaje por Malik Alabi el Miér Jun 19, 2019 8:33 pm

No era la primera vez que trepaba un muro para colarme en un lugar en el que se supone que no debía estar, pero sí que era la primera vez que lo hacía para ver a una chica a escondidas... y no por robar algo o encontrar un escondite. Era bastante ágil y lo suficientemente cuidadoso para que nadie me viese y pudiese irle con la historia a algún profesor; si ya era difícil pasar como uno más en aquel extraño lugar seguro que trepar muros de forma sospechosa no iba a ayudarme. Pero no contaba con que, justo al poner un pie en la habitación de Amira, fuese a encontrarme con aquel enorme gato del que me había hablado a apenas un metro. Estaba tan cerca que no estaba seguro de que retroceder fuese apropiado, así que intenté mostrarle que no tenía razones para desconfiar de mí y, ignorando las advertencias de Amira, acerqué una de mis manos con cuidado al hocico del animal.

Tranquila, no pasa nada... —aseguré intentando mostrarme tranquilo, aunque aquel "gatito" no parecía tan inofensivo como los gatos callejeros que acostumbraba a ver todos los días; era mucho más grande y tenía un aspecto más salvaje—. ¿Verdad que no pasa nada, Rajah? —añadí un poco más tenso y con voz aguda al ver que Rajah se acercaba a mí. Por unos instantes cerré los ojos, como si temiese lo que pudiese pasar, pero los abrí de par en par cuando sentí su lametón en la mano. De un modo más confiado le devolví el gesto cariñoso con una caricia en su cabeza, y alcé el rostro para sonreírle a Amira cuando dijo que no solía mostrarse así con nadie.

Será que a Rajah no le gustan los príncipes, por suerte yo no soy uno de ellos —bromeé divertido mientras esperaba a que le diese de comer para acercarme a ella—. Nunca había visto uno, ahora entiendo porqué lo trajiste de forma "un poco ilegal". No creo que pudiese pasar por un simple gato por muy alimentado que digas que esté. —Cuando me cogió la mano fue como si esa sonrisa de idiota apareciese, de nuevo, de modo automático e inevitable. Nada más verla había sentido que el resto del mundo había desaparecido y que de pronto solo tenía razones para ser feliz, así que sin perder más tiempo alcé su rostro con una mano y dejé un beso sobre sus labios.

A mí también... Tenía muchas ganas de verte, y también de volver besarte... —le susurré, alejándome lo justo para poder mirarla a los ojos, ¿por qué me gustaba tanto el modo en que me miraba? Nunca nadie me había mirado así. De pronto hice cómo si hubiese recordado algo muy importante y rebusqué en uno de los bolsillos delanteros de los vaqueros, sacando aquel pasador y dejándolo sobre la palma de la mano que había unido a la mía—. Además, tenía algo que devolverte y nunca olvido una promesa. Todo tuyo, de nuevo —le sonreí, llevando una de mis manos a su mejilla y fijándome en el conjunto que llevaba... Lo cierto es que estaba incluso más bonita que ayer.

Vaya, hoy estás preciosa... Bueno, y también lo estabas ayer, ¿debería sentirme halagado? —le pregunté esbozando una sonrisa de pillo, preguntándome si ella también se habría dado cuenta de que estaba más presentable que ayer justo porque iba a tener una primera "cita oficial" con ella. Puede que no pudiese compararse a cómo vestiría un príncipe o la gente con la que ella solía tratar en palacio, pero sin duda era toda una mejora después de la ropa que solía llevar cuando sobrevivía en las calles de Arabia.

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Mensaje por Amira Jara el Jue Jun 20, 2019 12:04 am

Lo cierto es que no estaba acostumbrada a esto, a una cita de verdad con un chico que de verdad quisiera a mi lado, y no fuera simplemente uno de los múltiples pretendientes que se presentaban a ver si mi padre los aceptaba como mi futuro esposo. Algo que, por suerte, aún no se ha dado, y ahora que conocía a Malik, esperaba que no se diera nunca...
Pero cuando lo vi en la ventana tan cerca de Rajah, por un momento me preocupé, aunque él lo tomó con mucha calma, y hasta acercó su mano al animal, que sorprendentemente solo lo olisqueó un poco, antes de darle un lametón y dejarlo pasar.
Realmente me dejó con una leve sonrisa impresionada, acercándome a él tras dar de comer a mi gato, lo que mostró su lado más agresivo.

- Puede que sea eso... Aun así suele ser bastante agresivo y protector. Me alegra que le gustes.

Sonreí algo más dulce cuando comentó lo grande que era. A mucha gente le pasaba, por eso aquí, aunque lo pasé como "gato", lo tenía en la habitación y no dejaba que saliera demasiado, y menos sin supervisión.

- Sí, por suerte aún nadie se ha pasado a controlarlo, y espero que no lo hagan. Suelo tener en la mini nevera su comida más que la mía, para que nos la traigan los fines de semana y no resulte tan sospechoso.

Le expliqué, acercándome a tomar entonces su mano, y cuando lo hice, sonreí con calidez cuando se inclinó para besarme, suspirando enamorada y apretando algo más su mano.

- Yo también... No sabía si era apropiado que te besase yo primero o... En fin, sé que puede sonar absurdo, pero no tengo ninguna experiencia en esto y es muy nuevo para mí.

Le dije con cierta vergüenza, perdiéndome en su mirada y sonriendo algo más cuando me devolvió el pasador.

- Fue un gesto muy tierno... Ahora una parte de mí quiere que vuelvas a llevártelo para que tengamos otra cita.

Comenté, dejándolo sobre una de las mesillas de noche y sonrojándome un poco con su cumplido, mirándole entonces de arriba a abajo. También él se veía distinto, más "arreglado" que ayer. Y realmente atractivo con esa camiseta de manga corta que se marcaba a su cuerpo.
Por un momento no me percaté del "repaso" que le estaba dando con la mirada, apretando los labios con un leve suspiro y añadiendo con timidez.

- Tú... también estás increíble. Aunque sí... quería estar guapa para ti.

Le dije sinceramente, sin ocultar que había deseado todo el día que llegase este momento.
Entonces me animé un poco y me acerqué de nuevo, llevando mi mano libre a su hombro y alzándome para volver a besar suavemente sus labios, de forma inexperta pero algo más dulce y prolongada, apartándome al final con otro suspiro y preguntándole.

- Bueno... Entonces, ¿qué quieres hacer? ¿Quieres que salgamos a pasear por los jardines, o ir a tomar algo donde la abuelita? o también podríamos quedarnos aquí. Mi cama es muy cómoda.

Al darme cuenta de cómo había sonado aquello, me apresuré a añadir, con un notable sonrojo.

- Quiero decir, podríamos usar el portátil para ver alguna película, o algo así... No quería insinuar... Sería demasiado pronto.

Dije un tanto trabada. Lo cierto es que por ahora no me veía más allá de tomar su mano o besar sus labios, aunque por supuesto que me gustaría conocernos más y avanzar con él hacia una relación de verdad.

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Mensaje por Malik Alabi el Vie Jun 21, 2019 8:30 pm

Llevaba todo el día, o en realidad desde ayer por la noche, inquieto y nervioso como nunca... Jamás había tenido tantas ganas de volver a ver a una chica, sobre todo teniendo en cuenta que nos habíamos conocido el día anterior. Pero en aquella tarde había descubierto las muchas razones que hacían de Amira una chica increíble, razones que me impulsaban a seguir conociéndola. Lo que había sentido con ese beso... Había sido como si algo en mi interior despertase, como si se encendiese un fuego que ahora no podría apagarse. Era tan extraño y tan increíble al mismo tiempo... Por eso no me importaba cometer pequeñas locuras para volver a verla, como por ejemplo trepar hasta su habitación y colarme por su ventana, o acercarme a aquel "gato" que tenía por mascota para ganarme su confianza. La verdad es que era lo bastante grande como para que me diese respeto ya que seguro que un mordisco suyo no sería como el de un gato normal, pero en cuanto "pasé la prueba" me relajé y bromeé sobre el hecho de que igual le caía bien por no ser un príncipe.

Ya, yo también me alegro. No me gustaría terminar en la enfermería en nuestra primera cita... oficial —bromeé, sintiendo que pronunciar las palabras "primera cita" revolvían algo en mi interior... Qué bien sonaba.

A pesar de ganarme la confianza de Rajah prefería mantener una distancia prudencial cuando Amira le dio la cena, que devoró con ansia, y agradecí no ser yo ese pedazo de carne que deshizo en apenas unos segundos. Lo más probable es que se metiese en problemas si lo descubrían aquí, pero ella parecía tenerlo todo bajo control así que asentí a su explicación y me acerqué a ella, dándole aquel beso que había deseado darle todo el día... Cuando nos alejamos un poco me fijé en aquella sonrisa que me nublaba la mente y aceleraba mi pulso, e inevitablemente reí un poco con sus palabras.

Tranquila, yo puedo enseñarte lo que quieras —le dije en un tono dulce, acariciando su mejilla con mis dedos. Su piel estaba suave y cálida, igual que sus labios—. Pero, verás, en estas cosas no necesitas pensar ni adaptarte a ningún protocolo, sino hacer lo que quieras. Si lo que quieres es besarme primero hazlo, te aseguro que yo no me apartaré —sonreí de un modo más pícaro mientras mi mano pasaba a acariciar su cabello de un modo distraído. Me parecía tan inocente y dulce que no quería presionarla demasiado y por eso me adaptaría a su ritmo... Además, saber que era el primer chico con el que se besaba me hacía sentir realmente afortunado.

Entonces me acordé de su pasador y se lo devolví, sonriendo cuando dijo que le había parecido un gesto dulce y que una parte de ella deseaba que volviese a llevármelo para tener otra cita. Me mordí el labio mientras la miraba a los ojos, ¿cómo podía ser tan dulce? —Bueno, quizás para la próxima ni siquiera sea necesario... si tú quieres que volvamos a tener más citas. —Estaba claro que yo quería, de hecho ella era la razón, junto a Faizel, de que me estuviese planteando buscarme la vida para quedarme en aquel lugar. Solo faltaba averiguar el cómo.

