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Grimmwelt University
Ambientación
Hace siglos que nuestro mundo ha dejado de creer en la magia. Sustituida por la ciencia y la tecnología, los humanos han perdido la fe en los cuentos de hadas, y los finales felices son algo que ahora solo parece existir en libros y películas.

Pero hay otros mundos separados del nuestro por un fino velo que ha sido atravesado por una oscura maldición, trayendo a un recóndito castillo entre las montañas de Alemania a un gran número de personajes pertenecientes a esos mundos de cuentos de hadas.

En un lugar conocido como el Bosque Encantado, un mundo que alberga reinos de las grandes historias de los cuentos, como Blancanieves, Cenicienta, o Caperucita Roja, el Ser Oscuro, Rumpelstiltskin, ha convencido a la Reina Malvada de que los villanos no tienen finales felices en una tierra donde la magia buena siempre triunfa, y deseando obtener el suyo, la Reina Regina ha reunido a las brujas más malvadas y poderosas de los reinos, a fin de llevar a cabo ese poderoso hechizo.

Pero el mal inevitablemente atrae a las fuerzas del bien, que intentan evitarlo. A oídos del Hada Azul llegaron las intenciones de la Reina Malvada, y tras pedir ayuda a la Reina Blanca de Wonderland, convencieron a Maléfica, Reina de las Ciénagas, para dejar de lado su rencor hacia los humanos y proteger el Bosque Encantado.

Por desgracia, ni la ayuda de aquella que fue el Hada más poderosa de todas ha podido evitar los oscuros planes de Rumpelstiltskin, y el choque de la magia negra con la magia buena que intentaba evitarlo ha provocado una ola de poder tan grande capaz de atravesar no solo el espacio, sino el tiempo y las dimensiones, afectando no solo a los habitantes de aquel mundo, sino a muchos otros, e incluso a un futuro que ahora se antoja incierto.

Ahora, todos esos seres de cuento de hadas han quedado reducidos a meros humanos en nuestro mundo, encerrados en los terrenos de un enorme castillo entre las montañas, conectado con un pequeño pueblo que hace de entrada, pero manteniéndolo separado en cierta manera, con un poderoso hechizo que impide a la mayoría entrar o salir.

Pero las cosas no han salido como todos esperaban. Rumpelstiltskin puede ser ahora el dueño de todas esas tierras, pero no es capaz de abandonarlas, y el "final feliz" de la Reina Malvada ha quedado eclipsado al ver que, en lugar de estar al mando como Directora de la universidad, hay otra persona en su lugar, Maléfica. La magia de las hadas logro en el último momento modificar en parte el hechizo, y aunque la mayoría de los héroes han perdido sus finales felices, gracias a ellas mantienen su libre albedrío, teniendo la oportunidad de reencontrarse y recuperarlo.

En un mundo sin magia, donde todos creen ser personas normales, solo unos pocos recuerdan de dónde vienen, quiénes son, y la necesidad de traer de vuelta la magia a este lugar donde todos parecen haberla olvidado.

Dependerá de cada uno escoger su nuevo camino, tener el valor para recuperar la felicidad que han perdido, o comenzar de cero, mientras se pone aprueba si aún queda algo de magia que despertar en este mundo, y si los cuentos de hadas pueden formar parte de la realidad.
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Sin palabras {Malik Abali}

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Mensaje por Amira Jara el Jue Mayo 30, 2019 1:32 am

Apenas llevaba una semana en aquel lugar, y aunque una parte de mí se sentía mucho más libre que en casa, no era capaz de sentirme libre del todo. Después de todo era como cambiar una jaula por otra, ya que, hiciera lo que hiciera, no era completamente dueña de mi destino, no como veía a otra gente yendo de un lado a otro.
Había insistido a mi mejor amiga y doncella con que quería estar sola, así que la pedí que se quedase en mi cuarto, cuidando de Rajah, mi gato Savannah, que habíamos metido un poco "de contrabando", ya que era bastante más grande que un gato normal, o que hiciera lo que quisiera, mientras yo intentaba aventurarme a irme al pueblo.
Me había puesto un sencillo vestido violeta, ni muy abierto ni muy cerrado, con mi melena oscura ligeramente ondulada y sujeta por un pasador de oro con incrustaciones en amatistas, dejando el resto suelto.
Pero cuando caminé hacia la salida, justo al poco de pasar la entrada por el camino que se dirigía al pueblo, me quedé mirando por un momento hacia atrás...
¿Y si salía y mi padre se enteraba? ¿Y si me perdía y no sabía regresar? ¿Y si me pasaba algo...?
Los mismos miedos de siempre ante hacer algo nuevo... ¿Cómo esperaba hacer algo diferente con esa actitud?
No, Amira, tienes que hacerlo...
Me dije a mí misma, poniéndome más seria, pero al final suspiré y me volví hacia atrás, solo que en lugar de entrar por las puertas de la universidad, caminé junto a la verja, cerca de los árboles del bosque que rodeaban el campus, y me senté sobre un tronco cortado a poco del camino.
Allí saqué de mi bolso un cuaderno de notas y una pluma de escribir. En una de las páginas rezaba un título... "Speechlees"
Había parte de una canción que comencé a componer poco antes de que mi padre me dijera que había decidido mandarme aquí... algunos fragmentos tachados y otros retocados de lo que apenas era un esbozo de mis emociones, algo que no me había atrevido a probar en voz alta... aún.

- Here comes a wave meant to wash me away. A tide that is taking me under.
Broken again, left with nothing to say. My voice drowned out in the thunder...
But I can't cry and I can’t start to crumble.
Whenever they try...To shut me or cut me down...


Canté la parte escrita, mientras comenzaba a dejar la pluma bailar sobre el papel con algo nuevo.

- I can't stay silent. Though they wanna keep me quiet.And I tremble when they try it...

Suspiré por un momento, añadiendo la última frase, a la vez que salía en voz más baja de mis labios.

- All I know is I won't go speechless...

Negué con un nuevo suspiro, perdiendo mi mirada en aquellas notas, hasta que cerré el cuaderno y guardé de nuevo todo en mi bolso.
Quizá debería volver... Era una pérdida de tiempo quedarme aquí sentada si no me atrevía a dar el paso.

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Mensaje por Malik Alabi el Jue Mayo 30, 2019 2:18 am

Acababa de llegar a aquel pueblo alejado del mundo hacía unas horas... No podía entender qué había traído a Faizel a aquel lugar, pero supongo que no tardaría demasiado en contármelo. Habíamos quedado en vernos aquella noche y mientras tanto había decidido dar una vuelta por ese pueblo y echarle una ojeada, aunque no había demasiado que ver y terminé por aburrirme un poco. Me había gastado todo el dinero que había ahorrado en el viaje y tenía algo de hambre, así que puse una mueca de disgusto cuando revisé los bolsillos de los vaqueros... para encontrarlos vacíos. Abu, que se había acurrucado en mi brazo, me miraba expectante, como si esperase que en esos bolsillos fuese a encontrar un gran botín de comida.

¿Qué...? No me mires así, la vida de padre soltero no es tan fácil como crees —bromeé, y él soltó una especie de gruñido a modo de protesta. Justo entonces noté que me rugían las tripas, como si mi estómago también decidiese unirse a la protesta. Miré a mi alrededor mientras paseaba por el pueblo y fui encontrándome con algunos puestos de comida, telas y demás; parecía que era día de mercado, y era la ocasión perfecta para colarme entre la gente y "pedir prestada" un poco de la comida que hubiese en los puestos. Con disimulo me acerqué a uno de ellos, en el que tenían fruta y verdura variada, y rápidamente cogí tres manzanas y las escondí en la chaqueta. Nadie se dio cuenta. Y después de todo solo eran tres manzanas... ¿quién las iba a echar de menos?

Esperé a alejarme lo suficiente por el camino, que salía del pueblo y guiaba hacia aquel enorme y monstruoso castillo que era la universidad, para sacar dos de las manzanas y le di una a Abu mientras que yo me fui comiendo la segunda por el camino. Durante quince o veinte minutos se sucedieron árboles y más árboles, bosque y más bosque, y cuando nos acercamos a la valla que rodeaba la universidad saqué la otra manzana y comencé a darle mordiscos, guardando algún pedazo para Abu. En vez de entrar al recinto me quedé parado un rato y entonces seguí caminando por las afueras. ¿Qué iba a hacer un chico como yo, una rata callejera, en un lugar como aquel, una universidad de élite a la que seguramente solo fuese gente adinerada y de clase alta? Era algo que no podría permitirme nunca, ¿qué demonios haría ahí Faizel todavía?

Pensaba en todo aquello cuando, de pronto, llegó a mis oídos la dulce voz de una chica que parecía estar cantando. Todo lo silencioso que pude me fui acercando hasta que vi a una chica sentada en un tronco cortado. Parecía muy bonita, al igual que su voz, y me quedé hechizado a escasos metros mientras la escuchaba. Cuando terminó parecía que no se había dado cuenta de mi presencia así que me acerqué un poco más mientras ella guardaba sus cosas en su bolso.

Qué voz más bonita... y esa canción, ¿es tuya? —le pregunté con amabilidad y una sonrisa, ya que me había fijado en aquella libreta en la que apuntaba algo—. Perdona la intrusión, por cierto. Estaba dando un paseo y entonces te escuché y me pudo la curiosidad —me encogí de hombros, esperando no incomodarla—. Mi nombre es Malik Alabi, soy nuevo por aquí —le tendí una mano mientras me presentaba, pensando en que los modales no estarían de más con una chica como ella. Parecía como si estuviese en medio del desierto y me encontrase de pronto con un bello espejismo, y había algo en ella que despertaba mi curiosidad como nunca antes me había pasado con una desconocida.

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Mensaje por Amira Jara el Jue Mayo 30, 2019 2:34 am

Me sentía una cobarde... Como si después de todo, ni siquiera esta reciente adquirida "libertad" fuera suficiente como para animarme a ver mundo. ¿Por qué tenía tanto miedo? No es que mi mejor amiga fuera a contar nada, ella de hecho siempre me cubría y me animaba a hacer más locuras, pero yo era demasiado responsable, y a veces me odiaba por ello...
Estaba guardando la libreta en el bolso, lamentándome por haberme traído hasta la merienda y luego no atreverme apenas a pasar de la puerta, cuando la voz de un chico me hizo volverme algo sobresaltada.
Ante sus palabras me sonrojé hasta los topes, bajando la mirada con cierto nerviosismo... Nadie me escuchaba cantar... salvo mi gatito Rajah...

- Eh... yo... sí, bueno... no está... terminada...

Dije tímidamente. Era un chico de aspecto sencillo, y parecía de mi etnia, bastante atractivo. Además llevaba un curioso monito en el hombro que llamó mi atención, esbozando una leve sonrisa.

- No, no importa... es solo que... no esperaba compañía.

No quería decirle que no me había atrevido a bajar al pueblo, y cuando se presentó, opté por extender mi mano y tomar la suya, con intención de un saludo formal.

- Amira Jara. Entonces, ¿también estudias aquí? Yo también acabo de llegar. ¿En qué carrera estás?

Le pregunté algo más animada y tranquila por que fuera un compañero de clase, o al menos eso asumí, señalado entonces al animalillo en su hombro, con una sonrisa más dulce.

- ¿Y tu amigo?

No sabía que se permitieran monos, pero quizá tampoco lo había metido muy "legalmente", y no es que yo fuera la más indicada para hablar de eso.

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Mensaje por Malik Alabi el Jue Mayo 30, 2019 3:12 am

Cuando aquella chica me miró después de llamar su atención la forma en que se sonrojó la hizo parecer aún más hermosa, y tuve que forzarme a mí mismo a cerrar la boca para no parecer un tonto pasmado o un maleducado que no sabía cómo tratar a una chica. Realmente era bonita, y su voz me había cautivado, pero a ella parecía avergonzarle que la pillase in fraganti así que intenté relajar el ambiente con una sonrisa amistosa y cercana.

Vaya, entonces ¿debería sentirme privilegiado por escucharla antes de tiempo? Te prometo que guardaré el secreto —bromeé un poco, guiñándole un ojo antes de acercarme un poco más para presentarme formalmente, disculpándome también por haberla escuchado sin permiso—. Ya, no parece que haya mucha gente por aquí, ¿verdad? Acabo de venir del pueblo y apenas había movimiento en las calles —aunque sí el suficiente para colarme entre ellos para robar algunas manzanas—, ¿es igual de aburrido en esta universidad? —añadí por hablar de algo, aunque siempre me ponía un poco charlatán cuando estaba nervioso... Y ella de verdad conseguía ponerme nervioso, ¿cómo podía ser tan guapa?

