Administración
Grimmwelt University
Ambientación
Hace siglos que nuestro mundo ha dejado de creer en la magia. Sustituida por la ciencia y la tecnología, los humanos han perdido la fe en los cuentos de hadas, y los finales felices son algo que ahora solo parece existir en libros y películas.

Pero hay otros mundos separados del nuestro por un fino velo que ha sido atravesado por una oscura maldición, trayendo a un recóndito castillo entre las montañas de Alemania a un gran número de personajes pertenecientes a esos mundos de cuentos de hadas.

En un lugar conocido como el Bosque Encantado, un mundo que alberga reinos de las grandes historias de los cuentos, como Blancanieves, Cenicienta, o Caperucita Roja, el Ser Oscuro, Rumpelstiltskin, ha convencido a la Reina Malvada de que los villanos no tienen finales felices en una tierra donde la magia buena siempre triunfa, y deseando obtener el suyo, la Reina Regina ha reunido a las brujas más malvadas y poderosas de los reinos, a fin de llevar a cabo ese poderoso hechizo.

Pero el mal inevitablemente atrae a las fuerzas del bien, que intentan evitarlo. A oídos del Hada Azul llegaron las intenciones de la Reina Malvada, y tras pedir ayuda a la Reina Blanca de Wonderland, convencieron a Maléfica, Reina de las Ciénagas, para dejar de lado su rencor hacia los humanos y proteger el Bosque Encantado.

Por desgracia, ni la ayuda de aquella que fue el Hada más poderosa de todas ha podido evitar los oscuros planes de Rumpelstiltskin, y el choque de la magia negra con la magia buena que intentaba evitarlo ha provocado una ola de poder tan grande capaz de atravesar no solo el espacio, sino el tiempo y las dimensiones, afectando no solo a los habitantes de aquel mundo, sino a muchos otros, e incluso a un futuro que ahora se antoja incierto.

Ahora, todos esos seres de cuento de hadas han quedado reducidos a meros humanos en nuestro mundo, encerrados en los terrenos de un enorme castillo entre las montañas, conectado con un pequeño pueblo que hace de entrada, pero manteniéndolo separado en cierta manera, con un poderoso hechizo que impide a la mayoría entrar o salir.

Pero las cosas no han salido como todos esperaban. Rumpelstiltskin puede ser ahora el dueño de todas esas tierras, pero no es capaz de abandonarlas, y el "final feliz" de la Reina Malvada ha quedado eclipsado al ver que, en lugar de estar al mando como Directora de la universidad, hay otra persona en su lugar, Maléfica. La magia de las hadas logro en el último momento modificar en parte el hechizo, y aunque la mayoría de los héroes han perdido sus finales felices, gracias a ellas mantienen su libre albedrío, teniendo la oportunidad de reencontrarse y recuperarlo.

En un mundo sin magia, donde todos creen ser personas normales, solo unos pocos recuerdan de dónde vienen, quiénes son, y la necesidad de traer de vuelta la magia a este lugar donde todos parecen haberla olvidado.

Dependerá de cada uno escoger su nuevo camino, tener el valor para recuperar la felicidad que han perdido, o comenzar de cero, mientras se pone aprueba si aún queda algo de magia que despertar en este mundo, y si los cuentos de hadas pueden formar parte de la realidad.
Últimos temas
» Confesionario
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) EmptyHoy a las 12:25 am por Malik Alabi

» Dedica una canción al de arriba
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) EmptyHoy a las 12:20 am por Malik Alabi

» ¿Qué estás escuchando?
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) EmptyHoy a las 12:18 am por Malik Alabi

» Kiss, Date, Fuck, Pass o Kick
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) EmptyHoy a las 12:17 am por Malik Alabi

» Di algo del personaje de arriba
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) EmptyHoy a las 12:17 am por Malik Alabi

» Pregunta al personaje de abajo
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) EmptyHoy a las 12:14 am por Malik Alabi

» Verdadero o Falso
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) EmptyHoy a las 12:13 am por Malik Alabi

» Miente sobre el de arriba
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) EmptyHoy a las 12:08 am por Malik Alabi

» Intenta disfrutar de la fiesta (Killian Jones)
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) EmptyAyer a las 11:59 pm por Killian Jones

Sabias que...
Awards
User del Mes
Nombre apellido
Mejor PJ Masculino
Nombre apellido
Mejor PJ Femenino
Nombre apellido
Mejor Rol
Nombre apellido
Novedades
01.10
Apertura Oficial del Foro
+AQUI

01.10
Cabeceras Aleatorias.
Obtén la tuya +AQUI

01.10
Pide tus Sabias que...
+AQUI

Créditos
La base de este Skin está hecho por Hardrock de The Captain Knows Best, con las modificaciones de color y tamaño realizadas por nuestro Staff.Las imágenes han sido tomadas de Google principalmente, y pertenecen a sus respectivos autores, a excepción de las ediciones realizadas por nuestro staff y modificadas para nuestra temática. Todas las historias y contenido escrito del foro, salvo los roles y pertenencias de cada uno de nuestros usuarios, pertenecen al foro y a nuestro Staff, tales como normativa, ambientación, historias de los reinos y resúmenes de canon, con sus respectivos nexos para unirlos en una trama general. Finalmente, las tabillas HTML corresponden a sus respectivos autores, con los créditos incluidos, salvo las realizadas por este staff en exclusiva para el uso del foro.
Afiliados Élite
Hermanos
Directorio
No se aceptan normales
© HARDROCK

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Mar Mar 26, 2019 7:09 pm

El agua de la ducha acariciaba mi cuerpo lenta y pausadamente, casi como si quisiera permanecer en mi piel todo lo posible antes de colarse por el desagüe. El aire desprendía un leve olor al champú de lavanda que había utilizado para lavarme el pelo, y eso sumado al vapor que inundaba el baño conseguía un efecto tranquilizante y zen en mí. En aquel momento no había preocupaciones, no cuando el agua las podía arrastrar purificando mi cuerpo y mi alma. Allí, sola, en el amplio y blanco baño de mármol y caoba anexo a mi habitación, me sentía en paz conmigo misma. Quizá por eso últimamente intentaba prolongar aquellos instantes todo lo posible antes de que la piel comenzase a arderme y el agua condensada empapase el suelo.
Por desgracia ya comenzaba a notar las primeras gotas frías que me alertaban de que había agotado las reservas de agua caliente. Así que antes de que el cuerpo se me comenzase a entumecer cerré el grifo y envolví mi torso en una mullida y suave toalla blanca, a juego con la alfombrilla, y salí de la ducha.
Me tomé mi tiempo en secarme y aplicarme diferentes cremas en mi cuerpo y mi rostro. Para mí aquel ritual de belleza en el que me libraba de las impurezas de la piel e intentaba que esta se mantuviera tersa era prácticamente obligatorio. Lo único que tenía en aquella universidad era mi belleza, no podía dejar que se me escapase entre los dedos por no cuidarla lo suficiente.
Cuando hube terminado abrí la puerta para que el vapor se escapase y enchufé el secador pasando el aire caliente por todo mi cabello. En el momento en que estuve lista para salir me puse el pijama y me fui a la cama.