No pude evitar fijarme en que hoy estaba preciosa, con una falda corta y una camiseta que dejaba al descubierto sus hombros. La verdad es que, a parte de ser hermosa, tenía una figura que quitaba el aliento. Ella se sonrojó con mi cumplido y, cuando ella se fijó en que yo también me había arreglado algo más y confirmó que quería estar guapa para mí, fui yo el que lo hice. De pronto me sentía como un adolescente hormonado y enamorado. —Vaya, entonces definitivamente sí que soy un chico afortunado... La verdad es que yo quería venir un poco más decente que ayer... "Para impresionarte" añadí mentalmente.

Cuando se alzó un poco para besarme de nuevo una de mis manos fue hacia su cintura de forma instintiva, mientras que la otra descansaba sobre su mejilla. Esta vez dejé que fuese ella la que guiase el beso y la verdad es que, de nuevo, fue increíble. —Vaya, no lo haces nada mal para ser una principiante —le sonreí cuando nos separamos, manteniendo mi mirada fija en sus hermosos ojos castaños. Ante su pregunta me quedé pensativo, riendo un poco nervioso cuando habló de quedarnos en su cama, captando al instante al doble sentido, que ella también captó e intentó explicarse. ¿Por qué la simple idea de hacer algo así con ella me ponía tan nervioso, acelerando los latidos de mi corazón?

Oh, no... Tranquila... Yo... ya me imaginaba que no te referías a nada de eso —me apresuré a decir para que no se preocupase, sonriendo un poco al fijarme en cómo se sonrojaba y notando también cierto calor en mis mejillas—. Es decir, ni por asomo voy a presionarte con algo así, de verdad. Apenas acabamos de conocernos y... —Diablos, ¿por qué de pronto se me trababan las palabras y me sentía tan idiota? Preferí dejarlo ahí y solté un suspiro, sonriendo levemente—. Mejor lo dejamos, ¿no? —llegué a la mejor conclusión posible, revolviéndome ligeramente el pelo con una mano, algo que solía hacer cuando me ponía un poco nervioso.

Una película suena bien para mí, a no ser que te apetezca más hacer otra cosa —terminé por responderle con mayor entusiasmo, aunque una parte de mí inevitablemente pensaba en que poca atención le prestaríamos a la película si estábamos juntos... Pero hablaba en serio cuando decía que no iba a presionarla y no tenía ninguna prisa; lo único que quería era estar con ella y conocerla más.

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Mensaje por Amira Jara el Vie Jun 21, 2019 10:56 pm

Me preocupó que Rajah estuviera tan cerca de la ventana cuando Malik entró sin más, pero al parecer no hubo ningún accidente, y de hecho diría que hasta le cayó bien. Es raro en él, ya que, después de todo, es un tipo de gato algo salvaje, y solo está acostumbrado a mí y a mi mejor amiga, por eso no lo saco de la habitación.
Pero ante aquella respuesta esbocé una sonrisa más dulce y confiada.

- Ya... yo tampoco. Pero me alegra ver que le gustas. No es que no confiase en ti después de la tarde tan increíble que tuvimos ayer, pero ya sabes lo que dicen de los animales, eso de que tienen un sexto sentido para las personas. Está claro que tienes algo especial, más allá de lo que yo crea.

Porque para mí ya era el chico más especial que había conocido, y cuando se acercó a besarme, sentí que me estremecía como la noche anterior, deseando más de sus labios. Me pasaría horas entre sus brazos, simplemente así, beso a beso, haciéndome esbozar una leve sonrisa algo más tímida con su caricia y aquella respuesta.

- Pues vas a tener mucho que enseñarme... Todo esto es completamente nuevo para mí. Aunque no se me habría ocurrido un chico mejor.

Había conocido muchos príncipes, soldados, plebeyos... pero ninguno como Malik, que me hiciera sentir de ese modo o me atrajera como lo hace él. Era como si hubiera saltado una chispa entre nosotros, y encendido una llama de la que quería cuidar.

- Entiendo... Puede que entonces acabes cansado de ello...

Le dije con cierta timidez y un leve rubor, ya que, desde anoche, apenas podía pensar en otra cosa que no fuera volver a verle, y a sentir sus labios, alzándome un poco de nuevo para darle un beso algo más fugaz y cariñoso.
Al devolverme mi pasador, una parte de mí pensó que ni siquiera lo quería, pero ante su respuesta lo dejé sobre la mesita de noche y asentí emocionada.

- Me encantaría... Quiero que podamos conocernos y... no sé, ver a dónde nos lleva esto.

Puede que fuera pronto para decirlo, pero sentía que era mi primer amor, y quería simplemente dejarme llevar, que fluyera y fuese lo que tuviera que ser. De cualquier modo sentía que sería algo precioso, ya fuera solo mi primer amor o el último.
Y de hecho parece que los dos hemos sentido esa misma chispa, porque ambos nos habíamos "arreglado" para el otro, sonriendo algo más dulce y acariciando su rostro por un momento, perdiendo mi mirada en la suya.

- Estás perfecto...

No quería dar demasiados detalles, pero no se me pasaba por alto su cuerpo marcado bajo esa camiseta blanca, esa piel morena que hacía juego con sus ojos café, y su encantadora sonrisa. Realmente me resultaba muy atractivo.
Al volver a besarle, de un modo algo más prolongado, me aferré a sus hombros cuando me tomó por la cintura, y ante su cumplido, sonreí con cierta timidez.

- No es que sepa muy bien lo que estoy haciendo... solo sé que... me siento bien cuando te beso... Siento como si nada más importase.

De hecho hasta me trabé con las palabras cuando le ofrecí hacer algo juntos, intentando explicarme, y negué con cierta timidez, terminando por reír cuando él se trabó también.

- Sí... lo sé... yo... No es que no quisiera... Algún día... pero...

Terminé por reír con él y asentir cuando dijo que sería mejor dejarlo.

- Sí, será lo mejor.

Aun así apreté suavemente mis labios, humedeciéndolos ligeramente, y sin poder evitar mirarle unos instantes, pensando en que realmente me gustaría compartir esas experiencias con él. Puede que no hoy, o a muy corto plazo, pero realmente me gusta... Quiero conocerle, ver cuánto podemos sentir juntos, y si surge algo más entre nosotros.
Asentí cuando me dijo que lo de la película estaría bien, así que me separé de él con cierta reticencia para ir a recoger mi portátil y acercarlo.
Soltándome mis tacones, me subí a la cama, que aunque era individual, tenía un tamaño considerable como para entrar cómodamente dos personas, y me puse a un lado, dejando a Malik espacio.

- ¿Alguna recomendación? Suelo leer más y no es que se me de muy bien el cine. Me gustaría ver más cosas, simplemente es como la costumbre...

Después de todo, solía usar más los libros que las pantallas, por simple hábito, y además, prefería escoger algo que pudiera gustarle a él, así que le dejé el portátil, aunque dándome cuenta de algo, le pregunté igualmente.

- ¿Tienes hambre? No tengo mucho por aquí, pero puedo hacer unas palomitas o algo así... O podemos ir más tarde a cenar donde la abuelita.

Le comenté, refiriéndome a la cafetería del campus. Parece que todos la llamaban así, y había ido un par de veces desde que estaba. La llevaba una señora mayor muy amable que cocinaba realmente de lujo.

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Mensaje por Malik Alabi el Lun Jun 24, 2019 5:48 pm

Entonces es una suerte que a mí no se me ocurra una chica mejor a la que enseñarle un par de cosas sobre todo esto... —le dije con una sonrisa sincera, al igual que lo eran mis palabras. Amira no era la primera chica a la que besaba pero de algún modo realmente se había sentido como la primera, como si todo lo que había sentido antes no pudiese compararse a lo que sentía ahora; tan solo con rozar sus labios sentía que el corazón iba a salírseme del pecho, y tampoco con ninguna otra había tenido esa necesidad de volver a repetirlo, como si nunca fuese a ser suficiente. Así que cuando insinuó que podría llegar a cansarme de sus besos reí como si fuese la estupidez más grande que había escuchado nunca.

¿Estás de broma?, ¿cómo iba a cansarme de... en fin, de ti? —le pregunté, notando cierto rubor en mis mejillas al responderle de aquella forma tan directa. Al instante solté un suspiro y tomé una de sus manos con mayor confianza, dulcemente, mientras la miraba a los ojos—. Amira, eres las chica más increíble que he conocido nunca y, créeme, me gustaría seguir conociéndote más. —Esa era la pura verdad... Además, sentía que a medida que la conocía deseaba saber más y más sobre ella. Aquellos besos habían despertado algo en mi interior que no llegaba o comprender del todo, pero algo que a fin de cuentas era increíble.

No iba a negar que me alegraba saber que no era el único que tenía ese interés tan especial hacia el otro, y por eso la miré con una sonrisa más dulce cuando afirmó que a ella también le gustaría seguir conociéndome para ver a dónde iba todo aquello. Aunque, por mucho que ahora pareciese estar a kilómetros del suelo flotando en alguna nube, había una parte de mí que temía lo que fuese a suceder cuando le contase todo sobre mí y descubriese aquella pequeña mentira. ¿Seguiría viéndome con los mismos ojos cuando le dijese que en realidad me había colado en la universidad y que no debería estar allí?, ¿podría de verdad alguien como yo aspirar a hacerse con el corazón de una princesa...? Por el momento prefería alejar esas preguntas de mi cabeza y seguir flotando en una nube...

Pude notar que me miró de arriba a abajo cuando dejé caer que yo también me había arreglado un poco más para verla. Ella estaba tan hermosa que resultaba deslumbrante, incluso sexy por aquella ropa que llevaba más ajustada a su figura, y su sonrisa tímida la hacía aún más bonita a mis ojos. Sin embargo, dejó atrás esa timidez cuando me volvió a besar  de una forma más apasionada. —Es que no tienes que saber lo que estás haciendo... Solo tienes que hacerlo —le dije cuando nos alejamos y respondió con tanta dulzura a mi pequeño cumplido sobre sus besos—. Ya sé que suena raro, pero... —sonreí mientras mis brazos rodeaban su cintura y mis ojos estudiaban su cálida mirada—. Los mejores besos son los que se dan con el corazón. —Suponía que aquello era una buena forma de resumir lo que pretendía explicarle.

