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Grimmwelt University
Ambientación
Hace siglos que nuestro mundo ha dejado de creer en la magia. Sustituida por la ciencia y la tecnología, los humanos han perdido la fe en los cuentos de hadas, y los finales felices son algo que ahora solo parece existir en libros y películas.

Pero hay otros mundos separados del nuestro por un fino velo que ha sido atravesado por una oscura maldición, trayendo a un recóndito castillo entre las montañas de Alemania a un gran número de personajes pertenecientes a esos mundos de cuentos de hadas.

En un lugar conocido como el Bosque Encantado, un mundo que alberga reinos de las grandes historias de los cuentos, como Blancanieves, Cenicienta, o Caperucita Roja, el Ser Oscuro, Rumpelstiltskin, ha convencido a la Reina Malvada de que los villanos no tienen finales felices en una tierra donde la magia buena siempre triunfa, y deseando obtener el suyo, la Reina Regina ha reunido a las brujas más malvadas y poderosas de los reinos, a fin de llevar a cabo ese poderoso hechizo.

Pero el mal inevitablemente atrae a las fuerzas del bien, que intentan evitarlo. A oídos del Hada Azul llegaron las intenciones de la Reina Malvada, y tras pedir ayuda a la Reina Blanca de Wonderland, convencieron a Maléfica, Reina de las Ciénagas, para dejar de lado su rencor hacia los humanos y proteger el Bosque Encantado.

Por desgracia, ni la ayuda de aquella que fue el Hada más poderosa de todas ha podido evitar los oscuros planes de Rumpelstiltskin, y el choque de la magia negra con la magia buena que intentaba evitarlo ha provocado una ola de poder tan grande capaz de atravesar no solo el espacio, sino el tiempo y las dimensiones, afectando no solo a los habitantes de aquel mundo, sino a muchos otros, e incluso a un futuro que ahora se antoja incierto.

Ahora, todos esos seres de cuento de hadas han quedado reducidos a meros humanos en nuestro mundo, encerrados en los terrenos de un enorme castillo entre las montañas, conectado con un pequeño pueblo que hace de entrada, pero manteniéndolo separado en cierta manera, con un poderoso hechizo que impide a la mayoría entrar o salir.

Pero las cosas no han salido como todos esperaban. Rumpelstiltskin puede ser ahora el dueño de todas esas tierras, pero no es capaz de abandonarlas, y el "final feliz" de la Reina Malvada ha quedado eclipsado al ver que, en lugar de estar al mando como Directora de la universidad, hay otra persona en su lugar, Maléfica. La magia de las hadas logro en el último momento modificar en parte el hechizo, y aunque la mayoría de los héroes han perdido sus finales felices, gracias a ellas mantienen su libre albedrío, teniendo la oportunidad de reencontrarse y recuperarlo.

En un mundo sin magia, donde todos creen ser personas normales, solo unos pocos recuerdan de dónde vienen, quiénes son, y la necesidad de traer de vuelta la magia a este lugar donde todos parecen haberla olvidado.

Dependerá de cada uno escoger su nuevo camino, tener el valor para recuperar la felicidad que han perdido, o comenzar de cero, mientras se pone aprueba si aún queda algo de magia que despertar en este mundo, y si los cuentos de hadas pueden formar parte de la realidad.
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Mensaje por Melisa Kasdovassilis el Dom Oct 07, 2018 12:59 pm

El vuelto hasta Alemania se me había hecho eterno. No por las turbulencias, el tiempo que nos habían hecho esperar hasta el despegue o por las interminables explicaciones de las azafatas, sino porque me había tocado un asiento perfecto para que un niño de nueve años descargase su ira con patadas pese a mis continuas quejas a su madre.
Después de eso la cosa fue de mal en peor. Perdieron una de mis maletas y no había posibilidad de encontrarla, me detuvieron para hacerme un control antidrogas aleatorio y la mujer se tomó su tiempo para cachearme mientras su compañero me comía con los ojos. Además, por si no había tenido suficiente, perdí el autobús y el único taxi que quedaba hacía unos ruidos bastante raros. Aún así decidí que quería llegar a la universidad cuanto antes por lo que pagué al taxista y le di la dirección que me había proporcionado mi padre antes de echarme a patadas de casa.