Amira Jara... No lo olvidaré —añadí con una sonrisa cuando me dijo su nombre, aunque al preguntarme si estudiaba aquí tuve que disimular un poco para que no se diese cuenta de que, con aquella pregunta, acababa de ponerme en un aprieto—. Sí, claro... Bueno, en realidad he llegado hoy y todavía no he empezado las clases pero lo haré mañana —mentí descaradamente, aunque me sentí un poco culpable por hacerlo. ¿Cómo iba a contarle la verdad? Seguro que si le decía quién era de verdad -un ladrón callejero que se buscaba la vida de un sitio a otro- no querría hablar conmigo nunca más... y yo quería seguir hablando con ella para conocerla más. Cuando me preguntó en qué carrera estaba me mordí el labio inferior, pensativo, aunque no tardé demasiado en responder para que no sospechase nada extraño.

Educación social, primer curso. —Era una carrera que siempre había llamado atención y la que me hubiera gustado estudiar de haber podido, así que ¿por qué no? Pero lo cierto es que nunca podría permitírmelo y menos en una universidad de élite como esta—. ¿Y tú qué estás estudiando? —le pregunté entonces para llenar el silencio y que no notase que estaba mintiendo—. Y déjame adivinar, tampoco eres de por aquí cerca, ¿verdad? —añadí con curiosidad, ya que era evidente que los dos éramos de bastante lejos. Cuando señaló a Abu él se dio por aludido y soltó un ruido curioso mientras la miraba fijamente, acercando su cabeza diminuta para olisquearla mientras seguía sujeto a mi hombro.

¡Oh! Él es Abu, un mono capuchino... Es muy astuto, si tienes algo demasiado brillante será mejor que lo tengas vigilado —bromeé, aunque hablaba más en serio de lo que sonaba. Me había fijado en el pasador que llevaba para sujetar su larga melena azabache; distinguía bien el oro y las amatistas, y seguro que Abu también lo había hecho... y le gustaban demasiado las buenas joyas—. Espero que no me echen la bronca por ir con él como si nada por aquí, porque dudo que le dejen apuntarse a alguna clase... —dije en un tono divertido, quedándome un rato mirando sus ojos. Si no fuese una completa locura, juraría que había algo en ellos que me resultaba de lo más familiar.
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Mensaje por Amira Jara el Jue Mayo 30, 2019 3:29 am

No tenía mucha soltura conociendo chicos, y menos a solas, pero me forcé a mí misma a echarle valor, a pesar de la timidez de que me hubiera escuchado cantar cuando nadie más lo había hecho, que yo supiera.

- Yo... ni siquiera creo que salga a la luz. Solo... las compongo a veces, pero creo que me daría demasiada vergüenza cantar delante de la gente.

Le confesé, sin saber por qué. Después de todo no le conocía, pero había algo en sus ojos oscuros y su sonrisa que me hacía confiar en él, como si pudiera hacerlo por alguna razón mística desconocida, aunque admito que le miré con cierto anhelo cuando me dijo que venía del pueblo.

- ¿Y cómo es? Me han hablado de él al llegar pero... no me he animado a ir aún.

Intenté que sonase más como "no me ha llamado la atención" que como "no he tenido el valor de acercarme sola", aunque no sé si lo conseguí, negando con una dulce sonrisa ante su pregunta.

- ¿Aburrido? No, yo no lo llamaría así. Es un lugar enorme y está lleno de vida, de lugares preciosos... Aún ni siquiera he podido recorrerlo entero y me sigo perdiendo para llegar a algunas clases, pero nunca había estado en un lugar así... Aunque, bueno, no he estado nunca en casi ninguna parte.

Dije con cierto pesar. Después de todo nunca había salido de casa hasta ahora, aunque cuando repitió mi nombre, de algún modo, escucharlo de sus labios hizo que se me dibujase una tímida sonrisa más dulce, asintiendo cuando me dijo que empezaría mañana.

- Espero que se te den mejor que a mí los mapas. Yo soy un desastre para eso.

Asentí impresionada cuando me dijo que estudiaba Educación Social, igual que aquella chica, Winter, a la que conocí al llegar.

- Vaya, justo conocí al llegar a una chica en la misma carrera, Winter Snow. Seguro que coincidís en más clases.

Comenté, respondiendo a su pregunta con una media sonrisa algo frustrada.

- Ciencias Políticas... Lo sé, es un rollo... pero no es que haya tenido elección.

Asentí de nuevo cuando dijo que los dos veníamos de lejos.

- Sí... Qatar. ¿Y tú?

Pregunté con curiosidad, sonriendo más confiada al presentarme a su mono, e incluso permitiéndome una dulce risa ante su comentario.

- Creo que lo notaré si se me suelta el pelo. Aun así es muy bonito. ¿Tienes hambre?

Pregunté cariñosa hacia el pequeño primate, y entonces saqué de mi bolso una bolsita con algunos dátiles, sacando uno y ofreciéndoselo.
Entonces sonreí al chico con algo más de timidez.

- ¿Y tú? He traído unos baklavas para la merienda, por si bajaba al pueblo. ¿Te apetecen?

Me los habían traído desde casa, enviados por mi padre, al igual que los dátiles, encogiéndome de hombros cuando comentó que a lo mejor no le dejaban entrar con su mono.

- Yo tengo un gato Savannah en mi cuarto. Prometo no contarlo si tú tampoco lo cuentas.

Dije como si compartiéramos un secreto, esperando su respuesta para buscar algún sitio más cómodo en el que sentarnos.

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Mensaje por Malik Alabi el Jue Mayo 30, 2019 5:13 pm

La chica misteriosa con la que me había encontrado parecía algo tímida, sobre todo al encontrarla cuando estaba cantando, aunque cuando me dijo que no creía que esa canción fuese a salir nunca a la luz la miré, incrédulo. Era evidente que tenía talento y lo cierto es una pena que solo yo -y Abu- la hubiésemos escuchado... porque dudaba que por estos bosques hubiese alguien más. —Miedo escénico, ¿eh? —comprendí cuando me dijo que le daría demasiada vergüenza cantar en público—. Es una pena porque cantas de un modo increíble y esa canción es preciosa... Deberías intentarlo, todo aquel que te escuchase pensaría igual que yo —añadí con total seguridad, fijándome en que cuando mencioné el pueblo me miró como si de verdad desease conocerlo.

Bueno, podría decirse que tiene su encanto aunque sea un poco pequeño. Es casi como si hubiera algo mágico en él "Como lo hay en tu mirada" pensé hacia mis adentros. Era extraño pero había algo en esos ojos que hacía que no pudiese dejar de mirarlos... Evidentemente era hermosa, pero era como si hubiese algo más que simple atracción física—. ¿Te animarías si yo te acompaño? Seguro que es más divertido si no vas sola —me encogí de hombros, dejando esa oferta "inocente" sobre la mesa, como si me hubiese creído que no había ido aun por falta de interés. Me habló entonces sobre la universidad, como si fuese el lugar más maravilloso del mundo, mencionando entonces que en realidad no había estado casi en ninguna parte, lo que me dio cierta curiosidad.

Vaya... Suena a que deseas ver mundo, ¿nunca había viajado antes? —le pregunté, esperando no haber cogido demasiadas confianzas—. Yo, en cambio, no he parado de ir de un sitio a otro desde que tengo memoria... —añadí, ya que desde pequeño había vagado de un sitio a otro pero sin pertenecer nunca a ningún lugar. A veces deseaba tener alguna razón para quedarme en un sitio, pero al final siempre tenía que marcharme para escapar o buscar otros modos de sobrevivir.

Bueno... Podría decirse que me oriento bastante bien —le respondí con una sonrisa cuando dijo que esperaba que a mí se me diesen mejor los mapas—. Aunque no he tenido ocasión de ver la universidad por dentro... todavía. Puede que no me viniese mal alguien para enseñármela un poco —dejé caer, de nuevo de un modo "inocente". ¿Me estaría sobrepasando un poco? Lo que tenía claro es que ella no debía saber lo que era en realidad, así que le mentí... y ahora tendría que mantenerme en esa mentira fuese como fuese, así que disimulé cuando mencionó a una chica que, supuestamente, sería mi "compañera de clase".

Vaya, qué coincidencia... Yo todavía no he podido conocer a nadie, solo te conozco a ti ahora, y también a un amigo que se llama Faizel y que también está por aquí —lo mencioné de pasada para comprobar si ella también lo había conocido. Cuando lo encontrase tenía que contarle todo esto, y quizás él pudiese ayudarme para mantener esa mentira... En menudo lío me estaba metiendo, ojalá tuviese un genio para concederme tres deseos y sacarme de aquel aprieto.

Sí... "Ciencias políticas" no suena a algo muy divertido, ¿y dices que no has tenido elección?, ¿cómo es eso? —le pregunté con una sonrisa amable y cierta curiosidad, pasando a hablar entonces de nuestra procedencia—. Vaya, Qatar... Debe de ser un lugar increíble. Yo vengo de Arabia Saudita —le respondí. Al menos en aquello no había mentido. Estaba claro que los dos veníamos de lugares muy cercanos, pero estaba seguro de que nuestras situaciones eran muy diferentes; tan solo hacía falta fijarse en ese pasador del pelo de oro y amatistas. Abu llevaba mirándolo un buen rato, aunque cuando le preguntó si tenía hambre tuvo toda su atención.

Siempre tiene hambre —bromeé, seguramente expresando lo que Abu pensaba en estos momentos. De hecho, cuando ella sacó los dátiles y le ofreció uno, lo cogió sin miramientos y saltó de mí hacia el suelo para alejarse y comerlo tranquilo, como si se tratase de un tesoro que podrían arrebatarle en cualquier momento—. Ya te lo has ganado, le gustan mucho los dátiles —comenté hacia Amira con una sonrisa, que se ensanchó cuando mencionó que había traído una merienda de lo más apetitosa—. Claro, me has leído la mente... Abu y yo somos igual de glotones —añadí en un tono divertido, omitiendo el dato de que llevaba sin comer algo decente hacía un tiempo, sorprendiéndome un poco cuando dijo que ella también tenía una mascota que se salía "un poco" de lo habitual.

Vaya, así que no soy el único que se salta las normas... Prometo que mi boca está sellada —asentí, haciendo un gesto como si me cerrase los labios con cremallera, pensando entonces en un plan para pasar más tiempo con ella y alargar aquel encuentro—. Podemos dar un paseo hacia el pueblo... si te apetece claro. Está a veinte minutos andando, y allí podríamos buscar un lugar para degustar tu rica merienda —le ofrecí aquel plan junto a mi mejor sonrisa.
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Mensaje por Amira Jara el Jue Mayo 30, 2019 5:37 pm

Asentí con cierta timidez. Supongo que más que "miedo escénico" aunque había algo de eso también, era miedo a que mi padre lo descubriese. Hoy en día, con los móviles y tanta tecnología, cualquiera podía grabarme y meterme en alguna plataforma de internet, lo que me traería muchísimos problemas.

- Un poco... Yo... te lo agradezco mucho, de verdad, pero a mi padre le daría un infarto si me viera en medio de un escenario.

Parecía haber notado mi reticencia a alejarme demasiado, y su oferta resultó muy dulce, esbozando una media sonrisa agradecida, sobre todo por su cordialidad en cuanto a no mencionarlo en exceso.

- ¿Me llevarías? Sí, claro, si no tienes nada más que hacer, me encantaría visitarlo contigo.

Me sonrojé un poco al final, ya que me había salido demasiado entusiasta, pero lo cierto es que me agradaba. Era un joven atractivo y me daba cierta confianza, no sé si por el hecho de ser de lugares parecidos, o por algo más que no alcanzaba a comprender, pero me sentía cómoda con él cuando rara vez me siento cómoda con nadie.
Ante su pregunta, asentí con un dulce suspiro.

- Me encantaría ver mundo... Es la primera vez, sí, no había salido de mi hogar en Qatar hasta ahora, y este lugar es... impresionante.

Comentó que le vendría bien alguien que le mostrase la universidad, volviendo a notar ese calor en mis mejillas ante la idea de pasar más tiempo con él.

- No sé si sería la persona más indicada. Apenas he conocido nada aún, pero... me encantaría verla contigo, si quieres. Podríamos explorarla juntos.