Entonces es que lo estás haciendo bien... Yo... Yo siento lo mismo —añadí con una sonrisa cuando afirmó que, cuando nos besábamos, era como si nada más importase. Y era cierto, cuando nuestros labios se fundían me olvidaba de todo lo demás y, por muy raro que sonase, sentía una sensación familiar y muy agradable. Aunque aquel momento tan dulce y romántico se convirtió en uno un poco más... tenso... cuando su oferta sonó un poco mal y ella intentó arreglarlo, causando justo el efecto contrario. Que yo intentase quitarle importancia tampoco ayudó demasiado, así que al final llegamos a la conclusión de que lo mejor era cambiar de tema. No era que no tuviese ganas de hacer algo así con ella... pero quería hacer las cosas bien, sin prisas y sin presionarla antes de tiempo. Después de todo apenas nos habíamos conocido ayer.

Así que he de ser yo quién elija la película... A ver, ¿qué podría gustarte? —dije en un tono pensativo como si hablase para mí mismo, quitándome las deportivas y subiéndome a la cama para colocarme en el sitio que ella me había dejado—. ¡Ya lo tengo! Supuestamente esta película os gusta mucho a las chicas, aunque nunca la he visto, así que será algo nuevo para los dos —comenté mientras cogía su portátil y lo encendía para buscar el título que tenía en mente.

No, tranquila. Si lo prefieres podemos ir después a cenar a... ¿la abuelita? No he tenido ocasión de ir de momento —comenté para que no se molestase, y después de todo no sería mala excusa salir de su habitación para evitar que las cosas se saliesen de control antes de tiempo... Cuando al fin encontré la película que estaba buscando esbocé una mueca de éxito y dejé el portátil sobre mis piernas mientras me echaba hacia atrás y la abrazaba por la cintura, dándole la posibilidad de que se acurrucase en mi pecho si así lo deseaba.

Se llama "El diario de Noa", es una película romántica... No sé si es de las que te gustan, pero estamos a punto de averiguarlo —le sonreí y entonces le di al play para que comenzase, acomodándome con ella al lado y con esa pequeña sonrisa de felicidad que se asomaba en las comisuras de mis labios, como si no hubiese otro lugar en todo el mundo en el que quisiera estar ahora mismo que no fuese a su lado.

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Mensaje por Amira Jara el Lun Jun 24, 2019 6:46 pm

Me hizo sonrojarme con ese comentario, pensando en lo feliz que me sentía porque también pareciera ser única para él. Parece un chico de tanto mundo, de esos que han visto muchas cosas. Así que, que se fijase así en mí me parecía todo un halago.

- Eres muy dulce...

Le dije con cierta timidez, pensando que tampoco yo me imaginaba compartiendo esto con ningún otro chico. De hecho ahora más que nunca esperaba que mi padre no encontrase ningún pretendiente, para poder seguir conociendo a Malik.
Temía que se cansase de mí, o que mi inexperiencia le hiciera alejarse, pero cuando me aseguró de ese modo que no podría cansarse de mí, sonreí feliz y algo más dulce, apretando una de sus manos con la mía y perdiéndome en sus ojos café.
Era como si me infundiera valor, respondiendo algo más atrevida gracias a su impulso.

- Gracias... tú también eres el chico más especial que he conocido...

Le dije, apretando su mano por un momento, añadiendo algo más segura, aunque aún con ese color en mis mejillas.

- Malik... me gustas... mucho... y... claro que querría conocerte más. Y no sé, quizá... que algo más pudiera surgir entre nosotros. Me alegra haber reservado mi primer beso todo este tiempo para ti.

Dije al final con una leve sonrisa más tímida pero dulce y sincera, dejándome llevar por su impulso y volviendo a buscar sus labios. Me sentía tan bien entre sus brazos, cuando me tomó por la cintura, que llevé ambas manos a sus hombros, perdiéndome en su mirada mientras me explicaba cómo funcionaban esas cosas, y mordiéndome un poco mi labio inferior sin darme cuenta por el modo en que me miraba, por ese cosquilleo en mi pecho y mi vientre que era cada vez más intenso cuanto más cerca estaba de él.

- Creo que suena muy natural... Eso me gusta. No depender de protocolos o de lo que es correcto o no... solo... lo que se siente...

Mi sonrisa se volvió algo más dulce y feliz cuando me aseguró que le pasaba lo mismo que a mí, por lo que busqué de nuevo sus labios, acariciando sus hombros y besándole de un modo algo más prolongado, aún con cierta timidez y de un modo lento y suave, acariciando sus labios despacio con pequeñas presiones leves pero dulces, hasta que me aparté con cierta timidez y le sonreí alegre, llevando una de mis manos a su rostro para acariciar su mejilla.
Tras ese momento algo más íntimo, suspiré y me aparté lo justo como para plantearle hacer algo juntos, subiéndome a la cama y asintiendo cuando comentó que debería elegir él la película.

- Me temo que yo no tendría mucho abanico, por no decir que no recuerdo muchos nombres. Y al final aquí apenas llevo una semana. Aún no he tenido tiempo a acostumbrarme a ser una chica normal con el portátil lleno de películas.

Bromeé un poco, mirándole con curiosidad cuando dijo que había una que normalmente nos gustaba a las chicas, aunque él no la había llegado a ver.
Apenas se sentó a mi lado, esperé a ofrecerle algo de comer, y asentí cuando dijo que podríamos ir después a cenar donde la abuelita.

- Claro. Seguro que te va a encantar.

Y quizá después podríamos dar un paseo juntos por los jardines. No había tenido tiempo de verlos en detalle, pero parecían realmente preciosos.
En cuanto Malik preparó la película y me rodeó la cintura con esa oferta, sonreí agradecida y me acurruqué sobre su pecho, abrazándole y centrándome en la pantalla por el momento.
Aun así era complicado, y aunque era una historia de amor muy bonita, me resultaba difícil no alzar la mirada en ocasiones, buscando la de él.
Incluso durante esa escena algo más intensa de sus protagonistas me estremecí en brazos de Malik, imaginando por un momento cómo sería vivir algo tan apasionado con él, dedicándole una fugaz mirada tímida y bajándola al momento apenas me respondió, con las mejillas ardiendo.
Admito que me dio algo de pena cuando se separaron. De algún modo me hizo pensar en cómo sería todo si mi padre me obligara a comprometerme, si Malik y yo tuviéramos que separarnos ahora que estaba naciendo esto tan hermoso entre nosotros, y sentí una punzada en mi pecho. Fue como si necesitase, de algún modo, reafirmar que una parte de mí no dejaría que eso sucediera, y busqué su mirada de nuevo, alzándome lo justo como para apoyarme en su hombro y darle un pequeño beso en su mejilla, acurrucándome de nuevo en su pecho.
Al menos parecía que se reencontraron de nuevo, y por un momento volví a alzar mi mirada para buscar la de Malik y apreté los labios con cierta contención. Me moría por volver a besarle. Ni siquiera me había fijado de que empezaba a oscurecer y nos habíamos quedado en la habitación prácticamente solo con la luz del portátil.

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Mensaje por Malik Alabi el Miér Jun 26, 2019 12:22 am

Me había pasado algo de lo más extraño con Amira desde que nuestras miradas se habían cruzado por primera vez. Aunque nunca la había visto antes, en sus ojos oscuros y hermosos había un brillo que me resultaba... familiar, un brillo que me transmitía calidez y que me hacía sentir bien. Definitivamente estaba perdiendo la cabeza ya que no había ninguna otra explicación posible; estaba claro que era más que improbable que me hubiese cruzado con ella en algún momento de mi vida ya que ratas callejeras y princesas no solían frecuentar los mismos lugares. Pero, entonces, ¿por qué me sentía como si no la conociera de tan solo unas horas?

Como si se tratase del propio destino, los dos habíamos coincidido en aquella universidad entre las montañas en la que ahora me quería quedar para más que una simple visita a un amigo. Quizás me estaba adelantando a los acontecimientos, pero podía notar que ella estaba cómoda conmigo -después de todo era el primer chico con el que se había besado, ¿no?- y que su sonrisa era genuina. Esa misma sonrisa me había cautivado y ahora no quería dejar de verla y de provocarla todos los días, y de alguna forma tenía claro que estaría dispuesto a hacer lo necesario para lograrlo.

¿Qué había en su mirada, y en sus besos, que me habían hechizado sin remedio?

Si sigues diciéndome cosas así vas a hacer que me sonroje... —bromeé cuando me confesó que se alegraba de haber reservado su primer beso para mí. Aunque, para ser honestos, mis mejillas ya se habían encendido un poco desde hacía un rato—. En mi caso tú no eres la primera chica a la que beso, pero... —suspiré, inseguro sobre qué palabras debería usar para explicarle lo que había sentido—. No sé, es como si de alguna forma sí fuese mi primer beso, ¿eso suena muy estúpido? —hice una mueca divertida, aunque me puse algo más serio al mirarla a los ojos y añadir—: Nunca había sentido algo tan increíble antes... tan solo probando tus labios.

Y parecía que, después de haberlos probado, era incapaz de no volver a hacerlo... Ella besaba con completa naturalidad a pesar de ser más inexperta en aquel tema y, cuando se mostró curiosa al respecto, le intenté explicar que besar no dependía de ninguna norma ni manual y que era tan fácil como seguir los propios sentimientos. Eso era lo que yo había hecho siempre y, con ella, era tan fácil como respirar.

¡Exacto! Lo vas pillando —le dije con una sonrisa más entusiasta cuando ella misma llegó a la conclusión de qué era besar de verdad. Con mi mano libre alcé su barbilla y la miré a los ojos, mientras que la otra seguía en su cintura con completa naturalidad—. Lo cierto es que las mejores cosas de la vida no vienen con ningún protocolo, princesa. Es tan sencillo y liberador como dejarse llevar, y conmigo podrás hacerlo... —le ofrecí, junto a una de mis mejores sonrisas—. Si estás dispuesta a arriesgarte, claro —susurré con voz pícara antes de robar un beso más dulce y fugaz de sus labios.