Mientras el taxi se metía por la autopista y dejaba atrás la ciudad adentrándose por un terreno montañoso y lleno de árboles mi mente comenzó a divagar. Odiaba tener que cursar mi último año lejos de casa, de mis amigos y de cuanto había conocido. No soportaba que hubiera tenido que dejar mi vida atrás por culpa de aquel gusano de Lysander y del idiota de mi padre. ¿Por qué mi vida siempre se complicaba por los hombres que entraban en ella?
Me pasé una mano por la cara y sacudí la cabeza. Tenía que dejar de pensar en todo eso, ya hacía mucho que lo había dejado atrás, o eso pensaba. Alemania me daba la posibilidad de comenzar desde cero en un sitio en el que no me conocían ni sabían nada de mi.

De pronto escuché unos ruidos extraños y una explosión. No pude evitar saltar y golpearme la cabeza con el techo del coche mientras una humareda de color negro comenzaba a serpentear desde el capó del coche.
El taxista, asustado, salió lo más deprisa que pudo y miró el motor del coche mientras tosía por el humo y los gases.

-Otra vez no, acabo de pagarlo…-dijo con un extraño acento.

Viendo que la cosa no tenía buena pinta y que seguramente tardaría bastante en arreglarlo, si es que podía hacerlo, traté de llamar a otro taxi para que viniera a buscarme. Pero ni el conductor, que intentaba avisar a una grúa, ni yo tuvimos mucha suerte con la cobertura, ni siquiera al salir del coche y dar una vuelta logré contactar con nadie.

-Genial.-bufé sonoramente y me giré hacia el conductor- ¿El pueblo está muy lejos de aquí?-dije con el ceño fruncido y mal humor.

-Eh...bueno en coche es media hora pero a pie y con este terreno…-se frotó la nuca con nerviosismo y esquivó mi mirada- es un buen rato la verdad.

-Perfecto.-me dirigí al coche pisando fuerte y lo abrí de un golpe mientras sacaba todo mi equipaje- Supongo que ahora tendría que estar agradecida de tener una maleta menos con la que cargar.-me crucé la bolsa haciendo que mis pechos se marcaran más y arrastré las dos maletas hasta mi interlocutor.- ¿Me vas a decir por dónde tengo que ir o esperas que lo adivine yo sola?-mi mal humor iba en aumento y el hombre, tartamudeando y con nerviosismo, me señaló la dirección.- Perfecto, muchas gracias.-dije derrochando sarcasmo y sin pagarle el viaje.

Eché a andar intentando no caerme con los tacones y, mientras el sol iba avanzando, comencé a maldecir a mi padre, al piloto, al encargado de las maletas y al taxista en varios idiomas. No podía creer que no hubiera llegado a la universidad y ya me pareciera que mi estancia en Alemania no podía ser peor. Y, de la nada, como si Dios se mofase de mí, comenzaron a caerme gotas sobre la cabeza.

-Gracias-dije mirando al cielo- En serio, muchísimas gracias. ¿Algo más?-un trueno sonó en la lejanía y comenzó a llover más-. No sé por qué he preguntado.

Notaba como el pelo me chorreaba y me empapaba la ropa. Definitivamente no había escogido un buen momento para llevar una camiseta con transparencias y pantalón corto.
Al fin llegué a la plaza del pueblo agotada, con los pies doloridos y, milagrosamente, sin una rascada ni moratones adornando mis piernas. Pero como con aquella lluvia me era imposible ver nada a más de dos metros a la redonda entré en el primer bar que vi y me senté en la barra ignorando las miradas que todos los presentes me echaban. Supongo que no era muy habitual ver a una chica entrar empapada, con el pelo enmarañado y el ceño fruncido.

-¿Necesita esta doncella alguien que la ayude?- dijo un chico de dientes blanquísimos y cabello rubio.

-Soy una doncella,-dije dejando las maletas y quitándome la bolsa- estoy en apuros,-me escurrí el pelo- y lo solucionaré yo solita. Que pases un buen día.-ante mi mirada de mal humor el desconocido dejó de mirarme los pechos y volvió por donde había venido no sin antes darme un buen repaso con los ojos.

-¿Te pongo algo?-dijo un hombre grueso que había detrás de la barra.

-Whisky, solo.-dije- Y no te cortes.-me puso una copa delante y la apuré en dos tragos.- Otra.- después del mal día que había tenido me merecía disfrutar de dos buenos copazos.