Me mencionó a alguien, un tal Faizel, y claramente no lo conocía, así que se lo dije sinceramente.

- Me temo que no lo conozco, pero apenas llevo aquí una semana, y este lugar es tan grande. Podría preguntar por él en mis clases o ayudarte a buscarlo. ¿Sabes qué es lo que estudia?

Ante su pregunta, le miré con una leve sonrisa de derrota, encogiéndome un poco de hombros.

- Es lo que mi padre ha decidido, y no puedo desobedecerlo. Es la razón de que esté aquí, no me habría dejado venir por otra carrera, pero merece la pena por haber visto un lugar más allá de mis cuatro paredes.

Dije con una leve sonrisa, asintiendo cuando me dijo de dónde venía.

- Me temo que tampoco he estado, aunque me gustaría. ¿Y tú? ¿Alguna vez has estado en Qatar?

Entonces me acordé de lo que llevaba en el bolso, ofreciéndole a su mono un dátil, y haciéndome reír cuando lo cogió de ese modo y se lo llevó como si temiera que se lo fueran a quitar.

- Es adorable... Aunque puede tomárselo con calma. No es que se lo vayan a robar o algo así.

Parecía que a él también le apetecía, así que le invité a compartir conmigo los baklava que traía y reí divertida con su respuesta. Era tan alegre y dinámico. Me sentía bien cerca de él.

- Pues estáis de suerte. La universidad tiene una cafetería excelente.

Ambos prometimos compartir ese secreto, y cuando me ofreció ir al pueblo a buscar un sitio donde sentarnos a merendar, terminé por pensármelo unos segundos, antes de suspirar y asentir, cogiéndome de su brazo con confianza.

- Está bien... Te sigo.

Comenté, sacando de nuevo la bolsa de dátiles del bolso y tendiéndosela con una sonrisa dulce.

- Para Abú.

Le ofrecí que se la quedase, ya que, después de todo, podía conseguir más si quisiera, y seguramente el pequeño monito lo agradecería, ya que es un animal más exótico y quizá no era fácil encontrar comida para él, si le gustaban cosas más específicas, aunque seguramente haya fruta de todo tipo en las cocinas de la universidad.

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Mensaje por Malik Alabi el Jue Mayo 30, 2019 7:42 pm

Así que se trataba de su padre... Cuando me lo explicó asentí. En nuestra cultura todo podía ser a veces demasiado tradicional, pero yo era de los que pensaban que los tiempos cambian y que todas esas tradiciones debían de quedarse atrás. —Pero tu padre no está por aquí... ¿o sí? —le dije, casi como si intentase llevarle por el "mal camino"—. De todas formas seguro que si te escucha se quedaría sorprendido por el talento de su hija —añadí, aunque no insistí más en aquel tema para no presionarla. Apenas la conocía, pero por lo que me contaba daba la sensación de que había vivido atrapada mucho tiempo y que, por eso, era tan cauta y reservada. Puede que necesitase a alguien que le enseñase las ventajas de ser libre.

Claro que te llevaría, a mí también me encantaría —le respondí con una sonrisa, percatándome de su entusiasmo  y sintiendo cierto calor en mi pecho ante la idea de que pudiese agradarle de verdad. Sobraba decir que ella también me agradaba a mí... Por eso no podía decirle que en realidad era un don nadie ya que quizás no le agradase del mismo modo al saber que no estudiaba aquí y que era tan solo un ladrón callejero cualquiera. Se me escapó una sonrisa al ver el modo soñador en que hablaba sobre el hecho de que quería ver mundo—. Si de verdad quieres ver mundo nada debería impedírtelo... Hay muchas cosas por ver y no se moverán de dónde están, aún estás a tiempo —le dije con optimismo.

Cuando le dejé caer que necesitaría a "alguien" que me mostrase la universidad la forma en que se sonrojó me pareció de lo más adorable, y me mordí el labio inferior mientras la miraba. —Bueno... Para mí sí eres la persona indicada, después de todo eres la primera con la que hablo desde que llegué. Estoy seguro de que será de lo más divertido explorar los "misterios" de esta universidad juntos —respondí con una sonrisa pícara. No creía que tuviese muchos misterios, pero la idea de estar más tiempo con ella era de lo más tentadora y me alegraba que ella hubiese caído en mi pequeña trampa. Después le mencioné a Faizel pero parecía que no lo conocía, así que aun estaba a tiempo de hablar con él para ponerlo al día.

No, no sé qué está estudiando exactamente...Ni siquiera sabía si estaba estudiando o no—. Tiene menos años que yo y nos conocemos desde hace años Porque los dos somos huérfanos, y unas ratas callejeras de lo más hábiles—. Me dijo que conocía a un profesor que se llama Duttsfinger o algo así, no sé si sabes quién es —añadí, ya que sí recordaba que me había hablado de aquel hombre. Al parecer ella sí que estaba estudiando aquí, pero una carrera que le había impuesto su padre; de nuevo quedaba claro que era una muchacha que llevaba una vida que le habían impuesto, no una que ella quisiera del todo.

Vaya... Parece que tu padre es un "poquito" controlador, ¿por qué esa carrera y no otra? —le pregunté con cierta curiosidad—. Espero que al menos te guste lo que estás estudiando, estoy seguro de que eres la mejor de tu clase —añadí para animarla un poco. Aunque realmente parecía responsable y, además, inteligente... Cada vez tenía más curiosidad hacia ella. Cuando me preguntó si había estado en Qatar negué con la cabeza—. No, he estado en otros lugares pero nunca allí. Me gustaría, dicen que es bastante impresionante —respondí. Por lo que sabía era un pequeño estado dominado por gente muy rica, y allí no había sitio para alguien como yo.

A Abú también empezó a agradarle cuando tuvo aquel detalle de darle un dátil, y lo atesoró como si fuese un diamante en bruto o algo así, algo que me hizo reír divertido. Yo tampoco me negué cuando me ofreció compartir aquellos baklavas, ya que tenía hambre, y entonces le propuse dar un paseo hasta el pueblo, con la clara intención  de pasar más tiempo con ella y seguir conversando. Sonreí cuando se agarró de mi brazo, sintiéndome extrañamente cómodo—. Así que me sigues... ¿No te han dicho nunca que no debes fiarte de un desconocido? —bromeé divertido, comenzando a caminar por el bosque para salir al camino que llevaba hacia el pueblo—. ¡Vamos, Abú! —le grité a mi mono, que al escucharme nos siguió corriendo y trepó de nuevo hasta mi hombro. Cuando Amira me ofreció aquella bolsa de dátiles la cogí y asentí, agradecido, antes de guardarlos en mi mochila.

Gracias, definitivamente te has ganado a Abú —sonreí de lado, y el aludido se movió de mi hombro al de la muchacha, acurrucándose en él, algo que nunca había hecho antes con alguien desconocido. Mientras caminábamos juntos seguía teniendo esa sensación extraña, como si nos hubiésemos conocido antes o algo así, o me recordase a alguien que conocía... Pero eso era imposible—. Bueno y, cuéntame, ¿cómo es la vida en Qatar? Por lo que contaste antes no parece que lo eches demasiado de menos —comenté para conversar sobre algo.

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Mensaje por Amira Jara el Jue Mayo 30, 2019 8:19 pm

Me hizo sonreír divertida con su respuesta, como si fuera un rebelde que me diera "malas ideas", pero lo cierto es que me encantaría hacerle caso y dejarme llevar.

- Ojala fuera tan fácil... Acabaría enterándose de un modo u otro. Además, si alguien me grabase o llegase a internet algo mío de cualquier forma, tendría un problema muy serio.

Le expliqué lo mejor que pude, ya que, si eso pasara, podría incluso llegar a la prensa, y convertirse en un escándalo para mi padre, así que no podía arriesgarme.
Al menos me devolvió la sonrisa la idea de ir a visitar con él el pueblo, con un leve rubor cuando aseguró que a él le encantaría. Era un chico realmente atractivo, y parecía simpático y dulce. Además, está claro que le gustan los animales.
Aunque sonreí soñadora cuando me dijo que podría ir a cualquier lado, también suspiré con cierta impotencia.

- Puede... pero no sé si es posible para mí... Después de todo tengo mi destino marcado desde que nací, y cambiarlo sería torcer la voluntad de mi padre y perder a mi familia, además de mi hogar.

Mi sonrisa se acentuó con ese toque tímido pero halagado cuando, pese a todo, me dijo que le parecía la persona indicada para mostrarle la universidad. La veríamos juntos entonces.

- Eso suena muy bien... He recolectado bastantes mapas. Si sabes leerlos, podrías guiarnos tú.

Le propuse, aunque cuando me preguntó por su amigo, me temo que no lo conocía, y al decirme que era menor que él, pensé el modo de ayudarle.

- Quizá aún siga en el instituto. Hay uno en el campus.

Aunque cuando mencionó el otro nombre, me quedé pensativa por un momento, intentando recordar lo que había leído por ahí...

- Espera... ¿Staubfinger? Creo que es profesor de artes escénicas, vi un folleto el otro día de un club de baile junto con otra profesora o algo así. No es que pudiera apuntarme después de todo.

Comenté con esa timidez, aunque cuando me preguntó por mi padre, algo que, inevitablemente, terminaba por salir a la luz, no quise mentirle. Se me notó en la mirada que era algo de lo que no me gustaba hablar, y también cierta inseguridad por miedo a espantarlo, pero tenía que decírselo... Adiós a mi momento de chica normal conociendo a un chico normal.

- Yo... por favor, prométeme que no me tratarás de forma distinta al saberlo. No es algo que me guste contar, pero siempre acaba saliendo a la luz, y no querría mentirte, solo, soy como cualquier otra chica en el fondo, no tienes por qué tratarme de un modo distinto, ¿de acuerdo?

Entonces suspiré y confesé al final, fijando mis ojos chocolate en los suyos.

- Soy la hija mayor del emir de Qatar... Así que tengo que aprender a gobernar, pero no puedo hacerlo sola, sino con un marido que él escoja. No es algo que me guste demasiado, pero es mi deber como hija y como princesa, y no sería justo poner mis deseos por encima de las necesidades de mi pueblo. Solo espero que, quizá, si le demuestro a mi padre que puedo hacer esto sola, desista de la idea de que necesite un marido impuesto para ocupar el cargo. No quiero casarme con cualquier desconocido solo porque tenga un título en alguna parte.

Cuando dijo que le gustaría ver Qatar, suspiré con una leve sonrisa.

- Es difícil apreciarlo desde una jaula, aunque sea de oro... pero sus gentes no tienen la culpa, y es un lugar hermoso, por lo que he podido conocer.

Al final me cogí de su brazo, agradeciendo que aceptase mi invitación a merendar, y dispuesta a seguirle hasta el pueblo, negando con una dulce sonrisa ante su broma.

- No sé... hay algo en ti... que me hace confiar.

Le dije sinceramente, entregándole entonces la bolsa de dátiles para su mono Abú y sonriendo algo más cercana ante la idea de haberle caído bien. Esperaba que eso también me hiciera quedar bien con su dueño...
Incluso reí cuando saltó a mi hombro y le acaricié con mi mano libre por detrás del cuello de forma dulce y cariñosa, ya que mi otra mano se sostenía del brazo de Malik.
Ante su pregunta, suspiré sin saber muy bien cómo empezar.

- Pues... es difícil de explicar. Obviamente vivir en un palacio tiene sus ventajas, pero a veces preferiría lavar mi propia ropa a estar encerrada sin poder decidir qué amigos tener, a qué gente tratar o qué lugares visitar. Es cómodo y no te falta de nada, pero a la vez careces de lo más importante... de libertad.

Dije con un leve suspiro algo más nostálgico, aunque al fijarme en su ropa, estaba claro que era más humilde. Seguramente habría conseguido una beca en la universidad, por lo que le miré con cierto apuro.

- Perdona... Seguro que estarás pensando que no soy más que una niña mimada que no valora lo que tiene...

Comenté con cierta timidez, bajando la mirada con un leve sonrojo.

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Mensaje por Malik Alabi el Jue Mayo 30, 2019 11:52 pm

Amira parecía una chica muy responsable, como si no quisiese salirse de "lo establecido" y toda su vida fuesen normas y más normas... Me llamó la atención que dijese que si cantaba en público podrían grabarla y entonces se metería en problemas, ¿tan estricto era su padre?, ¿acaso sería alguien importante...? Quizás se tratase de algún empresario importante o algo así, porque estaba claro que ella era una chica de clase alta. Por el momento lo dejé estar, intentando animarla un poco para que viese que aún estaba a tiempo de ver el mundo si quería, torciendo la cabeza con curiosidad cuando dijo que tenía un destino marcado desde que había nacido.