Antes de meterme entre las moradas sábanas que adornaban el colchón eché un vistazo a la pared que tenía justo al lado, donde un imponente espejo enmarcado me devolvía mi reflejo. Me lo habían instalado hacía un par de semanas, tuve que comprar uno nuevo después de aquel arrebato de ira que me había llevado a destrozarlo.
Cerré los ojos y desvié la mirada. No, era demasiado duro recordar aquella noche. Después de tres meses no podía permitirme recordar lo sucedido, todavía sentía mi orgullo herido y el latido de mi sangrante corazón desbocarse cuando pensaba en él.

Me metí en la cama y apagué la luz antes de cerrar los ojos. Era extraño, pero cuando estaba así notaba lo sola y fría que estaba mi cama, notaba la carencia de algo a mi lado, casi como si me faltase encajar una pieza en el rompecabezas de mi vida. Hacía meses que no podía dormir bien, me costaba conciliar el sueño y, cuando lo hacía, siempre me despertaba notando unos brazos abrazándome. Claro que cuando me giraba descubría que mi cama estaba exactamente igual que la noche anterior, vacía.
Aquella noche no iba a ser una excepción, ya había pasado media hora desde que cerré los ojos y lo único que había conseguido era calentar la almohada y dar vueltas en el colchón. La culpa la tenía él, Robert. El hombre que había entrado en mi vida abriéndose paso hasta mi corazón intentando obligarme a aceptar mis crecientes sentimientos. El hombre que, con aquella mirada azul, me había hechizado hasta tenerme a sus pies. El mismo hombre que me había rechazado teniéndome en sus brazos caliente y dispuesta.
Sabía que debía olvidarme de él, y más después de aquella escena en el baño de la cafetería. Pero, por alguna razón, mi corazón se negaba a dejarle marchar, como si su supervivencia dependiera de él.

Genial, estaba claro que iba a pasarme otra noche sin dormir. Me llevé las manos a la cara y me la restregué. Ojalá nunca se hubiera cruzado en mi camino, ojalá nunca lo hubiera conocido ni en este ni en el antiguo mundo, mi mundo. Gracias a él mi concentración había descendido en picado, mi mente estaba apagada y no podía dormir. Pero, pese a todo, una parte de mí seguía esperando que acudiera a mi puerta, que la aporreara con sus puños y me hiciera suya sin decir nada, sin planear nada, tan solo sintiendo mezclarse nuestras esencias.

Al final me levanté, me puse una bata fina, cogí una de las llaves guardadas en mi mesilla y salí descalza al pasillo. Si iba a pasarme una noche más en vela pensaba hacerlo con una cantidad indecente de helado a mi lado, casi obedeciendo los tópicos y remedios juveniles para curar un corazón roto.
Mientras atravesaba los pasillos evitando a los profesores que estaban de guardia no pude evitar dejar que mi mente volviese a Robert. Había conseguido evitarlo durante todo aquel tiempo. En Navidad no había salido de mi despacho, después de vacaciones todos teníamos demasiado trabajo y en San Valentín me limité a encerrarme en mi habitación intentando inútilmente distraerme con un libro. Pero en las ocasiones en que nos cruzábamos o debíamos estar en la misma habitación me limitaba a rehuir su mirada intentando mantener una fría y distante relación profesional. Aun así, cada vez que sus ojos se posaban en mí, un agradable escalofrío me recorría de arriba a abajo. No, basta, debía dejar de ocupar mi mente con él y centrarme en mí misma como antes.

Cuando logré colarme en la cafetería sin ser vista avancé hasta la despensa, abrí el candado con la llave de repuesto que guardaba en mi habitación y la dejé en la cerradura. Total, no iba a estar demasiado tiempo, el justo para coger uno de los botes de helado de chocolate, una cuchara y volver a mi habitación. Coloqué una pequeña cuña en el borde de la puerta y me encaminé hacia los frigoríficos en los que la abuelita escondía los helados de los alumnos. Un vistazo rápido me sirvió para localizar mi presa en la estantería más alta, y como aquellos trastos eran gigantescos tuve que apilar unas cajas y ponerme de puntillas para llegar a ella. Justo cuando la tuve entre mis manos perdí el equilibrio y aterricé sobre mi trasero junto con el resto de las cajas.

-Auch-dije frotándome la zona, me iba a salir un buen moratón.-. Bueno, al menos te tengo-cogí una cucharilla y la coloqué en la tapa antes de dirigirme a la nevera y cerrarla.

Ropa:

Piajama:
Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Seda-pijamas-para-mujeres-pijama-camis%C3%B3n-de-sat%C3%A9n-sexy-conjuntos-de-pijama-2-unidades-top-short-pantalones-pijamas-con-el-coj%C3%ADn-del-pecho

Bata:

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) La-bata-tipos-de-ropa-interior

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) E0iFDb1

Regalos de fans:

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Regina10
Regina Mills
Sobre mí
Mensajes : 125
Para más información
Ver perfil de usuario
Jefa de Estudios

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Miér Mar 27, 2019 2:20 pm

El tiempo pasaba lento desde aquel episodio, intentaba olvidarlo y seguir adelante. A veces pensaba por qué no había aprovechado aquella oportunidad de estar con una mujer tan hermosa, tal vez en otras circunstancias no lo habría dudado, pero con ella era distinto, y no tenía intenciones de tener una aventura con ella. Después de todo ya lo había pensado antes de verme en esa encrucijada, con ella era todo o nada.

Aquella tarde estaba escribiendo en mi despacho, siempre cuando quería evadirme un poco tomaba la pluma y vaciaba lo que se me venía a la cabeza, cosas que generalmente después convertía en cuentos o historias para Roland o para simplemente guardarlas como un borrador. Siempre quise publicar algo, y esperaba la oportunidad de algún día hacerlo.
Estaba escribiendo un cuento en base a la experiencia que me había contado un amigo hacía un tiempo sobre una casa que había comprado…

—No lo negaré, sé de qué me está hablando, la verdad es que no me sorprende lo que me dice.
Con sus manos entrelazadas el hombre que ya rondaba los 60 años levantó la mirada y vi que su rostro había cambiado. Era como si reflejara la sombra de un recuerdo que había decidido olvidar, y que sin embargo regresaba de golpe, testarudo, como un día de tormenta que cuando parece arreciar arremete con más fuerza.
Sobaba sus manos de manera nerviosa y lanzó un suspiro antes de enderezarse sobre el sillón y decidirse a hablar, aunque parecía resistirse y querer retener esos días que lo torturaban.


…Pensaba que era un buen comienzo para la historia, pero antes de seguir recordé que era mi turno de vigilancia aquella noche y me correspondía el pabellón en donde se encontraba la cafetería y el comedor, ese mismo donde casi diariamente miraba desde lejos a Regina, sentada casi siempre sola en la mesa junto a la ventana. Notaba que rehuía mirarme, tanto como yo intentaba disimular mis ganas por ir a sentarme frente a ella para hablar. Había decidido dejarlo así, yo ya había soltado lo que tenía que decir, y si ella no estaba de acuerdo lo mejor tal vez sería dar un paso al costado.