El camarero me miró sorprendido y me volvió a rellenar el vaso mientras me miraba el escote. ¿Por qué los tíos solo saben mirar hacia una parte?

-Me llamo Balthasar.

-Me alegro.-dije de mal humor y sin ganas de hablar.

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Re: Esto no es un concurso de camisetas mojadas (Danielle Christole)

Mensaje por Danielle Christole el Mar Oct 09, 2018 10:07 pm

De vez en cuando, me gustaba salir a pasear por el pueblo, sobre todo cuando había demasiado alboroto en los jardines de la universidad. Normalmente solía ir a la biblioteca a leer, pero hoy me apetecía hacerlo al aire libre; así que cogí el libro que estaba leyendo actualmente y me dirigí al pueblo.

Mi intención era ir a la plaza, pero pequeñas gotas de agua comenzaron a caer y tuve que cambiar de planes. Me dirigí rápidamente a la posada y cafetería Meal & Grimm's, apurando todo lo que podía en un intento de no mojarme demasiado. Por suerte, logré entrar en la cafetería antes de que se largase a llover intensamente, pero eso no me había librado de alguna que otra mojadura.

Me acerqué a la barra, saludando a Balthasar con una sonrisa. Como en todo pueblo pequeño, todos terminábamos conociéndonos, sobre todo si sueles frecuentar el Meal & Grimm's.

- ¡Hola, Balthasar! - Le dije amigablemente. - ¿Me pones un cappuccino de vainilla y caramelo? - Pedí mientras me sentaba en la barra junto a un chica castaña.

Esta se encontraba mucho más empapada que yo, de hecho, parecía que le habían tirado un cubo de agua encima. Seguramente, la tormenta la había pillado por el camino. De haber tenido algo de abrigo, se lo habría dejado ya que parecía que fuese a comenzar a tiritar en cualquier momento.
Al ver las maletas a un lado de ella, supuse que sería una nueva alumna de la universidad; ya que desde que estoy en la universidad nunca había visto turistas.

- Hola, disculpa que te moleste... - La miré amigablemente y le dirigí una pequeña sonrisa. - ¿Vienes a Grimmwelt? - Dije dirigiendo la mirada a sus maletas por un segundo, para luego mirarla a ella.

Mientras esperaba su respuesta, apareció el camarero a traerme el café que había pedido. Le agradecí con una sonrisa y tomé un sorbo, suspirando al sentir el líquido caliente bajar por mi garganta. Poco a poco, comenzaba a entrar de nuevo en calor, aunque me incomodaba bastante la sensación de la ropa mojada en mi piel. Supuse que si yo me encontraba así, la chica a mi lado se encontraría mucho peor.

- ¿No tienes frío con esa ropa mojada? - Le pregunté mirando como su ropa chorreaba agua y comenzaba a formar un charco en el suelo. Sin duda alguna, Balthasar no estaría nada contento cuando tuviese que limpiarlo. Lo más sensato sería que la castaña fuese al baño a cambiarse de ropa y tomase algo caliente, en vez del Whisky.

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Mensaje por Melisa Kasdovassilis el Miér Oct 10, 2018 10:07 am

No podía creer en mi mala suerte. ¿Qué probabilidades había de que un niño me destrozase la espalda, me cacheasen en un control antidrogas, perdieran una de mis maletas, se aberiase el taxi y comenzase a llover en menos de doce horas? ¿Tanto me odiaba alguien de ahí arriba como para desearme una tormenta de relámpagos y frío?
Aquello había empeorado mi ya de por sí avinagrado carácter. Si ya estaba furiosa por la manera en la que mi padre me había dejado las maletas en la puerta y mandado a miles de kilómetros de distancia, el hecho de haber atravesado toda una odisea para llegar a una universidad a la que no quería asistir tan solo había conseguido cabrearme todavía más. Al menos había conseguido encontrar un sitio medio decente y caliente para protegerme de la lluvia, la parte mala era que había decenas de babosos que se me quedaban mirando sin disimulo.

Pedí un whisky para calmar los nervios. Obviamente no era el mejor remedio contra una gripe en potencia ni me protegía del frío, pero aquello me importaba más bien poco. Me merecía aquello después del día que había pasado. Y si a alguien le molestaba podía llevar su opinión a algún lugar en el que la pidieran.
Me acabé la copa de dos tragos y pedí otra. Mi intención no era emborracharme, tan solo quería evadirme de aquel día de perros que todavía no había acabado. Tenía la esperanza de que las horas que quedaban fueran, al menos, algo más ligeras.