Pero ella parecía empezar a confiar más en mí y me respondió con un beso más apasionado que los anteriores. Al principio iba con cuidado y cierta timidez, pero al mismo tiempo se mostraba segura y eso me gustaba... Podía notar ese fuego que ardía en ella, el mismo que había notado en su mirada desde el primer momento, como si estuviese dormido en su interior. Cuando, después, me miró con esa sonrisa deslumbrante y alegre no pude más que responder con otra, mirándola embobado como si fuese incapaz de apartar la mirada de ella... En esas circunstancias era imposible no pensar en qué cosas podríamos hacer en aquella cama, sobre todo cuando Amira tuvo aquella pequeña metedura de pata, pero intenté desviar el tema antes de que la situación se volviese insoportablemente tensa y al final terminamos acurrucándonos juntos en su cama... pero para ver una película desde su portátil.

Así que las chicas normales en este sitio tienen el portátil lleno de películas... —sonreí divertido ante su broma. Me había fijado en que le hacía ilusión estar aquí, y era algo completamente comprensible después de que se hubiese pasado toda su vida encerrada en un palacio—. ¿Y también dejan que se les cuelen polizontes por la ventana? —bromeé, alzando una ceja y torciendo una sonrisa. Seguro que eso no era algo tan habitual.

Al final acordamos que veríamos una película y que después iríamos a cenar fuera, así que elegí una que creía que podía gustarle por lo que había escuchado, y comenzamos a verla cuando ella se acurrucó en mi pecho y yo la abracé con cariño. Pude notar que se estremeció un poco en mis brazos cuando hubo una escena subida de tono y, cuando nuestras miradas se cruzaron, ella se sonrojó y apartó la suya poco después. Aquello hizo que perdiese el hilo de la película durante unos minutos... ya que me preguntaba qué pensaría ella al respecto y, después de todo, no quería ir demasiado rápido teniendo en cuenta que yo era el primer chico con el que tenía algo.

A medida que fue transcurriendo la película nuestras miradas se encontraron un par de veces y, cuando ella me miraba de esa forma tan significativa, yo le dedicaba una sonrisa dulce o dejaba caricias por su espalda y por su pelo. Quería que se sintiese feliz y cómoda conmigo, tanto como yo lo estaba. De hecho no recordaba sentir algo así nunca, y Amira no era la primera chica con la que tenía algo... Definitivamente ella era diferente.

Cuando la película se terminó con aquel reencuentro de sus protagonistas y salieron los créditos volví a buscar la mirada de Amira y una sonrisa se dibujó en mis labios antes de rozar los suyos para fundirnos en un beso que los dos parecíamos haber contenido durante la película. Al instante cerré los ojos y, a ciegas, bajé la pantalla de portátil y lo aparté a un lado para que no peligrase, y después alcé una mano hasta dejarla en su mejilla mientras profundizábamos aquel beso. Mis dedos acariciaron su largo cabello y se enredaron en sus mechones suaves como la seda, con delicadeza y suavidad, pero también con una pasión que era imposible ocultar. Al final tuve que apartarme un poco para no perder el control y, cuando lo logré, busqué su mirada.

Entonces, ¿te ha gustado la película? —le pregunté con una sonrisa, esperando haber acertado en mi decisión. En mi caso al final apenas le había prestado atención y de lo que de verdad había disfrutado era de su cercanía—. Quizás... Sería un buen momento para despejarnos e ir a comer algo, ¿no te parece? —añadí mientras acariciaba su rostro, pensando que aquello era lo mejor para no dejarnos llevar demasiado pronto.

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Mensaje por Amira Jara el Miér Jun 26, 2019 1:37 am

Estar con Malik era diferente. Ni siquiera sabía cómo explicarlo, pero era como si todo el mundo diera un giro cuando estaba cerca de mí, como si su presencia lo hiciera diferente... mágico.
Su forma de mirarme, sus besos, la sensación que me daban sus caricias por suaves y delicadas que fueran, su encantadora sonrisa... Era como si me sintiera flotando, además de ese cosquilleo en mi vientre y el calor en mi pecho. Nunca me había gustado un chico, no como me gusta él... y aunque siempre supe que algún día tendría que casarme por mi posición, no me había fijado en ningún príncipe ni me habían impresionado como lo ha hecho Malik. Hace que el mundo se detenga, que la respiración se me acelere y sienta mi corazón vibrar, pero sobre todo me hace sentirme libre, como si con él pudiera hacer cualquier cosa, sin miedo a las normas o al protocolo.
Ante su respuesta reí un poco con dulzura y alcé una de mis manos para acariciar su mejilla, contestando con cierta timidez pero decidida.

- Estás muy guapo así...

Confesé, mirándole curiosa entonces, al decirme que no era la primera chica a la que besaba, pero dejó de ser importante al asegurarme que conmigo era especial, negando cuando me preguntó si me parecía una estupidez.

- No... claro que no. Es muy dulce. Yo... puede que no haya besado a otros antes, pero siento que ya tampoco podría hacerlo sin más. Contigo es especial. Es... mágico.

Le dije con un notable sonrojo y cierta timidez, aunque asentí cuando me dijo aquello, tras ese beso, sobre todo si estaba dispuesta a arriesgarme, algo ante lo que asentí de nuevo, manteniendo ese abrazo entre los dos.

- Lo estoy si es contigo.

No necesitaba explicarlo, realmente es algo que se siente, tal y como había dicho, y cada vez que me besaba, me estremecía entre sus brazos. Era como si mi cuerpo reaccionase al suyo, pero tampoco me veía capaz de ir demasiado rápido, aunque una parte de mí se preguntase cómo sería sentir algo más con él... Supongo que por eso tuvimos ese pequeño "malentendido", terminando por apretar los labios y esbozar una media sonrisa tímida antes de tenderle el portátil y centrarnos en la película.
Aun así negué con una pequeña sonrisa cuando comentó si eso era lo normal para las chicas de aquí, tener el ordenador lleno de películas.

- Lo cierto es que no lo sé. Si te digo la verdad, aún no conozco a muchas.

Aunque me sonrojé un poco cuando dijo que seguramente no se colarían chicos por sus ventanas como él había hecho, algo que me hizo sonrojarme un poco más.

- No somos tan íntimas... aunque por lo que se dice algunos entran hasta andando y por la puerta.

No es que yo sea mucho de rumores, pero mi doncella sí que lo era, y le encantaba poner la oreja para después contarme todo lo que había escuchado por ahí.
Aún con ese leve sonrojo, me aparté los zapatos y subí a la cama, haciéndole un sitio a Malik, y en cuanto escogió la película, nos acurrucamos juntos.
Era una sensación increíble... Sentir el calor de su cuerpo tan cerca, su brazo en torno a mi cintura, esas miradas furtivas que no podíamos evitar...
Incluso me agité un poco a su lado con esa escena algo subida de tono, y quise besarle en los momentos más tristes, pensando que no querría separarme nunca de él.
Al final tuvo un final feliz, y apenas terminó, busqué sus labios, sorprendiéndome cuando me correspondió con esa pasión.
Instintivamente rodeé su cuello con mis brazos y le respondí algo agitada, sin preocuparme por el portátil, algo que ya hizo él por mí, aunque cuando se apartó me dejó tan aturdida por momentos que no entendí la pregunta.

- ¿Qué...?

Entonces fue como si mi cerebro empezase a reaccionar, sonrojándome ligeramente y añadiendo, con una media sonrisa tímida.

- Ah, sí... claro... ha sido preciosa... Me alegra que terminasen juntos. Fue muy romántica. ¿Y a ti?

Esperaba que también le hubiese gustado, aunque cuando hice amago de inclinarme de nuevo, como si sus labios llamaran a los míos, me planteó ir a cenar, deteniéndome y apretando los labios con cierta contención.

- ¿Ahora?...

Una parte de mí solo quería que me besara, pero quizá tenía razón, así que suspiré y terminé por asentir, acariciando su rostro antes de apartarme.

- Está bien. ¿Me acercas los tacones?

Le pedí con una sonrisa más suave, mientras encendía la luz de la mesilla de noche, ya que al final nos habíamos quedado a oscuras.

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Mensaje por Malik Alabi el Miér Jun 26, 2019 7:49 pm

Una sonrisa de enamorado surgió en mis labios cuando afirmó que nuestros besos tenían algo mágico, y no podía expresar con palabras lo feliz que me hacía aquello. ¿Cómo era posible que sintiese algo tan fuerte hacia Amira en tan poco tiempo? No quería ni imaginarme lo que podría llegar a sentir si seguíamos conociendo... Quizás ella fuese el amor de mi vida, de esos amores de película en los que muy pocas personas creen.

Sí... Mágico. Esa es justo la palabra que estaba buscando —le sonreí mientras acariciaba sus mejillas con mis pulgares, bajando mis manos por sus hombros y dejándolas sobre su cintura—. Quizás sea una locura, pero desde ayer no puedo dejar de pensar en ti, ¿sabes? Y tampoco nunca antes me había pasado algo así... —le confesé quizás con demasiada naturalidad y con aquel brillo soñador en mis ojos, que no podían dejar de mirar los suyos como si fuesen lo más maravilloso que tenían el placer de haber visto nunca.

Era cierto que no podía dejar de pensar en ella, ni tampoco hablar sobre ella, de hecho por poco Faizel me echa de su cuarto la noche anterior. Según él nunca había actuado de esa forma y empezaba a preocuparle que hubiese contraído algún tipo de "fiebre" extraña durante mi viaje. Puede que sí hubiese algún tipo de fiebre de ese tipo... cuyos síntomas eran tener esa sonrisa de idiota cuando recordaba a Amira y pensaba en su belleza y en su sonrisa, o tener esa necesidad de volver a verla y de besarla cuando estábamos juntos.

Entonces, si confías en mí, puedo enseñarte a tomar algún riesgo que otro... y a olvidarte de la aburrida vida de palacio —le respondí con una amplia sonrisa. Sin duda parecía querer vivir todo lo que se había perdido en el pasado y, además, se le notaba que tenía un lado rebelde detrás de esa inocencia y esa timidez; quizás yo pudiese ayudarla a sacarlo y así ella lucharía por lo que quería en la vida. Por el momento parecía que confiaba cada vez más en mí, tanto que sus besos eran cada vez más atrevidos y expertos, aunque tuvimos un pequeño momento incómodo que rompió con aquella esfera romántica que habíamos creado.