Así que tienes un destino marcado desde que naciste... ¿Te mandaron firmar un contrato y no leíste la letra pequeña o algo así? —bromeé un poco, aunque después añadí en un tono más serio y comprensivo—. No sé qué destino será ese, pero no harías daño a nadie por viajar un poco y ver mundo, y si eso te hace feliz tu familia debería entenderlo. —Si nunca había viajado entendía que le hiciese tanta ilusión estar en este sitio, aunque parecía que seguía habiendo algo que la frenaba para disfrutar de esa libertad como debería. Puede que necesitase a alguien que le diese un pequeño empujoncito, y yo estaba más que dispuesto a desempeñar ese papel... Después de todo estaba disfrutando como nunca de esta conversación.

Sí, bueno... Sé leerlos, aunque si te soy sincero me guío más por intuición y por la efectiva técnica del fallo y el acierto; a veces perderse es la mejor forma de encontrarse y conocer bien un lugar —le respondí con una sonrisa, una que no podía disimular después de que hubiese aceptado hacer esa tour por la universidad conmigo; así tenía otra excusa perfecta para volver a vernos, y después ya se me ocurrirían más. Después hablamos sobre Faizel y le conté que estaba con un profesor, asintiendo cuando ella dijo el nombre correcto—. ¡Exacto, Staubfinger! Al parecer se conocen —comenté, aunque volvió a picarme la curiosidad cuando mencionó un taller de baile y dijo que ella no podría apuntarse—. ¿Y por qué no?, ¿te gustaría apuntarte si pudieras? —le pregunté para saber lo que ella quería de verdad, no lo que supuestamente era o no correcto—. ¿Sabes? A mí me encanta bailar... Quizás me informe más sobre ese taller y me apunte. Podría ser muy divertido —me encogí de hombros como quien no quiere la cosa, pensando que quizás ella se animaría si fuese con alguien conocido.

Cuando hablamos sobre su padre y se puso tan seria pensé que había metido la pata y me sentí culpable, aunque entonces ella dijo que debía contarme algo, algo que estaba claro que no le gustaba demasiado. —Vale, te lo prometo. No se lo diré a nadie y no te trataré de un modo diferente, sea lo que sea —le prometí y entonces le presté toda mi atención, alzando las cejas sorprendido cuando dijo que era nada más y nada menos que una princesa: la hija del emir de Qatar. Recordando mi promesa carraspeé e intenté fingir normalidad, aunque saber su verdad me había dejado en shock. ¿Cómo iba a poder sorprender a una princesa y estar a su altura? Me mordí el labio, pensativo; definitivamente nunca podía saber lo que era en realidad...

Vaya, bueno... No puedo decir que no me sorprenda. Imaginé que eras alguien... importante... por ese pasador que llevas en el pelo; oro y amatistas, ¿no? —esbocé una sonrisa ladeada, intentando mantener esa fachada de normalidad—. Mantendré mi promesa, que seas princesa o no no cambia quién eres —Aunque sí cambiaba la posibilidades que tenía yo de estar cerca de ella por mucho tiempo. Suspiré un poco, pero intenté disimular con alguna broma para que no se preocupase por lo que acababa de contarme—. Eso de que te elijan marido suena horrible, ¿y si le huelen los pies?, ¿o es bizco? —Aunque después la miré con una sonrisa más comprensiva—. Pero seguro que puedes demostrarle a tu padre que no necesitas a nadie a tu lado para gobernar. Pareces una chica inteligente y capaz, y después de todo los tiempos están cambiando. Qatar no debería ser diferente —añadí para que no se desanimase, aunque también lo hacía para no desanimarme a mí mismo.

Ahora entendía porqué no había visto mundo... La tradición en Qatar y otros países árabes seguía siendo muy machista, e imaginaba que aún más para una princesa ya que su padre querría protegerla a toda costa. —Al menos aquí ya no estás en una jaula, no hay nadie que te diga que no puedes salir si quieres hacerlo —intenté que viese el lado positivo, e iba a demostrárselo aunque fuese con aquella pequeña excursión improvisada al pueblo de este lugar. Para mi propia fortuna aceptó y eso me hizo sonreír animado, sintiendo de nuevo ese calor en el pecho cuando dijo que había algo en mí que la hacía confiar—. Te prometo que estando conmigo no te pasará nada...Puedo ser tu guardaespaldas si me lo pides, princesa —añadí fingiendo seriedad, aunque se me escapó una sonrisa divertida al momento.

Mientras caminábamos le pregunté como era la vida en Qatar por distraerla y hablar de algo, aunque no fui muy acertado ya que pareció apenarse un poco al recordar que su vida allí, por muy lujosa que fuera, era una vida en la que estaba como en una especie de prisión. Mientras me explicaba todo aquello arranqué una flor de pétalos rosas de los matorrales que había al lado del camino, sin que ella se diese cuenta, y la oculté en mi mano. Cuando se disculpó negué al momento y la miré comprensivo. —No, tranquila... No pienso nada de eso. Una princesa debería poder ir a dónde quisiera; bueno, y cualquiera. No sé cómo será tener una vida tan lujosa, pero deberías ser libre para elegir tu destino —le dije, entendiéndola en cierto modo. Yo era todo lo contrario a un príncipe, pero sentía que siempre sería una "rata callejera" y todos me juzgaban por ello, sin ver más allá.

Me fijé en que había bajado la vista y se había sonrojado un poco de nuevo, así que se me ocurrió una idea para distraerla un poco y sacarle una sonrisa. —Espera... tienes algo en el pelo —mentí mientras que, con mi mano libre, rozaba su mejilla y colocaba un mechón suelto de su pelo detrás de su oreja, apartándola entonces y mostrándole la flor que había cogido antes—. Qué extraño... Supongo que es para ti —me hice el inocente mientras se la entregaba.

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Mensaje por Amira Jara el Vie Mayo 31, 2019 12:29 am

Era un chico tan dulce y divertido... Esperaba llegar a conocerle más, poder seguir hablando con él, y que no se espantase cuando supiera quién soy realmente, o me tratara de un modo diferente. Al menos parece que aquí no tienen tanto con eso, ya que esa otra chica, Winter, tampoco se comportó de un modo diferente, pero no dejaba de temerlo pese a todo. Aún no tengo muchos amigos aquí, por no decir casi ninguno, por ahora.

- De haber sido así, te aseguro que no habría firmado...

Ni aunque me matasen... pero tampoco quería sonar tan depresiva, ya que, se notaba que por su sonrisa solo quería animarme, y era una sonrisa muy cálida.

- Me gustaría que lo hicieran, pero mi padre no lo ve así. Cree que una mujer no debe salir sola, que debe... pertenecer a un hombre. Como si fuera un objeto.

Suspiré con cierto pesar, bajando la mirada por un momento.

- Parece mentira que aún queden lugares en el mundo con esa mentalidad, pero es así.

Me sorprendió su franqueza en cuanto a orientarse, y de hecho me hizo sonreír curiosa, ya que, por locura que pareciera, era algo muy lógico.

- Eso tiene mucho sentido. Y, si lo piensas, suena bastante profundo... Me encantaría descubrir esos misterios contigo.

Le dije al final, con un leve rubor algo más tímido. ¿Por qué era tan confiada con él? Había algo en sus ojos oscuros, en esa mirada profunda y cálida, que me hacía estremecerme, como si hubiera saltado una chispa entre nosotros. Casi sentía que... nos conocíamos, que podía confiar en él, pero no sabía por qué. Solo lo sentía.
Al parecer él estaba aquí no solo para estudiar, sino también por un amigo, y parece que tenía que ver con uno de los profesores, aunque cuando me preguntó, esbocé una leve sonrisa nostálgica.

- Si pudiera me encantaría... La música y el baile me resultan fascinantes. Aunque solo se me permite bailar en algunas fiestas aburridas e importantes, pero no sería lo mismo.

Le miré con evidente interés cuando dijo que bailaba, y que quizá se apuntaría.

- ¿Y... crees que podría... ir a verte algún día?

Quizá yo no pudiera hacerlo, pero me gustaría compartir su entusiasmo de algún modo.
Entonces me hizo aquella pregunta que todos acaban haciendo tarde o temprano, y no quise engañarle, así que fui sincera con él, mirándole un tanto preocupada de primeras al ver cómo le cambió la cara, pero me tranquilizó apenas recuperó su sonrisa, devolviéndome la mía.
Ante su comentario, le miré realmente impresionada.

- Tienes buen ojo.

Confirmé ante lo que dijo sobre mi pasador, pero cuando aseguró que seguía siendo la misma persona, no pude evitar coger su mano entre las mías y añadir con una sonrisa más dulce y cálida.

- Gracias... Significa mucho para mí.

Aunque aparté una de ellas, en lugar de cogerme de nuevo de su brazo, como en un gesto del que no me di cuenta, dejé mi otra mano aferrando la suya y paseando así de camino al pueblo, sin poder evitar reír ante su respuesta sobre la idea de que me buscaran un marido.

- Supongo que estaba más preocupada porque fuera una mala persona... pero imagino que todo cuenta, ¿no?

Negué divertida, pero con una sonrisa más sincera y dulce cuando me dijo que esperaba que lo lograse, y que Qatar fuera para adelante después de todo.

- Espero que sí...

Le dije, perdiéndome en su mirada por un momento, antes de bajarla, apretando algo más su mano por pura inercia.

- Yo... querría poder escoger. Enamorarme, y casarme con alguien a quien quisiera de verdad, ya fuera un rey o un chico sencillo del pueblo, tuviera mil riquezas o ni un centavo. Pero que fuera alguien dulce, de buen corazón, y que me quiera de verdad, por mí y no por lo que soy.

Pero cuando me dijo que aquí no estaba en una jaula, negué con una media sonrisa.

- Puede... pero aun así, si mi padre se enterase de algo que no le gustara, podría mandarme de vuelta a casa, y no quiero perder la poca libertad que he conseguido. Al menos aquí tengo la opción de otro futuro, y estoy con mi mejor amiga, y con la opción de hacer nuevos amigos, amigos de verdad, cosa que antes no podía tener. No con mi padre sobreprotegiéndome todo el tiempo.

Ante su compromiso con mi seguridad, me hizo reír de nuevo, y de algún modo, cuando me llamó princesa, escucharlo de sus labios solo hizo que volviera a sonrojarme, negando con una media sonrisa tímida.

- De esos ya tengo mucho... Preferiría un amigo.

Aunque... ¿le miraba como se miraría a un simple amigo? Ni siquiera me daba cuenta, pero aún tenía mi mano cogida a la suya, hablándole de Qatar cuando me preguntó, o al menos de mi vida en el palacio, pero empezaba a sentirme como una niña rica desagradecida, aunque me alegró que él no lo viera de ese modo.

- Te lo agradezco... Realmente me gustaría hacer más. Ayudar a la gente, a mi pueblo, incluso a otros pueblos. A veces me avergüenza tener tanto mientras otros tienen tan poco, pero ni siquiera tengo permiso para eso.

Cuando me dijo que tenía algo en el pelo, le miré extrañada, y admito que me estremecí cuando alzó su mano y me acarició el rostro, apretando más la que aún tenía aferrada y escapándoseme un leve suspiro, hasta que me mostró aquella flor.
Entonces aflojé el agarre con una dulce sonrisa y la cogí, notando ese calor en mis mejillas y un leve pálpito más acelerado en mi pecho.

- Es preciosa... Gracias.

Me la coloqué en el pelo, tras la oreja, adornando mi cabello oscuro, y terminé por entrelazar mis dedos a los suyos, suspirando de nuevo, mientras llegábamos al pueblo, quedándome maravillada ante tantos puestos y tanta vida.

- Vaya... Es increíble...

Con una sonrisa más alegre y risueña, tiré de él y nos acercamos a uno de los primeros puestos, echando un vistazo. Tenían diversas variedades de té, frutos secos y especias, y cerca había otro con perritos calientes, gofres y patatas fritas, además de haber puestos de artesanía de joyas, cuero y telas.
Nunca había podido comprar nada por mí misma, pero quizá esta fuera mi primera oportunidad.