Comencé mi ronda cerca de las 9 de la noche, en esta época del año ya estaba oscuro desde hacía un par de horas, los pasillos solo eran iluminados por unos tenues apliqués en las paredes. Llevaba conmigo mi libreta donde solía anotar ideas sueltas que quien sabía si más adelante podrían servirme en mis escritos. Aquellos paseos solitarios por el edificio me ayudaban a relajarme y ordenar mis ideas.

A ratos llegaba al pasillo de espera junto al despacho del director. Allí me sentaba y escribía o tomaba un descanso antes de seguir. Siempre fui de sueño pesado y me costaba esta tarea, a veces era muy fastidiosa, sobre todo cuando nada pasaba.
Al pasar por fuera de la cafetería me pareció ver una sombra dirigirse hacia la despensa, y aunque la oscuridad de la noche suele engañarnos, estaba casi seguro de que no había sido ni una pareidolia ni mi imaginación. Me deslice sigilosamente, algo que por extrañas razones que no alcanzaba a entender se me daba muy bien, escabullirme en silencio. Sentí que se movían algunos trastos o algo dentro del lugar y la puerta semi abierta. Sin duda alguien había decidido dar cuenta de las provisiones del almacén.

Me acerqué con cuidado y a unos pasos de la entrada sentí un golpe seco seguido de sonidos de trastos chocándose. Debía entrar. Sin más demora entré al sitio y allí en la penumbra vi a Regina, sentada en el suelo y con un bote de helado en la mano. Sostuve la risa antes de hablar o acercarme.

Pero señorita Mills, me podría explicar que pasa aquí-Dije sosteniendo una sonrisa ahogada.

Ella me miró y se puso pálida, justo cuando una corriente de aire o algo cerró la dichosa puerta. Volví a mirarla antes de retroceder sin decir nada y girar el pomo de la puerta…estaba cerrado, definitivamente, y ahora estábamos ambos encerrados allí. Volví a mirarla y me acerqué para ayudarla a ponerse de pie.

-¿Tendrá la ansiedad algo que ver con esto? Eran las primeras palabras que le dirigía desde aquel día en el pueblo. Supongo que me sonroje pero intentaba mantenerme sereno…

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) 15248410
Robert Hargrave
Sobre mí
Mensajes : 56
Edad : 37
Localización : Grimmsburg
Para más información
Ver perfil de usuario
Instructor de Hípica y Arquería

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Miér Mar 27, 2019 5:10 pm

Maldita sea, no había pensado que aquello se desequilibraría solo con mi peso. Por suerte o por desgracia lo único que sufrió las consecuencias de aquella tonta caída fue mi trasero, al menos el helado se había salvado. Esperaba que el ruido no hubiera alertado a nadie, aunque dudaba que alguien hubiese escuchado nada teniendo en cuenta que la cafetería estaba muy apartada del ala de las residencias y que los pocos profesores que patrullaban los pasillos no se acercaban demasiado por allí. Nadie podría verme tirada por el suelo con un bote de helado de chocolate en una mano y una cucharilla en la otra.
Respiré aliviada y cerré la puerta de la nevera justo cuando el bello de la nuca se me puso de punta y una ráfaga de aire frío se coló por la puerta. Y entonces la oí, aquella voz profunda y cálida que me acariciaba el corazón cada vez que la escuchaba. De entre todas las personas que había en la universidad había tenido que ser él quien viniera a verme tirada en el suelo. Genial.

-Podría-dije secamente.

Y entonces un ruido detrás de mí hizo que el corazón se me encogiera. Muy lentamente giré la cabeza y vi que la puerta de la despensa se había cerrado, Robert debía haber empujado la cuña con el pie al entrar sin darse cuenta.
No no no no no. Aquello no podía estar pasándome. Ignoré la mano que me tendía y me abalancé hacia la maneta intentando abrirla inútilmente. Sabía de sobras que no había forma humana de abrir aquella puerta desde dentro sin la llave, y esta seguramente se balanceaba felizmente en la cerradura de fuera. ¿Cómo podía tener tan mala suerte?

-Mierda-me di por vencida y apoyé la espalda en la puerta.

Fue entonces cuando levanté los ojos y tomé consciencia de con quién me había quedado atrapada. Él me miraba entre divertido y atónito desde la otra punta de la despensa, pero la verdad es que en cuanto lo veía me hervía la sangre. ¿Cómo podía haber dejado que aquella puerta se cerrase?. No era tan complicado de entender, hasta había un cartel al lado que indicaba el peligro de no atrancarla bien.
En seguida comencé a recordar nuestra noche en la cafetería, sus manos recorriendo mi cuerpo y aquellos labios rozando mi cuello hasta que me derretí entre sus brazos. De repente me encontré desnuda, después de aquello me daba vergüenza llevar tan poca ropa delante de él. Intenté cubrirme con la bata, pero como no tenía cinturón no podía mantenerla cerrada. Al final lo dejé estar, aunque no se merecía ver lo que se había perdido aquella noche.

Me encogí un poco inconscientemente y froté mis brazos. Allí hacía más frío del que pensaba, y el ir descalza no mejoraba demasiado la situación. Pero en cuanto fui consciente de que me estaba mostrando como débil ante él dejé de tiritar y me aguanté, no pensaba darle la satisfacción de verme en apuros, y menos de aquella guisa.

-Bueno, parece que vamos a tener que quedarnos aquí hasta que Ruby abra la cafetería en…-consulté el reloj de la pared que marcaba las once- ocho horas-dije casi en un gemido. No podría soportar tanto tiempo a su lado. Si un par de minutos habían bastado para ponerme nerviosa y hacerme recordar, ¿qué pasaría cuando fueran las tres de la madrugada?. No definitivamente debía alejarme de él y no permitir que se acercase más.

Pese al frío que tenía y a lo cerca que estaba él de mi premio, me aproximé, cogí el helado y me retiré hasta la otra punta de la sala para sentarme entre cajones de pimientos y patatas. Abrí la tapa y con un movimiento rápido rompí la capa fina de crujiente de chocolate, al menos aquello me calmaría la ansiedad. Aunque tenía la sensación de que ni todo el helado del mundo podría aliviar el nerviosismo que sentía al lado de aquel hombre.
Evité sus ojos y traté de ignorarlo todo lo posible, pero él no parecía estar por la labor ya que seguía observándome tan intensamente que notaba su mirada hasta en los huesos. ¿Cómo podía provocar aquél efecto en mí? ¿cómo lo hacía para que, incluso con mi orgullo herido, las piernas me temblaran cuando estaba cerca?. Para no pensar más hundí de nuevo la cuchara y me llevé una gran cantidad de helado a la boca. Al menos tenía una excusa para no hablar.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) E0iFDb1

Regalos de fans:

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Regina10
Regina Mills
Sobre mí
Mensajes : 125
Para más información
Ver perfil de usuario
Jefa de Estudios

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Vie Abr 05, 2019 1:47 pm

Ocho horas —Pensé mientras tomaba mi teléfono. Definitivamente allí dentro no había señal. La miré y noté su evidente molestia. Si debíamos pasar allí tantas horas y considerando nuestro último encuentro, la situación sería a lo menos incómoda. Estaba claro que obviamente me culpaba por lo que sucedía. Vi que intentó cerrar su bata y temblar levemente. Me quité la chaqueta, me acerque y la puse sobre sus hombros.