Como no podía ser de otra manera, el camarero comenzó a presentarse con una media sonrisa y una mirada que pretendía ser coqueta. Odiaba a los tipos que insistían en molestarme cuando lo que más deseaba en aquel momento era un momento de alivio. ¿Acaso no contemplaban que con dos maletas y la ropa mojada mi prioridad no era echar un polvo?
Por suerte me ocupé de despachar rápidamente a aquel moscardón y pude concentrar toda mi atención en la copa ámbar que tenía delante. Esta vez pensaba tomarme mi tiempo para saborearla, así que cogí el vaso y bebí un pequeño sorbo. Era increíble como aquello podía calmar mis nervios, y más después del día que llevaba.

Escuché vagamente que la puerta se abría y alguien se sentaba a mi lado. No le presté demasiada atención hasta que me preguntó directamente. ¿Es que la gente no entendía que quería disfrutar de mi copa en paz? Me giré para soltarle un corte a la chica, pero al ver que también estaba mojada decidí moderar mi tono. No es que pareciera un criatura recién salida del mar como yo, pero al menos podía comprender lo molesta que era aquella situación.

-Créeme, no estaría aquí de no ser así -volví a girarme y le di otro sorbo al whisky. Evidentemente la chica no había comprendido que deseaba estar sola, por lo que siguió dándome conversación-.Oh que va, es como si tuviera dos capas de abrigos encima- dije infundiendo sarcasmo a cada palabra.

Pero lo cierto es que ella tenía razón. Estaba congelada, y dos copas de alcohol no me habían calentado demasiado. Me levanté del taburete, cogí una de las maletas, descarté rápidamente la bolsa porque era de tela y estaba tan empapada como yo, y me dirigí al camarero.

-¿Podrías vigilarme esto mientras me cambio?-después de un leve asentimiento me fui al baño de señoras siendo consciente de que estaba acaparando la mayor parte de las miradas masculinas del local, incluida la del tal Balthasar.

Al correr el pestillo de la puerta maniobré como pude en aquel espacio diminuto para desnudarme y abrir la empapada maleta. Por suerte el interior estaba seco y podía utilizar algo de la ropa que había traído. No había demasiado donde escoger porque la grande se había quedado junto a la chica del vestido, por lo que escogí un jersey negro de cuello vuelto, unos pantalones del mismo color y mi única cazadora, adoraba su color morado. Con los zapatos no podía hacer nada así que me los quité y cogí un par de calcetines gruesos. Ya me ocuparía de ese asunto más tarde.
Antes de salir cogí un jersey y una bufanda gruesa y cerré la maleta. Salí del cubículo al que llamaban baño y volví a donde estaba antes, cambié el taburete empapado en el que había estado sentada por otro nuevo y dejé las prendas junto a la chica.

-Oye, no he tenido un buen día y lo he pagado un poco contigo - apuré el whisky que me quedaba-. Sé lo que se siente cuando estás mojada, incómoda y no te paran de mirar- dije señalando con la cabeza a un grupo de chicos que nos miraban de forma mal disimulada-. Así que si quieres puedes ponerte esto para entrar en calor. No es mucho, pero es lo mejor que tengo ahora mismo.

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Re: Esto no es un concurso de camisetas mojadas (Danielle Christole)

Mensaje por Danielle Christole el Jue Oct 11, 2018 11:14 pm

Cuando había decidido salir de la universidad e ir al pueblo en busca de tranquilidad, no había contado con que se largaría a llover de forma tan intensa. Mis planes de leer el libro que había empezado hace poco, se desvanecieron con la misma rapidez con la que había empezado la tormenta.
Sin otro remedio, y queriendo mojarme lo menos posible, corrí hacia el Meal & Grimm's. Evidentemente, no salí indemne y acabé bastante mojada en el proceso. Sin duda, no había sido una buena elección el ponerme vestido. Aunque en mi defensa, tengo que decir que no había ninguna señal de que fuese a llover...