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Mensaje por Malik Alabi el Vie Mayo 31, 2019 8:23 pm

Parecía que esta chica de verdad vivía "atrapada", y era cierto que nuestra cultura era muy restrictiva con las mujeres, pero parecía que había algo más... y aún no podía imaginarme que era ese "algo más". Me parecía horrible que su padre creyese que fuese un objeto que solo podía pertenecer a un hombre, como si no pudiese ser dueña de su propia vida. —Ya... De dónde venimos todavía hay gente que piensa de ese modo, pero todo eso puede cambiar. Nadie debería pertenecer a otra persona como si no tuviese libertad, sea hombre o mujer —opiné sobre aquel asunto, deseando poder ayudarla de algún modo ya que no me gustaba verla tan desanimada. Era extraño, pero por poco que la conociese tenía ese impulso de hacerla sonreír. Casi parecía que, a pesar de no conocernos, hablar con total confianza era algo inevitable... y a cada segundo mi curiosidad no hacía más que crecer y crecer, sonriendo ilusionado cuando dijo que le encantaría conocer los "misterios" de la universidad conmigo.

Entonces, si te gusta la música y bailar, ¿por qué no hacerlo? —insistí de forma animada cuando hablamos sobre aquel taller de baile, aunque sus ataduras parecía ser más fuertes de lo que pensaba. Decidí dejarlo estar, por el momento, para que no se sintiese demasiado presionada de golpe; aunque definitivamente seguiría intentándolo—. Claro que podrías, bailar es más gratificante cuando hay un buen público —le respondí con una sonrisa intencionada, aunque la idea de que ella me viese bailar me ponía un poco nervioso... ¿Desde cuándo me ponía yo nervioso? Definitivamente esta chica sí que me gustaba—. Y si no te gusta la idea de bailar en público, siempre puedo enseñarte algún paso si estamos a solas, sin ojos curiosos que puedan delatarte —añadí con amabilidad, pensando que poco a poco sí que podría romper esas ataduras que tanto la frenaban.

Cuando mencionó que tenía algo que contarme ni loco me habría imaginado lo que era en realidad. Era una princesa. Eso explicaba muchas cosas, como el pasador que llevaba en su cabello, o aquello de que su padre le estaba buscando un marido y también que no hubiese visto mucho mundo hasta ahora. Intenté no darle mayor importancia, aunque sentía más presión al saber todo eso... No podía decirle nunca que yo tan solo era una "sucia rata", ¿cómo podría interesarle alguien así a una princesa como ella? —Sí, bueno... Soy un chico muy observador —me encogí de hombros cuando dijo que tenía buen ojo, omitiendo que ese buen ojo era por la experiencia como ladrón que tenía a mis espaldas.

Respondí a su sonrisa con otra cuando me dio las gracias, quedándome sin palabras por primera vez mientras la miraba a los ojos hasta que ella comenzó a hablar. Sentí ciertas esperanzas cuando dijo que le daría igual casarse con un príncipe o un chico del pueblo, siempre que fuese dulce y la quisiesen por quién era de verdad. —Siempre puedes plantarte ante tu padre... Nunca se sabe, podrías llegar a casarte por amor, no tiene porqué ser tan imposible. Seas princesa o no es tu vida la que está en juego —le dije en un tono dulce, acariciando sin darme cuenta su mano, con la que había cogido la mía; ella no parecía haberse dado cuenta de ese gesto, pero era realmente agradable.

Bueno, tú lo has dicho: si se entera. No tiene porqué enterarse de todo —le respondí con una sonrisa traviesa, encogiéndome un poco de hombros, intentando hacerle ver que aquí podía ser más libre si quería—. Parece que estoy intentando llevarte por el mal camino... —añadí con una sonrisa divertida. Realmente parecía necesitar a alguien así y no me importaría ofrecerme voluntario, aunque le prometí que conmigo no le pasaría nada malo—. Vale, entonces nada de guardaespaldas, solo tu amigo —asentí, aunque "solo tu amigo" me parecía demasiado... poco. No creo que un simple amigo sintiese lo que yo estaba empezando a sentir por ella... Incluso, a parte de hermosa, parecía ser una chica inteligente que se preocupaba por los demás y no solo por si misma, y aquello solo hacía que me gustase más.

¿Ves? No eres ninguna niña mimada, seguro que no muchas princesas piensan tanto en los demás. Tú eres diferente, y por muy difícil que lo veas ahora podrías marcar la diferencia —la animé un poco, apretando suavemente su mano—. Además, eres una princesa, ¿no? Algún día serás tú la que mande, tienes que hacer que se escuche tu voz —añadí. Quizás estaba siendo demasiado soñador, pero si algo estaba claro es que nada cambiaría si ella no lo intentaba siquiera. Pero no quería que se entristeciera de nuevo, así que la sorprendí con aquella flor con un pequeño truco de manos. No era gran cosa, pero ella había sonreído... así que eso era más que suficiente para mí—. Te queda bien... —sonreí un poco embobado cuando se colocó la flor tras la oreja, pero entonces ella tiró de mí ya que habíamos llegado al pueblo. La plaza estaba más concurrida que antes y había puestos por todas partes. Verla tan ilusionada me hizo sonreír también.

Es la primera vez que vienes a un mercado... ¿no? —adiviné, dejándome llevar mientras íbamos de puesto en puesto, dejando que ella mirase lo que quisiera. Abú volvió a colocarse en mi hombro y olfateaba el aire cuando pasábamos cerca de puestos de comida, y también miraba con curiosidad las joyas y la artesanía así que tenía que tenerlo bien vigilado... Por unos momentos deseé tener algo de dinero para así poder comprarle algún detalle, pero estaba totalmente sin blanca.

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Mensaje por Amira Jara el Vie Mayo 31, 2019 9:05 pm

Me alegraba que pensase como yo. Ojala mi padre pudiera entenderlo, y otros como él, ya que aún queda mucho machismo contra el que luchar en nuestros países, pero me animaba saber que había chicos como él, que pensaban de un modo mucho más moderno y saludable, haciéndome sonreír. Parece tan dulce...

- Ojala más pensasen como tú...

Sonreí con cierta esperanza cuando me animó a bailar, si era lo que quería, y una parte de mí quería aceptar, pero, si lo hacía y alguien me grababa, o salía a la luz de algún modo, mi padre seguramente se enfadaría. Además... tenía que ser sincera con él, algo que me sacó un leve sonrojo.

- No sé si es solo por mi padre... claro que él se enfadaría si se entera, pero yo... No sé si me siento cómoda bailando delante de la gente. Creo que estoy tan acostumbrada a que vayan a juzgarme por lo que soy que pienso demasiado en las formas y no tanto en lo que hago.

Al menos él no parecía ser nada vergonzoso, lo que aumentaba ese color en mis mejillas, sobre todo cuando se ofreció a enseñarme alguna cosa en privado.
Por un momento lo medité, y al final terminé por ceder, esbozando una sonrisa más dulce.

- Puede que, si estamos los dos solos, me sea más fácil... Quizá eso sí te lo acepte, por ahora.

Me impresionó que reconociera el valor de mi pasador, aunque no le di la mayor importancia. Simplemente me pareció un chico inteligente y espabilado, algo que me gustaba, a la par que esa encantadora y traviesa sonrisa que se me hacía tan sexy.
Ni siquiera me percaté de cómo me quedaba cogida de su mano mientras hablábamos y paseábamos hasta el pueblo.
Lo cierto es que sus palabras me sonaban a un sueño, y no podía evitar ese calor en mis mejillas pensando que pudiera elegir a quien fuera... incluso... a él. Era una locura... acababa de conocerlo.

- Por ahora lo veo una locura... Pero quien sabe. Quizá las cosas aquí me ayuden a cambiar o me den el valor que me falta para eso. Realmente me gustaría. A veces pienso que no me importaría terminar en la calle mientras fuera libre, pero con tanta gente que depende de mí y a la que podría ayudar, no me parece justo anteponer mi bienestar al suyo.

Terminé por reír divertida cuando me tentó de nuevo, esta vez reconociendo él mismo que se estaba portando como una "mala influencia", pero negué al momento.

- Creo que no me viene mal... Pareces muy valiente y decidido. Quizá me contagies algo.

Realmente tenía un entusiasmo que me hacía sonreír y notar una dulce calidez en mi pecho, sonrojándome un poco y esbozando una leve sonrisa más dulce al final.

- Sí... amigos...

Aunque no era en lo que pensaba exactamente, sobre todo al notar su caricia en mi mano, pero aun así no la aparté, pese a estremecerme ligeramente por el cosquilleo que me recorrió todo el cuerpo. ¿Qué me pasaba con él? Me hacía sentirme... libre... De un modo diferente y especial. No creía haberme sentido nunca así, y aun así, ¿por qué tenía la sensación de que era algo familiar?

- Supongo que tienes razón... pero a veces todos me tratan como a una niña y hacen que me sienta como tal. Como si me... hundieran. Pero creo que este sitio me vendrá bien, salir de todo ese ambiente y ver que puedo ser yo misma en alguna parte. Por ahora ha sido la mejor semana de mi vida...

Bajé la mirada con esa sonrisa tímida, ya que ahora más aún al conocerle, pero preferí omitir ese dato por ahora, agradeciéndole aquella bonita flor y colocándola en mi pelo.
Por un momento mi mirada se cruzó con la suya ante su cumplido, apretando suavemente mis labios y suspirando apenas llegamos al pueblo, intentando centrarme en aquel bullicio en lugar de en mis acelerados latidos.
Pero me di cuenta al echar mano a mi bolso que no había traído dinero...

- Vaya... Una de las peores costumbres de la realeza. Nunca llevamos dinero encima.

Me quejé un poco, justo antes de encontrar en uno de los bolsillos un anillo con una enorme amatista, engarzado en una montura de oro con pequeños diamantes alrededor. Se lo mostré a Malik y me encogí un poco de hombros, sonriendo al ver una pequeña tienda de empeños cercana.

- Vamos.

Tiré suavemente de su mano y entramos, viendo que el dependiente tenía una etnia similar a la nuestra.
Nos saludó con una amable sonrisa, y en cuanto le mostré el anillo, prácticamente le brillaron los ojos. Se lo tendí, preguntándole por el precio, pero me sorprendió cuando me dijo que no tenía suficiente efectivo ni de lejos para pagarme lo que valía.

- Bueno, ¿y cuánto podría darme dentro de su presupuesto?

Pregunté, mientras el hombre hacía unos cálculos y revisaba una caja que tenía bajo el mostrador, hasta que me dijo que unos 800 euros, la moneda del país. Me encogí de hombros y asentí, tendiéndole el anillo.

- Me vale. De verdad, no se preocupe.

Insistí cuando aseguró en que valía bastante más, quitándole importancia y recogiendo el fajo de billetes anaranjados de me dio, a cambio de aquel anillo. Entonces sonreí hacia Malik y se lo tendí alegremente.

- ¿Me lo guardas? No está bien que una princesa lleve dinero por ahí... O con mi falta de costumbre lo mismo lo pierdo.

Confesé aquello último con cierta timidez, esperando que no le importase demasiado.

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Sin palabras {Malik Abali} Empty Re: Sin palabras {Malik Abali}

Mensaje por Malik Alabi el Dom Jun 02, 2019 10:33 pm

En parte podía entender a Amira... Aunque nuestros orígenes fuesen totalmente opuestos -después de todo ella era una princesa, y yo todo lo contrario-, los dos nos sentíamos atrapados por lo que éramos, y muy poca gente sabía ver más allá. Lo que la gente pensaba era sencillo, pero erróneo. ¿Qué se esperaba de un ladrón? Que robase y fuese poco honesto. ¿Y qué se esperaba de una princesa en Qatar? Que cumpliese todas las normas en silencio y se casase por conveniencia. Yo sabía que eso estaba mal... pero también temía que ella me viese como lo hacían todos los demás si le decía quién era de verdad. Sin embargo, quizá si pudiese conseguir que ella fuese más libre, libre para ver el mundo y para decidir por sí misma su futuro. Por cómo era parecía una misión difícil, pero tenía todo el tiempo del mundo... y quizás no fuese tan mala idea quedarme por esa universidad ahora que no solo Faizel estaba allí, sino también ella. Si tan solo hubiese una forma de poder estudiar allí sin tener ni un centavo...