—No sé si la mejor idea sea el helado en estas condiciones Regina.

Retrocedí y decidí que si íbamos a quedarnos varados allí intentaría que el encierro fuera lo más distendido posible.

—Dime ¿Piensas hablarme durante el tiempo que estemos aquí o has decidido ignorarme? Podemos hacer que este sea un momento incómodo e intentar suavizar lo más posible el trance —Dije sonriendo—

Miré esperando su respuesta. Entonces sentí que todo aquellos que llevaba meses intentando olvidar y dejar de lado regresaba. Bastó solo una mirada de aquellos ojos pardos para retrotraerme a ese momento en que pude hacerla mía y preferí retroceder.

Aun así no me arrepentía, ella no era para una potencial aventura, al contrario, sabía que si ese día hubiera seguido adelante habría terminado irremediablemente herido y decepcionado. Regina me había dejado en claro que no tenía intenciones de tener una pareja, o a lo menos de iniciar algo conmigo.

Sabía que si me hubiera dejado llevar habría sido simplemente una caída libre de muy incierto final. No, definitivamente no me arrepentía, y lo había terminado de aceptar en un segundo tras esa mirada que me había evitado por todo ese tiempo. Con ella era todo o nada.

—Lamento lo de la puerta, pero debes entender que debía entrar era mi responsabilidad. Te juro que si hubiese sabido que eras tú ni lo habría intentado, tengo claro que me evitas desde hace tiempo, y debo decir que a veces la vida tiene maneras curiosas de reunir a quienes se deben a lo menos una conversación…

Me observaba con la cuchara en la boca y no pude evitar reír, la verdad la escena era bastante absurda y me dio la impresión que ella con la boca llena de helado y la chuchara en sus labios también aguanto una pequeña risa, pero nuevamente no me sostuvo la mirada, regresó al bote sin decir palabra. Me quede en silencio esperando si decidía responderme.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) 15248410
Robert Hargrave
Sobre mí
Mensajes : 56
Edad : 37
Localización : Grimmsburg
Para más información
Ver perfil de usuario
Instructor de Hípica y Arquería

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Vie Abr 05, 2019 5:36 pm

Aunque mi orgullo me impidiera alzar la mirada hacia él todo mi cuerpo estaba en tensión. Era capaz de notar su escrutinio y por ello el vello se me ponía de punta, los latidos comenzaron a desbocárseme y mis manos intentaban disimular un leve temblor cogiendo cucharadas gigantescas de helado. Y cuando se acercó a mí y me cubrió los hombros con su chaqueta no pude evitar que un estremecimiento me recorriera la columna entera.
Supe que se alejaba por no incomodarme más de lo necesario. Pero ahora que tenía su olor a mi alrededor todos mis sentidos se estaban embotando porque lo único que podía percibir era su esencia a madera y bosque abrazándome.

-Sinceramente, me da igual si no es lo que más me conviene ahora mismo -dije con el ceño fruncido-. Lo necesito

Lo que quería decir era que necesitaba tanto que se alejase de mí y no volviera a hablarme como que me acunara entre sus brazos y me besara. Las últimas semanas habían sido duras, y más después de aquel rechazo tan brusco. Había pasado la mayor parte del tiempo recogiendo los pedazos de mi dignidad e intentando volver a ensamblarlos. Pero ahora que lo tenía delante mi esencia comenzaba a temblar de nuevo.
No, no quería hablar después de aquello, ¿para qué? ya estaba todo dicho. Él no quería lo que podía ofrecerle y yo no estaba lista para abrir mi corazón a nadie que no fuera yo misma. No pensaba volver a caer en aquella trampa, no después de Daniel. Nadie podría reemplazarle nunca y, aunque así fuera, no quería arriesgarme a volver a sufrir de aquella manera.

-Mira Robert -dije todavía con el helado en la mano-. No hay nada de qué hablar. Claramente los dos nos equivocamos con el otro -miré el anillo que adornaba mi anular derecho-. Yo no puedo ofrecerte lo que tu me pides -aparté la mirada y, por primera vez, lo miré directamente- y claramente tu no puedes aceptar lo que yo estoy dispuesta a dar.

Era tan atractivo. Incluso ahora con la camiseta ligeramente arrugada y el cabello algo alborotado después de un día ajetreado resultaba despampanante. Intenté apartar mis ojos de él, pero algo en lo más profundo de mi ser había anclado mi mirada en la suya, como si quisiera que con aquel simple gesto pudiera comprender todo lo que pasaba por mi mente.
Pero lo nuestro no podía ser, yo estaba demasiado rota y tenía demasiados planes como para que funcionara. Además, si alguna vez llegaba a enterarse de mi maldición… no creo que pudiera soportar que otro hombre me rompiera el corazón.

-Si todo fuera diferente… -dejé por fin el helado en el suelo y me pasé una mano por el cabello desviando mi mirada- Créeme, si tan solo lo fuera… -me mordí un dedo en un gesto pensativo- Pero tal y como están las cosas no puedo...no quiero que nadie entre en mi vida de esa manera.

Todo era demasiado complicado. Daniel, Blancanieves, mi maldición, mi final feliz en el trono… mi corazón no podría soportar un revés más, y menos si era por amor.
Volví a mirarle y sonreí, sería tan fácil enamorarme de él… Y aunque en ese momento no lo sabía del todo, mi corazón ya suspiraba por Robert.

-Yo también perdí a alguien -dije de repente y sin darme cuenta-. Fue hace mucho, mucho tiempo. Más de diez años en realidad -quería callarme, cerrar la boca y no volver a revivir el peor episodio de mi vida.-. Éramos jóvenes y nos íbamos a casar pese a que mi madre no lo aprobaba -miré de nuevo el anillo y sonreí. Incluso tanto tiempo después seguía acordándome de Daniel cada vez que bajaba la mirada y veía aquel simple aro de metal en mi dedo-. Yo estaba enamorada, como no lo he estado nunca antes. Le quería tanto...oh Dios mío le quería tanto… -los ojos se me comenzaron a humedecer y sorbí ligeramente por la nariz- Pero entonces le asesinaron delante de mí y mi mundo se vino abajo.

Las lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas y la piel de mi rostro comenzó a adquirir un leve tono rosado. Volver a pensar en aquello era demasiado duro pese a los años que habían pasado. El amor que sentí por Daniel era una carga dolorosa en mi corazón que no se había debilitado en todo aquel tiempo.
Me sentía ridícula llorando delante de él, encerrados en una despensa hasta el amanecer y con un bote de helado medio derretido a mi lado. Pero al recordar de nuevo la mano de Daniel acariciando mi rostro y mis labios algo volvió a rasgarse dentro de mí.