Tan pronto entré en la posada y cafetería del pueblo, suspiré aliviada ante el calor que hacia dentro del local. Había estado bastantes veces desde que había entrado en la universidad hacía tres años, así que conocía a todos los que se encontraban allí, salvo quizá a algún que otro estudiante de la universidad, ya que era totalmente imposible recordar y conocer a todos los estudiantes de Grimmwelt University...
Al llegar, me dirigí directamente a la barra y me senté al lado de una joven castaña que se encontraba empapada. De hecho, mi mojadura a comparación de la suya, no era nada. Con una sonrisa, le pedí a Balthasar mi cappuccino de vainilla y caramelo, algo que solía pedir siempre que tomaba café.
Mientras esperaba a que el camarero me sirviese mi bebida, mi mirada volvió a la joven desconocida que tenía al lado, viendo como un charco se formaba en el suelo debajo de ella. Al ver las maletas a un lado de ella, supuse que asistiría a la universidad. No dudé en preguntarle, por si acaso era nueva y necesitaba ayuda para llegar, pero por su respuesta se notaba que no tenía muchas ganas de hablar o que simplemente estaba de mal humor.

- Entiendo, no estás de humor y lo que menos te apetece es hablar... - Le dije comprensiva, asintiendo mientras daba otro trago a mi delicioso café. - De todas formas, si necesitas algo... - Le di a entender que cualquier cosa que necesitase podía contar conmigo, para luego dirigir mi vista hacia otro lado, evitando incomodarla.

Poco después, escuché como la castaña le pedía a Balthasar que le vigilase las cosas. Dirigí la mirada hacia el resto del local, viendo a varios chicos de la universidad tomando algo y pasándolo bien, y a algún que otro habitante del pueblo. Tomé algún que otro trago de café, sintiendo que el frío por la mojadura me calaba hasta los huesos. Seguramente, terminaría por enfermarme si seguía mucho tiempo más con la ropa empapada.

Cuando volvió, sentí como la joven se cambiaba de taburete y no pude evitar dirigir mi mirada hacia ella. Esta se encontraba libre de la ropa mojada y ahora llevaba un conjunto más abrigado.
Me sorprendí cuando dejó junto a mí un jersey, que tenía pinta de ser muy calentito, y una bufanda gruesa. Estaba desconcertada ante la actitud de la chica de ojos claros, ya que antes no se había mostrado muy amistosa precisamente... Estaba por agradecerle el gesto, todavía sorprendida, cuando comenzó a disculparse.

- No te preocupes, es totalmente comprensible estar de mal humor después de tremenda mojadura. - Le resté importancia con una sonrisa amable para luego, ante sus palabras, dirigir la mirada hacia la mesa donde se encontraba un grupo de chicos, que efectivamente, no dejaban de mirarnos. Con una gran sonrisa de agradecimiento, cogí las prendas que la chica me ofrecía y me las puse. Obviamente no podía quitarme el vestido ya que quedaría medio desnuda, pero por lo menos, con el gran gesto que había tenido la castaña, no pasaría tanto frío. - Muchísimas gracias...Es más que suficiente. -

Tomé un sorbo del café, que poco le quedaba para acabarse, y esta vez me sentí con más libertad para hablarle.
- Entonces...¿Este es tu primer año en Grimmwelt o llevas años estudiando aquí? - Le pregunté con curiosidad. De algo estaba segura, yo nunca la había visto antes, aunque eso no es nada raro debido a la cantidad de alumnos que tiene la universidad.

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Re: Esto no es un concurso de camisetas mojadas (Danielle Christole)

Mensaje por Melisa Kasdovassilis el Sáb Oct 13, 2018 11:27 am

No diré que no había sido borde con aquella chica porque estaría mintiendo. Llevaba años con una actitud descarada que desconcertaba a más de uno y con palabras afiladas en la punta de la lengua esperando a ser liberadas para hacer daño. No podía evitarlo, era una buena defensa en un mundo en el que había crecido sola y sin amigos. La diferencia entre el pasado y el ahora era que aquella chica, por mucho que me hubiera molestado que me hablase en un momento en el que, más que nada, quería estar sola, había sido amable conmigo. ¿Cuánto había pasado desde la última vez que alguien me había hablado de aquella manera? Probablemente haría años, nadie se molestaba en tratarme medianamente bien. Tal vez se debiera a que ella no me conocía ni sabía cómo era realmente.