Sin duda lo mejor era cambiar de tema y centrarnos en la película, y también sería muy agradable poder estar sobre su cama, abrazándola y dejando que se acurrucase a mi lado mientras la acariciaba. —¿Entrar andando y por la puerta? Pero eso suena de lo más aburrido —bromeé con una sonrisa divertida y traviesa cuando hablamos sobre las "costumbres" de la gente joven del campus. Lo cierto es que, aunque fuese una locura, colarme de esa forma en su habitación había sido entretenido e incluso estimulante, como si nos estuviéramos saltando las normas de la peor forma posible; por mucho que estuviese intentando reformarme siempre habría una parte de mí que adoraría el riesgo y meterse en líos... para salir de ellos siempre por los pelos. Era un talento natural.

Al final nos pusimos una película que ninguno de los dos había visto y, para ser honestos, no es que le prestase demasiada atención teniendo a Amira al lado. Cuando la miraba me sumergía en aquellos ojos castaños y mi mente daba vueltas y vueltas sobre aquello que estaba surgiendo entre nosotros, y sobre lo que nos podía deparar el futuro; por el momento todo era muy incierto -sobre todo por aquella mentira sobre mis orígenes que esperaba que no descubriese-, pero no iba a agobiarme y tan solo dejaría que todo siguiese su curso.

Emm... ¿si me ha gustado la película a mí? Si, bueno, ha estado bien —volví en mí cuando ella me devolvió la pregunta después de aquel beso más prolongado, gracias al cual mi corazón aún latía con fuerza dentro de mi pecho—. Aunque, ¿te soy sincero? Lo cierto es que apenas le he prestado atención teniéndote a ti al lado... —sonreí de un modo más pillo y aparté un mechón de su cabello de su rostro con dulzura. Estando tan cerca, y solos, una parte de mí deseaba quedarme junto a ella toda la noche y regalarle besos y caricias hasta que los dos nos cansásemos; pero otra parte de mí sabía cómo podía terminar aquello y... bueno, por mucho que sonase apetecible, era demasiado pronto para algo así.

Sonreí divertido cuando a ella no pareció gustarle demasiado mi sugerencia y parpadeé un par de veces cuando encendió la luz de su mesita de noche ya que había oscurecido mientras veíamos la película. —No sé, no suenas muy convencida... —torcí una sonrisa traviesa y, aunque me había dicho que le pasase los tacones, volví a acercarme a sus labios para besarlos una vez más. Esta vez profundicé más dentro de su boca, dejando que mi lengua la explorase y se enredase con la suya, mientras la mano que tenía en su mejilla bajaba en una prolongada caricia por uno de sus hombros desnudos hasta su cintura, amoldándose a sus curvas y acercándola un poco a mí. A pesar de que estaba siendo más apasionado no dejé de ser cuidadoso y dulce, con la única intención de hacer que disfrutase tanto como podría hacerlo yo.

Cuando nos separamos y abrí los ojos en los míos había un brillo encendido y enamorado, y un suspiro sorprendido se escapó de mis labios. Definitivamente nunca había sentido nada así al besar a una chica, ¿por qué con ella era tan diferente? —Quizá ahora si deberíamos ir... Se nos está pasando la hora de la cenar, y después podemos hacer lo que tú quieras —susurré mientras pasaba los dedos de una mano por su cabello. Después, con cierta desgana, me forcé a separarme de ella y me levanté de la cama, pasándole sus tacones y calzándome después las deportivas que había dejado desperdigadas por el suelo.

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La razón sale por la ventana cuando entra el amor {Malik Alabi} Empty Re: La razón sale por la ventana cuando entra el amor {Malik Alabi}

Mensaje por Amira Jara el Miér Jun 26, 2019 8:48 pm

No esperaba que te pudieras enamorar en veinticuatro horas, pero parece que Malik era la prueba absoluta de ello... Bueno, en veintucuatro... y en una... porque con la tarde que pasamos en el pueblo ya me había vuelto loca por su sonrisa, y esos ojos café tan dulces pero con un toque pícaro que definitivamente me hechizaban.
Mi sonrisa se acentuó feliz cuando aceptó aquella forma de definirlo, como si hubiera estado buscando la palabra, y de algún modo la compartiéramos, sonrojándome ante su confesión y atreviéndome a devolvérsela.

- Me ocurre lo mismo. Anoche apenas podía conciliar el sueño... cerraba los ojos y recordaba tu sonrisa. Nunca me había sentido así... Y no quiero que acabe.

Dije con un leve sonrojo y esa sonrisa dulce y enamorada. Con Malik me sentía como en un sueño del que no quería despertar, suspirando cuando sus labios rozaban los míos o cuando me tomaba de la cintura para acercarnos más.
Me gusta esa sensación de estar entre sus brazos, asegurándole que confío en él y riendo un poco cuando me aseguró que me sacaría de esa vida aburrida de palacio.

- Eso me encantaría... Aunque no sé si podría salir por la ventana sin caerme, así que quizá yo al menos debería usar las puertas.

Volví a besarle, dejándome llevar por lo que me había dicho, que simplemente sintiera, aunque algo me dice que, si no me ponía un mínimo de freno, no pararía de unir mis labios con los suyos. Era una sensación tan agradable... ese cosquilleo en mi vientre que se expandía cuando sus labios rozaban los míos, lo que inevitablemente me llevaba a pensar en algo más...
Aunque tuvimos un pequeño momento algo más "incómodo", no tardamos en recuperar ese romanticismo, riendo dulcemente cuando dijo que entrar por la puerta era aburrido.

- Tienes suerte de que te estuviera esperando. Si hubieras dado con mi doncella sin avisar seguramente te habría echado a almohadazos por la misma ventana.

Bromeé un poco, aunque en cuanto escogimos una película, me quité los tacones y me senté a verla con él, acurrucada sobre su pecho.
Me sentía tan bien... Era algo nuevo, especial, como si todo fuera mejor entre sus brazos, y cuando la terminamos y le pregunté, su respuesta me hizo sonreír con un leve sonrojo.

- Ha sido... diferente... Yo tampoco podía dejar de pensar en ti, como si... no sé, como si fuéramos nosotros en esa historia tan romántica. ¿Te parece demasiado?

Le dije con cierta timidez. Supongo que por eso me había hecho temblar aquella escena algo más subida de tono, y apenas volvimos a fundir nuestros labios sentí que todo cuanto quería era tumbarme con él aquí mismo y perderme en sus labios, saber cuánto más podía hacerme sentir si con apenas un beso me había robado el corazón.
Pero entonces se detuvo y dijo que deberíamos salir a cenar, asintiendo con cierta reticencia.
En cuanto me dijo que no estaba convencida y me atrajo hacia él, recuperé una sonrisa feliz y dulce, respondiendo a sus labios y rodeando sus hombros con mis brazos.
Me sentía tan bien así... aunque admito que me sorprendió cuando separó mis labios de esa forma y profundizó el beso, ahogando un gemido involuntario contra su boca y abrazándome más a él, como si necesitase estar más cerca.
Estaba realmente agitada cuando se apartó, llevando una de mis manos a su rostro para acariciarlo y sonreír enamorada.
Me pasaría la noche así, perdida en esos ojos café y sintiendo sus labios, terminando por apoyar mi frente contra la suya y asentir a regañadientes.

- Está bien... Aunque me gustaría pasear contigo por los jardines después... y quizá... no sé, podrías acompañarme y... quedarte un rato.

Le ofrecí con un evidente sonrojo. Quizá me estaba dejando llevar demasiado, dejando que se apartase al final y suspirando cuando me acercó los tacones.
Me los puse y me levanté, acariciando entonces la cabeza de Rajah, que se había subido a la cama.

- Despídete, Rajah. Volvemos más tarde.

El gato maulló como si me comprendiera y se acercó a la mano de Malik para frotar su cabeza con ella, acercándome yo al chico para tomar la otra y entrelazar nuestros dedos con una tímida sonrisa, mientras me echaba el bolso al hombro.

- ¿Vamos?

Por suerte esta vez sí que tenía dinero encima, así que salimos de la habitación y me aseguré de cerrar bien, paseando por los pasillos hasta salir de las residencias y después dirigiéndonos a la cafetería de la abuelita.
Siempre era un lugar bastante concurrido y tenía un montón de cosas, con especialidades como su lasaña especial, el pollo parmesano, o sus hamburguesas y sándwiches de todo tipo, así que nos acercamos a una mesa algo apartada, de las que tienen asientos con cojines y me senté junto a Malik, cogiendo una carta para verla juntos.

- ¿Qué te apetece? Yo invito.

Dije con una dulce sonrisa, esperando que no le molestara. Después de todo, aunque no me ha hablado mucho de sus recursos, no me ha parecido que tenga demasiados, por lo que suponía que estaría aquí con una beca, y yo podía permitírmelo de sobra con los recursos de mi padre.

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Mensaje por Malik Alabi el Miér Jun 26, 2019 11:55 pm

¿Por qué sentía ese cosquilleo en mi estómago cuando ella me decía cosas como aquella? Saber que a ella le ocurría lo mismo que a mí -es decir, no poder dejar de pensar en ella después de haberla conocido- me hizo sonreír y apretar los labios mientras bajaba la mirada unos momentos. Pensaba que todo esto era demasiado bueno para ser cierto, y que lo que sentía era demasiado intenso teniendo en cuenta que apenas éramos unos desconocidos... Pero ¿qué importaba? Lo único que quería era estar con ella, conocerla, besarla...

Creo que nunca una chica me había dicho algo tan bonito —suspiré y sonreí mientras alzaba la mirada, dejando una caricia fugaz en su rostro y notando bajo mis dedos la calidez de sus mejillas sonrojadas—. Eso me gusta —añadí para que no pensase que aquel hecho me parecía raro o algo así—. Y me alegra saber que soy el primer chico en el que piensas de ese modo. —Con suerte lograría mantenerlo porque ¿qué pasaría si aparecía un príncipe en su vida que de verdad pudiese conquistarla?, ¿cómo iba yo a competir con alguien así... cuando ni siquiera tenía un triste billete en la cartera?

Pero, estando con ella en aquel momento tan perfecto, me había olvidado de todas esas seguridades... Entonces casi llegaba a creerme de verdad que podíamos tener un futuro al que quería aferrarme, que podríamos seguir conociéndonos sin ningún problema y que yo podría enseñarle lo que podía ofrecer el mundo fuera de los muros de un palacio; lo que yo podía ofrecerle. —Yo no dejaría que te cayeras, pero... Si, mejor que uses la puerta. No creo que una princesa esté acostumbrada a saltar por ventanas y trepar muros —sonreí divertido. "Un ladrón callejero como yo... necesariamente debe hacerlo si quiere escaparse con su botín" añadí hacia mis adentros.