-Después de eso yo… no quise volver a saber nada sobre las relaciones. Primero me sentía culpable por desear el amor cuando Daniel estaba muerto, pero después me di cuenta de que nadie podría reemplazarlo nunca -él debía saberlo mejor que nadie-. Así que me limito a calentar mi cama de vez en cuando y a disfrutar de mi soledad.

Ignoré el impulso de cubrirme la cara con las manos y volví a mirar al suelo otra vez. ¿Por qué demonios había abierto aquel cajón de mi alma? ¿por qué, de entre todos los momentos y los lugares, tendría que haber escogido aquel para venirme abajo?.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) E0iFDb1

Regalos de fans:

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Regina10
Regina Mills
Sobre mí
Mensajes : 125
Para más información
Ver perfil de usuario
Jefa de Estudios

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Vie Abr 05, 2019 6:10 pm

Después de dejar mi chaqueta sobre ella, había retrocedido hasta el otro extremo de la despensa. De verdad intentaba no ponerla más incómoda, peor no podía dejar de mirarla. De pronto ese rostro seguro que conocía cambio, me miró y comenzó a hablar, con cada palabra que decía notaba como esa personalidad avasallante se resquebrajaba frente a mí. Tal vez deseaba desahogarse o tal vez simplemente quería hacerme entender por qué yo jamás tendría un espacio en su corazón.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y realmente no sabía cómo reaccionar frente a ello. Era una historia triste, tanto como la mía. Yo también había sufrido la pérdida del único y verdadero amor que había tenido en toda mi jodida vida, pero al menos tenía el consuelo de Roland, él era un parte de Mariam que siempre me acompañaba y su sonrisa era un antídoto para el dolor que me provocaban esos recuerdos.

Me acerqué nuevamente poniéndome en cuclillas frente a ella para quedar a su altura. Le quité la cuchara y tomé su mano entre las mías.

—Regina, aunque no lo creas lo entiendo…yo pasé por lo mismo, perdí a mi mujer. Ella había logrado cambiarme, el hombre que hoy soy es gracias a ella. Me ayudó a entender que en la vida a veces es mejor entregarse en lugar de esperar solo recibir, y te juro que fui el hombre más feliz del mundo mientras estuvo conmigo—Noté que unas lágrimas corrían por su mejilla y las seque con mi mano— Pensé que nunca volvería enamorar, pero apareciste de la nada, y te aseguro que aún no logro entender cómo es posible que casi sin conocerte sienta estas cosas por ti.

Me detuve y soltando su mano me senté junto a ella y la abrace contra mi hombro.

—No te preocupes, yo lo entiendo, tal vez simplemente no estas preparada, pero yo no haré contigo nada que no me salga de las entrañas, y te pido disculpas, pero para mí es imposible pensar en ti como una aventura pasajera, solo quiero que lo entiendas.

Ella no emitía palabra, sin embargo no se resistió a apegarse un poco a mí mientras hablaba. Tome su mentón para levantar su rostro hacia mí.

—Yo no insistiré Regina, no te preocupes, pero créeme, no perderé las esperanzas, y si algún día sientes que estas preparada puedes buscarme, yo te estaré esperando.

Estaba seguro que ella si sentía cosas, y por primera tuve la sensación que se abría y se dejaba llevar. Pero no pensaba aprovecharme de aquello. Solamente sentí la necesidad de abrazarla y compartir su dolor, porque era el mismo que aun conservaba yo mismo, oculto en un cuarto cerrado de mi corazón, tratando de olvidar que alguna vez estuvo ahí. La diferencia con Regina era que yo ya lo había asumido y había logrado entender que aferrarme a ese recuerdo no me dejaría avanzar.

Tomé la cuchara y me llene la boca de helado

—En verdad está buenísimo, aunque si seguimos dando cuenta de él moriremos aquí de hipotermia—Le dije sonriendo para intentar que se relajara.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) 15248410
Robert Hargrave
Sobre mí
Mensajes : 56
Edad : 37
Localización : Grimmsburg
Para más información
Ver perfil de usuario
Instructor de Hípica y Arquería

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Vie Abr 05, 2019 7:09 pm

No podía creerlo, de verdad me había abierto a él. Sin quererlo ni mucho menos planearlo comencé a hablarle de mi pasado con Daniel, de la razón por la que no quería embarcarme en una nueva aventura amorosa. Las palabras se derramaban desde mis labios casi como si al no haber narrado aquella historia durante tanto tiempo, ahora que había abierto aquella puerta, no pudieran parar de emerger. No era dueña de mis actos, no podía controlar mi lengua ni las lágrimas que habían comenzado a rodar por mis mejillas. Apenas podía respirar de la angustia por recordar.
Pero él estaba allí, Robert permaneció a mi lado y se arrodilló tomando mi mano entre las suyas reconfortándome con su calor. Pero sus palabras, lejos de calmarme, hicieron que aquella herida se abriera más. Él había cambiado gracias a su esposa, y yo a raíz de haber perdido a mi amor. No soportaría mirar a Daniel a la cara después de que viera en lo que me había convertido su muerte. Sabía que odiaría lo que era, o lo que había sido en el mundo mágico.

-Oh Robert -me aferré a su camiseta y la empapé con mis lágrimas-. Si tan solo pudiera volver atrás…

Muy en el fondo de mi alma sabía que, de retroceder en el tiempo y fugarme con Daniel, mi vida sería la de una simple campesina alejada de los lujos de la corte y de la magia que me había enseñado Rumpelstiltskin. Pero sería feliz, probablemente tendría hijos y una pequeña cabaña con huerto. Tendría todo lo que me faltaba, ahora estaba sola, sin magia y muy lejos de mi final feliz.

Poco a poco dejé de llorar. El recuerdo de aquel momento seguía atenazándome el corazón, pero ahora que Robert estaba a mi lado abrazándome sentía que esa presión que llevaba años instalada en mi corazón comenzaba a aflojarse. Y ahora que estaba más calmada el único pensamiento que ocupaba mi cabeza era el de que todo había salido absolutamente mal. Nada había ido como se suponía que debía, estaba en el peor momento de mi vida y no tenía ni un solo consuelo en aquel maldito mundo.
Pero entonces Robert levantó mi mentón y me miró tan penetrantemente que sentí que sus ojos me exploraban el alma. Era como si pudiera ver a través de mí, de toda mi oscuridad y de la poca luz que todavía guardaba dentro, sin dejar de sonreír.

No pude evitar la pequeña sonrisa que se instaló en mi cara ante su comentario. Curiosamente ya no sentía que necesitara el helado para calmarme. Hablar con él había resultado mejor terapia que un subidón de azúcar.

-Eres un buen hombre Robert -mi mano se posó en su mejilla y el pulgar comenzó a trazar pequeños círculos en ella-. Somos tan diferentes… yo soy la terrible -dije aludiendo al apodo que los alumnos me habían puesto- mientras que tu eres pura luz -podía sentir aquella intensidad tan pura como el cristal emanando de él-. He hecho cosas horribles a lo largo de mi vida, ni siquiera puedes llegar a imaginar la maldad que alberga mi corazón.