Dejé de pensar en aquello y me miré al espejo del baño, estaba hecha un asco. Intenté peinarme un poco y desenredar algunos mechones de cabello, pero como a falta de peine solo podía hacerlo con mis dedos y el resultado dejaba bastante que desear lo dejé correr y me limité a escurrirlo un poco en la pica antes de cerrar la maleta y salir de aquel claustrofóbico servicio. A cualquier cosa la llamaban baño.
Me dirigí otra vez a la barra, cambié el taburete y le dejé a la chica las prendas que le había sacado al lado. Sin  mirarla a los ojos me disculpé por mi actitud y mis respuestas mordaces y apuré lo que quedaba de whisky en mi copa.

Todavía seguía cabreada por el día que llevaba y por la actitud de mi padre ¿Se puede saber quién se había creído que era tratándome así? Llevaba años sin prestarme la menor atención y justo ahora que todo mi mundo se había desmoronado por culpa de un cerdo él va y me manda a la maldita Alemania para no tenerme cerca. Seguramente para él yo era una especie de tara en su perfecta vida y no podía permitir que algo, o en mi caso alguien, así le estropease su perfecta imagen. No merecía que le llamase padre desde hacía años.

-Si solo fuera por eso…-en mi interior había comenzado una lucha entre pedir una copa o un café.-. Podría contarte mi vida entera y te sorprenderías de que no fuera más borde-por un lado el café podría calentarme, pero ya llevaba prendas de abrigo y la promesa del alcohol me atraía mucho-.¿Mmm?-no había prestado atención a lo que me había dicho por un momento y tuve que esforzarme por centrarme algo más en mi interlocutora.-. Ah si si, es mi primer año aquí. La verdad es que encuentro un poco absurdo venir cuando solamente me queda un año para terminar la carrera y volver a mi casa otra vez-¿Seguía teniendo casa?-.Pero en fin, cuando te hacen una propuesta como la que me hizo mi padre a mi es difícil rechazarla-más que nada porque me había plantado las maletas en la puerta y no me había dado más explicaciones que un billete de avión y una patada en el culo.

Al final me decidí por pedir un café irlandés. Me daba lo mismo lo que pensaran de mí el camarero y la rubita, no los conocía de nada y tampoco me iba a emborrachar con aquello. Cosas peores habían entrado en mi boca seguía viva.

-Deberías relajar un poco, ¿no te parece morena?-me dijo... ¿Balthasar era?

Sorprendentemente el comentario me había hecho más gracia que otra cosa. Si supiera lo que me metía en la garganta un viernes por la noche vería que por unas pocas copas no me iba a pasar nada. Estaba acostumbrada al alcohol desde los diecisiete y no me emborrachaba desde hacía tres años pese a no aflojar nunca.

-Me llamo Melisa-dije levantando una ceja- pero mis amigos me llaman Mel-curvé una de las comisuras de mi boca en una media sonrisa-. O lo harían si los tuviera. Además, yo decido si “relajar” o no, y como llevo un día de mierda y tengo pasta pediré un café irlandés.

El camarero se giró sonriendo y no dijo una palabra más mientras me preparaba el café, se limitó a encender una vieja radio e ignorar al resto del mundo.

-Si hablas de amar a un gran hombre,a lo peor te equivocas,-canté siguiendo la canción- luego el dolor se te refleja. La historia es vieja te vuelves loca -en ese momento me di cuenta de que estaba cantando una canción de amor y me di una bofetada mental ¿qué narices acababa de pasarme?-. Tienes un gusto musical pésimo.-Balthasar me sacó el dedo corazón y, aunque no podía ver su cara. intuía una sonrisa en su boca.- En fin, razón no le falta a la canción- me giré hacia la chica y ya no volví a hablar con el camarero-. ¿Qué me dices de ti? ¿Llevas mucho aquí o eres novata como yo?