Se me escapó una carcajada divertida cuando, después de aquel momento un poco incómodo, bromeamos sobre colarse en habitaciones ajenas por la ventana y no por la puerta. —No me imagino lo que podría pensar la pobre al ver que un desconocido intenta colarse por la ventana... Sería gracioso, aunque la caída no tanto —bromeé con una sonrisa divertida—. ¿Ella sabe que... teníamos esta cita?, ¿se lo has contado? —le pregunté entonces con cierta curiosidad.

Tras elegir una película ella se abrazó a mí y los dos la vimos desde la cama, aunque, como le dije a ella cuando me preguntó, no le había prestado demasiada atención al tenerla a ella al lado. La miré con una sonrisa más dulce y acaricié una de sus mejillas cuando me preguntó aquello con tanta timidez. —No, no me parece demasiado. De hecho me gusta que pienses en mí de ese modo tan... —me mordí el labio y noté que me subía un calor por el cuello al mirarla a los ojos y acercarme a sus labios—. Tan romántico —añadí en apenas un susurro antes de besar sus labios de nuevo. En parte sí que nos parecíamos a los protagonistas de aquella película; ella era una chica rica e inalcanzable, y yo no tenía donde caerme muerto. Pero de algún modo encajábamos, a pesar de ser tan diferentes.

Justo cuando comenté que deberíamos salir a cenar la forma en la que me miró, como si estuviese decepcionada por tener que irnos justo ahora, me impulsó a besarla de un modo más apasionado. Pude notar que al principio le sorprendía pero, en apenas unos segundos, consiguió seguirme el ritmo y aquel beso fue perfecto... aún más perfecto que los anteriores. Cuando nos alejamos noté que ella estaba tan agitada como yo y le sonreí con cariño al notar su caricia por mi rostro. Su oferta tan solo me hizo sonreír más.

Claro, podemos pasear por los jardines y hacer lo que quieras —asentí mientras acariciaba su espalda y la sostenía entre mis brazos—. En cuanto a lo de quedarme un rato, si me lo pides por supuesto que lo haré. De hecho me gustaría mucho. —Y era algo en lo que había pensado, pero había preferido que fuese ella quien lo sugiriese por si acaso le parecía demasiado. Cuando la miré me di cuenta de que se había sonrojado un poco al hacerme aquella oferta así que le sostuve el rostro con una mano y busqué su mirada—. Ey... y no debería darte vergüenza nada de esto, de verdad. Nunca diría que no si puedo pasar más tiempo a tu lado —le dejé claro, sonriéndole una última vez antes de levantarme de la cama.

Cuando nos calzamos Rajah se acercó a su dueña para despedirse y sonreí divertido cuando maulló como si hubiese comprendido sus palabras y quisiera responderle. Me sorprendió que se acercase a mí para despedirse y, cuando rozó una de mis manos, la alcé para acariciarle detrás de las orejas. —Adiós, Rajah, ha sido un placer... Vaya, parece que sí que le he caído bien —comenté alzaba la mirada hacia Amira y tomaba con gusto la mano que me ofrecía—. Claro, vamos, princesa —asentí con educación exagerada y una sonrisa; la verdad es que me gustaba llamarla de aquella forma.

Cuando salimos de su habitación hacia los pasillos de las residencias dimos un paseo por la universidad hasta la cafetería de la que había hablado. Por suerte aquella mañana había curioseado un poco aquel lugar y más o menos sabía hacia dónde teníamos que ir. A pesar de eso no había llegado a entrar en La Abuelita y, cuando lo hice de la mano de Amira, nos recibió un olor delicioso a comida y el ruido de las conversaciones de toda la gente que se reunía allí para cenar. Parecía un sitio bastante alegre y acogedor, y nos decantamos por una mesa un poco más apartada e íntima, sentándonos frente a frente y ojeando aquella carta juntos.

La pregunta correcta sería... ¿qué no me apetece? —bromeé con una sonrisa divertida. La verdad es que todo sonaba tan bien, aunque cuando dijo que invitaba sentí cierta punzada de culpa y alcé la mirada—. ¿Segura? Ya invitaste ayer a esos perritos y a todo lo demás —comenté, aunque lo cierto es que no había pensado eso hasta ahora; apenas tenía unas monedas en la cartera, y una tarjeta de crédito robada que quizás no funcionase ya. Para rematar una parte de mí deseaba contarle la verdad, con la esperanza de que ella lo aceptase. Después de todo parecía gustarle en serio, ¿no? Quizás al menos podía contarle parte de la verdad... Pero justo cuando meditaba aquel asunto apareció una camarera para tomarnos nota.

Yo tomaré... Mmm... La lasaña especial, y una coca-cola para beber —decidí finalmente, y entonces la camarera miró a Amira para terminar de tomar nota. Inevitablemente bajé la mirada al plato, mientras me debatía conmigo mismo... Si quería tener una relación de verdad con aquella chica que había conquistado mi corazón, ¿cómo podía mentirle sin sentirme mal conmigo mismo?


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Mensaje por Amira Jara el Jue Jun 27, 2019 12:37 am

Me sentía tan... Feliz...
Era como si estar cerca de Malik, ver su sonrisa o esos dulces ojos café, fuera suficiente como para hacer que todo fuese maravilloso, que el mundo fuera... mejor, perfecto. Un mundo en el que con cada beso me descubría una nueva emoción, acelerando mis latidos o estremeciéndome entre sus brazos.
No quería que esta sensación acabase, y que él sintiera lo mismo que yo solo me hacía aún más feliz, devolviéndole la sonrisa o respondiendo a sus caricias.

- A mí también... Eres diferente, único. Quizá por eso nunca antes me había interesado por nadie. Puede que, sin saberlo, te estuviera esperando a ti.

Me sonrojé un poco y sonreí con cierta timidez por lo romántico que había sonado aquello, pero no parecía molestarle que abriera mi corazón de esa manera, y me hacía sentir tanta confianza que era muy fácil hacerlo. Como instintivo.
Incluso bromeábamos juntos, como cuando me ofreció correr algún riesgo, y aunque estaba segura de que nunca me dejaría caer, asentí ante su afirmación.

- Cierto... aunque suena divertido. ¿Me enseñarías?

Me preguntaba si podría aprender a hacer algo así, ser capaz de trepar por una ventana. Me ahorraría mucho si tenía que volver a casa, para salir del palacio de vez en cuando.
Aunque cuando le hablé de mi doncella, negué divertida con su respuesta, y ante lo que me preguntó, le miré con cierta timidez, pero respondí sinceramente.

- ¿Si se lo he contado? Creo que me lo recordará aún cuando tengamos ochenta años... No paré de hablarle de ti en toda la noche.

Le confesé con ese leve sonrojo, pero después de todo quería ser sincera con él.

- Además, ha prometido cubrirme en caso de que mi padre llame para ver si estoy en la habitación, y me ha animado a que salga contigo todo lo que queramos. Es una gran amiga.

Juntos nos acurrucamos a ver aquella película, y lo cierto es que fue muy romántica, pero no podía dejar de pensar en Malik, por eso busqué sus labios apenas terminó, y al hablar de ella, le comenté lo identificada que me había sentido.
Su respuesta me hizo sonreír, suspirando con esa mirada enamorada de la que ni siquiera era consciente.

- Supongo que no puedo evitarlo... Es todo tan... nuevo... No quiero contenerlo, solo... sentirlo.

Admito que me sentí un poco decepcionada cuando, después de ese beso tan dulce, Malik propuso irnos a cenar, y debió notarlo, porque al momento me acercó a él de nuevo y me besó de un modo tan apasionado que por unos instantes ni siquiera supe reaccionar... Era tan... excitante... Ni siquiera podía explicarlo, pero era como si mi cuerpo reaccionase al suyo, y solo quisiera seguir besándole, acariciarle... sentir esa cercanía cada vez más continua y cálida.
De hecho hasta suspiré agitada cuando se apartó, y ante su caricia por mi rostro, llevé una de mis manos al suyo, aún con esa sonrisa enamorada y dulce.

- A mí también...

Realmente creo que me costará separarme de él, y cuando me dijo aquello, no pude evitar sonreír aún con cierta timidez, aunque alcé la mirada algo más confiada.

- Es que aún me cuesta un poco creerme todo esto... Siento como si en cualquier momento pudiera despertar de un sueño.

Me calcé los tacones entonces y nos levantamos juntos, despidiéndonos de Rajah, con una sonrisa dulce al ver que Malik también lo hacía.

- Supongo que ha heredado mi buen gusto.

Sonreí alegremente por su modo de llamarme y me cogí de su brazo con más naturalidad. Era curioso, pero algo que me resultaba habitualmente un título molesto y cargante, de labios de Malik sonaba tan dulce... Sin duda era mi príncipe, tuviera el título o no.
Juntos paseamos hasta la cafetería de la abuelita y allí nos sentamos en una mesa algo más apartada, sonriendo dulcemente ante su entusiasmo.

- Podemos venir más veces, para que pruebes distintas cosas.

Le ofrecí, quitándole importancia cuando me preguntó si estaba segura, y tomando una de sus manos con suavidad entre las mías, perdiéndome en esos dulces ojos café.

- Segura. Considéralo un tour de bienvenida. Ya sabes, mientras te instalas y todo eso. Seguro que aún no te llegaron todas tus cosas.

Le dejé la puerta abierta por si quería contarme más de él, pero sin presionarle, y cuando escogió la lasaña y pidió al llegar la camarera a tomarnos nota, también yo escogí.

- Para mí pollo parmesano, y lo mismo para beber.

Cuando la chica se fue, comenté a Malik alegremente.

- Así vamos a juego en lo italiano, por si quieres probar un poco de mi plato.

Le ofrecí, intentando aportar también algún dato interesante, para mantener una conversación.

- Y buena elección de bebida. ¿Sabes que suele decirse que la pasta en general no queda bien con agua? Se recomienda refresco o vino.

Ni siquiera me había dado cuenta de que me había quedado su mano entre las mías, acariciándola de forma distraída.