¿Y qué es la vida si no cometemos alguna locura de vez en cuando? Sería demasiado aburrida... ¿no crees? —le pregunté con una sonrisa pícara, mirándola a los ojos como si no pudiese apartar la mirada—. Además, a veces hay que arriesgarse, cerrar los ojos y dar un salto, y quizás acabes cayendo de pie en un lugar mejor. Si ni siquiera lo intentas nunca sabrás qué podría haber cambiado... —añadí. Era consciente de que la idea de que de verdad tuviese que casarse con alguien con riquezas y títulos no me resultaba nada agradable, por mucho que acabase de conocerla... ¿Era esto eso que llamaban amor a primera vista? Aunque sonase a completa locura nunca antes había sentido algo así.

Bueno, vivir en la calle no es tan divertido como crees... —comenté sin darme cuenta cuando dijo que no le importaría vivir en la calle si al menos fuese libre—. O al menos eso parece, vagar de aquí para allá sin tener nada más que lo puesto... —añadí para disimular justo a tiempo para que no sospechase nada raro, aunque seguía sintiéndome mal por mentirle... Ella había confiando en mí y yo, en cambio, estaba dispuesto a ocultarle la verdad—. Pero no tienes porqué acabar en la calle para ser libre, si dejas claro lo que quieres puedes ser libre para decidir por ti misma. O incluso ser emir... Seguro que lo harías bien, las mujeres sois más sensatas que los hombres —le dije con una sonrisa animada, esperando contagiarla con algo de optimismo.

Definitivamente necesitaba una "mala influencia" en su vida, alguien que la ayudase a tomar riesgos para ser libre, y yo quería demostrarle que no era tan difícil como creía. Sonreí con cierto orgullo cuando dijo que era valiente y decidido, y supongo que así era. —Sí, lo soy... Aunque algunos me tacharían de insensato e imprudente —me encogí de hombros—. Pero no hace falta contagiarte, solo animarte a que dejes salir esa determinación que tienes en tu interior. Estoy seguro de que la tienes. —Podía verlo en su mirada y adivinarlo por sus palabras; había una parte de ella que deseaba rebelarse y alzar la voz, solo había que dejarla salir—. Así que la mejor semana de tu vida... Quizás podamos mejorarla a partir de ahora —añadí después, dedicándole una sonrisa que pretendía ser traviesa pero terminó siendo más dulce de lo que pretendía...

¿Qué me estaba pasando? Definitivamente Amira me había vuelto loco; tenía unos ojos que..., y un pelo que..., y encima era una chica increíble, dulce e inteligente. Y el modo en que sonreía con timidez o se sonrojaba... Sentía que no podía dejar de mirarla cuando lo hacía. Al final el tiempo se me pasó volando y llegamos al pueblo, aun cogidos de la mano, empezando a aventurarnos entre todos aquellos puestos hasta que ella se paró y dijo que una de las costumbres de la realeza era no llevar dinero. "Vaya, esa es otra de mis costumbres" pensé entonces, mirándola con curiosidad cuando se puso a rebuscar en su bolso, y con evidente sorpresa cuando sacó aquel anillo.

¿Qué haces? No deberías andar con algo así por un sitio con tanta gente... Es un poco llamativo —susurré mirando a nuestro alrededor como si desconfiase de que alguien fuese a robárselo, aunque después de todo no estábamos en las calles que yo solía frecuentar. Este parecía un pueblo tranquilo y con menos delincuencia—. ¿Estás segura de que quieres...? Este anillo tiene que valer muchísimo —añadí cuando miró hacia aquella tienda de empeños, pero la acompañé cuando ella fue hacia allí, entrando en la tienda juntos de la mano. Cuando le mostró el anillo al dependiente él también se mostró sorprendido, alegando que solo tenía 800 euros en la caja. A Amira pareció bastarle así, aunque valía mucho más que eso... Abú miró el anillo con cierta pena cuando el dependiente lo guardó y le tendió el dinero a Amira, por unos momentos noté que me miraba a mí, aunque lo había hecho desde que habíamos entrado. Era un hombre alto y de la misma etnia que nosotros, con una barba canosa.

¿Nos conocemos? —le pregunté ya que empezaba a parecerme extraño, pero él pareció volver en sí y negó con la cabeza.

No... Tan solo es que... me recuerdas a alguien —se apresuró a responder.

Tras despedirnos salimos de la tienda y Amira me tendió aquel dinero, un gran fajo de billetes de 50 euros y, por unos momentos, la miré como si no comprendiese lo que me estaba pidiendo, un poco en shock por ver tanta cantidad de dinero junta. —¿Estás segura de que...? Es mucho dinero —le dije dubitativo, aunque entonces lo cogí y lo miré como si fuera un gran tesoro antes de guardarlo bien en la cartera que llevaba en la mochila—. No me lo puedo creer... Prácticamente acabas de regalarle el anillo a ese hombre. Valdría por lo menos el triple... ¿Qué te apetece hacer ahora con tanto dinero? —le pregunté mientras volvía a tomarla de la mano con confianza para ir de nuevo hacia los puestos y echar un ojo a lo que había.






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Mensaje por Amira Jara el Dom Jun 02, 2019 10:59 pm

Malik me hacía sonreír, contagiándome en parte ese entusiasmo y sus ideas de saltarse las normas, algo que en parte deseaba hacer con todo mi corazón, pero no terminaba de atreverme. Empezaba a sentir un cosquilleo en mi pecho... ¿Sería esto lo que llamarían un flechazo? Me encantaba esa sonrisa, y su mirada, y ese tono travieso y divertido se me hacía tan... sexy... A veces hasta me quedaba mirando sus labios, preguntándome si un chico como él querría llegar a besarme...
Acabé por sonrojarme, intentando apartar esos pensamientos. Acabábamos de conocernos, y está claro que es todo un caballero.

- No sé si sería capaz... ¿Saltarías conmigo?

Le pregunté, apretando algo más su mano con suavidad. No le había soltado, algo de lo que no me percaté hasta entonces, pero tampoco él parecía tener la intención de soltarme así que no la aparté, paseando juntos de camino al pueblo y tratando de explicarme cuando dijo que vivir en la calle no sería tan divertido.

- No, por supuesto, no pretendía menospreciar a las pobres gentes en esa situación, pero al menos ellos son libres. Si pudiera, me cambiaría por ellos con tal de mejorar sus vidas, y de tener elección en la mía.

Le sonreí dulcemente cuando me dijo que podría llegar a gobernar sola, algo que me encantaría, pero no parecía posible.

- Me temo que nuestros países aún son demasiado estrictos en cuanto a eso, pero no aspiro a tanto. Sé que al final terminará gobernando alguno de mis hermanos más pequeños, pero me conformaría con poder ayudar a mi pueblo sin tener que cargar con un marido inútil. Querría poder enamorarme, escoger al hombre con quien quisiera estar, y no que me impusieran un desconocido.

Le expliqué, aunque me hizo sonreír divertida cuando dijo que lo tachaban de insensato e imprudente.

- Yo creo que es muy dulce... y valiente. Aunque gracias por confiar así en mí. Poca gente lo hace.

Le dije sinceramente, y me sonrojé sin poder evitarlo, bajando un poco la mirada cuando me dijo que esperaba mejorarlo.

- Creo que ya está mejorando...

Le respondí, intentando mostrar tímidamente mi interés hacia él, hasta que llegamos al pueblo y paseamos por los puestos.
Entonces me acordé que no llevaba dinero, pero sí uno de mis anillos, y le quité importancia cuando Malik se preocupó así, negando con una dulce sonrisa.

- Tranquilo, mi joyero está lleno de cosas como esta que apenas me pongo. Son muy aparatosas.

Dejé claro que no me importaba empeñarlo, y accedí sin problemas al trato del vendedor, aunque parecía mirar a Malik de un modo extraño, así que salimos de allí cuanto antes y le tendí a él el dinero para que me lo guardase.
Ante su shock, reí un poco, asintiendo divertida.

- Confío más en ti que en mí. Con mi falta de costumbre soy capaz de perderlo.

Aunque cuando me preguntó qué quería comprar con todo esto, sonreí animada.

- Una tarde perfecta. ¿Vamos?

Tiré de su mano y entonces nos acercamos de nuevo hasta los puestos, comprando primero un bolso más grande, que me eché al hombro, y empezando por algunos tés para tener en la universidad.
También nos paramos en uno de esos puestos de comida y pedí unos perritos calientes con todo y uno de esos vasos llenos de patatas con salsa, cogiendo el mío delicadamente. También pedí unas uvas para Abú en un puesto de frutas cercano.

- Nunca he comido uno de estos. No sé ni por dónde empezar.

Comenté con una media sonrisa. De hecho no creo poder abrir tanto la boca como para darle un mordisco decente.

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Mensaje por Malik Alabi el Lun Jun 03, 2019 2:59 am

Lo que me había pasado con Amira no me hacía sucedido nunca antes... Era como si al mirarla a los ojos por primera vez algo dentro de mí me empujase a estar con ella, a mirarla como un tonto fascinado y a querer conocerla más. También tenía ese impulso de hacerla sonreír, no solo porque su sonrisa fuese lo más hermoso que había visto nunca, sino porque quería que se sintiese feliz y se olvidase de todos esos "deberes de princesa". —Claro, claro que saltaría —le respondí, extrañamente seguro de la veracidad de mis palabras—. ¿Crees que así tendrías el valor necesario para hacerlo, si saltase contigo? —le pregunté después, mirándola de reojo sin poder evitar una sonrisa. ¿Por qué la idea de que quisiese que precisamente yo "saltase" con ella me agradaba tanto?, ¿y por qué sentía esa calidez en mi pecho cuando apretaba mi mano, deseando que no me soltase nunca?

No solo era la chica más hermosa que había visto nunca sino que también tenía un corazón compasivo y generoso, y normalmente la gente rica que yo había conocido rara vez se fijaría en aquellos que no habían tenido tanta suerte, como yo, llegando incluso a despreciarnos o insultarnos. —Eso te convierte en una persona muy noble... No todos los que han vivido rodeados de lujos mirarían más allá de eso, a la gente que vive en las calles sin un hogar y pasando hambre —le dije sinceramente, acariciando de nuevo su mano sin darme cuenta—. Serás una buena princesa para tu pueblo. Princesa... Todavía me costaba hacerme a la idea. Y no cabía duda de que era compasiva con los menos afortunados... ¿pero pensaría de igual forma sobre mí si supiera que yo era uno de ellos, una rata callejera?

Asentí cuando me explicó qué era lo que quería para su futuro y parecía algo muy lógico... Aunque antes hubiese bromeado sobre el asunto temía que hubiese algún príncipe, noble o ricachón que de verdad pudiese llegar a impresionarla, ¿y qué tenía yo para impresionarla? Bueno, al menos en cuanto a carisma iba sobrado... —Espero que lo consigas y rompas con esa tonta tradición —le dije entonces, intentando pensar con optimismo. Al menos sí parecía agradarle de verdad y eso era un punto a mi favor, así que sonreí felizmente ante sus palabras y le quité importancia cuando me dio las gracias—. ...porque quizás nadie se ha aventurado a mirar más allá, y solo ven lo que quieren ver —añadí, mirándola a los ojos. De verdad estaba seguro de que había una mujer indomable en ella; no podía saber muy bien cómo pero de algún modo lo sabía.

Cuando ella dejó claro que su semana aquí estaba mejorando alcé ambas cejas al captar su intención y sonreí al ver cómo agachaba la mirada con cierta timidez. —Vaya, qué interesante... —me hice el tonto, mirando entonces hacia el frente—. Justo estaba pensando que este lugar estaba empezando a ser más agradable de lo que pensaba. —Tanto como para pensar en quedarme más allá de una simple visita... Solo tenía que hallar un modo de que eso fuese posible; algo se me ocurriría. Cuando viese a Faizel tendría que contarle todo lo que había pasado y puede que él me dijese a quién podía acudir, pero por el momento no iba a despreciar esa excursión improvisada y, cuando llegamos al pueblo, fui feliz tan solo con verla a ella recorrer cada rincón con su mirada como si estuviese en un lugar maravilloso... Aunque el que se quedó alucinado después fui yo cuando me mostró aquel anillo que quería empeñar para hacerse con dinero que gastar en aquel lugar.

Sí, bueno... Aparatoso es una buena forma de definir ese anillo. Podrías dejar inconsciente a alguien de un puñetazo si te lo propones —bromeé con una sonrisa divertida, intentando ocultar lo asombrado que estaba por ver tal joya y, después, cómo ella la vendió por la mitad de su precio, por lo menos, y después me entregó todo aquel dinero con confianza para que lo guardase. "Nadie roba a un ladrón" pensé para mí, pero me mordí la lengua y sonreí, asintiendo y aceptando el dinero para guardárselo—. Está bien, conmigo tu botín estará a salvo. —De hecho lo guardé concienzudamente, preguntándole qué quería hacer ahora con todo ese dinero. Me gustaba verla tan animada y lo estaba pasando mejor que nunca, sonriendo divertido cuando nos pedimos unos perritos y ella dijo que no sabía ni cómo empezar.