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Re: Esto no es un concurso de camisetas mojadas (Danielle Christole)

Mensaje por Danielle Christole el Dom Oct 14, 2018 2:11 pm

Al entrar en Meal & Grimm's, lo primero que noté fue el calor de la calefacción, haciéndome suspirar y estremecerme debido al cambio de temperatura entre el local y el exterior.
Había metido el libro que llevaba por dentro del vestido para que no se estropease al mojarse. Después de dirigirme a la barra y sentarme junto a la chica castaña, quité el libro con disimulo al ver que nadie estaba mirándome en ese momento. El alivio me recorrió cuando pude comprobar que el libro se encontraba en perfecto estado, salvo que estaba algo húmedo, pero nada que no se arreglase dejándolo secar.
Pedí un cappuccino de vainilla y caramelo, cosa que pedía cuando no tomaba mi amado chocolate caliente con nata y canela, mientras ponía el libro sobre la barra e intentaba entablar una conversación con la joven morena que se encontraba a mi lado. La chica de ojos claros me había dejado bastante claro que no estaba por la labor de mantener ninguna conversación y lo había hecho de una forma bastante borde. No le dí mucha importancia ya que podía comprender que estuviese de mal humor debido a el estado en que se encontraba y así se lo dije mientras tomaba el café que me había traído el camarero.

Al ver la reacción de la joven ante mi intento de conversación, pensé en ponerme a seguir con la lectura que había dejado, pero la morena me sorprendió cuando volvió del baño disculpándose y entregándome un jersey y una gruesa bufanda.
Con una sonrisa amable, resté importancia a su anterior comportamiento diciéndole que era compresible en el estado que se encontraba, aunque su respuesta me tomó por sorpresa. ¿Que podría haberle pasado en la vida para que hablase de esa forma? A pesar de sus palabras, creía que en el fondo era una gran chica, el hecho de prestarme el jersey y la bufanda hablaban por si solos...
- ¿Una vida difícil? - La miré interrogante. - Igualmente, si me permites la intromisión, no creo que seas así en lo absoluto. Simplemente, a veces la vida nos hace ser de una forma para protegernos del dolor, pero al ponernos ese escudo nos perdemos de las cosas buenas de la vida también. - Le dí mi opinión con completa sinceridad, esperando no ofenderla. - Creeme, he pasado por algo parecido... - Añadí recordando la época en la que había intentado llamar la atención de mis padres y el amor de mi madre, perdiéndome a mi misma en el intento.

Le agradecí por las prendas y tomé un poco del café que se me estaba por acabar, para luego, sintiéndome con más libertad para hablar con ella, le pregunté si esta sería su primera vez en Grimmwelt o llevaba tiempo aquí.
- Bueno, mira el lado bueno... Es una de las mejores universidades del mundo, así que te servirá para optar a un mejor empleo una vez termines la carrera, además de aprender todo lo que puedas y vivir la experiencia de estudiar en una universidad totalmente diferente a las que estás acostumbrada. - Le dije en respuesta a sus palabras.
Me giré hacia Balthasar y le pedí otro cappuccino, ya que había terminado el otro y todavía sentía que necesitaba entrar en calor. A este paso, acabaría sin poder dormir de tanta cafeína que estaba tomando, pero mejor eso a acabar con un resfriado.
- Enseguida te lo traigo, Elle. - Me dijo Balthasar con una sonrisa para luego ocuparse de pedido de la chica a mi lado.

Observo atentamente el intercambio entre la morena y el camarero con una pequeña sonrisa divertida, aunque esta se me borró cuando la joven dijo que no tenía amigos. ¿Como era eso posible?
No pude evitar sonreír cuando Balthasar encendió la radio y comenzó a escucharse una preciosa canción romántica. En eso, la chica a mi lado se pone a cantar, cosa que me hace girarme hacia ella sorprendida y divertida a partes iguales, para luego presenciar una pequeña discusión entre el camarero y la chica sobre la música.
- Llevo algún tiempo por aquí... Este es mi tercer año en la universidad, así que no soy novata. - Le respondí a su pregunta con una sonrisa. - Así que si necesitas un recorrido por las instalaciones o ayuda de algún tipo, solo tienes que decírmelo. - Ofrecí.

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Re: Esto no es un concurso de camisetas mojadas (Danielle Christole)

Mensaje por Melisa Kasdovassilis Ayer a las 5:33 pm

Cuando volví del baño y apuré la copa volví a darle una oportunidad a la rubia. Me había portado como una borde cuando ella solo había intentado ser amable. No es que no fuera así normalmente, pero sentía que aquella vez me había pasado un poco por culpa de mi enfado contra el mundo. También había que decir que ella no había encontrado mejor momento para intimar conmigo que cuando estaba completamente empapada y con ganas de mandar a la mierda a todo el que se me acercara. Pero como debía hacer un esfuerzo y ser más sociable, o eso era lo que no paraba de escuchar constantemente, decidí contar hasta diez y poner la mejor sonrisa que tenía.