Aquello parecía un último intento desesperado de mi mente por ganarle la partida a mi corazón. Si él supiera lo que había disfrutando aplastando corazones, persiguiendo a inocentes y haciendo miserables las vidas de mi ahijada y mis súbditos por una venganza… Probablemente se apartaría y no volvería a pensar en mí en toda su vida. Pero aun así tenía que alejarlo, no podía permitir que algo tan bueno se corrompiera por mi culpa, no quería romperme en mil pedazos cuando se enterase de mi plan.

-Y lo peor de todo es que no me arrepiento de ellas -amaba mi lado oscuro, me había dado muchas cosas buenas y había destruido a los que me habían arrebatado la felicidad-. Debes estar pensando que soy un monstruo, y si no lo haces deberías. E incluso así… -incluso así desearía tenerte quise decirle.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) E0iFDb1

Regalos de fans:

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Regina10
Regina Mills
Sobre mí
Mensajes : 125
Para más información
Ver perfil de usuario
Jefa de Estudios

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Vie Abr 05, 2019 8:08 pm

Cuando dijo que ser creía un monstruo al contrario de alejarme la abracé más fuerte. Sus palabras denotaban una absoluta confusión, parecía tan vulnerable a pesar de aquella fachada de dureza.

—Regina, todos merecemos segundas oportunidades. Yo también tuve un lado oscuro, pero si te cierras como una pequeña ostra nunca podrás superar el pasado.


Sentía sus leves sollozos y su respiración cerca de mí. Si tan sólo pudiera hacer que ese momento no acabara nunca…cada vez que la tenía cerca se me ponía la piel de gallina y se me aceleraba el corazón. Yo ya le había entregado todo lo que tenía en mi corazón, ella lo sabía, me había dejado llevar sin temores a lo que sabía podía ser un abismo, pero no me importaba nada.

—Yo no pienso eso de ti. Aunque te suene absurdo cada vez que intento alejarme de ti es inútil. Tus ojos me asaltan durante las noches y yo ya no lo resisto, es duro sabes? Usted es muy especial señorita Mills, pero no debes temer, ya te lo he dicho, si tú no me quieres cerca sabré tomar mi lugar.

Hubo un rato de silencio. Solo me importaba que estaba junto a ella, y que pasara lo que pasara atesoraría este momento por un largo tiempo. Ya no tenía más que decir, y creo que las palabras a esas alturas casi salían sobrando. Su mano en mi rostro era como una ráfaga de aire fresco entrando por mi ventana una tarde de primavera. Solo me aferraba a ella sin querer dejarla ir. Finalmente me acerqué y bese su frente tomando mi rostro entre sus manos.

—En mí puedes tener al mejor amigo, siempre estaré para ti.

A duras penas frenaba mis impulsos por besarla. Nada de lo que me contaba me importaba, en el fondo sabía que a pesar de todo lo que hubiera pasado en su vida ella tenía aun en su alma un atisbo de redención, y si podía ayudarla a dejarlo salir lo haría sin titubear.

—No te temo Regina, y a pesar de lo que digas quiero que sepas que todos merecemos una nueva oportunidad, y yo veo en ti la mía. Aunque sé que no está en tus planes un viudo inglés algo aburrido— Dije sonriendo— ten por seguro que lo que necesites no debes dudar en pedirlo.


Intentaba decirle que dejara de evitarme, que a lo menos me diera el beneficio de la duda, o la belleza de sus sonrisa por las mañanas en el comedor, un buenos días, tal vez un “cómo estás hoy”, tan sólo saber que me había perdonado por lo que pasó. A estas alturas sabía que ya estaba enamorado de ella, y lo que había intentado negar durante meses no era más que un vano intento de echar la tierra bajo la alfombra.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) 15248410
Robert Hargrave
Sobre mí
Mensajes : 56
Edad : 37
Localización : Grimmsburg
Para más información
Ver perfil de usuario
Instructor de Hípica y Arquería

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Sáb Abr 06, 2019 9:27 am

Una segunda oportunidad, eso era lo que me ofrecía. Pero ¿realmente quería empezar de nuevo haciendo el bien?. Toda mi vida se basaba en la maldad y la oscuridad, al menos desde que había abrazado esa parte de mí. Y ahora que lo tenía delante, que me aferraba a
él como si de un bote salvavidas se tratara, no tenía el corazón para decirle que no deseaba ese futuro. Yo era pérfida, y me encantaba serlo, adoraba mostrar mi poder y aplastar a cuantos ejércitos se pusieran ante mí.
Robert merecía algo mejor que eso, merecía a alguien bueno que pudiera cuidarle y darle una familia normal. Yo no podía… no quería dejar de lado mi venganza, mi plan entero. No quería mirar hacia otro lado ahora que había logrado traer a todos a un mundo sin mi adorada magia. No podía soportar la idea de haber pasado por todo aquello, de haber sacrificado hasta a mi propio padre por un plan que, a la mínima oportunidad, iba a dejar correr.

Pero no podía decírselo, no podía mirarle a la cara y mentirle de aquella manera, no a él. Era incapaz de prometerle ser la persona que él veía en mí. No me veía capaz de ser lo que una vez había sido, de ser buena y gentil. Además, había demasiada oscuridad en mí, demasiados pecados que expiar y de los que no me arrepentía en su gran mayoría. Y aunque dejase todo de lado, nunca podría perdonar a Blancanieves por lo que nos hizo a Daniel y a mí.

-Te quiero cerca… -probablemente aquella era una de las pocas verdades que le había dicho dejando de lado mi trágica historia de amor-. Pero tengo un lío demasiado grande en mi cabeza como para…

Dejé la frase en el aire, no sabía qué decirle para no herirlo más. Ya le había dejado claro que no estaba preparada para mantener una relación con nadie. Repetirlo probablemente sería ahondar más en una herida abierta.

Un amigo… vaya hacía tanto tiempo que no tenía amigos. De hecho ni recordaba lo que se sentía teniendo uno. Llevaba sola desde hacía demasiado tiempo, la única compañía de la que disfrutaba en mi castillo eran mi padre y mi espejo mágico y ninguno de ellos podían considerarse amigos míos. Además, seguro que le había dolido pronunciar aquellas palabras. Después de confersarme sus sentimientos dudaba que pudiera mantenerse a mi lado como un simple amigo.

-Un… amigo -le abracé con fuerza-. Gracias -dije con lágrimas en los ojos.

Si supiera todo lo que no había estado en mis planes originales seguramente se reiría. A lo largo de los años había aprendido que los planes raramente salen como los habías planeado. De no ser así seguiría en el trono con el corazón de Blancanieves aplastado bajo mi tacón, mi padre seguiría vivo y mi única preocupación sería la de mantenerme joven y bella.

-Lo sé Robert, pero… -no, basta no podía seguir de aquella manera, no podía seguir rechazándole sin parar. Merecía ser feliz y yo no podía darle lo que buscaba-. Es igual.