Pues, para empezar, tienes que echarle ketchup. Cuanto más, mejor —le expliqué mientras cogía uno de los botes del puesto y le echaba un poco a su perrito y después al mío antes de devolverlo—. Y después... Simplemente comes sin importar que puedas mancharte, así es como se disfruta más. Nada de protocolos de palacio —le sonreí divertido antes de darle un buen bocado al mío—. ¿Ves? Así —bromeé con la boca llena mientras caminábamos lentamente por la plaza. Abú iba concentrado en su pequeño racimo de uvas, comiendo acomodado en mi hombro. Apenas me terminé el mío en unos minutos, suspirando complacido al hacerlo y ojeando los puestos de comida mientras Amira se terminaba el suyo.

Mira... Algodón de azúcar, ¿alguna vez las probaste? —le pregunté cuando terminó mientras nos parábamos frente a un puesto. Cuando la miré me di cuenta de que tenía una comisura de la boca manchada de salsa y, sin pensarlo demasiado, lleve un pulgar a sus labios y los rocé para la limpiarla, quedándome un poco paralizado con mi mano bajo su barbilla—. Esto... Estabas un poco manchada de... ketchup... —susurré. Había sentido el impulso de acercarme más a ella y besarla, uno muy intenso. Y puede que lo hubiese hecho de no estar en aquel lugar, rodeados de gente, y con el dependiente de aquel puesto mirándonos con impaciencia. Al final aparté la mano y lamí los restos de salsa de mi pulgar, pidiéndole a aquel señor un algodón de azúcar para compartir.

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Mensaje por Amira Jara el Lun Jun 03, 2019 3:50 am

Su respuesta me hizo sonrojarme con una dulce sonrisa. Realmente apenas me conocía, ¿de verdad estaría dispuesto a tanto por mí? Se veía tan sincero que no lo dudé ni un instante, dejándome seducir por su sonrisa traviesa y esa mirada directa y cálida, así que asentí apretando un poco su mano con suavidad.

- Puede que sí... No sé cómo explicarlo pero... siento que contigo estoy segura. Qué todo parece más... fácil. Sé que apenas te conozco y te parecerá una locura pero... Me haces sentir... libre.

Confesé con ese toque en mis mejillas y esa media sonrisa tímida pero sincera, intentando después asegurarle que no es que menospreciara las malas condiciones de la gente que no tiene un hogar, pero que, después de todo, ellos son libres. Preferiría usar todas mis joyas para mejorar su vida, a cambio de mi libertad, que todos esos lujos para seguir encerrada en una jaula de oro.

- Es horrible. Si todos los países del mundo pusieran algo de su parte, no habría pobreza. Me avergüenza tener tanto y que otros tengan tan poco, ¿pero qué puedo hacer yo? Dentro de lo posible, con joyas que mi padre no echaría en falta, intento empeñarlas para ayudar en lo que puedo, pero al final un poco de dinero eventual no marca la diferencia.

Aun así, suspiré agradecida con su cumplido, recuperando esa sonrisa más dulce.

- Gracias... Ojala algún día pueda tomar aún más medidas y hacer algo de verdad que mejor las vidas de la gente de Qatar. Es lo único bueno que le veo a lo que soy... Solo espero que realmente pueda hacer algo.

Me animaban sus palabras, asintiendo de nuevo y apretando su mano con suavidad. Ni me fijaba en que no le había soltado desde hace ya un buen rato.

- Yo también... Me gustaría poder elegir... cuando encuentre al chico indicado...

Dije eso último sin poder evitar mirarle algo más de la cuenta, apretando un poco mis labios entonces y bajando la mirada, con cierta timidez, aunque ante lo que dijo después, no pude evitar mirarle de nuevo, con cierta curiosidad.

- ¿Y tú? ¿Qué ves en mí?

Realmente sentía que la semana había mejorado al conocerle, y parece que él sentía lo mismo. Debo haberle causado una buena impresión, o eso esperaba, acentuándose mi sonrisa con esa dulzura.

- Pues me alegra que la empieces a ver con mejores ojos... Podríamos... si no has quedado ya con tu amigo, no sé, quedar para comer juntos de vez en cuando, si nuestros horarios son compatibles.

Me gustaría conocerle más, pasar tiempo con él si vamos a compartir el mismo campus, y aunque no sea la misma carrera, al menos sé que coincidiremos en una clase, como me sucedió con Winter.
Al llegar al pueblo, lo malo fue que no tenía dinero, pero por suerte sí llevaba uno de mis anillos, que podía empeñar.
Malik me hizo reír con ese comentario, negando divertida.

- Creo que para eso antes tendría que aprender a dar uno. No es precisamente algo que enseñen a una princesa.

Le pedí que me guardase el dinero, ya que me fiaba más de él que de mí misma, aunque de nuevo reí divertida por esa forma de llamarlo "botín".

- Ni que fuera un tesoro pirata. Un día debería mostrarte mi joyero.

Bromeé un poco, aunque esto me hacía darme cuenta de una cosa... Aquí nadie me controlaba, no como en Qatar, y había muchas organizaciones de ayuda para alimentar niños necesitados.
Quizá podría empeñar algunas joyas a través de internet y con la ayuda de mi mejor amiga, y colaborar de forma anónima con alguna de esas instituciones.
Pero ya pensaría en ello mañana. Esta tarde quería pasarla con Malik, y hacer que fuera inolvidable, así que compramos algunas cosas y fuimos hasta el puesto de perritos, asintiendo cuando me lo explicaba y riendo de nuevo al verle dar un bocado.

- No sé si podré abrir tanto la boca.

Lo intenté, pero no era capaz de tomar más de "medio" bocado, pero al menos logré mantener intacto mi vestido, aunque parece que no mis labios, sonrojándome cuando él me pasó así el dedo y suspirando por momentos, sintiendo mis latidos desbocarse de pronto.
Fue como si contuviera la respiración y después lo dejase salir, apenas se apartó, perdida en su mirada...

- Gracias...

Le sonreí tímidamente, limpiándome un poco con una servilleta y tirando el envoltorio al final, pasando entonces por aquel puesto con algodones de azúcar.
Los había visto, pero nunca los había probado.

- No, pero me encantaría.

Malik compró una para compartir y cogí un trozo entre mis dedos. Era como hebras muy finas y se pegaban a los dedos y a la boca, pero estaban deliciosas.

- Está bueno. Sabe muy dulce. ¿Cómo lo hacen?

Le pregunté con curiosidad, y mientras nos acercamos a otro puesto, esta vez con bisutería variada.

- Mira...

Le llamé la atención, señalando algo que llamó la mía. Eran un juego de dos pulseras, ambas con un corazón, uno rojo y otro azul, dentro de una estructura dorada. Claramente no era oro, por el precio más humilde, pero eran preciosas.

- ¿Te importa?

Le pregunté, esperando que sacase parte del dinero y agradeciendo al dependiente cuando me las dio, pero en lugar de ponerme las dos, cogí la que tenía el corazón rojo y se la coloqué a él en la muñeca, tendiéndole entonces la del corazón azul.

- ¿Me ayudas? Así tendremos un recuerdo de esta tarde...

Le dije con una sonrisa tímida, esperando que no le molestase que quisiera hacerle un regalo.

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Mensaje por Malik Alabi el Mar Jun 04, 2019 1:53 am

¿Era normal sentir que me mareaba cuando sonreía de aquella forma y sus mejillas se encendían, o que me faltaba el aire cuando me decía cosas así, o que sintiese que ya nos conocíamos de antes? Definitivamente me debía de estar volviendo loco pero, qué demonios, hacia mucho tiempo que no me sentía tan bien... Y si algo tenía claro era que quería seguir conociéndola. —No, no me parece una locura. De hecho yo... —sonreí y dudé antes de seguir hablando—. Es como si ya te conociera de antes, aunque acabemos de hacerlo hace tan solo unos momentos —añadí, sin saber muy bien cómo explicarle esa sensación. Y, a medida que sabía más de ella, más me sorprendía. ¿Cómo ganarse el corazón de una chica así?

No marca la diferencia pero ayuda más de lo que crees, si todos pensasen de eso modo las cosas serían diferentes... —suspiré; pero la realidad es que poca gente era compasiva o generosa, pero eso no era razón para seguir su ejemplo—. Lo que puedes hacer tú o cualquiera es compartir, ser generosos con los que no tienen nada, vivas en un palacio o en la calle. —Incluso una rata callejera como yo podía ayudar a los demás con pequeños gestos y siempre solía hacerlo cuando me encontraba en personas en situaciones aún peores que la mía, personas que no podían ganarse la vida del mismo modo en que yo lo hacía. Asentí con una sonrisa cuando dijo que esperaba hacer algo bueno por Qatar cuando le fuese posible, insuflándole ánimos—. Claro que podrás hacerlo, confía en ti —le dije con seguridad.

Desde la primera vez que la había mirado a los ojos había visto algo en ellos, detrás de esa timidez y esa inseguridad, como si guardase en su interior a una mujer determinada y atrevida. Había mucho más que una simple princesa. Así que cuando me preguntó qué había visto yo en ella me mordí el labio inferior en un gesto pensativo, sonriendo un poco de un modo travieso. —Pues he visto a una chica atrevida y decidida, una que se muere de ganas por romper sus cadenas y ser libre, arriesgarse... y saltar. Mucho más que una princesa que se conforme con ser una buena esposa y callar cuando se lo manden, una princesa dispuesta a lo que sea —la miré a los ojos mientras hablaba—. Un diamante en bruto —añadí con una sonrisa ya que era una metáfora apropiada y yo, que había visto y robado muchas joyas hermosas, no había visto nunca una como ella.

¡Claro que me gustaría! —solté al momento cuando sugirió que podíamos quedar para comer juntos—. Faizel... Bueno, ya nos hemos visto las caras demasiado estos años y me gustaría aprovechar el tiempo para conocerte mejor —le dije sin dar muchos rodeos ya que definitivamente ella me interesaba. Me había sorprendido saber que era una princesa pero casi me había olvidado al conversar de cosas más normales... Casi, ya que lo volví a recordar en cuanto sacó aquel anillo enorme como si fuera habitual llevar algo así en el bolso, sonriendo divertido cuando dijo que dar puñetazos no era algo que enseñasen a una princesa—. Vaya, pues deberían. Seguro que a una princesa no le vendría mal saber dar puñetazos para alejar pretendientes indeseados —bromeé, aunque también lo decía para saber qué respondería ella.

Al final decidió empeñar aquel anillo y me sorprendió que confiase en mí para vigilar el dinero mientras seguía nuestra pequeña excursión, parándonos para comer algo y bromeando cuando pedimos dos perritos calientes. Reí un poco cuando ella le dio mordisquitos, en comparación a mi bocados, y no pude evitar limpiar su boca cuando terminamos de comer y vi que tenía un poco de salsa... Al mirar sus labios tuve que controlarme para no besarla ahí mismo, ¿cómo podía ser tan... irresistible? Nunca me había pasado algo así, e incluso noté que las mejillas me ardían un poco ante la idea de besarla, volviendo en mí cuando me dio las gracias. —De nada... —dije, sonando como un idiota e intentando recomponerme.

Pues ya verás, está buenísimo —le sonreí antes de pedir un algodón de azúcar que compartimos entre los dos mientras seguíamos caminando y ojeando los puestos de aquel mercado—. Pues tan solo lleva azúcar y colorante para que parezca rosa... Lo mezclan todo y la máquina calienta y derrite el azúcar que enrollan en los palos. Y al enfriarse queda así... Ya ves, magia —bromeé con una sonrisa antes de coger otro pedazo más y llevármelo a la boca—. Mi madre solía comprarme algodón de azúcar de pequeño cuando íbamos al bazar —añadí con nostalgia. Hablar de mi madre no era algo que hiciese con nadie, pero con ella tenía esa extraña sensación de... confianza, por mucho que no quisiese contarle lo que era era en realidad.