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Mensaje por Malik Alabi el Dom Jun 30, 2019 10:32 pm

Me agradaba que Amira se atreviese a abrirme su corazón y a hablar sin ponerse límites, de hecho mientras lo hacía yo la miraba como un tonto, embobado con cada una de sus sonrisas, o con sus reacciones tan dulces, o con la forma en la que sus mejillas se sonrojaban cuando me miraba a los ojos. ¿Cómo podía ser tan preciosa y, a la vez, tener un corazón tan puro y gentil? A su lado sentía que podía ser yo mismo... por mucho que aún no me atreviese a hablar demasiado sobre mi pasado y mi presente; si supiera porqué se me daba tan bien trepar muros y colarme en "sitios prohibidos" quizás no le parecería tan gracioso.

¡Claro! Soy todo un profesional... Aunque en realidad es más fácil de lo que parece. A veces solo tienes que... saltar —me encogí de hombros con una sonrisa de pillo, como si aquello fuera lo más divertido del mundo... y tenía que admitir que, aunque no me gustase robar, escaparme de las consecuencias siempre lo era. Quizás si podía enseñarle a ella a "saltar", aunque de un modo más metafórico; estaba claro que yo le gustaba, por increíble que pudiese resultarme, así que podría ayudarla a hacer lo que dictase su corazón para ser feliz, y no a conformarse con complacer a los demás y nunca a sí misma. Al parecer su doncella también quería lo mismo para ella, aunque me hizo reír cuando confesó que no había parado de hablarle de mí durante toda la noche.

¿Toda la noche? Vaya, eso es mucho tiempo... —bromeé con una sonrisa, aunque no pude evitar cierto sonrojo en mis mejillas al pensar que de verdad hubiese hablado de mí—. Entonces ya me cae bien, debo agradecérselo cuando la conozca —añadí, ya que de no ser por ella no podríamos tener aquella noche para nosotros, y por el momento la estaba disfrutando... demasiado. Cuando terminamos de ver aquella película volvimos a besarnos y me alegró saber que Amira no deseaba contener lo que sentía, sino tan solo sentirlo, por eso yo también me dejé llevar antes de que nos fuéramos de su habitación para ir a cenar.

Ya, supongo que te entiendo... Es todo tan perfecto que parece un sueño —suspiré y esbocé una sonrisa más soñadora, dejando caricias por su rostro y disfrutando de su tacto suave y de su perfume tan dulce—. Pero es real, demasiado real como para desaprovecharlo. Te lo aseguro, ayer me pellizqué a mí mismo para comprobarlo —bromeé con una sonrisa más divertida, alejándome a duras penas de ella antes de salir juntos de su habitación. Era increíble pero caminar juntos como si fuéramos un pareja se sentía de lo más natural... como si fuera realmente difícil romper esa cercanía tan agradable, aunque fue necesario una vez llegamos a aquella cafetería.

Claro, me encantaría venir más veces, sobre todo si tú eres la compañía —respondí con el mismo entusiasmo una vez estuvimos sentados a la mesa. En parte no me sentía del todo bien al aceptar que ella volviese a invitarme a aquella cena, sobre todo por la idea de que a mí no me sería posible obsequiarla con algo así, algo que quizás otro chico sí pudiese hacer... sobre todo uno de aquellos príncipes que la cortejaban—. Está bien. Entonces gracias por el tour de bienvenida... y por esta cena —terminé por asentir con una sonrisa cuando ella insistió, entrelazando los dedos con una de sus manos—. ...y sobre eso de mis cosas, yo... —añadí, con la intención de confesarle parte de mi verdad, pero justo entonces se acercó una camarera para tomar nota de lo que queríamos para cenar.

Cuando la camarera nos tomó nota y se marchó me fijé de nuevo en Amira mientras pensaba para mí mismo el modo correcto de comenzar aquella conversación pendiente... Ella parecía tan alegre, con esa sonrisa deslumbrante y esa felicidad que también iluminaba su mirada. Era algo contagioso, y terminé por sonreír junto a ella a pesar de que estaba un poco preocupado. —¿Ah, sí? Podría decirte que ya lo sabía... pero estaría mintiendo. Tan solo es que me gusta la coca-cola —le respondí en un tono divertido, encogiéndome de hombros. Entonces mi sonrisa se fue borrando poco a poco y me puse un poco más serio, bajando la mirada unos momentos de sus ojos.

Verás, Amira... Yo... Hay algo que no te he contado sobre mí, pero supongo que debería hacerlo ya que empezamos a conocernos mejor y todo eso... —hice una breve pausa para tomar aire y, antes de seguir, me mordí el labio inferior con cierta inquietud. ¿Por qué estaba tan nervioso...?—. Lo cierto es que yo... —Sabía porqué: seguía temiendo que ella fuese a verme con otros ojos si le contaba todo sobre mí. Suspiré y subí mi mirada de la mesa a su mirada, armándome de valor—. Quería que supieras que mi origen es mucho más humilde que el de todos esos príncipes y chicos a los que habrás conocido. No tengo más cosas que las que puedan caber en una mochila como la que llevaba ayer, podría decirse que me crié en las calles, y lo cierto es que ni siquiera debería estar en un lugar así... —le expliqué, percatándome de que había metido un poco la pata con aquellas palabras—. Pero supongo que he tenido suerte, después de todo —intenté esbozar una sonrisa sincera para arreglarlo, aunque seguía sintiéndome culpable... ¿Por qué no podía contarle toda la verdad?

Mucha más suerte de la que creía —añadí, perdido en su mirada, claramente refiriéndome a ella, dedicándole una sonrisa más dulce y significativa antes de alzar una de sus manos, que aun mantenía unida a las mías, para dejar un beso cariñoso sobre sus dedos—. Solo quería que lo supieras todo sobre mí, creo que te lo debo después de que tú hayas sido tan honesta conmigo. —De nuevo sentí una punzada de culpa que hizo que desviase mi mirada de la suya, pero por suerte justo entonces nos trajeron la comida que habíamos pedido. Sí, era cierto que ella había sido sincera conmigo y que yo le debía lo mismo, pero el temor de perderla era más grande. Al menos esperaba que lo que sí le había contado no cambiase su opinión sobre mí, ni sobre lo que empezaba a surgir entro nosotros, así que en cuanto estuvimos a solas la miré de nuevo, esperando su reacción.

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Mensaje por Amira Jara el Lun Jul 01, 2019 11:33 pm

Me encantaría que me enseñase, seguir sintiendo con él esa libertad y esa sensación de que juntos podríamos hacer cualquier cosa. Parecía un sueño, uno del que no quería despertarme, y lo cierto es que no pensaba en lo que podría pasar si mi padre me encontraba un pretendiente. Ahora solo podía pensar en el momento, y eso implicaba estar con Malik.

- Si es contigo, saltaría.

Le dije con un leve sonrojo, asintiendo con una dulce sonrisa al confesarle la noche que había pasado.

- No toda toda, pero varias horas... Nunca lo había pasado tan bien como ayer contigo, ni había sentido esto por nadie... Necesitaba compartirlo.

Y esta parecía ir encaminada a ser aún mejor, cuando nos sentamos a ver la película y me acurruqué entre sus brazos.
No quería contener nada con él, quería aprender, dejarme llevar y simplemente sentir juntos, por eso me perdí en ese beso algo más intenso, y me habría quedado allí besándole si no fuera porque sugirió ir a cenar...
Aunque al menos acordamos venir después, lo que me sacaba una sonrisa dulce y esperanzada.

- No necesitas hacer eso... Además, no quiero que te hagas daño.

Le dije con esa sonrisa dulce y enamorada, besando suavemente su mejilla y cogiéndome entonces de su brazo para salir.
Casi parecíamos una pareja normal, y eso me hacía feliz. Me preguntaba si él nos vería de ese modo, y cuando llegamos a la cafetería tuve que soltarle con cierta reticencia, aunque no tardamos en enlazar nuestras manos sobre la mesa.

- No tienes por qué agradecerlo... Me encanta pasar tiempo contigo.

Iba a decirme algo, así que le presté toda mi atención, pero justo llegaron a tomarnos el pedido, así que tuvo que esperar. Pero tras ese comentario para romper el hielo, con el que me hizo sonreír, se puso más serio, y eso hizo que cambiase de mi mirada enamorada y dulce a una un poco preocupada.
Mientras me iba contando, le miré con cierta pena, apretando algo más su mano y negando al momento, ante su preocupación.

- Oh, Alí... lo siento tanto. Me avergüenza haber vivido en un palacio cuando hay gente que se ve obligada a vivir así... Entonces, supongo que te han dado una beca para la universidad.

Sospechaba algo de eso, ya que no me pareció alguien de muchos recursos, pero no que hubiera vivido con lo puesto, así que tomé su mano entre las mías y la apreté con dulzura, esbozando una sonrisa cariñosa y enamorada.

- Eso no me importa... He conocido príncipes toda mi vida que me han traído joyas y regalos carísimos... Y eres el primero chico que me trata no como un objeto que comprar, sino como a una chica de verdad... y por eso te has ganado mi corazón.

Le dije con un leve sonrojo, sin perder esa sonrisa, y añadiendo confiada.

- Esa flor que me regalaste ayer, o subir hasta mi ventana han sido los detalles más románticos que han tenido conmigo. No me importa que tengas dinero o no, me importas tú. Así que no te preocupes por eso, ¿vale?

Justo entonces nos trajeron la comida, por lo que me aparté un poco, y entonces alcé una de mis manos y me incliné para acariciar su mejilla con dulzura.

- Deja que yo me preocupe de lo que cuesten las cosas. No quiero poner limitaciones a lo que hagamos juntos, y mientras a ti no te siente mal que yo me ocupe de los gastos, no necesito regalos caros, me has demostrado que sabes hacer de algo simple un detalle precioso y eso vale más que cualquier otra cosa.

Le aseguré confiada, alzando entonces su mano con la mía para darle un pequeño beso tierno, manteniéndola después a la altura de mi rostro, contra mi mejilla.

- Eso no cambia quién eres y sigues siendo el mejor chico que he conocido... Quiero seguir pasando tiempo contigo y ver a dónde nos lleva todo esto. Yo... nunca he querido un príncipe... y ahora que te he conocido solo... puedo pensar en ti.