-No me conoces-dije encongiéndome de hombros y pensando en lo próximo que iba a pedir-. Siempre he sido así de borde, y eso es solo lo más suave que me han llamado-las palabras cabrona, zorra y descarada eran de las que más acostumbraban a sonar a mi alrededor-. Aunque todo es cierto.

Por el rabillo del ojo vi que se ponía el jersey y la bufanda que le había dejado. No es que le fueran a servir de mucho contra la lluvia, pero por lo menos la mantendrían caliente mientras estuviera dentro del bar. Me hubiera gustado dejarle otros pantalones, pero los únicos que tenía secos eran los que llevaba puestos y, a riesgo de sonar egoísta, prefería estar seca a renunciar a unos pantalones largos por una chica a la que ni siquiera conocía.

-Eso es verdad.-le di la razón y la miré-. Pero tener que dejar atrás todo lo que conocía y quería así de repente no es exactamente la idea que tenía de comenzar mi último año. No estoy segura de que un nuevo lugar me compense demasiado.

Bien mirado el poder estar lejos de Grecia podía ser algo positivo. Allí no había demasiado que fuera a añorar dejando de lado la tumba de mi madre y mi habitación. Todos mis amigos y familiares se habían esfumado después de que comenzase mi nuevo y solitario modo de vida. Mis objetos personales cabían en dos maletas, y no tenía mascotas a las que fuera a añorar. Era triste que mi vida entera cupiese en unas pocas bolsas, pero lo era más el hecho de que nadie me fuera a echar de menos o a dedicarme unos pocos pensamientos.

Al final me decidí por un café irlandés. Por si no había quedado claro, el whisky era una de mis bebidas favoritas, aunque me dolía mezclarlo con café. Al menos comenzaría a calentarme por dentro y no dependería solamente de mis nuevas prendas.
Mantuve una conversación, si es que se podía llamarse así, con el camarero. Acabaría por caerme bien aquel hombre corpulento y con ojos de voyer. Al menos no aparentaba falsa simpatía ni me dedicaba piropos poco originales como la mayoría de hombres. Lo único malo es que se distraía demasiado hablando y olvidaba que seguía esperando mi café.

-Me van a salir canas antes de poder beber.-dije lo suficientemente alto como para que me escuchase. Sin embargo él fingió que no me había oído y siguió a lo suyo-. Y luego dicen que en Alemania la gente trabaja mejor.

Fue entonces cuando Balthasar encendió la radio, seguramente para dejar de escucharme. No sé exactamente qué me pasó, seguramente la lluvia y el frío comenzaron a hacer mella en mí, pero el caso es que reconocí la canción y comencé a cantarla delante de todo el mundo.  Ni que estuviera en un musical.
Hacía mucho tiempo que no cantaba, y más aún que lo hacía en público. Cuando mi madre vivía y estaba de buen humor, lo cual no ocurría demasiado a menudo debido a su depresión, solíamos cantar juntas. Seguramente aquella canción había activado algún recuerdo dormido y, sin pensarlo, mis labios comenzaron a moverse por voluntad propia. Pero al darme cuenta de lo que estaba haciendo, y de que el camarero, la chica rubia y algunos más me estaban mirando, paré sin más.

-¿Qué estáis mirando?-dije mirando por encima del hombro al mismo grupo que antes observaba a la chica sentada a mi lado.

Nadie hizo comentarios, debieron asustarse al ver mi cara de mosqueo. Poco a poco volvieron a sonar las conversaciones y los murmullos y todo volvió a la normalidad, como si nunca hubiera pasado nada, como si nunca hubiera cantado.
Volví a centrarme en Elle, o al menos así la había llamado hacía un rato el camarero, y le devolví la pregunta.

-Entonces debes conocer todo esto-dije haciendo un gesto con el brazo-. Bien, al menos tendré a alguien que me ayude a no perderme.-sería un buen punto el lograr llegar a mi habitación sin perderme en el intento.- ¿Y qué estudias exactamente?-vi que llevaba un libro con ella- ¿Algo como filología o literatura quizá?.

Fuera cada vez llovía más. ¿Cómo se suponía que iba a llegar a la universidad con aquel tiempo? Esperaba que no me echasen en cara el llegar tarde y mojada. Y si lo hacían...bueno, les mostraría un poco de mi habitual cortesía.

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