No estoy segura de cuánto tiempo pasamos en aquella postura, abrazados en el suelo de la despensa en silencio. Y aunque en un primer momento aquello me gustó, acabé por darme cuenta del silencio tenso que se había instalado entre nosotros.

-¿Por qué profesor? -Dios mío, había caído en los tópicos de una conversación informal-. Es decir… si vamos a comenzar a ser amigos quizá deberíamos… conocernos de verdad.

Y aunque él sabía más cosas de mí de las que nunca había revelado a nadie, dejando de lado a mi padre, no bastaba para conocerme de verdad. Tenía miedo de que, al ver la oscuridad de mi corazón, retrocediera volviendo a dejarme sola en aquel mundo. Pero en ese momento no me importó, había aprendido a amar la soledad y el silencio. Además, quizá merecía la pena arriesgarse por alguien como él.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) E0iFDb1

Regalos de fans:

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Regina10
Regina Mills
Sobre mí
Mensajes : 125
Para más información
Ver perfil de usuario
Jefa de Estudios

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Vie Abr 12, 2019 5:15 pm

Por primera vez, probablemente desde que nos conociéramos no se notaba incómoda, al parecer había entendido que abrirse un poco con alguien podía ser reconfortante. Yo miraba su cabello mientras la abrazaba contra mí y sentía su aroma, la verdad y a pesar de no ser el lugar más adecuado para iniciar una relación de amistad creí que en ese momento no hubiese querido estar en ningún otro lugar del mundo.

—Ya es hora tal vez de tener uno—Le dije—Puedes contar conmigo, y te prometo que no voy a volver sobre lo mismo, ya sabes de sobra que es lo que generas en mí, pero te aseguro que el ser tu amigo me ayudará a superarlo, y te agradezco que lo aceptes.

Comenzaba a helar y trate de cubrirla mejor con mi chaqueta, deberíamos estar varias horas allí e intentar enfrentar la noche lo mejor posible. Un silencio algo largo se cruzó entre nosotros mientras yo cerraba mis ojos e intentaba calentar sus manos tomándolas entre la que tenía libre. Las de ellas eran suaves, delgadas bastante más pequeñas que las mías, así que alcanzaba a cubrir ambas. Comenzaba a temblar un poco y la acerqué más. De pronto sus palabras me sacaron de aquel sopor que comenzaba a apoderarse de mí.

Yo creía que en realidad aquella sensación de conocerla desde antes debía tener alguna explicación. Ella me pedía conocernos, pero yo pensaba que teníamos una conexión y que casi no era necesario. Sin embargo lo que menos quería era arruinar aquella oportunidad de acercarme.

—Por supuesto, y que tal si empezamos desde el principio—La separé de mí—Robert Hargrave a su servicio Milady, soy el nuevo profesor, y me gustaría que me diera mi asignación de salas y horarios—Le dije sonriendo y estirando mi manos hacia ella.

Me quede observando su reacción y entre la penumbra de esa habitación vi como esbozaba una leve sonrisa. Si tan solo pudiera despertar cada mañana con ese rostro a mi lado…pero ya lo había aceptado, y entendía. Ella no dejaría que nada se interpusiera con su carrera, supuse después de todo que era lo más importante en su vida y podía comprenderlo, aunque eso no evitaba que aun albergara alguna diminuta esperanza de que en el futuro las cosas pudieran cambiar.

—Confíe en mi señorita Mills, le aseguro que no se han equivocado al seleccionarme para el cargo, daré lo mejor de mí—Continúe sin dejar de mirarla - Confía en mi Regina, no haré nada que tu no quieras, y estaré para tí cada vez que lo necesites, soy muy bueno escuchando…




_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) 15248410
Robert Hargrave
Sobre mí
Mensajes : 56
Edad : 37
Localización : Grimmsburg
Para más información
Ver perfil de usuario
Instructor de Hípica y Arquería

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Mar Abr 23, 2019 6:30 pm

Sentía mi cuerpo temblando ligeramente contra el suyo, aunque no podía decir si era debido al frío de la habitación o a la cercanía de su rostro. Su esencia me envolvía, su brazo me apretaba contra él y su mano libre cogía las mías intentando tranquilizarme y calentarme. Viendo mi reacción, el leve tembleque de mis labios, la aceleración de mi corazón y el hormigueo que me recorría la piel allá donde su aliento me acariciaba, dudaba seriamente que pudiera soportar ser su amiga solamente, aunque debía intentarlo de alguna manera. Quería mantenerlo cerca de mí sin que traspasase aquella línea que yo había trazado en mi corazón, pero se antojaba tan dificil…

-Regina Mills -dije esbozando una pequeña sonrisa y estrechándole la mano que me tendía-. Me temo que en este momento no dispongo esos papeles. Pero quizá pueda pasarse mañana por mi despacho -recordé nuestro primer encuentro y sonreí para mis adentros. Parecía que hubiera pasado muchísimo desde entonces.

Retuve el aliento cuando me dijo aquello. Hacía demasiado tiempo que no tenía a nadie que quisiera ser un hombro en el que llorar, un amigo que me escuchara cuando estuviera furiosa y decepcionada. Ya ni siquiera recordaba lo que se sentía con aquello que la gente llamaba amistad. Lo único de lo que estaba segura era que en todos aquellos años no habían habido muchas ocasiones en las que me sintiera lo bastante sola como para necesitar o desear la compañía de nadie. Pero ahora, sola en un mundo extraño y completamente a merced de mis sentimientos, sentía que me hacía falta un amigo.

-Lo sé Robert -apoyé una mano en su torso y noté el latido de su corazón a través de la tela de la camiseta-. Pero he de advertirte de que no puedo prometer lo mismo. No estaré siempre que me necesites, -soy demasiado egoísta y malvada querría haber dicho- ni escucharé en silencio sin juzgar, ni siquiera soy buena empatizando -contuve la respiración-. Pero si tienes paciencia prometo esforzarme.

Debería decirle que me abriría a él, que le ayudaría cuando lo necesitase, que podría contar conmigo incluso para esconder un cadáver, o quizás sobretodo para esconder un cadáver, pero no quería mentirle a la cara. Me conocía tan bien que sabía que me costaría confiar lo suficiente en él como para contarle mis miedos, inseguridades y deseos. Y, aún si lo hiciera, no podría confesarle todo lo que mi corazón escondía. Mi alma tenía demasiadas sombras, demasiados agujeros negros que devoraban la bondad que me rodeaba. La luz en mí era escasa, por no decir nula, aunque quizá él podría…

-No voy a ser la mejor amiga del mundo, ni siquiera me acercaré. Pero mi puerta está abierta para ti.