Confesé con cierta timidez, esbozando una sonrisa enamorada y dulce, y terminando por suspirar antes de apartar su mano y apoyar ambas a un lado de la mesa.

- Entonces... ¿dejamos de preocuparnos y disfrutamos de la cena?

Le dije, esperando que eso le dejase claro que no me importaba que no tuviera muchos recursos. Después de todo, ya los tenía yo por los dos, y aunque no fuera así, podríamos hacer cualquier otra cosa juntos que no requiriera de un gasto. Lo importante era poder estar con él. Lo demás me resultaba opcional.

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Mensaje por Malik Alabi el Mar Jul 02, 2019 9:55 pm

Casi parecía un sueño poder ir con Amira a cenar como si fuéramos una pareja... ¿Qué pensaría ella al respecto?, ¿de verdad querría salir conmigo? Aún me resultaba difícil de creer que una chica como ella se fijase en alguien como yo, que no tenía mucho más que ofrecerle que una sonrisa y flores robadas. Pero, aunque no fuese un príncipe, sí que iba a tratarla como a una princesa... Quería hacerla feliz y que no borrase esa sonrisa tan dulce que esbozaba cuando me miraba, quería que se sintiese libre para ser ella misma y quería mostrarle que a veces las cosas más simples de la vida pueden ser realmente maravillosas.

Pero en cuanto llegamos a la cafetería y pedimos la cena empecé a sentirme culpable por no contarle quién era de verdad cuando ella había confiado en mí plenamente. Después de todo ella parecía diferente a lo que solía pensarse de una princesa; tenía un corazón puro y amable, y no parecía creerse más que los demás por tener un origen social más alto. Así que al final me puse un poco más serio y me atreví a sincerarme, aunque no del todo... Una parte de mí deseaba contarle que, además de no tener recursos, no estaba en aquella universidad porque estudiase allí, sino tan solo para hacerle una visita a un amigo... y que tan solo era una rata callejera que vagaba de un sitio a otro. Deseaba hacerlo, pero temía que al hacerlo fuese a perderla y sentía que no volver a verla me dolería demasiado. Lo único que deseaba era conocerla más, amarla, besarla...

No, no... Tranquila, no tienes nada de lo que avergonzarte. Después de todo no es tu culpa haber nacido princesa —le quité importancia cuando pareció preocuparse un poco tras escuchar mi historia, dedicándole una amable sonrisa—. Y te aseguro que no me ha ido tan mal después de todo, se me da bien ingeniármelas para vivir el día a día —le aseguré con aire despreocupado, aunque lo que añadió entonces me hizo desviar la mirada y tragar saliva. Mi indecisión fue tan breve que esperaba que ella no lo hubiese notado—. ¡Sí, exacto! Una beca... Si no fuera por eso definitivamente no podría haber accedido a este sitio, es una gran oportunidad —mentí intentando que no se notase en mi rostro que me sentía como un cobarde por hacerlo con ella... Sí, era bueno mintiendo y también ágil mentalmente, pero ser así con ella hacía que me sintiese mal conmigo mismo.

Está bien, no me preocuparé... No dejas de sorprenderme, Amira —levanté mi mirada para fijarla en sus ojos, mientras una sonrisa dulce y sincera adornaba mis labios. Aunque no le hubiese contado todo sobre mí, sentía que me había liberado de un peso—. Ahora me siento más aliviado, al saber que no te importa de dónde venga o quién sea... Lo cierto es que cuando supe que eras una princesa una parte de mí temía que no quisieras seguir conociéndome si sabías que yo... —hice una pequeña pausa y sonreí—. No tengo nada que ver con esos príncipes que ansían hacerse con tu mano. —Recordar aquello hacía que me sintiese... ¿celoso?, ¿asustado? La idea de que me la arrebatasen cuando apenas empezaba a surgir aquel sentimiento no era agradable. Al menos ahora sabía que a Amira le gustaba por ser cómo era, y no por ostentar un título o tener riquezas—. Pero si todos te trataban como un objeto, o un premio que ganar, me alegra no ser como ellos —añadí con una sonrisa más confiada, apretando con cariño sus manos, que aun mantenía unidas a las mías.

Que nos trajesen la comida hizo que nos apartásemos y soltásemos nuestras manos para dejar la mesa libre, pero en cuanto volvieron a dejarnos a solas me incliné un poco, sonriendo como un tonto cuando sentí la suave caricia de Amira en mi rostro. ¿Cómo podía ser tan... perfecta? Cuando apoyamos nuestras manos, unidas, a un lado de la mesa acaricié la suya con el pulgar, asintiendo más convencido cuando me hizo aquella pregunta. —Está bien, nada de preocuparse, solo por terminar nuestros platos de comida... Pero antes... —esbocé una expresión divertida y llevé mi mano libre a mi brazo para darme un suave pellizco—. Vale, no, esto no es un sueño —bromeé entonces con una sonrisa pícara, recordando lo que le había contado antes.

Aunque sin duda lo parece... Eres la chica más increíble que he conocido nunca; he visto mucho mundo pero nunca había conocido a nadie que me hiciera sentir... —"enamorado" pensé al momento—. Ya sabes, como si fuera imposible pensar en otra cosa, o dejar de mirarte, o besarte... ¿Estoy siendo demasiado romántico? Es todo culpa de esa película —bromeé entonces, aunque todo lo que le hacía dicho había sido desde el corazón.

Entonces pasé a centrarme en la comida y en cuanto probé aquella lasaña... No había palabras para describir lo buena que estaba. Era cierto que me sentía un poco mal porque yo no podría obsequiarla con cenas caras, o citas en lugares que nunca podría pagar, pero sí que podía hacer otras cosas para hacerla feliz y sorprenderla día a día, cosas sencillas pero con significado. Así que mientras comía me olvidé de todas las preocupaciones, siguiendo su consejo, y una sonrisa satisfecha se dibujó en mi rostro después de probar un segundo bocado bastante consistente. —Esto está buenísimo, ¡de veras! Definitivamente tienes que probarlo —le dije con cierto entusiasmo infantil, cortando un trozo pequeño y acercando el tenedor a su boca para que lo probase.


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Mensaje por Amira Jara el Mar Jul 02, 2019 11:59 pm

No me esperaba que Malik se pusiera tan serio, pero realmente parecía que lo que tenía que decirme era importante, así que mantuve su mano con la mía y le escuché atentamente.
Al momento empecé a esbozar una sonrisa dulce y comprensiva. Era tan tierno... aunque no entiendo cómo pudo preocuparse por no poder ofrecer más. Ya me ha dado todo cuanto hubiera podido soñar en un chico. De hecho... quizá solo pediría una única cosa, que me pidiera salir con él oficialmente... ser... su chica... Y entiendo que quizá es demasiado pronto para esos formalismos, aunque no es que yo sepa mucho de relaciones, por no decir nada.
Solo me centré en esos ojos café que me tenían completamente enamorada y sonreí algo más dulce ante su respuesta, tras asegurarle que nada de eso me importaba. Solo él.

- Me alegra saberlo... y oye, de verdad, si algún día necesitas lo que sea, puedes pedírmelo. Entiendo que puedas arreglarte por ti mismo, pero este sitio a veces pide materiales caros, o quizá simplemente necesites cualquier cosa. De verdad, antes que cualquier otra cosa, ahora somos amigos... y aunque, por supuesto, me gustaría ser mucho más, eso no va a cambiar. Siempre que pueda ayudarte, lo haré.

Le aseguré, sonriendo cuando asintió ante lo de la beca, y confiando tan ciégamente en él que ni noté que realmente pudiera no ser verdad, solo parecía nervioso y lo achaqué a esa diferencia entre nosotros.

- Eso a mí no me importa... Solo hace que me resulte aún más sorprendente. ¿Cuántas posibilidades había de coincidir aquí? Casi parece que conocernos era cosa del destino... y también... lo que siento por ti...

Le dije con cierta timidez al final y un leve sonrojo en mis mejillas, negando al momento en cuanto me dijo que le preocupaba que pudiera conquistarme alguno de esos príncipes.
¿Cómo podía ser tan dulce y maravilloso?
Apreté algo más su mano entre las mías y busqué su mirada, con una sonrisa tímida pero sincera.

- Aunque fueran apuestos, con regalos preciosos y me tratara como a una reina, ninguno sería como tú... Malik... me gustas... mucho... y ningún príncipe, por perfecto que pueda parecer, va a cambiar eso.

Aseguré, suspirando un poco y mirándole con cierta timidez.

- Yo... lo que siento por ti... no lo había sentido nunca... y es único. Nadie va a quitártelo, aunque me ofreciese la luna... porque tú me importas más.

Tuvimos que apartarnos un poco, con cierto apuro, cuando nos trajeron la comida, pero al momento volvimos a juntar nuestras manos, y cuando se pellizcó así, me quejé, negando con una media sonrisa.

- ¡Oye! No hagas eso... Si quieres asegurarte de que no es un sueño... prefiero que sea así...

Le dije, levantándome un momento para inclinarme hacia él y darle un pequeño beso fugaz en sus labios, volviendo a sentarme con un notable sonrojo en mis mejillas.
Aun así me daba cuenta de que no me importaba tener esas muestras de afecto hacia él en público, sino que, de algún modo, me gustaba.
De hecho me hizo reír feliz cuando me dijo que quizá estaba siendo muy romántico con todo aquello, negando al momento.

- No, para nada... Es perfecto... Me encanta que lo seas.

Entonces solté su mano para dejarle comer tranquilo, y sonreí satisfecha al ver cómo disfrutaba de su plato.
Incluso, cuando me dio un trozo a probar, asentí y lo tomé de su tenedor, sonriendo dulcemente.

- Te dije que la abuelita hacía una comida deliciosa. Ten, tú también tienes que probar esto.

Le dije, partiendo un trozo del pollo con parmesano y enroscando unos spaguettis de los del lecho en que venía, para acercárselos del mismo modo.
Esto resultaba tan tierno... Realmente parecíamos toda una pareja de verdad, y ante esa idea, comenté, continuando con la comida italiana, mientras íbamos terminando los platos.

- ¿Y si compartimos un trozo de tarta de queso con arándanos y un batido de helado? Para probar un poco de cada.

Le ofrecí, ya que prácticamente estábamos compartiendo la comida, quedaría dulce hacer lo mismo con los postres.

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