Cuando se detuvo de pronto seguí con la mirada lo que ella me señalaba y vi esas pulseras, que parecían ir a juego y eran bastante bonitas. —¿Para los dos? —pregunté, sacando su dinero de la mochila y entregándoselo para que comprase las pulseras. Se me escapó otra sonrisa de idiota cuando tomó mi muñeca para colocar mi pulsera, la del corazón rojo—. Gracias... de veras. Es muy bonita —le dije, tomando entonces su mano para abrocharle la suya, mirándola después a los ojos y esbozando una sonrisa dulce ante sus palabras—. No creo que necesitase nada para recordar esta tarde contigo, pero es un bonito detalle. No pienso quitármela —le aseguré—. ¿Qué te parece si vamos de camino hacia la universidad? Conozco un sitio muy bonito que hay de camino, y todavía tienes esos baklavas, ¿no? —le pregunté entonces con una sonrisa más animada.

En realidad tan solo era una excusa para pasar algo de tiempo a solas, así que en cuanto salimos del pueblo la llevé por otro camino diferente que llevaba a un claro que había en aquel enorme bosque, con flores de todos los colores, y saqué una manta de mi mochila para echarla sobre la hierba y que pudiésemos sentarnos sobre ella. —Para que la princesa no se manche su ropa —bromeé, fingiendo ser todo un caballero, antes de sentarme frente a ella con las piernas cruzadas—. Ahora que ya has visto cómo es un mercado, ¿qué más cosas que no has hecho nunca te gustarían hacer? —le pregunté con curiosidad. Quería saber más sobre ella...


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Mensaje por Amira Jara el Mar Jun 04, 2019 2:25 am

Lo que me dijo entonces me sacó una preciosa sonrisa, y sin darme cuenta aferré algo más su mano, con calidez pero segura, buscando su mirada un tanto emocionada.

- ¿De verdad? No sé cómo explicarlo, pero yo... siento lo mismo. Es como si ya te conociera, como si supiera que puedo confiar en ti. Me alegra no ser la única.

Le dije sinceramente, y sus palabras me animaron cuando me comentó que siempre marcaban una diferencia o ayudaba de algún modo las intenciones, cuando de verdad se llevaban a cabo. Yo esperaba poder hacerlo, y me dio que pensar... Hablaría con mi amiga cuando regresase, y quizá empeñase algunas joyas más para ayudar a alguna organización para niños desfavorecidos.

- Creo que confío más en ti que en mi misma, pero te lo agradezco mucho... Nunca nadie había demostrado tanta fe en mí. Hace que quiera intentarlo al menos... cambiar las cosas.

Le dije con esa sonrisa dulce y confiada, aunque con cierta curiosidad cuando se quedó pensativo, y un leve sonrojo ante ese gesto con sus labios, que me hizo estremecerme por un momento, hasta que empezó a responderme y mi sonrisa se iluminó con cierta timidez, bajando la mirada al final.

- Aladdin... Era mi película favorita de niña. Mi gato se llama Rajah por el tigre de la princesa Jasmine. La admiraba mucho, ¿sabes? Ella no se quedó callada y desafió todo por casarse con un chico de la calle que no era ningún príncipe solo porque era el hombre que ella amaba. Un buen hombre.

Negué entonces con una sonrisa tímida, mirándole un tanto avergonzada.

- Ahora sí que parezco una chiquilla... Perdona... Aunque, ¿llamaste así a Abú por lo mismo o ya tenía ese nombre?

Le pregunté con cierta curiosidad, riendo dulcemente por cómo se mostró tan entusiasmado ante la idea de comer conmigo habitualmente.

- También puede venir con nosotros si quiere. No me gustaría que dejaras plantado a tu amigo por mí.

Aunque me gustaría conocerle más, y estar a solas con él, me sabría un poco mal que su amigo se quedase solo por pasar demasiado tiempo con Malik.
De nuevo me hizo reír al ver mi anillo, y juntos lo empeñamos para pasar una buena tarde en el pueblo.

- ¿Y me enseñarías también? No sé si sería capaz de pegar a alguien... pero para eso tengo a Rajah. Un gato savannah es más "salvaje" que un gatito normal. Él solía ocuparse de eso en casa.

Juntos recorrimos el pueblo y compramos algo de comer, divirtiéndome con esa comida que no había probado antes, aunque admito que se me cortó la respiración cuando me quitó la salsa de mis labios y la chupó de su pulgar, haciendo que la idea de sentir esos labios sobre los míos me provocase un revoloteo de mariposas en mi vientre y un suspiro enamoradizo, sonriéndole dulcemente y bajando la mirada con cierta timidez.
Asentí cuando planteó comprar ese algodón de azúcar, y realmente estaba delicioso, así que escuché atentamente cómo se hacía.

- Parece fascinante...

Aunque cuando mencionó a su madre, no pude evitar preguntar.

- ¿Y dónde están? Ella y... tu padre...

No quería entristecerle, pero después de todo, creo que podría entenderle si estábamos en situaciones similares, ya que mi madre había muerto hace tiempo, cuando apenas era una niña.
Pero para no alargar ese momento más triste, enseguida me fijé en unas pulseras a juego en uno de los puestos y las compré para los dos, sonriendo dulcemente con su entusiasmo.

- Me alegra que te guste. Yo tampoco me la quitaré...

Prometí, sintiendo que nunca había tenido algo con tanto significado, algo que, pese a que no valía nada a comparación con el valor material de mis joyas habituales, para mí era la más valiosa de todas, porque simbolizaba habernos conocido.
Por un momento mi mirada se perdió en la suya, y ante su invitación, reí divertida, volviendo a tomar su mano.

- ¿Aún tienes hambre? No sé dónde vas a meterlos, pero adelante.

Personalmente ya no me cabía nada más, pero la idea de seguir paseando con él era de lo más alentadora, así que le seguí de su mano hasta andar por algunos caminos y llegar a aquel bonito claro, sonriendo impresionada.
Cuando sacó la manta, asentí con una leve inclinación y me senté a su lado.

- Qué detallista.

Saqué entonces la cajita con los baklava y se la tendí, mientras miraba a mi alrededor, contemplando las flores y suspirando, hasta escuchar su pregunta, encogiéndome un poco de hombros, algo pensativa.

- Pues no sé... la verdad hay tantas cosas que no había hecho... Salir a comprar sola por ahí, comer ese tipo de comida... escaparme de la universidad una tarde con un desconocido...

Enumeré lo que ya habíamos hecho, con una media sonrisa divertida, y entonces suspiré perdiendo mi mirada en las nubes.

- No lo sé... Nunca he escalado una montaña... Ni salido de fiesta con amigos... Nunca he bailado con alguien solo porque sí, sin que fuera alguien importante en una fiesta de estado...

Comenté, añadiendo con cierta timidez algo que se me escapó sin pensar.

- Nunca me han besado...

Apenas lo dije, bajé la mirada con las mejillas ardiendo y carraspeé un poco, intentando mirar a cualquier parte menos a él... Qué vergüenza...

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Sin palabras {Malik Abali} Empty Re: Sin palabras {Malik Abali}

Mensaje por Malik Alabi el Miér Jun 05, 2019 1:35 am

Al parecer no era el único de los dos que había tenido esa sensación de... familiaridad, como si nos conociésemos, aunque sonase como una locura. Y lo cierto es que con ella me sentía cómodo y feliz, deseando poder pasar más tiempo con ella, conocerla más, besarla... No sabía lo que era el amor a primera vista y ni siquiera había creído que fuese posible en el pasado, pero ¿había estado equivocado todo este tiempo?

Así que Aladdín era tu película favorita, a mí también me gustaba mucho cuando era un niño —coincidí con ella, mirándola entonces con gesto pensativo—. Y ahora que lo dices es posible que haya una princesa Jasmine en ti, solo tienes que dejarla salir y abrir tu corazón como ella hizo para decidir su propio destino. —Sin duda era un gran ejemplo y, ahora que lo pensaba, nuestra historia era parecida a la de los protagonistas de aquella película... ¿podría terminar bien en nuestro caso? Me hizo sonreír de nuevo cuando me preguntó si le había puesto aquel nombre Abú en base a la película, como ella había hecho con su gato—. Sí, cuando lo encontré no sabía su nombre y me recordó al mono de esa película porque es igual de pequeño, inteligente y pillo. Y también le gustan las cosas brillantes —le respondí, rascando a Abú en la coronilla mientras hablaba.

Cuando me preguntó si quería comer con ella algún día respondí afirmativamente al instante, ¿cómo no iba a querer hacerlo? Después de haber conocido a alguien tan increíble no quería dejarla escapar, tan solo tenía que ingeniármelas para que no descubriese mi secreto, o entonces sí temía que no quisiera volver a verme. —Tranquila, estoy seguro de que no le importaría, de hecho lleva más tiempo que yo aquí y seguro que ya tiene más amigos. Pero tengo que presentártelo, te caerá bien. —Aunque antes de hacerlo tenía que contarle a Faizel algunas cosas para que no metiese la pata... Estaba seguro de que le iba a costar creer que de verdad había conocido a una princesa, y que encima empezaba a sentir por ella algo que nunca había sentido por ninguna chica antes.

Claro que te enseñaría... por un módico precio —bromeé con picardía cuando me preguntó si le enseñaría a defenderse—. Es más fácil de lo que parece, pero una princesa como tú no debería mancharse las manos golpeando a nadie. Yo podría hacerlo por ti si hace falta, y Abú mordería a quien intentase meterse contigo; te lo has ganado con las uvas y los dátiles —añadí con una sonrisa, hablando más en serio de lo que parecía a simple vista. Estaba seguro de que la defendería de ser necesario, no solo por humanidad, sino porque de verdad empezaba a gustarme. Estaba tan a gusto con ella mientras recorríamos juntos el mercado de aquel pequeño pueblo que nombré a mi madre sin darme cuenta, preguntándome entonces Amira por ella con cierto tacto.

Ella murió... cuando yo tenía siente años, y en cuanto a mi padre nunca lo he llegado a conocer —le respondí con sinceridad, aunque no quería estropear el ambiente así que me apresuré a añadir algo más de un modo animado—. Pero no te preocupes, no me ha ido tan mal. Me las apaño bien solo. —Y no era una mentira, pero quizás el modo en que sobrevivía el día a día no le gustase demasiado a Amira, y era algo que desearía dejar atrás si tuviese tan solo una oportunidad de cambiar las cosas... Por el momento me gustaba demasiado el modo en que sonreía o me miraba como para estropearlo, y me sorprendió de veras cuando tuvo la idea de comprar unas pulseras para los dos. Hablaba en serio cuando le dije que no me la quitaría y de algún modo así sabría que lo había sucedido hoy había sido real, que ella prometiese hacer lo mismo me hizo sonreír como un tonto.

La verdad es que nadie nunca había tenido un detalle así conmigo... —le confesé antes de sugerir que podíamos dar un paseo hasta un lugar más alejado para comer esos baklavas, aunque tan solo era una excusa para poder estar más tiempo con ella—. Sería una pena despercidiarlos, ¿no crees? Y también sería una pena volver ya, a no ser que debas regresar... Todavía es pronto —no pude evitar decirle aquello, sin ocultar que deseaba pasar más tiempo con ella. Juntos volvimos por el camino que salía del pueblo y la llevé hasta un claro florecido, sonriendo de lado cuando dijo que era detallista—. Se me da bien improvisar sobre la marcha... —bromeé, sentándonos entonces frente a frente. Cuando me tendió la caja con los baklavas le di las gracias y probé uno, suspirando de puro gusto con el primer mordisco, e iniciando conversación para saber más sobre ella.

En cuanto empezó a hablar sobre las cosas que desearía hacer la escuché con atención, tomando nota mental de todo, aunque me quedé mirándola cuando dijo que nunca la habían besado, como si... como si quisiera que alguien cambiara eso, y que ese alguien fuese yo. El modo en que se sonrojó y bajó la mirada me hizo sonreír dulcemente—. Me resulta difícil de creer que una chica tan guapa como tú nunca haya recibido un beso... Alguien debería cambiar eso —solté, sintiendo esa esperanza en mi pecho y también una mayor seguridad que antes—. Eres muy adorable cuando te sonrojas, te sienta bien —añadí, alzando su barbilla para que me mirase a los ojos—. Pero no deberías, conmigo puedes hablar de lo que quieras —le dejé claro para que no se sintiese tan tensa. En cuanto solté su barbilla miré sus labios y casi me dejé llevar, pero sería algo demasiado brusco, así que me distraje dando otro mordisco al baklava—. Está buenísimo, ¿los has hecho tú? —Sí, hablar de comida me distraería un poco... o al menos eso esperaba.

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