Le miré fijamente esperando que entendiera lo que le decía, esperando que supiera que aquella frase implicaba un nivel de compromiso que no había adquirido con nadie desde hacía décadas. Deseaba que supiera que, aunque no estaría para él a cada hora, dejaría una puerta abierta por la que podría colarse siempre que quisiera. Si tan solo pudiera darse cuenta de lo que deseaba que acudiera a mi despacho con dos tazas de café en la mano y una charla intrascendente en la cabeza… Si tan solo…

-No es mucho, y ni siquiera es aceptable -dije ante su silencio-. Pero es más de lo que he dado en mucho tiempo y… -no pude continuar porque me puso un dedo en los labios y sonrió. Oh dios… aquella sonrisa.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) E0iFDb1

Regalos de fans:

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Regina10
Regina Mills
Sobre mí
Mensajes : 125
Para más información
Ver perfil de usuario
Jefa de Estudios

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Robert Hargrave el Mar Abr 30, 2019 2:56 pm

Escuchaba sus palabras advirtiéndome que no sería quien yo esperaba. Pero la verdad es que yo no esperaba nada en especial, ella me había llamado la atención por algo que va más allá de una simple actitud o una frase lanzada al azar, era algo en su esencia y que no podía entender del todo, algo que me tenía confundido y que a veces regresaba a mi mente y podía estar horas dándole vueltas al asunto, pero sin llegar a una explicación satisfactoria.

Ella seguía hablando de sus defectos, era como si no viera lo que yo si lograba adivinar en sus ojos. Tal vez haya pasado por muchas cosas, tal vez la traicionaron y la hirieron antes y tal vez ella no había reaccionado bien, quién sabe, probablemente quiso tomarse revancha, o simplemente decidió que no valía la pena luchar por nadie y simplemente se enclaustró tras ese resentimiento, pero en el fondo estaba seguro que más allá de cualquiera de sus acciones era una gran mujer, que había reprimido muchas cosas, y si yo podía ayudar a que eso cambiara lo haría sin dudar, y sin esperar nada a cambio.

—Ya Regina—Le dije poniendo mi dedo índice en sus labios, esos hermosos y suaves labios—Es suficiente, yo no te pido y menos aún exijo nada, solo se tu misma, yo no soy quien para juzgarte.


La abracé más fuerte contra mí y bese su frente de manera casi inconsciente esperando no haberla incomodado. Sólo quería aprovechar este accidente para estar con ella y sentirla cerca.

— ¿Crees que algún día podrás contarme que cosas has pasado para ser como tú misma dices tan poco empática o hasta egoísta por lo que dejas entrever?


Ella levantó la mirada hacia mí. Por un momento sentí el impulso de tomarla de una vez y besarla olvidarme de mis aprehensiones, pero sólo observé esperando que tenía que agregar. Si ella quería que fuera su amigo lo haría sin chistar y sin esperar reciprocidad, a estas alturas lo único que esperaba era verla más feliz, mas sonriente, con eso me bastaba, al menos por ahora, y con tener la posibilidad de vez en cuando de sentarme junto a ella en los jardines, en la cafetería o en su despacho simplemente a conversar y escucharla.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) 15248410
Robert Hargrave
Sobre mí
Mensajes : 56
Edad : 37
Localización : Grimmsburg
Para más información
Ver perfil de usuario
Instructor de Hípica y Arquería

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Regina Mills el Lun Mayo 06, 2019 8:36 pm

Sentí su dedo en mis labios como una suave caricia que me acallaba para dejar de decir tonterías. Me estaba dejando llevar demasiado por mi corazón y no estaba segura de hasta qué punto aquello era o no bueno. La cabeza me seguía gritando, cada vez con menos fuerza, que debía alejarme de él y centrarme en mi venganza. Pero algo en mi pecho se hinchaba cada vez que aquello resonaba en mi mente, como si de alguna manera quisiera acabar con aquello y lanzarme al vacío. Sería tan fácil dar ese salto, dejar de lado todo y conformarme con una vida simple con Robert. Pero no, en mi interior sabía que siempre me faltaría algo, que nunca me sentiría completa sin aquello que había ansiado durante tanto tiempo.

-Robert…

Levanté la cabeza hacia él y, por primera vez, fui consciente de lo cerca que estábamos el uno del otro. Bastaría un simple movimiento de cabeza para juntar nuestros labios y recrear aquel beso feroz en el baño del bar. Notaba la manera en la que mi respiración se entrecortaba ligeramente y la forma en la que la boca se me estaba secando. Le deseaba, por encima de cualquier cosa. Necesitaba sentirle, abrazarle y arañarle la espalda. Pero sabía que no sería justo para él.

-No lo sé -dije por fin.

Le sonreí, era lo único que podía hacer. No quería engañarme a mí misma diciéndole que sí, que podría confiar plenamente en él y en ese amor que afirmaba sentir por mí. No quería arriesgarme a que me recordara, a que recordara lo que hice y lo que era. Incluso era posible que en el antiguo mundo hubiera truncado su vida de alguna manera. ¿Habría sido yo la causa de que muriera su mujer? ¿habría sido yo la causa de su sufrimiento? Prefería quedarme en la ignorancia y disfrutar sin saber si aquello era verdad o no.

Tenía los pies helados. La temperatura no parecía haber variado lo más mínimo pese a estar tan cerca de Robert y notar el calor de su cuerpo junto al mío. Quizá tuviera que ver el hecho de que no llevaba más que un pijama de raso fino y una bata corta, ni siquiera me había molestado en coger unas zapatillas para hacer el menor ruido posible. Ahora aquella me parecía una decisión estúpida ¿quién va por ahí descalza a esas horas de la noche?

-¿Cuánto queda todavía? -dije intentando mirar inútilmente el reloj de la pared, estábamos demasiado lejos- Me estoy congelando aquí dentro.

Intenté ocultar un bostezo tras mi mano e inconscientemente me acurruqué junto a él. Seguramente no tendría mi mejor aspecto tras una velada de insomnio como aquella. No tenía ninguna prisa por verme en el espejo ni por acudir por la mañana al despacho. Quizá incluso podría fingir estar enferma para dormir unas pocas horas. Sin embargo deseché aquella idea rápidamente sacudiendo la cabeza, aquello era más propio de estudiantes que de profesionales y me negaba a rebajarme a semejante nivel.

-Supongo que después de esta noche te costará un poco concentrarte en dar clases de tiro con arco. Yo ni siquiera podría acertar a la diana -aunque claro, quizá si antes había sido un experto no tendría problemas.-. De hecho dudo que pueda estar demasiado atenta a la montaña de trabajo que me espera en el despacho.

Mi cabeza comenzó a irse y lentamente noté como la pesadez se instalaba en mi cuerpo. Casi sin darme cuenta los ojos se me cerraron y la respiración se me acompasó.

-Ojalá pudieras estar conmigo para hacerlo todo más fácil -dije en un susurro y sin darme cuenta justo antes de quedarme dormida entre sus brazos.

_________________

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) E0iFDb1

Regalos de fans:

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Regina10
Regina Mills
Sobre mí
Mensajes : 125
Para más información
Ver perfil de usuario
Jefa de Estudios

Volver arriba Ir abajo

Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave) Empty Re: Cuando las palabras no basten recurre a los helados (Robert Hargrave)

Mensaje por Contenido patrocinado

Sobre mí
Para más información
Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.